Algunas enseñanzas de lo ocurrido en Grecia

por Álvaro Portillo

La situación de Grecia ha estado presente en los últimos tiempos, diseminando expectativas y presagios acerca del curso de los acontecimientos. Años de incompetencia, irresponsabilidad y corrupción de gobiernos socialdemócratas y de derecha condujeron a la crisis inevitable.
Spiros Derveniotis

Spiros Derveniotis

Como bien sabemos en Latinoamérica, el capital financiero cuando debe afrontar este tipo de crisis no tiene piedad ni consideración por el bienestar de las mayorías, así es el capitalismo. La denominada troika actuó a imagen y semejanza de los narcotraficantes cuando salen a cobrar deudas impagas.

La diferencia es que esta triste situación desencadenó en Grecia la conformación de una nueva formación política, Syriza, como expresión de la soberanía nacional con una entusiasta definición política de izquierda y, como consecuencia, con la voluntad de enfrentar la ofensiva de los acreedores en defensa del bienestar del pueblo griego.

Esta definición política le valió en muy corto tiempo el reconocimiento y el respeto de las mayorías sociales, hartas de partidos políticos corruptos e incompetentes, con lo que se transformó en la principal fuerza política, ganando las elecciones y accediendo al gobierno.
El nuevo elenco gobernante encabezado por Alexis Tsipras se enfrentó a la troika europea manifestando la decisión de no cumplir con los reclamos por considerarlos espurios y por las desastrosas consecuencias que ello habría de acarrearle a los griegos.

La negociación iniciada no avanzó, y Tsipras y su partido Syriza decidieron convocar un referéndum para que fuera el propio pueblo griego el que resolviera. Así ocurrió, y el referéndum se pronunció en una clara mayoría por el no pago de la deuda. Con ese mandato encima Tsipras volvió a la negociación, y luego de momentos de gran tensión terminó aceptando un acuerdo claramente beneficioso para los acreedores.

La historia podría haberse terminado ahí, pero Tsipras decidió renunciar y llamar a elecciones para la conformación de una nueva mayoría acorde con la nueva situación. Entre tanto, importantes figuras políticas de Syriza renunciaron a la coalición y denunciaron el acuerdo suscripto. Además, fundaron una nueva fuerza política que recoge con aun más radicalidad las definiciones originarias de Syriza.

Todo indicaba, para quienes no vivimos ni participamos de la vida política griega, que Tsipras y lo que quedaba de Syiriza sufrirían una derrota aplastante.

Precisamente ocurrió lo contrario. Syriza ganó con una cómoda mayoría de 36 por ciento, que junto con su aliado le permite tener la mayoría parlamentaria sin necesidad de encontrar otras alianzas.

Por su parte, los escindidos de Syiriza (Unidad Popular), con las banderas radicales del enfrentamiento total con el sistema financiero, obtienen una presencia casi testimonial del 3 por ciento.

¿Cómo se explica esta aparente contradicción? ¿Cómo es que los griegos votan mayoritariamente en un referéndum el no pago de la deuda y luego terminan apoyando al que precisamente negocia a nombre del pueblo griego lo contrario?

Tal vez sea posible encontrar algunas pautas que permitan comprender mejor lo ocurrido.

1. La aparición de Syriza en Grecia (al igual que Podemos en España) es un fenómeno reciente y básicamente de reacción a la desazón reinante. Su escasa trayectoria le da una gran fragilidad para su propia conservación y la preservación de su unidad, en particular en una situación tan angustiante como fue la negociación realizada. Ello es un factor muy importante para comprender la intransigencia de su izquierda contestataria.

2. Es claro que el pueblo griego no quería aceptar la negociación y así lo hizo saber en el referéndum. Pero a la luz de los acontecimientos comprendió que un choque frontal de ruptura total con la Unión Europea carecía de un rumbo mínimamente confiable. Tsipras había demostrado entereza y buena fe, había demostrado su total rechazo a las imposiciones del sistema financiero, había demostrado su lealtad con su gente convocando al referéndum, por lo tanto si terminó haciendo lo que hizo fue porque no había más alternativas.

