Para bien o para mal

Por Víctor Flores Olea

El intento de golpe de Estado en Brasil se inscribe también entre los duros golpes recibidos por un continente en renovación, luchando en distintos grados por construir y asentar medidas socializantes en favor de sus pueblos. Aparte de las peculiaridades que pueda tener cada caso, resulta evidente que vivimos un tiempo en que el capitalismo busca imponerse férreamente en todos los lugares y que lo hace recurriendo a todos los medios a su alcance, legales o ilegales. El hecho hecho práctico es que el continente corre el riesgo de caer otra vez en un tiempo de grandes contradicciones y tensiones internas, que no facilitarán para nada su desarrollo justo y equilibrado.

Refiriéndonos al subcontinente, resulta una pena grave, o una lástima grande, que después de desembarazarnos de las sangrientas dictaduras y que lo hace recurriendo a los pueblos que nos impusieron a lo largo de la última mitad del siglo pasado, en buena medida como consecuencia de la guerra fría, todavía hoy parece que se renueva nuestra condena a vivir otro trozo de historia en condiciones angustiosas, y no las más aptas para lograr por fin un desarrollo humano, político y económico digno de las necesidades y las aspiraciones de estos centenares de millones de seres humanos que exigen una vida mejor. ¿Es posible?

Desde luego que los holocaustos en el Medio Oriente son materia de todos los días. Eso no disminuye un ápice su horror, ya que la costumbre, cuando se desdobla en creencia u obligación religiosa, no encuentra límites ni excepciones. Y la mejor prueba son los recientísimos actos de terrorismo en Bruselas, que tienen a Europa bajo amenaza y que se han ido realizando sistemáticamente: recordemos el 11 de septiembre en Nueva York, Londres, Madrid, París. Ya buena parte de Europa, varias de sus principales capitales, sometidas al terror que sólo podemos ver como profundamente irracional, como una interpretación absolutamente errónea de la voz de otros profetas, pero también como el resultado de la explotación y muerte a que las grandes potencias han sometido desde hace siglos a los pueblos musulmanes. El hecho es que en el camino de la reconciliación no se ha avanzado un ápice y que las heridas por todas partes siguen ofreciendo sangre de inocentes. Porque la idea de la destrucción enemiga no es más que una pesadilla que origina otras pesadillas cada vez más sangrientas, y que confirma que la sangre y la violencia sólo llamas a más sangre y más violencia. ¿Hasta cuando?

Por lo que hace a la terrible violencia en México sus causas son seguramente menos complicadas pero igualmente difíciles de erradicar, o al menos no hemos tenido ni remotamente la capacidad de controlar. Pero evidentemente hemos fallado en su erradicación o al menos en su control. Eso sí, podemos decir con un alto grado de certeza que esa violencia está seguramente vinculada otra vez a la pobreza y a la explotación, a las profundas marcas que la miseria ha dejado en almas y cuerpos, y que mientras no vayamos saliendo de esa encrucijada adelantaremos muy poco en el control y disminución de esa violencia que parece se ha apoderado de buenas porciones del país.

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Golpe de Estado en Grecia

Josetxo Ezcurra

Josetxo Ezcurra

por Clara Serrano García

En Grecia ganó las últimas elecciones Syriza con un programa que pretendía sacar a la economía griega de la crisis en la que estaba sumida con una receta distinta a la de la austeridad, que es la que se ha venido aplicando en todos los países de la UE. La austeridad -en forma de privatizaciones, recortes salariales, y desregularización del mercado de trabajo- se ha mostrado como una vía completamente ineficaz para resolver los problemas que amenazan a la población europea (el creciente paro, la desigualdad social, la deuda), problemas que están teniendo consecuencias catastróficas inmediatas sobre la vida de las personas. Los gobiernos anteriores al de Syriza aplicaron disciplinadamente las recetas dictadas por la Troika, (BCE, FMI y CE), una alianza de organismos que se encuentra fuera del control democrático, y que vela por los intereses de los llamados mercados -los poderes económicos y financieros. La Troika pone una serie de condiciones a los gobiernos a cambio de recibir los rescates financieros que impiden que la banca pierda liquidez y evitando que la economía del país llegue a una situación de bancarrota. Así ha sucedido en Grecia durante los últimos años. Pero, hay que tener muy en cuenta que no se trata de rescates que favorezcan a la población, por mucho que nuestros dirigentes políticos estén intentando vender la idea de que los países de la UE hemos sido muy solidarios con Grecia, un país, al parecer, lleno de vagos y de funcionarios multimillonarios, que han estado viviendo a costa de los trabajadores europeos. Lo que se ha rescatado en Grecia ha sido a las entidades financieras, y en realidad, a los bancos alemanes y franceses, principales tenedores de deuda pública griega. Así lo ha reconocido en una carta Olivier Blanchard, principal economista del FMI, quien dice expresamente que la mayor parte de los rescates ha ido a parar a bancos con sede en Francia y Alemania. La increíblemente grande deuda griega tiene su origen no en el gasto público, sino en la transformación en deuda pública de la deuda privada generada por la banca. El problema de la deuda es una especie de espiral infinita, pues para impedir la quiebra de la economía se acude a nuevos rescates financieros, cuyos intereses se suman a la deuda ya existente, deuda que tiene que pagar el Estado, es decir, la gente. Sin duda, la deuda funciona como un eficaz instrumento de chantaje político: tu economía se está hundiendo y estás en peligro de dejar de ser solvente. Te puedo prestar dinero para salvar tu sistema financiero, pero a cambio tienes que hacer lo que yo te ordene, con independencia de lo que quieran tus electores. Así funciona en este momento la UE.

¿Cómo salir de la espiral? Syriza ganó las elecciones con un programa en el que se comprometía a emprender un camino distinto. Para solucionar los problemas de la economía griega Syriza planteaba la necesidad de llevar a cabo una serie de reformas en la economía que favorecieran los intereses del pueblo griego, obedeciendo así el mandato principal de todo gobierno democrático. Para ello es imprescindible buscar una solución al problema de la deuda pública, que actualmente representa el 180 % del PIB. La solución pasa por una reestructuración de la deuda, que puede llevarse a cabo de distintas maneras: en forma de quita, a través de moratorias o a través de una rebaja de los tipos de interés. Que la solución pasa por la reestructuración lo han dicho muchos economistas, e incluso el FMI ha hablado de la necesidad de una quita. Lo que el gobierno de Syriza ha planteado desde el principio es, pues, algo de sentido común, como han declarado muchos economistas, algunos de ellos premios nobel en economía, y no la ocurrencia de unos fanáticos, como quieren hacer pensar a la opinión pública las elites europeas, empresa a la que están contribuyendo eficazmente los medios de comunicación, y algunos intelectuales, como por ejemplo en nuestro país Fernando Savater que ha escrito hace unos días un repugnante artículo en El Pais en el que acusa a Syriza de haber apelado a la “bestia sarnosa del nacionalismo” por haber convocado un referendum democrático. La única salida posible pasa por una reestructuración de la deuda griega, porque el pago de la deuda y de los intereses mantienen a la economía griega completamente ahogada. Para poder llevar a cabo reformas en la economía e incentivar el crecimiento económico, el Estado tiene que poder invertir en gasto público, pero si todos sus ingresos se dedican al pago de los intereses de la deuda difícilmente va a poder hacerlo. La solución económica existe. Porque ante lo que estamos no es ante un problema técnico o económico, sino ante un problema de orden político, en el que se está jugando, nada menos que la posibilidad de la democracia. Y es un problema que no sólo afecta a Grecia, sino que afecta a toda la UE.

El Eurogrupo, que en un momento de las negociaciones llegó a expulsar al anterior ministro de finanzas griego Yannis Varoufakis de una reunión, comportándose como un verdadero cártel mafioso, ha estado jugando con la amenaza de la expulsión de la zona euro a Grecia si su gobierno no capitulaba y cumplía obediente las condiciones impuestas por Alemania, condiciones que de ser aceptadas suponen renunciar a las medidas con las que ganó las elecciones. Ante el chantaje el gobierno griego convocó un referendum -algo insólito en la UE, donde los gobiernos nos tienen acostumbrados a una disciplina militar frente a los mandatos de la Troika- para preguntar a su pueblo sobre el acuerdo que en aquel momento estaba sobre la mesa. El No ganó de manera rotunda, a pesar de que desde el anuncio del referendum se emprendió la guerra mediática más salvaje que se pueda imaginar a favor del Sí. De nuevo hemos visto a los medios de comunicación, a los políticos y a los intelectuales menospreciar, insultar y acusar de falta de responsabilidad al primer ministro griego Alexis Tsipras. Por poner tan sólo un ejemplo, la que fuera ministra de sanidad del último gobierno del PSOE, Trinidad Jiménez, en el programa de Ana Pastor en el que se analizaban los resultados del referendum griego, se permitió decir públicamente, en la televisión, que lo que había que exigir a Tsipras para que se llegara a un acuerdo era sentido de la responsabilidad, y enterarse de cómo funciona la maquinaria europea.

¿Y cómo funciona la maquinaria europea? ¿A base de golpes de estado encubiertos, como lo fue la reforma del artículo 135 de la Constitución española que acordaron el PP y el PSOE, y que obliga al Estado a priorizar el pago de los intereses de la deuda frente al gasto social? Trinidad Jiménez insinuaba que la celebración del referendum no iba a resolver el problema de Grecia, y que más bien iba a servir para tensar aun más la situación. Desde luego ella sí sabe como funciona la maquinaria europea: como una mafia. Pero entonces en lugar de exigir responsabilidad a Tsipras lo que debería hacer es denunciar con todas sus fuerzas que en la UE nos gobierna una banda de mafiosos, y que no es posible, por mucho que se ganen unas elecciones o un referendum, desobedecer a los mercados. Hace poco en una entrevista Varoufakis contaba que cuando se le ocurrió preguntar por el funcionamiento del Eurogrupo, por la vigencia de la norma de la unanimidad en la toma de decisiones, la respuesta que recibió fue que el Eurogrupo no existe. Aunque es el organismo que toma las más importantes decisiones dentro de la UE que afectan a la vida de todas personas que viven dentro de la UE, el Eurogrupo no existe. Y como no existe no tiene reglamentos de funcionamiento interno, no tiene normas, ni mucho menos actas. Pues bien, un organismo inexistente es la institución con mayor poder de toda la UE. 

