Para bien o para mal

Por Víctor Flores Olea

El intento de golpe de Estado en Brasil se inscribe también entre los duros golpes recibidos por un continente en renovación, luchando en distintos grados por construir y asentar medidas socializantes en favor de sus pueblos. Aparte de las peculiaridades que pueda tener cada caso, resulta evidente que vivimos un tiempo en que el capitalismo busca imponerse férreamente en todos los lugares y que lo hace recurriendo a todos los medios a su alcance, legales o ilegales. El hecho hecho práctico es que el continente corre el riesgo de caer otra vez en un tiempo de grandes contradicciones y tensiones internas, que no facilitarán para nada su desarrollo justo y equilibrado.

Refiriéndonos al subcontinente, resulta una pena grave, o una lástima grande, que después de desembarazarnos de las sangrientas dictaduras y que lo hace recurriendo a los pueblos que nos impusieron a lo largo de la última mitad del siglo pasado, en buena medida como consecuencia de la guerra fría, todavía hoy parece que se renueva nuestra condena a vivir otro trozo de historia en condiciones angustiosas, y no las más aptas para lograr por fin un desarrollo humano, político y económico digno de las necesidades y las aspiraciones de estos centenares de millones de seres humanos que exigen una vida mejor. ¿Es posible?

Desde luego que los holocaustos en el Medio Oriente son materia de todos los días. Eso no disminuye un ápice su horror, ya que la costumbre, cuando se desdobla en creencia u obligación religiosa, no encuentra límites ni excepciones. Y la mejor prueba son los recientísimos actos de terrorismo en Bruselas, que tienen a Europa bajo amenaza y que se han ido realizando sistemáticamente: recordemos el 11 de septiembre en Nueva York, Londres, Madrid, París. Ya buena parte de Europa, varias de sus principales capitales, sometidas al terror que sólo podemos ver como profundamente irracional, como una interpretación absolutamente errónea de la voz de otros profetas, pero también como el resultado de la explotación y muerte a que las grandes potencias han sometido desde hace siglos a los pueblos musulmanes. El hecho es que en el camino de la reconciliación no se ha avanzado un ápice y que las heridas por todas partes siguen ofreciendo sangre de inocentes. Porque la idea de la destrucción enemiga no es más que una pesadilla que origina otras pesadillas cada vez más sangrientas, y que confirma que la sangre y la violencia sólo llamas a más sangre y más violencia. ¿Hasta cuando?

Por lo que hace a la terrible violencia en México sus causas son seguramente menos complicadas pero igualmente difíciles de erradicar, o al menos no hemos tenido ni remotamente la capacidad de controlar. Pero evidentemente hemos fallado en su erradicación o al menos en su control. Eso sí, podemos decir con un alto grado de certeza que esa violencia está seguramente vinculada otra vez a la pobreza y a la explotación, a las profundas marcas que la miseria ha dejado en almas y cuerpos, y que mientras no vayamos saliendo de esa encrucijada adelantaremos muy poco en el control y disminución de esa violencia que parece se ha apoderado de buenas porciones del país.

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BRASIL. Un Congreso delictivo y de una Justicia oligárquica y racista

Hacia un incierto escenario institucional

 

Juan Luis Berterretche
Rebelión

La conducción coercitiva del ex-presidente Lula el 4 de marzo a Congonhas por una exagerada fuerza de 200 policías armados a guerra liderados por cuatro oficiales de la policía federal y cuatro fiscales -procuradores- del Ministerio Público de São Paulo, se trató de una operación para evaluar el nivel de apoyo con que cuenta aún el PT y el “lulismo”. Y quizá un ensayo para medir cual sería el grado de resistencia popular que encontrarían en un escenario de destitución presidencial.
Lula fue conducido en sigilo a una sala VIP del aeropuerto de Congonhas (São Paulo) al lado de la pista, con una aeronave de la policía federal en el hangar pronta para decolar. La intención era de hecho, detenerlo y conducirlo a Curitiba (en Paraná) para mantenerlo encarcelado por tiempo indeterminado. Toda la acción desconocía la diferencia entre dos figuras contempladas por la ley brasileña: la de sospechoso y la de acusado. Lula podría ser tratado como sospechoso y en ese caso correspondía una intimación previa. Invitarlo a deponer sin aparato coercitivo, sin amenaza, ni prepotencia. Dejando claro que esa es la forma con que se encara la intervención de la justicia cuando el sospechoso es parte de la elite política o económica del país. Con la población pobre y periférica esos recaudos no existen. Pero partamos de que se trata de un ex-presidente y las sospechas contra Lula hasta ahora, no han mostrado mucha consistencia.

Toda la operación, fue avisada a la gran prensa con antecedencia para que pudiera divulgarla. El editor de la revista “Época” -del grupo Globo- anunció la operación contra Lula en Twitter horas antes. Esto, alertó también a los petistas de la artimaña que se estaba pergeñando.

A medida que el tiempo avanzó y se conoció la localización donde Lula estaba retenido, se fueron juntando parlamentarios y una multitud en el aeropuerto que hacía sentir su protesta a los gritos y reclamaba por la libertad de su líder.

La propia declaración de los promotores de la acción fallida, es que su estrategia era acusarlo de un conjunto de acciones de improbidad para impedir que Lula pudiera concurrir nuevamente a cualquier proceso electoral. La nota oficial de los procuradores se trataba, como afirmó el periodismo alternativo, de un libelo anticipando la pieza final de la acusación, antes de cualquier interrogatorio o investigación. Folha de São Paulo que apoya la campaña contra el PT confirma que estas eran las verdaderas intenciones de la operación montada por sus perseguidores.

¿Golpe institucional o parlamentario?

El episodio del secuestro “judicial” de Lula para algunas fuerzas políticas -en las que se encuentra el “petismo” institucional- plantearía el inminente peligro de un golpe institucional o parlamentario con la destitución de la presidente Dilma Rousseff, por medio de un proceso de impeachment. Es una caracterización política imprecisa a la que llegaron, por lo menos, con algunos años de retraso.

Siempre cuando se menciona “golpe” en Latinoamérica se liga a las experiencias del siglo XX. Pero las nuevas estrategias políticas en el mundo nos muestran que se pueden utilizar las elecciones para un cambio tajante de orientación gubernamental apoyándose en la crisis económica internacional, el desgaste de gobiernos “progresistas” y una fuerte intervención mediática, como en Argentina. Se puede realizar un expeditivo golpe parlamentario como en Paraguay -destitución de Lugo- y luego imponer en unas elecciones manipuladas por el imperialismo, un candidato extraído del narcotráfico. Y estas son sólo algunas de las posibilidades ya ejecutadas. Vamos a presenciar otras operaciones novedosas sin intervención de los cuarteles.