3. Syriza (sin los intransigentes) vuelve a ganar porque en los años de adversidad que se avecinan para Grecia es la fuerza política más confiable por su comportamiento ético y su proximidad con la gente. Es decir, ejerce la dirección política y moral, y además demuestra su respeto por la democracia como forma de gobernar. Es importante advertir que seguramente esta decisión de la gente no fue fácil; 44 por ciento de los griegos se abstuvieron, y el triunfo de Syriza no generó un estallido de alegría como hubiera correspondido a cualquier partido ganador en otras circunstancias.

4. Consciente o no, en la decisión de Tsipras subyace la idea de que no es posible librar una lucha anticapitalista de esta envergadura en forma aislada y desde un país pequeño como es Grecia, y ello fue lo que el electorado asumió.

5. Esta historia griega demuestra que en el siglo XXI la lucha anticapitalista enfrenta a actores más poderosos, dada su articulación global. A su vez, también se constata lo endeble de este capitalismo global en el que un referéndum de un pequeño país puso en tela de juicio la alianza europea y el funcionamiento mismo del sistema.

6. El discurso de los intransigentes, lleno de romanticismo y buenas intenciones, es otra expresión más de una izquierda liquidacionista incapaz de entender su circunstancia. El proyecto de los cambios requiere una acumulación política en la que la reflexión serena y la mirada de largo plazo son fundamentales. El pueblo griego vio esto claramente.

7. El enfrentamiento con las voraces y depredadoras estrategias del capitalismo global requiere un bloque social amplio, políticamente unido y con una estrategia de cambios en confrontación con el capitalismo. Pero además necesita una conciencia de esa perspectiva en una construcción cultural alternativa.

8. Esta necesidad de alianzas más allá de las fronteras nacionales replantea un internacionalismo de nuevo tipo para la agenda política del siglo XXI.

Con apertura de espíritu y con la profunda convicción de asistir a un capitalismo cada vez más depredador, también desde nuestro pequeño gran país y en nuestro contexto latinoamericano debemos reflexionar sobre las ricas enseñanzas de los griegos.

* Sociólogo uruguayo.

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Grécia: uma oportunidade para a Europa acordar

por Slavoj Žižek

europa letargia

1.
Lançado numa situação desesperada o “não” inesperadamente forte no referendo Grego foi um voto histórico. No meu trabalho uso muitas vez uma piada bem conhecida da última década da União Soviética sobre Rabinovitch, um Judeu que queria emigrar. No gabinete de emigração, um burocrata pergunta-lhe porquê e Rabinovitch responde: “Há duas razões. A primeira é porque tenho medo que os Comunistas percam o poder na União Soviética e o novo poder atire toda a culpa dos crimes comunistas sobre nós, os Judeus – havendo outra vez os pogroms anti-judeus…” “Mas”, interrompe o burocrata, “isto não faz qualquer sentido. Nada pode mudar na União Soviética, o poder dos Comunistas durará para sempre!”“Bem”, responde Rabinovitch calmamente, “Essa é a minha segunda razão”.

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Informaram-me que uma nova versão desta piada circula agora em Atenas. Um grego visita o consulado Australiano em Atenas e pede um visto de trabalho. “Porque é que quer sair da Grécia”, pergunta o responsável. “Por duas razões”, responde o Grego. “Primeiro, estou preocupado que a Grécia deixe a União Europeia, o que levaria a mais pobreza e caos no país….”. “Mas”, interrompe o responsável, “isso não faz qualquer sentido: a Grécia continuará na União Europeia e submeter-se-á a disciplina financeira” “Bem, responde calmamente o Grego, “essa é a minha segunda razão”.

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São, então, ambas as escolhas piores, parafraseando Estaline?