Tenía razón Trinidad Jiménez al augurar que el resultado del referéndum no iba a ayudar a Grecia. Eso sólo podría pasar en una UE en la que se respetara la soberanía de los Estados y la democracia. El “acuerdo” al que se ha llegado entre Grecia y Alemania, o más bien el resultado de un chantaje despiadado tras 17 horas de negociación supone asumir unas condiciones absolutamente inaceptables, mucho peores que las que se planteaban en un principio. Es indudable que lo que se está buscando es humillar al pueblo griego, y hundir al gobierno de Syriza, el primer gobierno de toda la UE que se ha atrevido a enfrentarse a la Troika y decir No. Entre las durísimas condiciones imprescindibles para que se recupere la “confianza” perdida por la irresponsabilidad del gobierno griego se incluye entre otras la financiación de la deuda a través de la privatización masiva, y recortes en las pensiones. Pero además se obliga a dar marcha atrás en las reformas emprendidas en estos meses de gobierno, y la imposibilidad de emprender reformas sin el visto bueno de las instituciones europeas: “Para normalizar completamente los métodos de trabajo con las instituciones, el Gobierno deberá consultar y acordar con las instituciones –la Troika- cualquier iniciativa legislativa en áreas relevantes y con la debida antelación en consultas públicas o parlamentarias”.

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Lo que tenemos delante por tanto es, como correctamente se ha nombrado desde las redes sociales, un golpe de estado (en Twitter ha sido TT el hastag “ThisIsaCoup”), porque se está quitando a Grecia -y a todos los países de la UE la capacidad de legislar. Cuando se le arrebata a una nación el poder de legislarse a sí misma, se le ha arrebatado la soberanía. A Grecia se le están imponiendo unas condiciones para el rescate que suponen no sólo incumplir su programa electoral, sino anular la capacidad legislativa del Parlamento. Se trata de un golpe de estado en toda regla, y no sólo en Grecia, sino a toda la UE. El mensaje que están enviando los poderes financieros a la población europea es que aquí no hay alternativa, que las decisiones no se toman en los Parlamentos, que no hay democracia que valga. Lo que se puede o no se puede hacer no lo decide el poder político. Lo que nos están diciendo es que no seamos ingenuas, que los mecanismos democráticos europeos, en realidad, son una farsa, porque las decisiones importantes no se toman ahí. Y es que si realmente se tomaran en los parlamentos sería un desastre, porque al pueblo, ignorante y pobre, a veces le da por votar a opciones políticas como Syriza, un partido de ignorantes y de pobres, que no saben nada de economía y que pretenden poner por encima de los intereses de los ricos y de los poderosos los intereses de los pobres e ignorantes. A Syriza se le ha olvidado que cada uno ocupa el lugar que le corresponde, y que los pobres e ignorantes – y aquí pueden entrar países enteros como Grecia, como España o como Portugal – lo vienen siendo históricamente. El único gesto político que los mercados están dispuestos a aceptar es de ponerse de rodillas frente a Alemania, y si pretendes no arrodillarte y mantenerte en pie, reclamando tu soberanía, entonces te vas a enterar de lo que vale un peine: no sabes con quien estás hablando. Te van a retorcer el brazo hasta que grites de dolor y hasta que te arrepientas de haber pronunciado en algún momento que no eras una colonia de Alemania. Y van a seguir retorciéndole el brazo a Grecia mientras el resto de países miran cómo se lo retuercen, para que olviden definitivamente, si es que alguna vez se les pasó por la cabeza, votar de manera equivocada, es decir, votar a una opción que no esté dispuesta a aceptar los chantajes de una banda de gangsters.

Lo que se está jugando en este momento es nada menos que la soberanía de los pueblos europeos, y no es la primera vez que sucede en Europa. Lo que se está disputando es que la democracia y el Estado de Derecho tengan alguna posibilidad, o que por el contrario sean los intereses de los poderes económicos, por encima de los intereses de las personas, los que dictaminen el funcionamiento de las instituciones. Como lleva diciendo desde hace muchos años el filósofo Carlos Fernández Liria, cuando las reglas del juego las ponen los mercados, los Parlamentos sólo tienen una posibilidad de existir: siempre y cuando no sirvan para nada. En cuanto un Parlamento pretende cambiar mínimamente las reglas del juego, entonces se da un golpe de estado, más o menos encubierto, para poner los puntos sobre las íes, y así se le enseña al electorado lo que tiene que votar.

“La marcha de los fiscales busca lo mismo que buscaba Nisman: no reabrir una investigación seria sobre la AMIA y continuar tras la ‘pista iraní”

Entrevista a Claudio Katz de Economistas de Izquierda (EDI)

golpe brando
por Mario Hernandez
Rebelión
M.H.: Buenas noches, Claudio. Finalmente logramos la comunicación que venimos posponiendo desde enero, cuando presentamos el libro “El debate Piketty” en el hotel Bauen. En esos días lo entrevisté a Eduardo Lucita y comentábamos que la situación económica estaba estable, que no se habían producido las turbulencias que se preveían a fines del año pasado, ya se había lanzado la campaña electoral y se produce la muerte del Fiscal Nisman, poniendo una nota muy fuerte a este fin de ciclo kirchnerista. Al respecto has escrito un trabajo “Los turbulentos servicios del poder” y me gustaría que compartieras tus conceptos con nuestros oyentes.

C.K.: Ha pasado un mes de la muerte de Nisman y no se avanzó nada en la investigación. La derecha sigue sugiriendo que el gobierno está detrás del asesinato y el gobierno oscila entre un suicidio y un crimen con influencia de Stiusso. La gran novedad es la marcha de mañana.

La oposición derechista se está lanzando a las calles para sostener su acusación. Yo creo que lo que no lograron con los caceroleros, lo están logrando ahora y por eso montaron esta absurda imputación de los últimos días contra la Presidenta, una acusación sin sostén jurídico que no se basa en ninguna prueba, alude a dichos de segundas y terceras personas, es un mamarracho jurídico que busca potenciar la marcha.

Es una jugada fuerte de un grupo de fiscales que recordemos que son encubridores denunciados por familiares de víctimas de la AMIA, gente que tiene vínculos con la dictadura, con el narco poder, ligada a Macri, muy comprometida con la SIDE.

Primero está la gran hipocresía de la marcha de mañana sobre la base de reclamar que se deje actuar a la justicia, cuando son ellos los grandes garantes de la impunidad. Creo que incluso tiene un objetivo que es bloquear el juicio que está en marcha contra Galeano, Beraja, y toda la gente que encubrió el atentado de la AMIA. Están creando un clima turbio, quieren promover un tribunal internacional de Washington o de la OEA. Eso le daría más fuerza a la CIA y al Mossad para seguir encubriendo el caso AMIA. Lo que se busca es lo mismo que buscaba Nisman, que no se reabra una investigación en serio de la AMIA y que se continúe girando en torno de esta “pista iraní” en desmedro de los verdaderos rumbos de la investigación que era la “pista siria” y la conexión local.

Lo de la marcha es preocupante, pero tiene algo positivo, ninguna corriente de izquierda ni vocero progresista se une a la marcha, podríamos tomarlo como natural, pero es la primera vez que ocurre en diez años.

M.H.: No sucedió con la 125.

C.K.: Ni en muchos cacerolazos, ni con Blumberg, es la primera vez que están bien delimitados los campos, con algunas excepciones que son marginales pero es importante considerarlos, uno es Gargarella, otra es Victoria Donda, y es interesante escuchar sus argumentos para concurrir. Primero estaba la idea de que es una marcha ciudadana, que es una manera de diluir el contenido derechista que tiene al desconocer que es una marcha política. Ahora ya no se dice eso, ahora se dice que está bien que tomemos las calles y que reclamemos todos, como si no importara el contenido de lo que estamos reclamando. Creo que participar en una marcha reaccionaria es más contraproducente que no participar en nada. Algo absurdo que escuché en estos días es que “cada uno le pone el contenido que quiere a la marcha”.

M.H.: Un concepto muy posmoderno.

C.K.: Totalmente, pero está. Están los fiscales que en teoría marchan por Nisman, de la mano de la derecha, pero otros afirman que marchan por la apertura de los archivos y el fin de la impunidad. Lo cual es completamente ridículo, uno no puede ir a cualquier marcha omitiendo la consigna rectora de la misma. Por ejemplo, uno no podía ir a la marcha de Blumberg con un cartel que pida castigo a los genocidas, o ir a un cacerolazo con uno que diga “viva la revolución cubana”, o a la de la 125 pidiendo la nacionalización de los bancos. Las marchas tienen un contenido y un sentido. Incluso hay una falsa comparación con la marcha de hace algunos años por el crimen de María Soledad donde efectivamente participaron sectores conservadores, pero ahí la demanda era justa, y acá la demanda no es justa, porque no solo se trata del encubrimiento de fiscales de la causa AMIA, sino que además homenajea a Nisman. ¿Por qué hay que homenajear a Nisman? Obviamente hay que investigar si se suicidó, si lo asesinaron y si es así castigar a los culpables, pero homenajearlo olvidándonos quién era y para quién trabajaba, cuando está completamente claro que era un hombre al servicio de la CIA, de la Embajada Norteamericana.

M.H.: Y él no lo ocultaba.