Con un componente que ha sido muy exitoso en todos los continentes: una “campaña” nacional sesgada contra la corrupción que termina entregando el estado a gobiernos más corruptos como fue el caso emblemático de Manos Limpias (Mani Pulite) en Italia que dejó como herencia a Berlusconi. Y que sería el futuro de Brasil si la oposición (Partido Social Demócrata de Brasil -PSDB-, con apoyo del Partido del Movimiento Democrático de Brasil-PMDB) desplaza a Dilma y toma la conducción gubernamental.

Por detrás de toda la situación hubo y hay un proceso de “golpe” con el modelo exitoso imperialista de las “primaveras” ejecutadas en todos los continentes. Apoyado en una falsa campaña anti-corrupción -Lava Jato- con la mira puesta en los representantes del PT. Una campaña que no se centra en hechos sino en personas y en especial en petistas y aliados, evitando la condena a los grandes corruptos de la oligarquía, que durante siglos la perfeccionaron como un beneficio patrimonial endémico incuestionable que les entregaba el estado brasileño. Se trata del principal pilar, que con el racismo, sostiene la enorme desigualdad social en el país.

Una campaña que en verdad está dirigida a destruir todas las conquistas limitadas que se consiguieron durante el “lulismo”, muchas de ellas -como el aumento del salario mínimo- que no fue una concesión “lulista” sino una conquista de la movilización de una nueva clase obrera surgida en las favelas y la periferia de los centros urbanos, por el proceso de integración al mercado de trabajo de decenas de millones, con las obras públicas impulsadas por el PT.

Au Brésil, Volkswagen doit maintenant affronter son passé sur la dictature

Par Claire Gatinois

Au Brésil, Volkswagen, fabrique la populaire Fusca, nom local de la Coccinelle YASUYOSHI CHIBA / AFP

Au Brésil, Volkswagen, fabrique la populaire Fusca, nom local de la Coccinelle YASUYOSHI CHIBA / AFP

C’est ce qu’on appelle une mauvaise passe. Le constructeur automobile allemand Volkswagen, emporté par un scandale lié au trucage des données d’émissions polluantes de quelque onze millions de véhicules, fait actuellement l’objet au Brésil d’une enquête… pour responsabilité de « crime contre l’humanité ».

Mardi 22 septembre, divers syndicats ainsi que le Forum des travailleurs pour la vérité, la justice et la réparation ont réclamé l’ouverture d’une procédure d’enquête contre le groupe, accusé d’avoir collaboré aux persécutions et aux tortures lors de la dictature militaire (1964-1985).

Le Forum est une émanation d’un groupe de travail issu de la Commission nationale de la vérité (CNV), chargée depuis 2012 d’enquêter sur les violations des droits de l’homme pendant les années noires du pays.

Selon les documents collectés par le Forum, le groupe allemand, présent au Brésil depuis plus de soixante ans, aurait collaboré avec la police militaire, donnant sans gêne les noms de salariés potentiellement perturbateurs au service d’ordre de l’Etat. Charge ensuite aux policiers de les arrêter et de les torturer.

Lucio Antonio Bellantani, 71 ans, fut l’une des victimes de ce « nettoyage ». Son témoignage, rapporté par le site du magazine CartaCapital, est sans équivoque. En 1972, alors âgé de 28 ans, il fut livré aux policiers militaires par le propre service de sécurité de « Volks ».

Son crime? « Discuter politique avec d’autres collègues afin de les syndiquer et de lutter avec eux contre la dictature et pour la démocratie », raconte-t-il.

Devoir de mémoire

Cette audace lui a valu plus d’un mois de détention ponctué de séances de torture, l’obligeant à donner les noms de personnes liées au Parti communiste. Aujourd’hui, Lucio Antonio se bat pour que le pays accomplisse son devoir de mémoire, que l’on enseigne aux enfants cette période sombre du Brésil, afin que «jamais plus » l’histoire ne se répète, dit-il. Et de rêver à la construction d’un « mémorial», par le groupe.

Colombia y Venezuela. “Espero una solución por los pobres de ambos lados”

La jefa de la cadena latinoamericana de televisión analiza la tensión, relata la historia de la violencia en Colombia cruzada con la historia de su propia vida y pide una “solución estructural” con una nueva política de fronteras.

patricia villegas

Por Martín Granovsky
Página/12 En Venezuela/ Desde Caracas

Dice la presidenta de Telesur que está satisfecha con las transmisiones a varios idiomas mientras hace la cuenta regresiva porque ya se viene la cobertura de la visita papal a Cuba y los Estados Unidos. Patricia Villegas parece en su casa cuando muestra el juguete nuevo, un estudio circular que permite varias configuraciones y que marcará la superación de otro estudio famoso, que ven desde hace muchos años los televidentes: el que tiene una columna en el medio porque así era el edificio. Pregunta si en la Argentina lo más probable es que haya una o dos vueltas. Por curiosidad política pero también para planear la cobertura, porque el mismo 25 de octubre volverá a votar Guatemala y habrá elecciones en Haití. Cuando al fin se sienta, cerca de un monitor que mirará de reojo varias veces y por el que desfilan noticias de último momento junto con las imágenes del bombardeo contra Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, Patricia Villegas define que ante la complejidad de los problemas elige plantarse “como una persona joven que no tiene todas las respuestas”.

–¿Las respuestas a qué?

–A problemas difíciles. Nací en 1974. Soy joven. Para mí también Hugo Chávez era joven. Y Néstor Kirchner era joven. Probablemente, ya que hablamos de problemas y de respuestas, hoy sea más entendible el proceso de la violencia colombiana. Pero todos los habitantes de Colombia tenemos una huella de violencia en nuestra vida. Yo perdí a mi papá porque mi papá fue una víctima de la violencia y creo que eso marcó lo que soy, lo que creo y el lugar donde me pongo. Cada vez que hablo de coherencia hablo de la posición que uno tiene en la vida, en mi caso marcada por la muerte y por el dolor de crecer sin padre. La mía no es la posición del que tiene sino la del que necesita. Por eso entiendo también qué es necesitar la quincena o no tener para pagar la matrícula. Todo eso tiene que ver con lo que uno es. Claro, no todo el mundo lo procesa de la misma manera.

–¿Por qué terminaste en Venezuela?