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Chegou o momento de ir para além dos debates irrelevantes sobre os possíveis erros do governo grego. As apostas estão agora demasiado altas. Que uma solução de compromisso pareça sempre falhar no último momento nas negociações entre a Grécia e os administradores da União Europeia é em si mesmo profundamente sintomático, já que não se tratam definitivamente de questões financeiras – a esse nível, a diferença é mínima. A UE acusa geralmente a Grécia de falar em termos genéricos, fazendo promessas vagas sem pormenores específicos, enquanto os Gregos acusam a UE de tentar controlar o mais ínfimo dos detalhes e impor à Grécia condições que são mais duras que aquelas impostas ao governo anterior. Mas o que está por detrás dessas acusações é um outro conflito, bem mais profundo. O primeiro-ministro Grego, Aléxis Tsípras, assinalou recentemente que se tivesse a oportunidade de se encontrar com Angela Merkel para jantar, estes chegariam a uma solução em duas horas. O que Tsípras pretende dizer é que ele e Merkel, enquanto políticos, tratariam a divergência como questão política, ao contrário dos outros administradores tecnocráticos como o presidente do Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem. Se há um emblemático tipo mau nesta história toda é Dijsselbloem cujo lema é :“Se eu entrar no lado ideológico das coisas. Não conseguirei nada”.

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Isto leva-nos ao ponto crucial: Tsípras e Yanis Varoufakis (o ex-ministro das finanças que se demitiu a 6 de Julho) falam como se fizessem parte de um processo político aberto onde as decisões são sempre ideológicas (baseadas em preferências normativas), enquanto os tecnocratas da UE falam como se fosse tudo uma questão de pequenas medidas regulatórias. Quando os gregos levantaram questões políticas importantes e rejeitaram essa estratégia, foram acusados de mentir e de evitarem soluções concretas. Mas a verdade aqui está do lado Grego: a negação do “lado ideológico” defendido por Dijsselbloem é a ideologia no seu estado mais puro. Medidas regulatórias aparecem mascaradas (apresentam-se falsamente) como sendo puramente técnicas, quando na verdade são baseadas em decisões politico-ideológicas.

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Mas a verdade aqui está do lado Grego: a negação do “lado ideológico” defendido por Dijsselbloem é a ideologia no seu estado mais puro. Medidas regulatórias aparecem mascaradas (apresentam-se falsamente) como sendo puramente técnicas, quando na verdade são baseadas em decisões politico-ideológicas.
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Um exemplo dessa assimetria é o “diálogo” de Tsípras e Varoufakis com os seus parceiros Europeus, que aparece constantemente como um diálogo entre um jovem estudante que quer um debate sério sobre questões básicas e um professor arrogante que, nas suas respostas, humilhantemente ignora a questão central e bombardeia o aluno com reparos técnicos (“Não formulaste isso de forma correcta! Não levaste em conta essa regra”). Ou mesmo o diálogo entre uma vítima de violação que tenta desesperadamente relatar o que lhe aconteceu e um polícia que continuamente a interrompe para pedir pormenores burocráticos. Esta passagem da política propriamente dita para a administração especializada neutra caracteriza todo o nosso processo político actual: decisões estratégicas baseadas no poder são cada vez mais mascaradas como regulações administrativas baseadas num conhecimento especializado neutro, e são cada vez mais negociadas em segredo e impostas sem qualquer consulta democrática. A luta que está em causa é a luta pela leitkultur (cultura dominante) política e económica europeia. Os poderes da UE defendem o status quo tecnocrático que tem deixado a Europa em inércia absoluta durante décadas. Nas suas Notas para a Definição da Cultura, o grande conservador T.S. Eliot assinalava que há momentos onde a única escolha é aquela entre a heresia e a descrença, isto é, quando a única maneira de manter uma religião viva implica realizar uma fractura sectária no corpo principal. Esta é a nossa posição hoje relativamente à Europa: apenas uma nova “heresia” (representada neste momento pelo Syriza) pode salvar o que vale a pena salvar do legado Europeu: a democracia, a confiança, a solidariedade igualitária. A Europa que irá ganhar se o Syriza for derrubado é a “Europa de valores Asiáticos” (que, claro, não tem nada a ver com a Asia, mas com a actual e clara tendência do capitalismo contemporâneo de suspender a democracia)

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2.