C.K.: Los Wikileaks que destapó el periodista Santiago O´Donnell, el autor de “Argenleaks”, demostró el estrecho contacto con la Embajada Norteamericana y con Stiusso, con el que colaboraba en forma explícita.

Yo creo que lo que hay que esclarecer es que esta marcha tiene como objetivo defender la corporación judicial, un objetivo de casta, defender los privilegios de todo ese entramado de la justicia con los servicios, con la SIDE, con el poder económico. No sé si es correcto el término “golpe judicial” o “golpe blando” o “acción destituyente”, pero no cabe duda que es una acción destinada a erosionar el poder político durante los próximos meses, a que el gobierno termine debilitado y, sobre todo, es un mensaje que no está solamente dirigida al gobierno actual sino también a todos los candidatos que puedan sucederlo, proveniente de la corporación judicial, de los grupos económicos, del poder concentrado que le dice a Massa, Scioli y Macri, que el poder judicial no se toca, que la Ley de medios tiene que ser derogada, hasta Tinelli está haciendo campaña para quedarse con Futbol para Todos.

Hay que ubicar esta marcha en el contexto político de lo que está ocurriendo y tener en cuenta que hay una imagen de este gobierno un poco superficial, que polariza y que confronta. Yo creo que este es un gobierno desorientado que no sabe qué hacer frente a lo que está ocurriendo.

 

Estados Unidos está haciendo fuerza para recuperar poder en América Latina, pero tiene políticas muy diferenciadas

 

M.H.: Es muy floja la comunicación del gobierno, el único que argumenta con cierta propiedad y solidez, que no es santo de mi devoción, es Aníbal Fernández, pero hay que reconocerle que dice cosas que tienen envergadura.

Tomando esto último que mencionabas, y siendo una persona que conoce el proceso Bolivariano, que estuviste en diciembre en Venezuela, y teniendo en cuenta que acaban de producirse importantes hechos en ese país, ya que Maduro ha denunciado un intento de golpe de Estado con abundante información, ¿considerás que tienen alguna vinculación con este panorama que acabas de desarrollar?

C.K.: Sobre algunos temas podemos formular caracterizaciones contundentes y sobre otros solamente hipótesis. En forma categórica podemos afirmar que en Venezuela hay en marcha desde hace mucho tiempo, intentos de golpe de Estado explícitos, no blando, ni destituyente, ni parlamentario, golpe de Estado clásico. Recordemos que la guarimba del levantamiento derechista de febrero/junio del año pasado se saldó con 43 muertos, centenares de heridos, destrozos, los paramilitares colombianos y la mano de Estados Unidos actuando de manera explícita, y cuando terminó todo eso, fue asesinado el joven diputado Robert Sierra.

Ahora Maduro acaba de exponer en detalle un plan militar para ensayar un golpe. Ahí tenemos un golpe de Estado clásico y nítido, sin medias tintas. Yo no haría un combo general, me parece que es una mirada un poco especulativa, creo que efectivamente Estados Unidos está haciendo fuerza para recuperar poder en América Latina, pero tiene políticas muy diferenciadas para cada gobierno. Al Bolivariano lo quiere tumbar, incluso cuando está negociando con Irán o cuando ha comenzado tratativas con Cuba. En Venezuela hay algo estratégico que es el petróleo y busca recuperar el manejo porque junto con los gasoductos de Canadá y el petróleo de México se asegura el crudo que necesita Estados Unidos.

El caso de Argentina es más complejo y contradictorio, recordemos que el gobierno argentino tuvo varias posturas frente a Estados Unidos, una inicial de mucha contemporización y otra de los últimos dos años con tensiones, pero no tenemos que olvidar que si Cristina siguió la pista de Irán, lo mantuvo a Nisman y a Stiusso, fue por un guiño con Estados Unidos, porque era un momento en el que se buscaba hostilizar y presionar a Irán y por eso dejaron de lado la pista siria. Lo que ocurre es que ese proceso entró en crisis con el memorándum, marcó un giro, el propio gobierno se dio cuenta que si continuaba actuando como agente del Mossad y la derecha republicana estadounidense, las cosas podían terminar mal, entonces tomó distancia. Eso abrió toda la crisis actual con los servicios, con el poder judicial y que derivó en la muerte de Nisman.

Creo que hay dos grandes problemas en cuanto a la palabra oficial, la primera es que pueden hablar mal de Stiusso pero hasta ahí nomás, porque fue su hombre durante diez años, y acá hay algo un poco raro, porque Aníbal Fernández dice que Stiusso era el jefe de Nisman, entonces la pregunta es, ¿quién fue durante diez años el jefe de Stiusso? Aníbal Fernández. Hay una limitación para hablar del tema y un temor a los carpetazos que pueda dar Stiusso sobre los temas que están en conflicto con el gobierno, como el patrimonio de la familia presidencial.

M.H.: Creo que eso explica que esté libre, en cualquier país del mundo estaría preso.

C.K.: O al menos lo hubieran llamado a declarar.

M.H.: Va a declarar cuando él quiera.

C.K.: Claro, y habiendo tantas sospechas sobre el papel de Stiusso, sobre el rol de Lagomarsino, la única explicación a esto es que el gobierno sabe que está en un terreno sumamente complicado porque durante diez años sostuvo ese sistema y fue quien apuntaló la pista iraní y el trabajo de Nisman. Es muy complicado que ahora el gobierno diga que Nisman era un mamarracho, un hombre de los servicios, cuando ellos lo designaron y convalidaron su acción. Hay que ser muy severos en esto, así como tenemos que ser contundentes con Gargarella, con Donda, con Beatriz Sarlo y toda la gente que va a ir a la marcha del 18, también tenemos que ser muy críticos con los intelectuales favorables al gobierno que cuestionan la marcha pero no hablan de Milani, ni de qué pasó con los Servicios de Inteligencia durante los últimos diez años. Incluso con un argumento bastante tramposo, la idea que en todos los países del mundo, los Servicios de Inteligencia se autonomizan y actúan en forma conspirativa, entonces si en Estados Unidos no se pudo investigar la muerte de Kennedy, cómo vamos a poder nosotros investigar la muerte de Nisman. Si en todos lados ellos actúan con un poder real detrás del formal, cómo vamos a actuar nosotros.

Me parece que eso es una justificación, estos grupos a veces se autonomizan, pero a veces son parte del gobierno y siguen sus órdenes, durante años sostuvieron a Stiusso, el proyecto “X”, la pinchadura de teléfonos, el propio Aníbal Fernández inició una causa por la quema de vagones de ferrocarril contra el “Pollo” Sobrero con informes de la SIDE, entonces no pueden tratar ahora de olvidar y anular lo que ha ocurrido.

También hay hipocresía por el lado oficialista en forma bastante chocante. Antes de ayer escuché a Sabatella diciendo que éste es el gobierno que más hizo por el esclarecimiento del caso de la AMIA y eso es una estafa. Cristina cuando era senadora desconfiaba de la investigación del Juez Galeano, impugnaba todo el fraude que se armó con la búsqueda de un culpable iraní y promovía la investigación de la pista siria, del tráfico de armas y del trasfondo de este problema que es la red de intereses que manejó Menem en el tráfico de armas y que buscando por ahí seguramente descubriríamos qué pasó con la AMIA. No olvidemos que lo de la AMIA fue un episodio de la venta de armas a Croacia, la violación de la neutralidad en el conflicto Ecuador- Perú, los privilegios al traficante Al Kassar, el estallido de Río Tercero, el accidente de Carlitos Menem. La mafia menemista limpió pistas porque seguramente, como han dicho muchos investigadores del tema, el trasfondo del atentado de la AMIA está conectado con algún incumplimiento de Menem en alguno de los negocios turbios que manejaba, y Cristina sabía eso, cuando era Senadora quería investigar por ahí, pero cuando el kirchnerismo subió al gobierno congeló eso, hizo buena relación con la DAIA, con Estados Unidos, y se lanzó a la pista iraní, a Nisman y al encubrimiento, por eso ahora estamos donde estamos.

 

La catástrofe griega supera todo lo que nosotros conocimos

M.H.: En el día de hoy se publicó un artículo tuyo referido a la situación en Grecia. Me resultó muy interesante entre otras cosas, porque hemos venido manejando mucho el tema de Syriza en comparación con nuestro 2001/02 y vos marcás una serie de diferencias que me gustaría que desarrollaras.

C.K.: Cuando empezó la crisis griega, era casi familiar hacer una comparación con el 2001 y se mantuvo durante muchos años, lo que ocurre es que Grecia está en un 2001 argentino desde hace seis años, y el nuestro duró dos años, si vemos las cifras de la catástrofe que viene sufriendo ese país podemos ver que supera todo lo que nosotros conocimos. Además, hay cambios en el curso que ha tenido el proceso, después del colapso económico argentino hubo una crisis de la deuda y Argentina fue a negociar con un conjunto de acreedores privados, en cambio en Grecia han estatizado la deuda y la negociación es puramente política, el escenario griego es diferente en la actualidad, al que teníamos en Argentina cuando asumió el kirchnerismo.

Es distinto porque lo que ha sucedido es que Grecia ha cambiado el escenario político europeo, y eso hace que el establishment, los bancos, la troika y el FMI, por primera vez empiecen a tener una repetición del escenario latinoamericano en Europa. Esto abre una serie de incógnitas respecto de lo que va a ocurrir en los próximos meses. La comparación económica que solíamos hacer entre Grecia y Argentina ya quedó atrás, el escenario político es de gran temor por parte de los grupos dominantes en Europa, a que haya muchos Syrizas en Europa, están mirando el impacto sobre España, el crecimiento de Podemos ha sido espectacular y que hubo una celebración del triunfo de Syriza que marcó en Madrid el tono de cómo puede impactar el ascenso de la izquierda griega sobre el conjunto del escenario europeo. El panorama es muy interesante y esperanzador.