–Estudié cine en San Antonio de los Baños y Comunicación en Cali. En un momento estuve entre la academia y trabajar con las comunidades del sur de Colombia. Cuando iba a terminar la carrera me ofrecieron un trabajo en el canal del Estado en Cali. Necesitaba trabajar y empecé a trabajar. Ya tenía la idea de la comunicación como un derecho fundamental. Como me tocó enfrentar realidades duras siempre tuve una idea más colectiva que individual. Cuestionaba, desde mi condición mi mujer, los estereotipos. A fuerza de mi historia personal aprendí a cuestionar el mundo y a tratar de no quedarme de brazos cruzados. Cuando me lo llevo a Simón a Telesur y me pregunta dónde vamos, le digo que a trabajar para cambiar el mundo. Trabajar en una causa más que en un trabajo. Conozco Venezuela pero conozco bien Colombia. Yo no quiero ser publicista de un país, quiero ser relatora. Contarlo.

–¿Cómo es Colombia?

–Conviene saber que detrás de nuestra cordialidad y nuestra facilidad de palabra hay un país hecho añicos. Parte de lo peor que pasó con la guerra es que una buena parte de la sociedad no quiso ni quiere ver la guerra. Hay niños pidiendo pero no los ven. Gente durmiendo en la calle y tampoco la ven. Otros muriéndose de hambre, invisibles. Ese tipo de cosas te pudre. Quiero relatar también eso. Lo mío no es meterme en la escandalera de la guerra. A veces uno construye más quedándose calladito y haciendo. Por ejemplo Telesur hizo mucho por Colombia pero no necesitamos ni que lo reconozca. Lo hicimos porque estábamos convencidos.

–¿Qué hicieron?

–Siempre intentamos hacer un trabajo serio de cobertura del conflicto. Hoy el mundo entero reconoce que hay conflicto y por eso apoya el proceso de paz con las guerrillas. Pero no pasaba lo mismo hace unos años.

–Ahora no están solo el conflicto y la negociación entre el gobierno colombiano y las FARC. También está el conflicto entre Venezuela y Colombia.

–Espero que se resuelva.

–¿De qué manera sería la solución?

–Con medidas estructurales. Con política de frontera de ambos lados. Yo espero una solución por los pobres y los humildes de ambos lados. Es inmoral que se diga que Venezuela no haya apoyado a Colombia. La discusión no puede ser tan torpe y tan cínica, porque no ayuda a la gente. El gobierno venezolano es el que va a ayudar. No es lindo ver a la gente salir con sus cosas en la cabeza. Esperemos que regrese. Tengo un hijo grancolombiano, ¿no?

–¿Se llama Simón por los motivos obvios que uno puede suponer?

–Exactamente. Se llama Simón José. Pero Bolívar no estuvo siempre presente. El niño no tuvo nombre hasta una semana antes de nacer. Se llamaba bebecito. Decíamos: “Vamos a ponerle un nombre que siempre nos una”. Mi esposo quería que se llamara lo que fuese siempre que el segundo nombre fuera José. Yo quería ponerle solo Simón. Pero resulta que Bolívar se llamaba Simón José de la Santísima Trinidad, y entonces no pude decir que no al nombre de José. Perdí por la fuerza de la historia.

–¿El bebé llegó con la Santísima Trinidad?

–No, tanto no. Ni siquiera se me había ocurrido antes tener un hijo. Mi maternidad tiene que ver con la esperanza, con la ilusión, con Venezuela, con Chávez. Amén de haber encontrado la persona indicada, por supuesto.

–¿Cuánto lo trataste a Chávez?

–Mucho menos de lo que mucha gente cree, y mucho más de lo que me imaginé antes. Yo vine a trabajar a Telesur pero detrás de esa decisión había un enorme interés en conocer la Venezuela de Chávez. Desde afuera era muy difícil hacerse una idea real de qué estaba pasando en el país. En ese momento ni se me cruzaron Chávez, la maternidad y Simón.

–O sea que por deseo de saber tu vida cambió.

–Venezuela es algo muy fuerte. Y siempre apoyó el proceso de paz. En la Navidad de 2007 yo no me moví de Caracas. Me pareció que si los venezolanos no estaban teniendo Navidad yo tampoco debería tenerla.

–¿Estás hablando de la Navidad en la que Kirchner viajó a Colombia con Marco Aurélio García a ver si conseguía la liberación de rehenes de las FARC?

–Sí. Ese 24 Chávez se fue a cenar algunas de las hijas de los retenidos por las FARC. Yo misma estaba en Telesur transmitiéndolo. Hablarán de cálculo, pero en Chávez había capacidad de dar. Antes que él nadie no solo en Venezuela sino en Colombia siquiera se tomó un café con esa gente. Nosotros lo vimos. Ese diciembre yo sellé mi amor por Chávez.

A Chávez lo quise mucho, como a un padre. Y lo extraño tanto como a mi padre. Que es mucho. Siempre me acuerdo del día en que se murió.

–Fuiste la que dio la noticia.

–Una casualidad. Su hermano Adán nos daría una entrevista. La iba a hacer yo. Cuando estaba en el hospital me llamaron para pedirme la antena satelital de Telesur. Naturalmente dije que sí. Y minutos después fue el anuncio de la muerte. Por eso fui la única periodista que contó al mundo lo que estaba pasando. Relaté esas primeras horas. Un increíble giro del destino: a una muchacha de Cali que se viene aquí para conocer la Venezuela de Chávez le toca contar que Chávez se murió. Al rato me llamó un sobrino desde Colombia. “Lo siento mucho, tía”, me dijo. Sabía cuánto quería yo a Chávez. Mira, me siento agradecida con la vida de haber podido estar en Venezuela y en Telesur contando lo que hemos podido contar, disfrutando, soñando, sufriendo, enojándonos. Han sido diez años muy intensos para la región y yo siento que estuve en una posición de privilegio en el sentido del cronista. Y sacando adelante uno de los proyectos que más claramente es un producto de esos diez años. Eso es Telesur, que ya no solo existe sino que hace parte del panorama de los medios en el mundo.

–Te gusta ser cronista.

–Como diría mi madre, me gusta echar el cuento.

–Telesur explica y cuenta pero su corazón político no está disimulado. ¿Cómo combinás lo que pensás con la honestidad intelectual del oficio periodístico?

–En el hacer. Todo el tiempo. Tomando decisiones. Cargas con todo eso en una mochila, en un morral. Cada decisión tiene un poco de todo eso pero sin pensarlo mucho. Es un desafío que resuelves con lo que ya llevas a cuestas. Y se forma de muchas cosas: de la experiencia propia, de la formación, de las creencias… Y del lado de quienes te has puesto.