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Na Europa Ocidental gostamos de ver a Grécia como se fôssemos observadores distanciados que seguem com compaixão e simpatia o alívio da uma nação empobrecida. Essa perspectiva decididamente confortável assenta numa ilusão fatídica – o que tem vindo a acontecer na Grécia nas últimas semanas diz respeito a todos nós: é o futuro da Europa que está em jogo. Assim, quando lemos alguma coisa acerca da Grécia deveríamos sempre ter em conta, como diz o velho ditado, de te fabula narrator (o nome mudou, é de ti que trata esta história).

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Um ideal tem vindo a emergir gradualmente da reacção do establishment europeu ao referendo grego, uma ideia bem patente no título de um artigo recente de Gideon Rachman no Financial Times: “Eurozone’s weakest link is the voters.” [“O elo mais fraco da Zona Euro são os eleitores”].

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Neste mundo ideal, a Europa livra-se deste “elo mais fraco” e os especialistas ganham o poder de impor directamente medidas económicas necessárias – se as eleições acontecem ainda, a sua função é apenas a de confirmar o consenso de especialistas. O problema é que esta politica de especialistas é baseada numa ficção, a ficção do “estende e finge” (estender o período de pagamento, mas fingindo que todas as dívidas serão eventualmente pagas).

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Porque é que esta ficção é tão obstinada e teimosa? Não é apenas pelo facto de ela tornar a extensão da dívida mais aceitável para os eleitores alemães; nem é apenas pelo facto da reestruturação da dívida grega poder acender o rastilho de exigências semelhantes por parte de Portugal, Irlanda ou Espanha. Mas porque aqueles que estão no poder não querem ver a dívida totalmente paga. Os credores e zeladores da dívida acusam os países endividados de não se sentirem suficientemente culpados – são mesmo acusados de se sentirem inocentes. Esta pressão cabe perfeitamente dentro daquilo que os psicanalistas chamam o superego: como viu Freud, o paradoxo do superego é que quanto mais obedecemos, mais nos sentimos culpados.

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Imagine-se um professor perverso que dá aos seus alunos tarefas impossíveis, regozijando-se sadisticamente enquanto os observa em ansiedade e pânico. O verdadeiro objectivo de emprestar dinheiro não é ver a dívida paga com juros, mas o seu prolongamento indefinido que mantém o devedor em permanente estado de dependência e subordinação. Para a maior parte dos devedores, claro, pois há devedores e devedores. Tanto a Grécia como os EUA não serão capazes teoricamente de pagar a sua dívida, como agora se reconhece publicamente. Assim há devedores que podem chantagear os seus credores porque não podem falir (os grandes bancos), devedores que podem controlar as condições do pagamento da sua dívida (Governo Americano), e, finalmente, devedores que podem ser humilhados (Grécia).

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Os credores acusam o governo do Syriza de não se sentir suficientemente culpado – eles são acusados de se sentirem inocentes. É isso que é tão perturbador para o establishment da UE: o governo do Syriza admite a dívida, mas sem culpa. Livram-se da pressão do superego. Varoufakis personifica esta posição nas suas negociações com Bruxelas: ele reconhece plenamente o peso da dívida, mas tendo em conta que a política da UE obviamente não funcionou, defende de forma bastante racional que uma outra opção deve ser encontrada.

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Paradoxalmente, o argumento que Varoufakis e Tsípras repetem constantemente é que o governo do Syriza é a única hipótese que os credores têm de recuperarem pelo menos parte do seu dinheiro. O próprio Varoufakis pergunta como é que os bancos emprestaram dinheiro à Grécia e colaboraram com um Estado clientelar sabendo muito bem como as coisas estavam – a Grécia nunca se teria endividado a este nível sem a conivência do establishment ocidental. O governo do Syriza sabe bem que a ameaça principal não vem de Bruxelas – mas está na própria Grécia, um Estado corrupto e clientelista se é que alguma vez houve algum Estado. Aquilo que deve ser apontado à burocracia da UE é o facto de criticar a Grécia pela sua corrupção e ineficiência ao mesmo tempo que suportou a força politica (a Nova Democracia) que incorporou essa corrupção e ineficiência.