Cuando acá discutimos la solidaridad con Venezuela, o la necesidad de impugnar las marchas de la derecha en la Argentina, tendríamos que comenzar a incorporar el elemento de la solidaridad con Syriza en Grecia porque van a empezar a bombardear al gobierno. La Troika ya está buscando la manera de quitar la liquidez de los bancos y propiciar su expulsión del Euro, empujarla a un corralito bancario. Vamos a una lucha política que para nosotros que somos gente de izquierda es interesante porque se da en el escenario donde una corriente de izquierda ha ganado las elecciones en Grecia, y podemos analizar el problema desde otro lado, podemos hacerlo como lo hacemos con el proceso chavista, con el de Evo Morales, gobiernos populares que intentan hacer una transformación política y social en confrontación con las clases dominantes y el imperialismo. Es muy importante y muy aleccionador para la izquierda argentina.

Es importante que la población empiece a ver en la izquierda una articulación política que quiere ganar el gobierno

M.H.: Iba a eso, porque mencionaste al chavismo y a Syriza, hace mucho tiempo que tengo una discusión con compañeros de la izquierda más tradicional, que nos falta una estrategia de poder, y en ese sentido creo que el chavismo y Syriza, más aún el chavismo, han dado pasos importantes. Un hecho que ha pasado desapercibido pero que apunta en ese sentido, es una declaración que hemos suscripto hace pocos días con la intención de promover un acuerdo político de una serie de movimientos sociales vinculados a la denominada nueva izquierda con el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT).

C.K.: Sí, y es importante que lo hayamos hecho en el momento en que Syriza gana las elecciones, yo concuerdo con lo que decís, si bien Bolivia y Venezuela son más cercanos a nosotros, Syriza es muy interesante también para la misma experiencia argentina. Ellos están demostrando que la izquierda puede llegar al gobierno a través de las elecciones y que es importante que la población empiece a ver en la izquierda una articulación política que quiere ganar el gobierno, que no se limita a la denuncia y a la resistencia. Syriza en muy pocos años pasó de una votación marginal, minoritaria, a una votación mayoritaria porque la población percibió que quieren gobernar, que conquistaban municipios, organizaban un programa, incorporaban intelectuales y se disponían a gobernar sabiendo que el gobierno es tan solo un momento de la larga batalla por el poder en la conquista del Estado y la hegemonía sobre la sociedad.

La lucha por el socialismo, por nuestros objetivos anticapitalistas que requiere construir poder popular, atraviesa en las condiciones contemporáneas, por el tránsito electoral como un momento muy importante, tenemos que aprender de quiénes están más avanzados en esa experiencia. Ellos se formaron en una batalla contra lo que sería la centroizquierda anti K, como Binner, el PASOK allá. Binner es un hombre de la Internacional Socialista, que apoyaba a Papandreu, el responsable del desastre griego. Además, se formaron en una fuerte lucha política contra el Partido Comunista griego que es un partido extremadamente sectario que se parece a las corrientes más dogmáticas que a los partidos comunistas tradicionales. Ellos se formaron en esa lucha y lograron forjar un agrupamiento en el que conviven una serie de culturas: eurocomunistas, socialistas, trotskistas, hay una confluencia de generaciones, la vieja generación que luchó contra la Dictadura de los Coroneles con las nuevas camadas que representa Tsipras, han logrado esa articulación. Creo que estamos en un momento muy interesante en Argentina, muy oportuno después de una década de experiencia con el kirchnerismo, para que la desilusión que ha generado en amplios sectores, no sea canalizado hacia la derecha sino que confluya hacia la izquierda, para eso necesitamos una izquierda que adopte un sentido popular, que deje atrás los resabios de sectarismo y que construya a partir del FIT un instrumento político electoral que dé resultados significativos en el próximo período.

ARGENTINA. JUSTICIA PERSEGUIRAS

LA MARCHA DE LOS FISCALES, QUE IGNORÓ A LAS VÍCTIMAS DE LA AMIA

las12

Altas esperanzas, bajas expectativas

Las dos hijas de Diana ni siquiera habían empezado la primaria cuando los ecos de la explosión que derrumbó la sede de la AMIA se expandieron por toda la ciudad de Buenos Aires. 85 personas murieron entonces, otras 300 fueron heridas, el polvo y los escombros en pleno barrio de Once después del atentado terrorista no dejaron a nadie indiferente. Andrés Malamud fue una de las víctimas y desde entonces Diana empezó a usar su apellido, el de casada. Y desde entonces empezó a perseguir una justicia cada vez más esquiva a medida que los años pasaban y el horror del principio empezó a tornarse en indiferencia para la gran mayoría de la sociedad argentina. 21 años pasaron y nada se sabe de los culpables del atentado. Hay, en cambio, un juicio oral que debe llevarse a cabo este año por las maniobras de encubrimiento de las autoridades de entonces, del juez y los fiscales que debían acusar. Y hay también un fiscal muerto en circunstancias no esclarecidas y una sociedad movilizada que poco y nada sabe de lo sucedido el 18 de julio de 1994. Al frente de Memoria Activa –una de las agrupaciones de familiares de las víctimas que siguen persiguiendo justicia– Diana Malamud habla de cómo cambió su vida desde entonces, de lo poco y nada que se avanzó en el esclarecimiento de la causa, de cómo algo que nos afectó a todos se convirtió en un problema de la colectividad judía y sigue reclamando Memoria, Verdad y Justicia.

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Por María Mansilla

Diana Malamud adoptó el apellido de casada recién al quedarse viuda. Desde entonces, es la tipa de siempre cuando imita a sus hijas y nietas complotando para que no fume, cuando se saca los anteojos de marco colorado para salir más linda en las fotos, cuando ruega que no le interrumpamos el fin de semana largo para hacer esta entrevista, cuando cuenta que le gustan las fiestas, los viajes y las plantas, que es capaz de ver una película entera sin pensar en su causa, cuando se le escapa que al toparse con un retrato del padre de sus hijas –Andrés, un arquitecto de 37 años que dirigía unas refacciones en la AMIA el día de la voladura–, se le desploman los hombros.

Diana Malamud es de la clase de personas que no tolera que le digan más estupideces. No cierra la puerta en la cara con soberbia. Interrumpe, argumenta con voz gruesa, incorruptible, filosa, con esa fuerza rara –algo de fuerza bruta– que tiene la gente cuando está agotada pero no afloja. Y que sabe que tiene razón. Y vuelve al vuelo. Como un tábano.

Ella es una de las tantas afectadas por la considerada “causa jurídica más importante de la Argentina”. La tragedia primero y la impunidad después la convirtieron en referente de Memoria Activa, una asociación civil desde la cual muchos familiares buscan Memoria, Verdad y Justicia.

Hoy, que el caso AMIA está tan presente por la muerte del fiscal Alberto Nisman, Diana Malamud y su gente siguen trabajando a la espera del juicio oral y público por encubrimiento que debería comenzar a mediados de año y juzgar las actuaciones del ex juez Juan José Galeano y sus fiscales y de dirigentes comunitarios. Sienten que su fuerza bruta permitió que siguiera abierta la causa de la complicidad local. Mientras, siguen visibilizando la impunidad hacia afuera. Después de llegar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA (CIDH), están haciendo todo para que la denuncia pase a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en San José de Costa Rica.

¿El fiscal Nisman es una nueva víctima de la AMIA?

– De ninguna manera. Las víctimas son los 85 muertos y más de 300 heridos. Lamento profundamente su muerte, pero es una ofensa plantear eso. Las razones por la cuales murió tendrán que ser investigadas en profundidad, la sociedad argentina debe saber la verdad. Siempre se ha hecho uso y abuso de la causa, una causa que ha superado cualquier historia, que ha estado en los medios sistemática y giratoriamente durante 21 años. Y siempre para otros fines. Es un caballito de batalla de las peleas políticas de todo el mundo. Y opinólogo es todo el país. Es vergonzoso. Y al final la gente no sabe de qué trata.

¿Qué te provocó la marcha de los fiscales del 18F?

– No hay que tenerles miedo a las marchas. Mirá las de Blumberg… Pasan. El tema del silencio me llamó la atención, fue congruente con el silencio que esa gente ha mantenido estos años respecto de la causa. Y una se pregunta a quién le importan nuestros muertos.

Estuviste en la conferencia de prensa en la que la procuradora Gils Carbó presentó al equipo que reemplazará a Nisman en la UFI AMIA. ¿Cómo recibieron la noticia en Memoria Activa?

– Nosotros no damos cheques ni escritos en blanco. Estamos curtidos. Veremos cómo funciona este triunvirato. En principio tiene que trabajar para el juicio, hacer un trabajo destacable. Es lo menos que esperamos dadas las circunstancias tan enrarecidas de la situación que se vive hoy. La causa AMIA no ha avanzado absolutamente nada. De hecho habíamos denunciado al fiscal Nisman, habíamos pedido que lo removieran de su cargo en reiteradas oportunidades. El no avanzó, maquilló lo que ya tenía el ex juez Galeano en un principio sobre Hezbolá y la conexión iraní. Después de tantos años y tantos recursos, como los que ahora le están poniendo a esta Unidad Fiscal, exigimos que se audite hacia adelante y hacia atrás, y que se sepa con transparencia lo que hacen.

En el décimo aniversario de la voladura decías “Pedir justicia quedó obsoleto”. Pese al manejo político del caso Nisman, ¿es ésta una oportunidad para sacar del freezer la causa considerada la más importante de la historia judicial argentina?

– Creo que no es el pedido de justicia lo que está obsoleto. Lo obsoleto es la Justicia. El que no estaba haciendo su trabajo como correspondía era el Poder Judicial. Muchas veces pienso ¿hasta cuándo el reclamo? ¿Hasta cuándo una puede seguir esperando? Si la causa se va a esclarecer es por un milagro, y no creo en los milagros.