–Ponerse de un lado y hacer periodismo. Supongo que te lo cuestionan.

–Si todo el mundo hace eso… Yo todavía doy el beneficio de la duda para algunos que no saben que lo hacen. En cambio no les doy ningún beneficio a quienes lo hacen y se hacen los que no lo hacen. Pero todo el mundo toma posición. El punto clave es la coherencia.

–¿Con qué visión?

–Uno comparte visiones y muchas veces posiciones políticas, pero no necesariamente es un siamés de aquello en lo que cree. Lo más importante es sentirse cómodo con el trabajo diario.

–¿Qué es la comodidad en ese sentido?

–Algunos creen que lo más cómodo es no pelearse con la realidad. A mí me parece lo contrario. Lo cómodo a mi criterio es pelearse con una parte de lo que pasa. Te pudre buena parte de la realidad. Te confronta. Te hace llorar. La clave es qué tanto haces para contar ese mundo de una manera rigurosa. Por eso hablo de la coherencia. Me refiero a lo que sientes y lo que piensas. En este caso tu trabajo es mucho más que tu trabajo y entonces dejas tu impronta. Cuando tú escribes en Página, tu impronta es personal. Ahí está tu firma. El mío es menos personal.

–Ejercer la presidencia, incluso de Telesur, también permite dejar la impronta. ¿Cómo?

–En un sitio como Telesur es difícil ser dictatorial. Invitas, seduces, conduces, cuestionas… Incluso provocas miradas hacia determinadas cuestiones.

–¿La dinámica de la tele hace que sea difícil ser dictatorial o que sea difícil no serlo?

–Ja ja, es difícil no serlo en decisiones de ya para ya. Por eso es importante haber tenido consensos antes. Por que a nadie le gusta la dictadura y está bien que no le guste. Menos en procesos como los nuestros. Cuando estás en instituciones que trabajan por un lucro o por vender publicidad es otra cosa. No estoy criticando, ¿eh? Ni a esas instituciones ni a quienes trabajan en ellas. Solo estoy haciendo una descripción. Aquí tienes trabajando a los rebeldes, a los que no quisieron seguir el molde. Nadie se lo quiere calar. Además se lo merece la gente que ha sido rebelde. Se merece ser respetada en lo que piensa. Aquí tenemos diversidad.

–¿Cuándo se sintetiza esa diversidad?

–Con la fuerza de los hechos. La realidad ayuda. La realidad del trabajo, digo. No estamos haciendo un documental al año sino un documental cada hora. Ese es el imperio que nos marca el ritmo sobre qué tanto puede durar una discusión.

–¿Las discusiones son sobre el oficio o sobre política?

–Sobre todo. Pasa una cosa interesante y agradable. Aquí trabajan personas de distintas nacionalidades, con una historia particular. Eso hace que fácilmente yo sepa que en Colombia parar un auto en la ruta para que te lleve…

–En argentino, hacer dedo.

–En Colombia es pedir la cola y en Cuba botella. Discutir es maravilloso entre tanta gente diferente. Pero las discusiones no son muy largas porque hay una emisión cada hora.

–Discuten cortito.

–Gracias a gente que viene de distintos lugares y de distintas posiciones ideológicas. Pensar que estamos de acuerdo con todo en todos los temas es absurdo. Hay matices y colores sobre todo ante fenómenos complejos como los que vemos hoy en el mundo. Claro, en otros momentos no hubo dudas.

–¿Por ejemplo?

–El golpe de Estado a Zelaya, el presidente de Honduras, en 2009. Nos comprometimos desde el primer minuto y transmitimos todo. Todo.

–Fue el gran hecho de instalación internacional de Telesur.

–Sí, tuvo mucho impacto. Obviamente tampoco hubo debate interno sobre qué hacer ante el intento de golpe contra Rafael Correa. Libia sí fue un desafío.

–¿El ataque norteamericano a Khadafi? ¿Cuál fue el desafío?

–Desentrañar en ese mismo momento qué había detrás. Muchos de los académicos que entrevistábamos, gente progresista incluso, relativizaba la gravedad de lo que ocurría.

–¿El dilema era cómo cubrir sin centrarte en Khadafi?

–Así dicho es fácil. ¿Cómo deskadafizas en ese mismo momento cuando sabes que lo que vendrá es peor?

–¿Y cómo sabían que vendría la desarticulación de Libia, o que vendrían más muertes?

–Lo nuestro es sencillo. Aquí tenemos imágenes. Imágenes reales. Muchas imágenes. Todos en Telesur veíamos las mismas imágenes. Prefiguraban el futuro. Y el tiempo nos dio la razón.

–¿Qué otro ejemplo de fenómeno complejo enfrentaron?

–Tomemos uno a mano: Centroamérica hoy mismo. A primera vista muchos podríamos aplaudir que haya un presidente acusado por corrupción y que hoy esté en la cárcel.

–Otto Pérez Molina, Guatemala.

–Claro, de eso estoy hablando. Pero el hecho central, ¿es un presidente en la cárcel por corrupción? ¿Sabemos bien cuál es el papel actual de la Cicig, la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala? Detrás de la Cicig están los Estados Unidos y Europa, y yo no saco conclusiones rápidas pero tampoco dejo de preguntarme dos, tres, cuatro, cinco o seis veces qué hay detrás de cada cosa. Bien: en Telesur muchos creen que estamos ante una primavera centroamericana. Yo personalmente no creo que sea eso lo que está pasando. El tiempo lo dirá. Y por suerte ahí estaremos para registrarlo.

“Não–vai- ter-golpe.” Entendeu?

Por Paulo Endo*, especial para os Jornalistas Livres

panelaço

Desde pelo menos o início da década de oitenta, milhões no Brasil sonhavam com a democracia que já acenava no horizonte de um governo civil-militar que dava seus últimos suspiros.

A luta de muitos cujas vidas foram devassadas, atormentadas e destruídas enquanto lutavam contra o golpe de 64 e, depois, pela conquista da democracia no Brasil, foram e são testemunho dessa transição lenta e inconclusa que germinou esperanças, provocou canções, espetáculos de teatro, obras de arte, deu guarida à indignação de trabalhadores, incitou intelectuais e acadêmicos a saírem de suas cadeiras e gabinetes, instruiu políticos a defenderem uma pauta republicana e amadureceu estudantes.