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O governo do Syriza pretende precisamente quebrar este impasse – veja-se a declaração programática de Varoufakis que apresenta o objectivo final estratégico do governo do Syriza:

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“Uma saída Grega ou Portuguesa ou Italiana da zona euro levaria rapidamente a uma fragmentação do capitalismo europeu, produzindo uma região recessiva a leste do Reno e a norte dos Alpes, enquanto o resto da Europa seria palco de uma Estagflação. Quem seria o grande beneficiado com este processo? Uma esquerda progressiva, que se ergueria como uma fénix renascida das cinzas das instituições públicas da Europa? Ou os nazis da Aurora Dourada, neofascistas, xenófobos e vigaristas? Não tenho nenhuma dúvida quem fará mais pela desintegração da zona euro. Eu, pelo contrário, não estou preparado para alimentar essa versão pós-moderna dos anos 30. Se isto significa que somos nós, os erráticos Marxistas, que devem tentar salvar o capitalismo europeu de si próprio, assim seja. Não por amor ao Capitalismo Europeu, pela zona euro, por Bruxelas, ou pelo Banco Central Europeu, mas precisamente porque queremos minimizar o custo humano desnecessário desta crise.”

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A política financeira do governo do Syriza seguiu de perto estas indicações: défice zero, disciplina apertada, dinheiro obtido através de impostos. Alguns jornais na Alemanha caracterizaram Varoufakis como um psicótico que vive no seu próprio universo, diferente do nosso – mas será ele assim tão radical?

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Aquilo que se revela tão irritante em Varoufakis não é o seu radicalismo mas a sua humildade pragmática racional – se olharmos de perto as propostas do Syriza, não podemos deixar de reparar que foram em tempos parte do modelo de uma qualquer agenda social-democrata (na Suécia nos anos 60, o programa de governo era bem mais radical). É um triste sinal dos nossos tempos que hoje em dia seja necessário pertencer à esquerda radical para defender essas mesmas medidas – um sinal dos tempos escuros, mas também uma oportunidade para a esquerda ocupar o espaço, que durante décadas, foi do centro-esquerda.

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Mas a repetição infatigável da ideia que os políticos humildes do Syriza são afinal de contas velhos simpáticos sociais-democratas, talvez esteja longe da verdade – como se, à custa de repetir tantas vezes, os eurocratas finalmente compreendessem que não somos assim tão perigosos, ajudando-nos decididamente. O Syriza é efectivamente perigoso, coloca de facto uma ameaça à orientação actual da UE – o capitalismo global actual não pode dar-se ao luxo de voltar ao velho Estado social.

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O Syriza é efectivamente perigoso, coloca de facto uma ameaça à orientação actual da UE – o capitalismo global actual não pode dar-se ao luxo de voltar ao velho Estado social.
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Existe, então, qualquer coisa de hipócrita nas garantias de humildade dos propósitos do Syriza: este quer efectivamente algo que não é possível dentro das coordenadas do actual sistema global. Uma escolha estratégica séria terá de ser feita: e se chegou o momento de deixar cair a máscara da humildade e defender abertamente uma mudança muito mais radical, necessária nem que seja para assegurar uma conquista modesta?

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Muitos críticos do referendo grego invocaram que este não passava de uma estratégia demagógica, afirmando ironicamente que nem sequer era claro o seu propósito. O referendo não era sobre o euro ou o dracma, sobre a Grécia na UE ou fora dela: o governo grego repetiu enfaticamente o seu desejo de permanecer na UE e na zona Euro. De novo, os críticos transformaram a questão política chave colocada pelo referendo numa mera decisão administrativa sobre medidas económicas específicas

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3.