¿Qué historias les parecen más verosímiles? ¿Cuál es tu hipótesis del atentado?

– A través de los años una va cambiando de hipótesis. Si hoy me dicen que no hubo atentado, ¡me lo cuestionaría! Es tal la basura de investigación que hemos tenido que una ni siquiera cree en las propias hipótesis.

No se te ve resignada.

– Creo que la SIDE y los organismos de seguridad sabían que se iba a cometer el atentado y se les escapó o lo dejaron suceder. Vuela la AMIA y hay que tapar la ineptitud de lo que no pudieron parar. A partir de ahí empieza una ensalada de encubrimiento.

¿Por qué dejaron de ir los lunes a la plaza que está frente a la Corte Suprema de Justicia?

– Nos reunimos durante diez años y medio, o sea, 3800 lunes ininterrumpidos. Fue increíble. En 1999 presentamos una demanda contra el Estado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. Denunciamos que no había respetado la obligación de prevenir a sus ciudadanos – teniendo en cuenta el atentado terrorista a la Embajada de Israel, dos años antes, y por denegación de justicia para las víctimas –. En el 2005, en un hecho casi inédito, Néstor Kirchner declara al Estado culpable. Después de eso ingenuamente confiamos que iba a cambiar algo. Decidimos dejar la plaza Lavalle y dedicarnos desde otro lugar. Entendimos que podíamos existir sin la plaza, que fue importante durante el menemismo como foco de presión para no cerrar la causa. Ganamos esa instancia de demanda y dijimos bueno, para qué nos sirve ganar esto. Entonces pedimos que si el Estado era culpable asumiera un compromiso. El presidente firmó un decreto, el 812/2005, y se comprometió a llevar adelante una serie de puntos que planteamos, como la creación de una unidad especial de rescate (que hasta hubiera servido para Cromañón y sirve para preservar las pruebas), modificaciones en el tema de Inteligencia, el reforzamiento de la Unidad Fiscal AMIA, la digitalización de las fichas migratorias, las costas de los juicios, la indemnización a las víctimas según lo establecido por la CIDH.

En estos 21 años ustedes son como un observatorio civil de la Justicia y del crecimiento de las corpos a nivel mediático, inteligencia, terrorismo.

– Es increíble. Hoy sumamos el tema del derecho a la verdad. Difícilmente tengamos justicia, pero queremos saber la verdad. Ahora que el caso está en la prensa con más intensidad que hace 21 años, hay nuevas propuestas que se hacen, como por ejemplo la creación de una comisión especial tipo Conadep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas). Yo digo no queremos más estructuras para decir que hacemos lo que no hacemos. Con lo que tenemos podemos hacer cosas si se hacen bien. Los invito a todos: vengan al juicio, vengan todos los días al juicio. Porque si hay gente que está en condiciones de estar en una comisión y de prestar su tiempo, un tiempo que es muy valioso, seguro también va a poder venir al juicio. Así como toda la ciudadanía puede venir, porque es público. Eso sería no estar solos.

¿Pesa esto en la memoria de la colectividad judía?

– Es un tema complicado el de lo judío y no judío. Cuando volaron la AMIA, en los medios de comunicación decían cosas como “Murieron judíos e inocentes”. Se puede decir qué bruto era el periodista que escribió eso, no tiene importancia. Pero sí es grave. Y esta perspectiva se ha mantenido. Porque ha quedado como que el atentado fue un tema antisemita. Pero no es un tema de los judíos, es un tema de los argentinos. ¡Ocurrió en la mitad de la ciudad de Buenos Aires! A partir de ahí se hizo uso y abuso de la tragedia, por parte del afuera y por parte del adentro también, y me refiero a las posturas que han tenido las diferentes dirigencias comunitarias cómplices de encubrimiento. De hecho el ex presidente de la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas), Rubén Beraja, está acusado por encubrimiento. Qué triste, ¿no? Yo, en lo personal, confié en que la dirigencia de la comunidad iba a representarnos. Ahora digo ¡qué ilusa! Lo único que les importaba era hacer negocios con la sangre de nuestros muertos.

Al transitar la ciudad quedan, como memoriales silenciosos, los pilotes frente a escuelas y templos…

– Son todos hitos. Una los ve por la calle y le parece algo normal. Antes de la voladura no existían esos pilotes. Se fueron transformando con el tiempo. La realidad es que esos pilotes no nos cuidan de nada. Es una estupidez. Para prevenir atentados terroristas, esos pilotes… Mirá las Torres Gemelas si no. Es una manera más de discriminar. Recuerdo que al poco tiempo del atentado la gente cruzaba la calle cuando veía un lugar con pilote. Pensaba “acá hay judíos”.

Además de asumir la orfandad de parte de las instituciones de la colectividad que tenían el poder para llegar a la verdad, ¿de qué manera tomaron las divisiones entre ustedes, los familiares?

– Cuando la gente se junta por un hecho determinado en la vida, porque la une, por ejemplo, el dolor, es difícil y lógico que después no estén de acuerdo en un montón de cosas. Al principio hay empatía, compartís. Pero después surgen diferentes puntos de vista políticos, en nuestro caso jurídicos, que fueron generando rompimientos dentro de lo que fue el grupo de familiares. Empieza a ir gente, en su mayoría profesionales de la comunidad judía, a la plaza Lavalle. Era tan raro estar parados frente a Tribunales… Alguien empezó a hablar, trajeron un megáfono… El grupo Familiares y Amigos de las Víctimas de AMIA nació en octubre del ’94. En ese momento algunos dijimos que queríamos presentarnos como querellantes, ¡y ni sabíamos lo que significaba ser querellantes de una causa!

¿Cómo se te dio vuelta la vida?

– No sólo mi vida se transformó absolutamente: fue un caos. Mis hijas eran muy chiquitas, tenían dos y cuatro años. Mi familia no vivía en la Argentina, así que yo estaba muy sola. Era complicado, ni te cuento. Soy psicóloga, y aparte tuve que seguir trabajando, fue muy difícil. Y bueno, para ser querellantes el tema era con qué abogado nos íbamos a presentar. Hicimos la recorrida de buscar alguno que no nos cobrase mucho o que no nos cobrase. Contratamos a uno gratis que duró nada. Era un hombre grande, fantástico. Pero a la cuarta vez que el ex juez Galeano le cerró la puerta en la cara, nos dijo: “Miren, todo mi amor, pero se está volviendo muy grande esto, no puedo dejar mi estudio, no puedo, yo solo no estoy en condiciones de afrontarlo”. Después queríamos al abogado del caso Priebke. El tema es que había que pagarle, y la mitad del grupo no quería. Entonces AMIA y DAIA ofrecieron poner un abogado y hacerse cargo. Muchos dijimos: “No, gracias”. Muchos dijeron que sí. Ellos siguieron en Familiares y nosotros creamos Memoria Activa para recaudar fondos.

¿En qué andan hoy los abogados de Memoria Activa?

– Ahora pedimos que el caso, a nivel internacional, se traslade de la CIDH a la Corte Interamericana en San José de Costa Rica, porque el Estado no cumplió con sus compromisos. También queremos pedir un observador en el juicio por encubrimiento que empieza a mediados del 2015, así como tuvimos en el juicio anterior al jurista chileno Claudio Groosman, decano de la CIDH, presidente del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas, miembro de la Universidad de Leyes de Washington.

Pensando en la AMIA, ¿te provoca esperanza o desazón que 35 años después por fin se realicen los juicios por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura?

– Es difícil. Porque en el caso de la dictadura, si bien recién ahora por suerte se han podido hacer los juicios, para el familiar es un nivel de reparación que no me imagino cómo se debe sentir. Pero debe ser muuuy importante ver que la persona que asesinó a tu familiar paga por ello, está marcada por eso y no camina por la calle. El tema es que en la causa AMIA no sabemos nada, nada, absolutamente nada. Esto es lo grave.

¿Están en contacto con organismos de derechos humanos y familiares de esas causas y otras?

– Estuvimos en contacto en algunas situaciones. La más clara e importante fue cuando designaron a Jorge Alberto “Fino” Palacios a cargo de la Policía Metropolitana. Fue una experiencia interesante, buena, muy solidaria. Pero en general siempre hemos estado solos. Si la causa por encubrimiento no cayó, es porque somos como tábanos.

¿Cómo funciona Memoria Activa?

– Tenemos una mesa de trabajo en un lugar prestado. El lugar de unos judíos progres. Tenemos una salita que tiene llave y una computadora que debe ser del año 1500, no sé si prende siquiera. Trabajamos mucho, todos los días. Somos alrededor de 15 los que tomamos decisiones, después hay más que nos apoyan, hay muchos jóvenes.

¿Los hijos toman la posta?

– Es difícil ver a los hijos. Yo doy charlas a los jóvenes. Como es una causa muy difícil, les explico, les cuento, revisamos bibliografía… Vienen además porque se divierten y pedimos pizza. Mis hijas ya son grandes, 23 y 25 tienen. Colaboran mucho. Es difícil para ellas también. Es complicado. Aparte desde muy chiquititas están con esto. Se me hace raro cuando las veo, me da cosa. Me parece bien, es lo que yo traté de enseñarles, pero digo: “Ay, tener que ocuparse de esto, y con lo que son los resultados…”.

¿Cuánto tiempo le dedicás al activismo?

– Le dedico mucho, mucho tiempo, mucha cabeza. Es difícil a veces. Por suerte me puedo abrir bastante; voy al cine y no pienso en la causa AMIA. Es una parte de mi vida, y es una parte muy importante. Pero trabajo, voy a fiestas, tengo una familia maravillosa. Tengo un marido genial, nos conocimos en Memoria Activa.

¿Rezás? ¿Qué te pasó con la religión?