Uma nova ética foi inaugurada no Brasil, que muitos ainda chamam de princípios da esquerda. Nessa pauta se incluem principalmente o combate sem tréguas às iniquidades que fundam a nação brasileira e, mais tarde, a luta pelo alinhamento entre o estado democrático de direito e os direitos humanos no país.

Iludidos ou não, muitos que engrossaram tais fileiras plantavam no Partido dos Trabalhadores as melhores esperanças e talvez – secretamente — a revolução tão aguardada, que ocorreria por vias institucionais e eleições livres e justas.

Mais de 12 anos depois das primeiras eleições presidenciais, o Partido dos Trabalhadores chegaria ao poder, e essa foi uma conquista de parte da sociedade brasileira e dos muitos que lutavam e lutam por um Brasil republicano.

O PT no poder surpreendeu e decepcionou, foi corajoso e covarde, foi republicano e autoritário, condenou corruptos e se corrompeu, acertou e errou.

A despeito do que pesa mais na balança nesse momento e destacado pelas análises sérias desse período — que hoje são a minoria sobre esses últimos quase 13 anos — o PT foi e é um partido que hoje se encontra no poder há mais de 12 anos, e que desde 2002 vem sendo reconduzido ao Planalto, sucessivamente, pelo cidadão que compareceu às urnas a cada nova eleição. Dessa trajetória, o que podemos afirmar é que o PT soube esperar.

Soube aguardar a democracia, soube aguardar as eleições. Soube perder para Collor de Melo em 1989, para Fernando Henrique em 1994 e 1998 e se preparou para as eleições nos anos vindouros e venceu. O PT — com todos os seus erros e problemas que são muitos — , e cortando na própria carne, é o governo que mais apurou (e permitiu apurar) irregularidades, mazelas e corrupções de toda espécie, incluindo as de pessoas importantes do empresariado, da classe política e de seu próprio partido e governo. Jamais se viu tantas figuras ilustres das elites financeiras e políticas no banco dos réus, investigadas e sob suspeita.

Como efeito e decorrência disso, os poderes judiciário e legislativo autônomos permitem uma das oposições mais críticas e francamente opositoras ao governo da história do país e tais lideranças dos poderes instituídos trabalham, para o bem e para o mal, segundo o regimento atual das câmaras legislativas.

Os atuais líderes da câmara e do senado foram, também eles, duas vezes eleitos, primeiro pelos cidadãos brasileiros e, depois, para assumirem as respectivas presidências da câmara e do senado, pelos seus pares, igualmente eleitos pelo voto popular e, enquanto cumprirem o regimento e o decoro, será difícil acusá-los de irregularidades do ponto de vista do exercício de suas funções.

Entretanto, nesse embate e nessa crise política que se aprofunda, mas que historicamente sempre existiu no país, há uma verdade inconteste que precisa ser repetida, alertada, denunciada: há hoje no Brasil um golpe de Estado a caminho. Um golpe que inclui e é efeito das oligárquicas concessões de rádio e TV — que o governo foi incapaz de apurar e redistribuir de forma mais representativa e equânime — e das negociações políticas e fraturas ideológicas às quais o Partido dos Trabalhadores muito rapidamente cedeu, estabelecendo ligações partidárias com o principal objetivo de se preservar no poder.

Às tendências hegemônicas do PT parece nunca ter ocorrido que a fidelidade às suas bases é o que o levou e o levaria ao poder novamente, quantas vezes fosse possível e necessário, desde que o partido tivesse o que dizer e a quem convencer, e desde que tivesse quem se dispusesse a fazer isso (seus militantes e simpatizantes) em nome das bandeiras que historicamente carregava.

O PT envergonhou o que no Brasil denominamos de princípios fundamentais e inegociáveis das esquerdas, aqueles que orientam na luta contra a assimetria de poder político e econômico no Brasil — e hoje, quem diria, o PT tem receio das manifestações de rua; seja por ser hostilizado por elas, seja por temer o risco de ver seu apoio muito reduzido e alquebrado.
O partido então enfrenta a sua mais importante crise, desde sua fundação, e deve enfrentá-la com dignidade.

Mas o que o PT, seus eleitores do passado e do presente, e todos os partidos e cidadãos que se auto denominam democráticos ou republicanos não podem aceitar é o golpismo, que pretende a alternância de poder à força e sem sustentação e que quer arrancar do poder executivo um partido que chegou a ele respeitando todos os preceitos da democracia representativa, persuadindo eleitores, e não por efeito de conflitos armados ou de pressões por renúncia ou impeachment sem circunstância e fundamento.

Impeachment e renúncia não podem ser nem pleiteados e nem reivindicados a não ser implodindo a jovem democracia brasileira que mal chega aos seu 30 anos.

Para as ruas devem ir agora e depois não apenas os petistas e os apoiadores do PT, hoje em menor número do que no passado, mas todos aqueles que lutaram para que partidos nascidos na democracia chegassem ao poder; porque democracia significa também a maturidade de aceitar a derrota e se preparar para novos pleitos.

Sem isso os regimes não passam de pseudodemocracias, simulacros de falso republicanismo. E é evidente que diante do golpismo que se articula e organiza, o país necessitará da mesma energia e as mesmas virtudes que o reconduziram à democracia em 1985.

Uma enérgica e contundente reação “nas escolas, nas ruas, campos e construções” contra o golpismo branco, que desmerece as últimas eleições e quer atropelar o tempo institucional que regula o voto, será urgente e necessária.

Sem o respeito às decisões colhidas de eleições democraticamente instituídas e geridas, a pátria estará não apenas dividida, mas inteiramente afogada no ideário: se não ganho, não vale. E daí por diante a situação será imprevisível.

Se o golpe se deflagra, a autorização para que resultados colhidos das urnas sejam desmerecidos e não reconhecidos no futuro terá sido dado.

Quem disse que o impeachment ou a renúncia da atual presidente encerraria a crise política?

Quem disse que outros milhões de brasileiros que no passado votaram em Lula e Dilma aceitarão passivos Aécios, Cunhas e quem mais vier, se empurrados goela abaixo, deslegitimando o voto conquistado historicamente com sangue, suor e lágrimas por grande parte da população brasileira?

Como disse Renato Meirelles, presidente do Data Popular, em entrevista ao “El País”, a insatisfação com o governo não quer dizer desejo de que a presidente saia. Pode, inclusive, também expressar o desejo de que melhore. Para que, ao final do mandato, ela venha a fazer jus aos votos confiados a ela.