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Numa entrevista de 2 de Julho, Varoufakis deixou bem claro o que estava em jogo no referendo. A escolha era entre a continuação da política que a UE seguiu nos últimos anos e que deixou a Grécia à beira da ruína – a ficção do “estende e finge” – e um novo começo realista fora dessas ficções, que forneceria um plano concreto capaz de iniciar a recuperação da economia grega.
Sem esse plano, a crise irá continuar a reproduzir-se outra vez e outra vez. No mesmo dia, o próprio FMI assumiu que a Grécia precisa de uma reestruturação da dívida capaz de criar um “espaço de respiração” e de por a economia a mexer (propõe uma moratória de 20 anos sobre a dívida).

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O Não no referendo da Grécia foi assim muito mais que uma simples escolha entre duas estratégias diferentes à crise económica. O povo grego resistiu heroicamente à vergonhosa campanha de medo que mobilizou os instintos mais baixos de auto-preservação. Foram capazes de ver através da manipulação brutal dos seus adversários que falsamente apresentaram o referendo como uma escolha entre o euro e o dracma, entre a Grécia na Europa e o “Grexit”.

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Este Não foi um Não aos eurocratas que provam diariamente que são incapazes de arrastar a Europa para fora da sua inércia. Foi um Não à continuação do “business as usual”; um grito desesperado que nos diz que as coisas não podem continuar como estão. Foi uma decisão para uma autêntica visão politica contra essa estranha combinação de tecnocracia fria e clichés racistas quentes acerca dos preguiçosos e esbanjadores gregos. Foi uma vitória rara de princípios contra o egoísmo e oportunismo autodestrutivo. O Não que ganhou foi um Sim à plena consciência da crise da Europa; um Sim à necessidade de iniciar um novo começo.

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Cabe agora à UE agir. Conseguirá ser capaz de acordar da sua inércia auto-satisfatória e compreender o sinal de esperança dado pelo povo grego? Ou soltará a sua ira sobre a Grécia de forma a conseguir continuar o seu sonho dogmático?

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Nota de edição
Artigo publicado originalmente no NewStatesman a 6 de Julho de 2015: “Slavoj Žižek on Greece: This is a chance for Europe to awaken”. Tradução realizada por Punkto. Imagem: Atenas, Agosto de 2013, Pedro Levi Bismarck.
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Slavoj Žižek
Nasceu na cidade de Liubliana, Eslovénia, em 1949. É filósofo, psicanalista e um dos principais teóricos contemporâneos. Transita por diversas áreas do conhecimento e, sob influência principalmente de Karl Marx e Jacques Lacan, efectua uma inovadora crítica cultural e política da pós-modernidade. Professor da European Graduate School e do Instituto de Sociologia da Universidade de Liubliana, Žižek preside a Society for Theoretical Psychoanalysis, de Liubliana, e é um dos directores do centro de humanidades da University of London.

Data de publicação: 7 de Julho 2015

#Referéndum. Discurso del primer ministro Alexis Tsipras al pueblo griego

Grécia bandeira

Discurso pronunciado por el primer ministro griego Alexis Tsipras a través de la televisión pública de Grecia el 27 de junio de 2015 a las 01:00 horas.

Alexis Tsipras
Hemos librado un combate en condiciones de asfixia financiera inauditas para lograr un acuerdo viable que llevara a buen término el mandato que nosotros recibimos del pueblo. Se nos ha pedido aplicar las políticas de los memorandos como lo habían hecho nuestros predecesores. Después de cinco meses de negociaciones, nuestros socios nos han dado un ultimátum que contraviene los principios de la Unión Europea y socava el relanzamiento de la sociedad y la economía griegas.

Estas propuestas violan absolutamente los principios europeos. democracia, y manifiestan sobre todo la obsesión del Fondo Monetario Internacional por una política de extrema-austeridad. El objetivo hoy es poner fin a la crisis griega de la deuda pública. Nuestra responsabilidad en la afirmación de la democracia y la soberanía nacional es histórica en este día, y esta responsabilidad nos obliga a responder al ultimátum basándonos en la voluntad del pueblo griego. Yo he propuesto al Consejo de Ministros la organización de un referéndum y esta propuesta ha sido adoptada por unanimidad.

La pregunta del referéndum de este próximo domingo será saber si nosotros aceptamos o rechazamos la propuesta de las instituciones europeas. Yo pediré una prolongación del programa durante varios días hasta que el pueblo griego tome su decisión.