– La religión nunca fue lo mío. Me gusta lo referente a la tradición judía. Fui a escuela judía, en esa época a la mañana iba a una escuela, un normal, y a la tarde a la escuela judía. Y mis hijas fueron a una escuela judía maravillosa. Hay un tema de valores, de sensación de estar en casa, de amor, de afecto; es cultura, son las raíces, son historias muy valiosas. Para mí eso es judaísmo: conceptos maravillosos que cada una adapta como le parece.

¿Cómo fue tu proceso personal para afrontar las puertas que, como al abogado aquel, se te cerraban en la nariz? Tu voz y tu cara se transforman cuando escuchás algo que no te gusta.

– Me sale a veces, me sale a veces. Trato de sacarlo para afuera y de hacer algo constructivo con eso. Muchas veces cuesta, da tanta bronca… Hay cosas de las cuales se aprende. Lo peor es que una dice ya está, pero siempre hay algo que te sorprende un poco más. En toda esta historia terrible de impunidad perdimos mucho, pero Andrés perdió todo.

FRANCIA. ¿Choque de civilizaciones o crisis europea?

La masacre en la redacción de Charlie Hebdo es presentada como un capítulo más de una guerra mundial entre el bien y el mal, la democracia y la brabarie. Sin embargo, el atentado deja expuesta la crisis de identidad al interior de la sociedad francesa, así como el efecto boomerang de la política exterior de Europa contra los países del Medio Oriente.

diplomas do bem e do mal

 

por Federico Vazquez

 
Casi sin excepción los medios de todo el mundo esparcen la misma interpretación: el asesinato de doce personas en la redacción del semanario parisino Charlie Hebdo es un nuevo capítulo del choque civilizatorio entre Occidente y el Islam, entre la Democracia y la Barbarie.

Esta interpretación, aunque esquemática, permite que cada uno se acomode según su gusto ideológico: los hay quienes piden una devolución guerrera en términos de ojo por ojo, como quienes explican magnánimos que los grupos extremistas apenas representan una ínfima porción de la comunidad musulmana.

Ambas opiniones, sin embargo, comparten la misma matriz: se trataría de un conflicto donde la sociedad francesa, y por extensión la europea, fue víctima de un ataque externo, de un “otro” barbárico, incomprensible, ajeno.

¿Es correcto este enfoque? Volvamos sobre la escena del crimen. Según la información que brinda la misma policía francesa, quien comandó el ataque fue Chérif Kouachi, un joven de 32 años, nacido y criado en París. Un ciudadano francés matando a otros ciudadanos franceses. Este dato, más allá de cualquier otra interpretación, obliga a pensar a la matanza como parte de un problema al interior de la sociedad francesa. Por la sencilla razón de que quien perpetró la matanza nació, fue educado y se socializó al interior de esa sociedad.

Sigamos un poco más con la biografía del supuesto autor de la matanza: un video que circula por estas horas en la web, producido por el canal France 3 en el 2005, muestra a Chérif, que en ese entonces tenía 22 años, como un joven rapero de la periferia parisina. El contexto social de la época no es para nada aleatorio: ese mismo 2005 quedó surcado como el año de las grandes revueltas de jóvenes desclasados (ya sea por su origen social, étnico o religioso) quienes mostraban su inconformidad con el lugar que Francia reservaba para ellos. En el día más álgido de los disturbios 1.295 automóviles ardieron en el cinturón citadino de París. Probablemente, Chérif, que por entonces no tenía el extremismo islámico como brújula sino la música ni siquiera haya participado de esas protestas, aunque probablemente su entorno familiar y de amistades no estuvo ajeno a ellas. Como sea, la respuesta del Estado no fue tolerante ni democrática: en medio de la convulsión callejera el por entonces ministro de Interior, Nicolás Sarkozy, los catalogó públicamente “escoria”.

Según consignan los propios medios franceses, tres años después, en el 2008, Chérif inició sus contactos con células terroristas activas en Irak y Siria, que buscaban reclutar jóvenes del Primer Mundo para combatir en Medio Oriente.

Como reconoció el sociólogo francés Alain Tourine en una entrevista en radio Nacional Rock este jueves, más de mil jóvenes franceses pasaron a enrolar las filas yihadistas en los últimos tiempos. Una cifra de esta envergadura elimina cualquier argumento de “locos sueltos”, o casos de patología individual asesina: algo anda mal en la sociedad francesa, por la cual cientos y cientos de jóvenes nacidos y criados allí abandonan la tierra de la “libertad” y la “democracia” para adentrarse en las entrañas del monstruo pre moderno coránico. ¿Será que no todos pueden disfrutar de la misma libertad? ¿Será que no todos son iguales en la Francia actual de la austeridad económica y la xenofobia racial y religiosa?

Para mirarlo de la manera más microsociológica posible: algo no está bien entre los vecinos de París que resuelven sus diferencias religiosas y culturales mediante el uso de Kalishnikov. Porque, aunque parezca extraño, el exquisito caricaturista Stephane Charbonnier y el ex rapero convertido al fanatismo islámico Chérif Kouachi, vivían en la misma ciudad.

Claro, resulta más tranquilizador responder que se trata de una “contaminación” externa. Sin embargo, todo apunta al corazón de las sociedades europeas, por más que en estas horas sus líderes políticos insistan en arrojar el problema fuera de su cancha.

Las agencias internacionales de noticias consignan a los hermanos que comandaron el ataque a Charlie Hebdo como de nacionalidad “franco-argelino” aunque, como marcamos antes, se trata de dos ciudadanos francés, a secas, nacidos y criados en el país galo. Podría pensarse como una discriminación particular, entendible ante la conmoción de la matanza, pero no. En Francia, como en otros países europeos, tener la ciudadanía legal no implica tener la ciudadanía cultural, identitaria. En general, este último título es reservado para los franceses “puros”, aquellos que pueden ostentar largas genealogías en la tierra del vino y los quesos, excluyendo quirúrgicamente a quienes llegaron en las oleadas migratorias del siglo XX que, dicho sea de paso, están directamente vinculadas con el pasado colonialista de Francia

Que se trata de un conflicto nacional -aunque con obvias y notorias conexiones con dinámicas internacionales, entre ellas el llamado “terrorismo internacional”- lo demuestra la reacción de la propia clase política, inmediatamente después del crimen.
Marine Le Pen, líder del ultraderechista Frente Nacional, el mismo día del atentado, salió a pedir un referéndum para establecer la pena de muerte. En su país. Se podría decirse lo mismo que se dice de los fanáticos religiosos respecto del Islam: es una pequeña minoría que no representa el sentir del conjunto de los franceses. Ya no. Marine Le Pen ganó las elecciones europeas de mayo pasado, y hoy, según todas las encuestas, ganaría las elecciones generales para elegir gobierno.

El brutal asesinato a los periodistas de la revista satírica debería invitar a una sociedad democrática y con diversidad de opiniones a preguntarse cómo llegó hasta este punto. En vez de acentuar la “otredad” simplona descargando las culpas sobre una vaporosa “barbarie”, ensayar un curso acelerado de introspección sobre la propia “civilización”. Claro, no es sencillo: Francia tiene una larga tradición en realizar una operación político ideológica por la cual convierte en un conflicto “externo”, lo que en verdad está ardiendo sin solución dentro suyo. Cuidado: no se trata de decir que los franceses son igual de bárbaros que los musulmanes. Se trata de entender que existe un problema social, político, económico y, en último término, religioso al interior de las sociedades europeas, y no fuera de ellas, en algún “oscuro rincón del mundo”. El problema está en Europa.

Ese problema puede resumirse en el histórico problema “nacional”, por el cual sociedades como la francesa construyen una identidad excluyente, refractaria a incorporar de manera plena a nuevos contingentes poblacionales, manteniendo así una separación y segregación cultural y social impropia de un país que se ve a sí mismo como plural y democrático. La existencia de esa deriva nacional excluyente puede fácilmente corroborarse en el comportamiento electoral reciente de franceses, ingleses o alemanes, que en un contexto de crisis económica como el actual terminan volcándose por opción de extrema derecha, como el caso del Frente Nacional, o el UKIP en el caso de Gran Bretaña. E

Finalmente, también hay una “conexión” externa, si se comprueban los lazos con grupos terroristas de Medio Oriente de los jóvenes franceses que realizaron la masacre. Pero esa conexión con el terrorismo internacional no queda tampoco ajena a decisiones políticas tomadas por los gobiernos del Primer Mundo. Desde la primavera árabe de 2011, hubo una destrucción sistemática de los estados en el norte de África y la península arábiga. Libia, Irak y Siria son territorios caotizados, donde ISIS siembra el terror y realiza propaganda viral en Internet para que nuevos contingentes de jóvenes europeos se sumen a sus filas. En el caso de Libia, la participación francesa en el derrocamiento de Kadafi fue directa e inocultable. El gobierno de Kadafi no fue remplazado por una democracia ejemplar, sino por la destrucción del país, a partir del cual creció la influencia del islamismo extremista que, de modos brutales, impone un orden donde los europeos dejaron caos.

Lo que pasó en las oficinas de Charlie Hebdo no fue un ataque “externo”, sino un hecho brutal, asesino y extremista que, lamentablemente, también refleja a parte de la sociedad europea. Una sociedad donde, desde ya, también existen valores y fuerzas democráticas y libertarias. Ojalá, por el bien de Europa y del mundo, ganen los segundos.

 

O TERROR, O “OCIDENTE”, E A SEMEADURA DO CAOS

por Mauro Santayana
Há alguns dias, terroristas franceses, ligados, aparentemente, à Al Qaeda, atacaram a redação do jornal satírico parisiense Charlie Hebdo, em represália pela publicação de caricaturas sobre o profeta Maomé.

Doze pessoas foram assassinadas, entre elas alguns dos mais famosos cartunistas e intelectuais do país, e dois cidadãos de origem árabe, um deles, estrangeiro, que trabalhava há pouco tempo na publicação, e um membro das forças de segurança que estava nas imediações.