Creio que para aqueles que levaram os membros do poder executivo e do legislativo ao poder pelas urnas e pelo voto a notícia deve ser emitida clara e limpidamente e sem hesitação: Não vai ter golpe!

Respeitem o voto conquistado e que ainda rege nossa claudicante democracia.

Mas se o golpe vier, isso não resultará num fim pacificador, ao contrário, convocará o início de reações e conflitos que podem vir a ser incontroláveis e cujo desfecho será imprevisível. Se o respeito ao voto do cidadão for desfeito, a cada um não restará muito mais do que agir por conta própria, num país onde as posições de consenso e as instituições são, constantemente, ridicularizadas e lançadas à lata do lixo.

Caberá sempre ao eleitor decidir e reavaliar seu voto na próxima vez em que estiver diante das urnas. O sequestro do voto é um atentado grave à cidadania e aos cidadãos, num país em que o futuro da democracia ainda é totalmente incerto e nebuloso.

Apertar o botão verde nas próximas eleições será o efeito de um sistema eleitoral que se moderniza e se consolida, e que se tornou tão propalado mundo afora, ou não será muito diferente de um vídeo game inútil e risível em que é sempre possível recomeçar o jogo do início diante da derrota.

Paulo Endo* é psicanalista, professor da Pós Graduação em Humanidades, Direitos e Outras Legitimidades e do Instituto de Psicologia, ambos da USP, membro da Cátedra UNESCO de Educação para a Paz, Direitos Humanos, Democracia e Tolerância da USP.

José Dirceu, Alice no País das Maravilhas e Hiroshima

por Urariano Mota

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Os apelos da política imediata parecem alienar a gente da história do mundo. Nesta semana, completam-se 70 anos do genocídio das bombas sobre Hiroshima e Nagasáqui. No dia 6, o governo dos Estados Unidos lançou a bomba atômica sobre Hiroshima. No dia 9, ampliou o seu crime sobre o povo de Nagasáqui. E no entanto, crimes tamanhos contra a humanidade parecem desaparecer ante os apelos urgentes da política nacional, que exigem a reflexão imediata, porque um golpe de Estado está em marcha.

Esta semana, como um passo a mais que leve ao presídio e à desmoralização do líder Lula, se deu a nova prisão do ex-ministro José Dirceu. Ele, que já se encontrava aprisionado, talvez porque pudesse fugir da prisão domiciliar, foi novamente preso e transferido para a polícia federal da conspiração de Curitiba. Digo da conspiração porque delegados federais da Lava Jato já insultaram Lula e Dilma nas redes sociais. Mas o ministro da Justiça, no Olimpo, não tomou conhecimento.

Continuemos. Quando houve o julgamento de José Dirceu, naquela primeira farsa, a do Mensalão, escrevi que ele havia sofrido um julgamento de Alice. Ou seja, aquele julgamento que Lewis Carrol escrevera para Alice no País das Maravilhas. Por sinal, no mês passado se completaram 150 anos da publicação do livro. E quanto é atual no absurdo e arbitrariedade da cena do julgamento de Alice. Acompanhem e sintam a semelhança profunda que há ali e nas páginas de José Dirceu esta semana.

LLM459194 The Trial in Alice's Adventures in Wonderland by Tenniel, John (1820-1914) (after); Private Collection; (add.info.: The Trial in Alice's Adventures in Wonderland by Lewis Carroll (De Wolfe, c 1890).  Image slightly re-touched to remove tissue paper.); © Look and Learn; English,  out of copyright

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“- Não, não! – berrou a Rainha. – Primeiro a sentença, depois o veredicto”.

Se substituímos a Rainha pelo conjunto imprensa e tribunal do Brasil, perceberemos que aqui também a condenação estava antes sentenciada. Mas continuemos com Alice:

“Neste momento o Rei, que estivera ocupado por algum tempo escrevendo em seu caderno de notas, gritou:

– Silêncio! – e leu: ‘Artigo Quarenta e Dois: Todas as pessoas com mais de um quilômetro e meio de altura devem deixar o tribunal.’

Todo o mundo olhou para Alice.

– E não irei de jeito nenhum – disse Alice; – além do mais, este artigo não é legal: você acabou de inventá-lo.

O Rei empalideceu e fechou apressadamente seu caderno de notas. ‘Façam o seu veredicto’, disse ao júri, com voz baixa e trêmula….

– Com licença de Vossa Majestade, ainda há provas a examinar – disse o Coelho Branco dando um salto: – este documento acaba de ser encontrado.

– Do que se trata? – indagou a Rainha.

– Ainda não abri – respondeu o Coelho Branco. – Mas parece ser uma carta, escrita pelo prisioneiro para alguém.

– Só pode ser isso – disse o Rei, -a menos que tenha sido escrita para ninguém, o que não é muito usual.

– A quem é endereçada? – perguntou um dos ministros.

– Não é propriamente endereçada…- disse o Coelho Branco, – na verdade, não há nada escrito do lado de fora. Enquanto falava, desdobrou o papel, acrescentando: – Nem é uma carta, afinal de contas: são versos.

– Estão escritos com a caligrafia do prisioneiro? – perguntou outro.

– Não, não estão – respondeu o Coelho Branco – e isso é o mais estranho de tudo. (Todos pareciam perplexos.)

– Ele deve ter imitado a caligrafia de outra pessoa – disse o Rei. (Todos animaram-se outra vez.)

– Com licença de Vossa Majestade – disse o réu, – eu não escrevi isso, e ninguém poderá provar o contrário: não há nenhum nome assinado embaixo.

– Se você não assinou – disse o Rei – isso só piora a situação. Você certamente deve ter feito algo de errado, ou então teria assinado seu nome como qualquer pessoa honesta…

– Isso prova a sua culpa, é claro – disse a Rainha: – Logo, cortem a sua cabeça!”

Precisa dizer mais? O simulacro desse julgamento, da sentença que vem antes das provas, é repetido aqui mais uma vez na Lava Jato. Aqui, também, os critérios de condenação mudam conforme o objeto e objetivo do momento. Antes se denunciava um cartel de empresas na Petrobras que inflacionava preços para repassar uma parte ao Partido dos Trabalhadores. Agora, se estende ao governo Lula, que sob o comando do representante de Deus, mais conhecido pelo nome de José Dirceu, comprava apoio de deputados e senadores. O alvo é Lula, evidentemente. José Dirceu é a ponte que leva à maior liderança popular do Brasil.

Como da vida de José Dirceu não sairá uma delação, há de se procurar um delator com suficiente leviandade e cinismo para afirmar “Lula foi subornado por mim!”. E esta será a prova para a sentença prévia: cortem a cabeça do ex-presidente.