Logo em seguida, houve, também, outro ataque, a um supermercado kosher na periferia de Paris, em que 4 judeus franceses e estrangeiros morreram.

Dias depois, milhões de pessoas, e personalidades de vários países do mundo, se reuniram nas ruas da capital francesa, para protestar contra o atentado, e se manifestar contra o terrorismo e pela liberdade de expressão.

Na mesma primeira quinzena de janeiro, explodiram carros-bomba, e homens-bomba, também ligados a grupos radicais islâmicos, no Líbano (Beirute), na Síria (Aleppo), na Líbia (Benghazi), e no Iraque (Al-Anbar), com dezenas de mortos, em sua maioria civis.

Mas, como sempre, não seria normal esperar que algum destes fatos tivesse a mesma repercussão do atentado em Paris, capital de um país europeu, ou que a alguém ocorresse produzir cartazes e neles escrever Je suis Ahmed, ou Je suis Ali, ou Je suis Malak, Malak Zahwe, a garota brasileira, paranaense, de 17 anos, que morreu na explosão de um carro-bomba, junto com mais 4 pessoas (20 ficaram feridas), no dia 2 de janeiro, em Beirute.

No entanto, os homens, mulheres e crianças, mortos, todos os dias, no Oriente Médio e no Norte da África, são tão frágeis e preciosos, em sua fugaz condição humana, quanto os que morreram na França, e vítimas dos mesmos criminosos, criados pela onda de radicalização e rápida expansão do fundamentalismo islâmico, nos últimos anos.

Raivosas, autoritárias, intempestivas, numerosas vozes se alçaram, em vários países, incluído o Brasil, para gritar – em raciocínio tão ignorante quanto irascível – que o terrorismo não tem que ser “compreendido” e, sim, “combatido”.

Os filósofos e estrategistas chineses ensinam, há séculos, que sem conhecê-los, não é possível vencer os eventuais adversários, nem mudar o mundo.

Além disso, não podemos, por aqui, por mais que muitos queiram emular os países “ocidentais”, em seu ardoroso “norte-americanismo” e “eurocentrismo”, esquecer que existem diferenças históricas, e de política externa, entre o Brasil, os EUA, e países da OTAN como a França.

Podemos dizer que Somos Charlie, porque defendemos a liberdade e a democracia, e não aceitamos que alguém morra por fazer uma caricatura, do mesmo jeito que não podemos aceitar que uma criança pereça bombardeada pela OTAN no Afeganistão ou na Líbia, ou porque estava de passagem, no momento em que explodiu um carro-bomba, por um posto de controle em Aleppo, na Síria.

Mas é preciso lembrar que, ao contrário da França, nunca colonizamos países árabes e africanos, não temos o costume de fazer charges sobre deuses alheios em nossos jornais, não jogamos bombas sobre países como a Líbia, não temos bases militares fora do nosso território, não colaboramos com os EUA em sua política de expansão e manutenção de uma certa “ordem” ocidental e imperial, e, talvez, por isso mesmo – graças a sábia e responsável política de Estado, que inclui o princípio constitucional de não intervenção em assuntos de outros países – não sejamos atacados por terroristas em nosso território.

As raízes dos atentados de Paris, e do mergulho do Oriente Médio na maior, e, com certeza, mais profunda tragédia de sua história, não está no Al Corão ou nas charges contra o Profeta Maomé, embora estas últimas possam ter servido de pretexto para ataques como o que ocorreu em Paris.

Elas começaram a se tornar mais fortes, nos últimos anos, quando o “ocidente”, mais especificamente alguns países da Europa e os EUA, tomaram a iniciativa de apoiar e insuflar, usando também as redes sociais, o “conto do vigário” da Primavera Árabe em diversos países, com a intenção de derrubar regimes nacionalistas que, com todos os seus defeitos, tinham conquistado certo grau de paz, desenvolvimento e estabilidade para seus países nas últimas décadas.

Inicialmente promovida, em 2011, como “libertária”, “revolucionária”, a Primavera Árabe iria, no curto espaço de três anos, desestabilizar totalmente a região, provocar massacres, guerras civis, golpes de Estado, e alcançar, por meio da intervenção militar direta e indireta da OTAN e dos EUA em vários países, a meta de tirar do poder, a qualquer custo, regimes que lutavam para manter um mínimo de independência e soberania em suas relações com os países mais ricos.

Quando os EUA, com suas “primaveras” – que não dão flores, mas são fecundas em crimes e cadáveres – não conseguem colocar no poder um governo alinhado com seus interesses, como na Ucrânia e no Egito, jogam irmão contra irmão e equipam com armas, explosivos, munições, terroristas, bandidos e assassinos para derrubar quem estiver no comando do país.

O objetivo é destruir a unidade nacional, a identidade local, o Estado e as instituições, para que essas nações não possam, pelo menos durante longo período, voltar a organizar-se, a ponto de tentar desafiar, mesmo que em pequena escala, os interesses norte-americanos.

Foi assim que ocorreu com a intervenção dos EUA e de aliados europeus como a Itália e a França – contra a recomendação de Brasil, Rússia, Índia e China, no Conselho de Segurança da ONU – no Iraque, na Líbia e na Síria.

Durante décadas, esses países – com quem o Brasil tinha, desde os anos 1970, boas relações – viveram sob relativa estabilidade, com a economia funcionando, crianças indo para a escola, e diferentes etnias, religiões e culturas, dividindo, com eventuais disputas, o mesmo território.

Estradas, rodovias, sistemas de irrigação, foram construídos – também com a ajuda de técnicos, operários e engenheiros brasileiros – com os recursos do petróleo, e países como o Iraque chegavam a importar automóveis, como no caso de milhares de Volkswagens Passat fabricados no Brasil, para vender aos seus cidadãos de forma subsidiada.

Na Líbia de Muammar Kadafi, segundo o próprio World Factbook da CIA, 95% da população era alfabetizada, a expectativa de vida chegava, para os homens, segundo dados da ONU, a 73 anos, e a renda per capita e o IDH estavam entre os maiores do Terceiro Mundo, mas esses dados nunca foram divulgados normalmente pela imprensa “ocidental”.

Pode-se perguntar a milhares de brasileiros que estiveram no Iraque, que hoje têm entre 50 e 70 anos de idade, se, naquela época, sunitas e xiitas se matavam aos tiros pelas ruas, bombas explodiam em Basra e Bagdá todos os dias, como explodem hoje, a qualquer momento, também em Trípoli ou Damasco, ou milhares de órfãos tentavam atravessar montanhas e rios sozinhos, pisando nos restos de outras crianças, mortas em conflitos incentivados por “potências” estrangeiras, ou tentavam sobreviver caçando, a pedradas, ratos por entre escombros das casas e hospitais em que nasceram.

São, curdos, xiitas, sunitas, drusos, armênios, cristãos maronitas, inimigos?

Antes, trabalhavam nos mesmos escritórios, viviam nas mesmas ruas, seus filhos frequentavam as mesmas salas de aula, mesmo que eles não tivessem escolhido, no início, viver como vizinhos.

Assim como no caso de hutus e tutsis em Ruanda, e em inúmeras ex-colônias asiáticas e africanas, as fronteiras dos países do Oriente Médio foram desenhadas, na ponta do lápis, ao sabor da vontade do Ocidente, quando da partilha do continente africano por europeus, obedecendo não apenas ao resultado de Conferências como a de Berlim, em 1884, mas também à máxima de que sempre se deve “dividir para comandar”, mantendo, de preferência, etnias de religiões e idiomas diferentes dentro de um mesmo território ocupado pelo colonizador.

Eram Saddam Hussein e Muammar Kadafi, ditadores? É Bashar Al Assad, um déspota sanguinário?

Quando eles estavam no poder, não havia atentados terroristas em seus países.

E qual é a diferença deles e de seus regimes, para os líderes e regimes fundamentalistas islâmicos comandados por xeques e emires, na mesma região, em que as mulheres – ao contrário dos governos seculares de Saddam, Kadafi e Assad – são obrigadas a usar a burka, não podem sair de casa sem a companhia do irmão ou do marido, se arriscam a ser apedrejadas até a morte ou chicoteadas em caso de adultério, e não há eleições, a não ser o fato de que esses regimes são dóceis aliados do “ocidente” e dos EUA?

Se os líderes ocidentais viam Kadafi como inimigo, bandido, estuprador e assassino, por que ele recebeu a visita do primeiro-ministro britânico Tony Blair, em 2004; do Presidente francês Nicolas Sarkozy – a quem, ao que tudo indica, emprestou 50 milhões de euros para sua campanha de reeleição – em 2007; da Secretária de Estado dos EUA, Condoleeza Rice, em 2008; e do primeiro-ministro italiano Silvio Berlusconi em 2009?

Por que, apenas dois anos depois, em março de 2011 – depois de Kadafi anunciar sua intenção de nacionalizar as companhias estrangeiras de petróleo que operavam, ou estavam se preparando para entrar na Líbia (Shell, ConocoPhillips, ExxonMobil, Marathon Oil Corporation, Hess Company) esses mesmos países e os EUA, atacaram, com a desculpa de criar uma Zona de Exclusão Aérea sobre o país, com 110 mísseis de cruzeiro, apenas nas primeiras horas, Trípoli, a capital líbia, e instalações do governo, e armaram milhares de bandidos – praticamente qualquer um que declarasse ser adversário de Kadafi – para que o derrubassem, o capturassem e finalmente o espancassem, a murros e pontapés, até a morte?

Ora, são esses mesmos bandidos, que, depois de transformar, com armas e veículos fornecidos por estrangeiros, a Líbia em terra de ninguém, invadiram o Iraque e, agora, a Síria, e se uniram para formar o Estado Islâmico, que pretende erigir uma grande nação terrorista juntando o território desses três países, não por acaso os que foram mais devastados e destruídos pela política de intervenção do “ocidente” na região, nos últimos anos.