Enquanto o congresso sob a cabeça de Eduardo Cunha se articula para o impeachment da presidenta Dilma, e se fecha o cerco para a desmoralização da esquerda no Brasil, o mundo inteiro lembra os 70 anos das bombas sobre os japoneses, jogadas pelo império dos Estados Unidos. Mas se olharmos bem, existe um fio comum que une as bombas de Hiroshima e Nagasáqui às últimas prisões da Lava Jato. O vice-almirante Othon Luiz Pinheiro da Silva, autoridade em energia nuclear, que contrariava os interesses-norte-americanos, está preso. E agora, antes de Lula, os fascistas avançam sobre José Dirceu.

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No belo poema A Rosa de Hiroshima, Vinícius de Moraes escreveu:

“Pensem nas crianças

Mudas telepáticas

Pensem nas meninas

Cegas inexatas

Pensem nas mulheres

Rotas alteradas

Pensem nas feridas

Como rosas cálidas

Mas, oh, não se esqueçam

Da rosa da rosa

Da rosa de Hiroshima

A rosa hereditária

A rosa radioativa

Estúpida e inválida

A rosa com cirrose

A antirrosa atômica

Sem cor sem perfume

Sem rosa, sem nada”

Para os desdobramentos do que se convencionou chamar Lava Jato, talvez possamos dizer: pensem nas crianças, nas meninas, nas mulheres, nas feridas que se abrem com a ação da direita a mando do império dos Estados Unidos. Eles fazem enfim a mesma rosa radioativa, estúpida e inválida, a rosa com cirrose que destrói as conquistas do último governo popular depois de João Goulart. A antirrosa que é lava, mas de vulcão sobre a Petrobras e o Brasil. GGN/ Também na Rádio Vermelho

Crime de lesa-pátria. Dilma, solicite ao Itamaraty informações sobre a Carta de Intenções que Aécio assinou em Londres em 2004

Bush-e-Aécio

Em 2004, durante encontro com a elite financeira internacional em Londres, o ex-presidente dos EUA, George Bush, afirmou: “Este será o próximo presidente do Brasil”, referindo-se a Aécio

por Marco Aurélio Carone  (*), especial para o Viomundo

A história acontece primeiro como tragédia, depois se repete como farsa.

A frase acima é de Karl Marx na sua obra O 18 Brumário de Luís Bonaparte. Referia-se à sucessão de dois Bonaparte à frente de governos de exceção na França. O primeiro, Napoleão, foi uma tragédia. O segundo, Luís, uma farsa.

O momento em que vivemos no Brasil nos obriga a refletir sobre o passado em busca de respostas para entender o presente.

É preciso remontar ao início do século XX. Nessa época, reinava absoluta a política “café com leite”, que vinha desde o governo Campos Sales (1898-1902), seguido por Rodrigues Alves (1902-1906) e Afonso Pena (1906-1909). Café com leite significava a alternância na presidência da República entre os políticos de São Paulo e de Minas Gerais.

A primeira quebra deste acordo ocorreu no quatriênio presidido pelo marechal Hermes da Fonseca (1910-1914), embora alguns historiadores afirmem o contrário. O movimento denominado Civilista decidiu defender a candidatura de um civil em oposição à de um militar, o Marechal Hermes da Fonseca, candidato apoiado pelo então presidente da República.

O intelectual Rui Barbosa foi o escolhido pelos civilistas para disputar o cargo. Ele percorreu o Brasil, realizando discursos e comícios, em busca de apoio popular, fato até então inédito na vida republicana brasileira. Foi a primeira campanha presidencial moderna realizada no país. Mesmo assim, Hermes da Fonseca foi eleito presidente.

O período de 1918-1922 seria do paulista Rodrigues Alves, mas, devido à sua morte, foi ocupado, excepcionalmente, pelo paraibano Epitácio Pessoa.

A política “café com leite” gerava, claro, descontentamento entre as oligarquias dos demais estados, provocando eventos como a chamada Reação Republicana, surgida em 1922, quando da sucessão de Epitácio Pessoa.

A Reação Republicana era formada pelos estados de Pernambuco, Bahia, Rio de Janeiro e Rio Grande do Sul. Ela ocorreu em resposta ao veto feito pelo governador Borges de Medeiros, do Rio Grande do Sul, à candidatura de Artur Bernardes.

Para o dirigente gaúcho, a candidatura de Bernardes, significava a garantia da valorização do café, “quando a nação carecia de equilibrar todo o seu sistema financeiro”. Atentem ao o que as oligarquias já alegavam em 1922.

A Reação Republicana apresentou como candidatos a presidente e a vice-presidente da República, respectivamente, Nilo Peçanha, do estado do Rio de Janeiro, e J.J. Seabra, da Bahia.

A insatisfação referida por Borges de Medeiros fez brotar entre setores outros da sociedade, principalmente nos mais jovens, a convicção da necessidade imperiosa de total e completa reformulação na conduta política, fazendo-a condizente com os processos de governo efetivamente democrático.

Como acontece agora, a crise financeira mundial de 1929 atingiu em cheio a economia do Brasil, muito dependente das exportações de um produto, o café. Mais do que gerar dificuldades econômicas, o crash, que completa 86 anos, provocou uma mudança no foco de poder no país, acabando com a política “café com leite”. Um pacto político interno que já durava mais de trinta anos.

A crise arruinou a oligarquia cafeeira, que já sofria pressões e contestações dos diferentes grupos urbanos e das oligarquias dissidentes de outros Estados, que almejavam o controle político do Brasil.

Aproveitando a crise internacional que fragilizara a economia do País e diante do rompimento pelos paulistas da tradicional política “café com leite”, os políticos mineiros resolveram reativar a Reação Republicana e o foco do poder no país foi deslocado para o gaúcho Getúlio Vargas, que se tornou presidente da República após o golpe de 1930.

Do ponto de vista político e das elites, a crise foi importante porque desviou o foco do poder para Getúlio Vargas e para um projeto de industrialização.

O golpe de Estado, denominado pelos historiadores de “Revolução de 1930”, e o papel desempenhado por políticos de então inspiram os que hoje tentam derrubar a presidenta Dilma Rousseff.

Naquela época, os perdedores da eleição presidencial arguiram ilegitimidade do pleito, embora fossem os autores da legislação e regras eleitorais. E, aproveitando-se da crise econômica e das divergências políticas regionais, derrubaram o presidente eleito.

Esse movimento levou o País a uma ditadura selvagem de 15 anos. Os motivos alegados para o golpe era o de estabelecer uma nova ordem constitucional. Porém, ocorreu o contrário. Vieram a dissolução do Congresso Nacional e a intervenção federal nos governos estaduais, dando início à denominada “Era Vargas”.

A deposição de Getúlio Vargas e o término do “Estado Novo” só ocorreram em 1945, com a posterior redemocratização do país e adoção de uma nova Constituição em 1946, marcando em definitivo o fim da “Era Vargas”. Teve início, então, o período conhecido como “Quarta República Brasileira”.

Saltando para os dias atuais. É inegável a existência de uma crise de representatividade. Ela demonstra que o modelo de Democracia Representativa esgotou-se e deve ser aprimorado com a introdução gradual da Democracia Participativa, modelo que as atuais lideranças políticas fogem como o diabo foge da cruz.

Uma das razões pelas quais a presidenta Dilma está sendo ferozmente combatida é justamente porque deu início a essas mudanças, propondo a adoção do Plebiscito e Referendo, institutos da Democracia Participativa.

As eleições de Eduardo Cunha, para a presidência da Câmara dos Deputados, e a de Renan Calheiros, para comandar o Senado, demonstram claramente o medo dos parlamentares dessa transformação.

É inegável que a crise de representação não está no Executivo, e sim no Legislativo, embora a mídia insista em afirmar o contrário. Todas as medidas encaminhadas pela presidente Dilma ao Congresso têm sido rejeitadas, numa clara atitude de quanto pior melhor.

Aproveitando-se do receio de seus colegas congressistas, o senador Aécio Neves (PSDB-MG) busca a repetição do golpe de 1930. Ele tenta se colocar como principal ator, representando o empoeirado roteiro.

Só que existe um detalhe. Aécio não tem liderança nem o necessário conhecimento e vivência politica para exercer tal posição por ser fruto de milionárias campanhas publicitárias.

Sua liderança existe apenas nos noticiários de jornais, rádios e TV, pois não tem sequer território político. Ele só nasceu em Minas. Foi criado no Rio de Janeiro. E mesmo como governador, ele morou na cidade do Rio de Janeiro.

Aécio conhece o Estado de Minas Gerais apenas por cima, quando de avião dirige-se a Brasília. Procedimento idêntico tomou toda sua equipe de governo e família, após as eleições de 2014.

Aécio tornou-se um bufão, adotando técnicas semelhantes às do excelente apresentador Sílvio Santos no quadro: “Quem quer dinheiro”. Evidente que seu auditório composto pela grande imprensa o aplaude na espera dos “aviõezinhos”.

A sua atitude pode parecer inocente, mas infelizmente não é. O bufão não sabe o que está fazendo, mas seus patrocinadores sabem. Eles querem conseguir audiência e apoio popular para atingir seus interesses nas águas turvas.

O senador precisa saber que perdeu a última eleição para ele mesmo, foi derrotado no Estado que ditatorialmente governou.

Quem conhece a política mineira sabe que a origem de Aécio está intimamente ligada à defesa e à representação do capital financeiro internacional.

Isso desde os anos 30, quando seu avô Tancredo Neves era extremamente próximo ao americano Percival Farquhar, que ocupou a presidência da Itabira Iron Ore Company. Na época, era dono do que hoje é conhecido como Cia Vale do Rio Doce.

Com a saída de cena de Farquhar — devido à nacionalização do setor de mineração para cumprir um acordo de fornecimento de minério aos EUA durante a Segunda Guerra e à fundação em junho de 1942 da Vale do Rio Doce — os interesses multinacionais até então representados no País por Percival foram transferidos para Moreira Salles, banqueiro igualmente próximo de Tancredo.

Posteriormente, no Governo de Juscelino Kubitschek, de 1956 a 1958, Tancredo ocupou a Carteira de Redescontos do Banco do Brasil, implantando os alicerces do Banco Central. Uma antiga exigência do capital internacional, que lhe foi demandada quando era ministro da Justiça no governo de Getúlio Vargas (de 26 de junho de 1953 a 24 de agosto de 1954, quando o presidente se suicidou).

A presidenta Dilma ocupa legitimamente a Presidência da República, pois foi eleita pelo voto popular para o mais alto cargo político do País.

Só que, no meu entender, ela necessita identificar com quem e a serviço de quais interesses a classe política nacional articula.

A presidenta precisa entender — e só ela, pois grande parte dos integrantes do seu governo oriundos de outras siglas partidárias já entende — que lidar com o mundo político é o mesmo que participar de um baile de máscaras, onde a fisionomia não identifica quem a usa. Muito menos sua “alma”.

Infelizmente, para a esquerda e felizmente para a direita, os primeiros sempre imaginam ser capazes de cooptar os segundos, enquanto os segundos só lidam com os primeiros já cooptados.

Nesse contexto, gostaria de dar uma sugestão: Presidenta Dilma, solicite ao Itamaraty informações sobre a existência de uma autorização legislativa ou dispositivo constitucional para que o então governador de Minas Gerais, Aécio Neves, celebrasse uma “Carta de Intenções”, durante encontro com a elite financeira internacional na Spencer House, em Londres. A carta foi assinada em 16 de maio de 2004.

Na ocasião, portanto dez anos atrás, George Bush, ex-presidente do EUA, afirmou: “Este será o próximo presidente do Brasil”, referindo-se a Aécio.

Seria igualmente importante que o Senado solicitasse cópia dessa mesma carta, pois um de seus membros, na condição de Governador do Estado, talvez tenha cometido um crime de lesa-pátria.

Crime de lesa-pátria é qualquer aliança política, traiçoeira, que cause prejuízos ao País, acabando com a Democracia, Soberania e Liberdade de seu povo. Assim como, desviando fraudulentamente recursos dos cofres públicos, impondo regime autoritário fundamentado na esquerda ou direita, radical ou não, aparelhando o Estado e subjugando e enganando o povo em busca de poder.

Nos anos 30, o ocorrido foi uma tragédia. Sua repetição agora será uma farsa.

(*) Marco Aurélio Carone é ex-presidente do Jornal de Minas e do Diário de Minas. É o responsável pelo site mineiro Novojornal, retirado duas vezes do ar por decisão judicial. Preso sem qualquer condenação por 10 meses em penitenciária de segurança máxima sob a alegação de garantia da ordem pública. Só que a prisão foi para evitar que suas matérias interferissem nas eleições presidenciais de 2014. Carone denunciou vários crimes de Aécio Neves quando governador