11-de-setembro-todo-dia

Foram os EUA e a Europa que geraram e engordaram a cobra que ameaça agora devorar a metade do Oriente Médio, e seus filhotes, que também armam rápidos botes no velho continente. Serpentes que, por incompetência e imprevisibilidade, depois da intervenção na Líbia, a OTAN e os EUA não conseguiram manter sob controle.

Os Estados Unidos podem, pelo arbítrio da força a eles concedida por suas armas e as de aliados – quando não são impedidos pelos BRICS ou pela comunidade internacional – se empenhar em destruir e inviabilizar pequenas nações – que ainda há menos de cem anos lutavam desesperadamente por sua independência – para tentar estabelecer seu controle sobre elas, seu povo e seus recursos, objetivo que, mesmo assim, nunca conseguiram alcançar militarmente.

Mas não podem cometer esses crimes e esses equívocos, diplomáticos e de inteligência, e dizer, cinicamente, que o fizeram em nome da defesa da Liberdade e da Democracia.

Assim como não deveriam armar bandidos sanguinários e assassinos para combater governos que querem derrubar, e depois dizer que são contra o terrorismo que eles mesmos ajudaram a fomentar, quando esses mesmos terroristas, além de explodir bombas e matar pessoas em Bagdá, Damasco ou Trípoli, todos os dias, passam a fazer o mesmo nas ruas das cidades da Europa ou dos próprios Estados Unidos.

O “terrorismo” islâmico não nasceu agora.

Mas antes da balela mortífera da Primavera Árabe, e da Guerra do Iraque, que levou à destruição do país, com a mentirosa desculpa da posse, por Saddam Hussein, de armas de destruição em massa que nunca foram encontradas – tão falsa quanto o pretexto do envolvimento de Bagdá no ataque às Torres Gêmeas, executado por cidadãos sauditas, e não líbios, sírios ou iraquianos – não havia bandos armados à solta, sequestrando, matando e explodindo bombas nesses 3 países.

Hoje, como resultado da desastrada e criminosa intervenção ocidental, o terror do Estado Islâmico, o ISIS, controla boa parte dos territórios e da sofrida população síria, iraquiana e líbia, e, a partir deles, está unindo suas conquistas em torno da construção de uma nação maior, mais poderosa, e extremamente mais radical do ponto de vista da violência e do fundamentalismo, do que qualquer um desses países jamais o foi no passado.

O ataque terrorista à redação e instalações do semanário francês Charlie Hebdo, e do Mercado Kosher, em Vincennes, Paris, foram crimes brutais e estúpidos.

Mas não menos brutais, e estúpidos, do que os atentados cometidos, todos os dias, contra civis inocentes, entre muitos outros lugares, como a Síria, o Iraque, a Líbia, o Afeganistão.

Quem quiser encontrar as sementes do caos que também atingiram, em forma de balas, os corpos dos mortos do Charlie Hebdo poderá procurá-las no racismo de um continente que acostumou-se a pensar que é o centro do mundo, e que discrimina, persegue e despreza, historicamente, o estrangeiro, seja ele árabe, africano ou latino-americano; e no fundamentalismo branco, cristão e rançoso da direita e da extrema direita norte-americanas, cujos membros acreditam piamente que o Deus vingador da Bíblia deu à “América” do Norte o “Destino Manifesto” de dirigir o mundo.

Em nome dessa ilusão, contaminada pela vaidade e a loucura, países que se opuserem a isso, e milhões de seres humanos, devem ser destruídos, mesmo que não haja nada para colocar em seu lugar, a não ser mais caos e mais violência, em uma espiral de destruição e de morte, que ameaça a sobrevivência da própria espécie e explode em ódio, estupidez e sangue, como agora, em Paris, neste começo de ano.

¿Quién era el fiscal Alberto Nisman?

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Natalio Alberto Nisman fue encontrado muerto la madrugada de este lunes en su departamento. Era el fiscal de la investigación del atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), que en 1994 fue objeto de un atentado que se cobró la vida de 85 personas.

Natalio Alberto Nisman saltó a la fama internacional cuando en 2010 WikiLeaks publicara una serie de cables de la embajada de Estados Unidos (EE.UU.) en Argentina en los que se comprobaba cómo la investigación que él llevaba sobre el atentado a la AMIA, que en 1994 se cobró 85 víctimas fatales, era dirigida desde Washington.

En lo cables filtrados por la web dirigida por Julian Assange, hay informes de las visitas de Nisman a la embajada y a Estados Unidos (EE.UU.) donde se discutían los detalles de la causa, enviaba documentos legales antes de ser presentados a la Justicia argentina e incluso pedía disculpas por no avisar de procedimientos inherentes a su cargo.

De profesión abogado, Nisman adquirió experiencia como fiscal en los tribunales de Morón, en la provincia de Buenos Aires. Estuvo casado con la jueza federal Sandra Arroyo Salgado, a quien frecuentemente se le ha relacionado con la SI.

Nisman y EE.UU.

En el marco de la investigación por la causa AMIA, en 2008, Nisman ordenó la detención del expresidente Carlos Menem y del exjuez Juan José Galeano. Este hecho, según los documentos filtrados de WikiLeks, habría generado el disgusto del estadounidense Buró Federal de Investigaciones (FBI).

En mayo de 2008 el entonces embajador estadounidense Earl Anthony Wayne, se quejó en un cable emitido al filo de la medianoche por el pedido de detención de Carlos Menem y los demás funcionarios por desviar la investigación.

En otro cable, escrito el 27 de mayo de 2008, la embajada de EE.UU. en Argentina reseña que Nisman llamó al embajador estadounidense para disculparse luego de que el pedido de arresto del expresidente Carlos Menem coincidiera con la visita al país del vicedirector del FBI.

Nisman dijo “no sabía a quién más informar”. En el mismo cable, la embajada de Estados Unidos advierte que el FBI ha alentado a Nisman para que focalizara la investigación en los ataques y no en los supuestos “encubrimientos”. Días después, Nisman ofrece más explicaciones (“El fiscal especial de Argentina defiende sus acciones”, reza otro cable).

Incluso, Nisman, informaba a Estados Unidos sobre la pista de nuevos sospechosos, antes que a la Justicia de su propio país. En un cable fechado el 19 de mayo de 2009, Nisman le advierte a la embajada de Estados Unidos sobre su próxima acusación sobre un nuevo sospechoso en el caso, incluso antes de que el juez Canicoba Corral recibiera el escrito.

Trabajó durante 10 años con el “espía histórico”, el exDirector General de Operaciones de la Secretaría de Inteligencia (SI), Antonio Stiles, alias “Jaime Stiuso”, quien se retiró de su cargo en diciembre pasado tras 42 años de servicio, incluidos siete con los cuatro gobiernos militares que dejaron unos 30 mil detenidos-desaparecidos en el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” (1976-1983).

Jaime Stiusso tuvo también estrecha relación con la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) y con la Mossad israelí.

Acusar a Irán

El periodista argentino Santiago O’Donnell, quien analizó los cables de WikiLeaks y autor de “Argenleaks” y “Politleaks”, asegura que Alberto Nisman recibía desde la embajada de Estados Unidos la instrucción de acusar a Irán del atentado contra la AMIA.

“Los cables demuestran que no actuó con independencia de la Embajada de Estados Unidos (…) Anticipaba a la Embajada lo que iba a hacer y la Embajada le decía lo que tenía que hacer”, afirmó el periodista en declaraciones a radio América, al agregar que (a Nisman) le decían que no podía investigar la pista siria ni la conexión local porque eso iba a distraer, y daba como culpables a los iraníes”, sostuvo, según reseña la agencia de noticias Télam.

Contra la Presidenta

La semana pasada, Nisman había acusado a la presidenta Cristina Fernández y varios ministros y políticos de haber acordado “la impunidad de Irán” antes de la firma del tratado de cooperación con el país asiático para avanzar en el esclarecimiento del atentado contra la AMIA.

El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, calificó la acusación de Nesman como “ridícula y violatoria de artículos esenciales de la Constitución Nacional”.


Capitanich, dijo que “el pedido especial de la causa AMIA por parte (del fiscal) Alberto Nisman de llamar a indagatoria a la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, al canciller Héctor Timerman y al (diputado nacional) Andrés Larroque” es “disparatada, absurda, ilógica, irracional, ridícula y violatoria de artículos esenciales de la Constitución Nacional”.

En respuesta, el pasado 15 de enero el canciller argentino, Héctor Timmerman, denunciaba en un comunicado que Nisman nunca quiso viajar a la sede central del Interpol en Lyon, Francia, para solicitar la activación de las boletas rojas para la captura de los responsables del ataque a la AMIA, y que sólo había accedido a viajar tras reunirse (acompañado por Stiusso) con el para entonces ministro de Interior, Aníbal Fernández.

“Ayer, el actual Secretario General de la Presidencia, Aníbal Fernández, recordaba que cuando se desempeñaba como Ministro del Interior de Néstor Kirchner debió convencer al Fiscal Nisman que acompañe a la delegación argentina a la sede central de Interpol en Lyon para solicitar se emitan órdenes de arresto contra los sospechosos iraníes. Nisman rehusaba viajar a pesar de que era su investigación la que se presentaba como prueba para pedir los arrestos. ¿Por qué se negaba y por qué sólo aceptó viajar luego de pedirle al agente del Servicio de Inteligencia, Jaime Stiuso, que lo acompañe a hablar con Aníbal Fernández?.

Nisman debería aclarar si la denuncia contra la Presidenta tiene alguna relación con la reciente decisión de separar a Stiuso de los Servicios de Inteligencia o con la cercanía del inicio del juicio por encubrimiento”. (TeleSUR)