Yo os invito a tomar esta decisión soberanamente y con la dignidad que nos enseña la historia de Grecia, que ha visto nacer la democracia y debe enviar un mensaje rotundo de democracia. Yo me comprometo a respetar el resultado, sea cual sea. Grecia es y seguirá siendo una parte indisoluble de Europa. Pero una Europa sin democracia es una Europa que ha perdido su brújula.

Europa es la casa común de nuestros pueblos, una casa que no tiene ni propietarios ni inquilinos. Grecia es una parte indisoluble de Europa, y yo os invito a todos y todas a tomar, en un mismo impulso nacional, las decisiones que conciernen a nuestro pueblo.

Localização da Grécia (em vermelho) No continente europeu (em cinza) Na União Europeia (em branco)

Localização da Grécia (em vermelho)
No continente europeu (em cinza)
Na União Europeia (em branco)

Traducido del francés al castellano por Raúl Solís: http://www.paralelo36andalucia.com/…

Tercera Informacion/ Es. Fuente: http://syriza-fr.org/2015/06/27/all…

A crise grega é outra prova de que são os cidadãos e não os credores que devem decidir sobre o futuro

O governo dos banqueiros

por JÜRGEN HABERMAS

A última sentença do Tribunal de Justiça Europeu [que permite ao Banco Central Europeu (BCE) comprar dívida soberana para combater a crise do euro] lança uma luz prejudicial sobre a falida construção de uma união monetária sem união política. No verão de 2012, todos os cidadãos tiveram que agradecer a Mario Draghi, presidente do BCE, que com uma só frase [“farei o necessário para sustentar o euro”] salvou a moeda das desastrosas consequências de um colapso que parecia iminente. Ele tirou do sufoco o Eurogrupo ao anunciar que, caso fosse preciso, compraria dívida pública em quantidade ilimitada. Draghi teve que dar um passo à frente porque os chefes de Governo eram incapazes de agir pelo interesse comum da Europa; todos estavam hipnotizados, prisioneiros de seus respectivos interesses nacionais. Naquele momento, os mercados financeiros reagiram – diminuindo a tensão – diante de uma única frase, a frase com a qual o presidente do BCE simulou uma soberania fiscal que absolutamente não possuía. Porque agora, assim como antes, são os bancos centrais dos países-membros os que aprovam os créditos, em última instância. O Tribunal Europeu não pode referendar essa competição contrária ao texto literal dos tratados europeus; mas as consequências de sua sentença deixam implícito que o BCE, com escassas limitações, pode cumprir o papel de credor de última instância.

O tribunal abençoou um ato salvador que não obedece em nada à Constituição, e o Tribunal Constitucional alemão apoiará essa sentença acrescentando as sutilezas às quais estamos acostumados. Alguém poderia estar tentado a afirmar que os guardiões do direito dos tratados europeus se veem obrigados a aplicá-lo, ainda que indiretamente, para mitigar, caso a caso, as consequências indesejadas das falhas de construção da união monetária. Defeitos que só podem ser corrigidos mediante uma reforma das instituições, conforme juristas, cientistas políticos e economistas vêm demonstrando há anos. A união monetária continuará sendo instável enquanto não for complementada pela união bancária, fiscal e econômica. Mas isso significa – se não quisermos declarar abertamente que a democracia é um mero objeto decorativo – que a união monetária deve se desenvolver para se transformar em uma união política. Aqueles acontecimentos dramáticos de 2012 explicam por que Draghi nada contra a corrente de uma política míope – até mesmo insensata, eu diria.

Estamos outra vez em crise com Atenas porque, já em maio de 2010, a chanceler alemã se importava mais com os interesses dos investidores do que com quitar a dívida para sanar a economia grega. Neste momento, evidencia-se outro déficit institucional. O resultado das eleições gregas representa o voto de uma nação que se defende com uma maioria clara contra a tão humilhante e deprimente miséria social da política de austeridade imposta ao país. O próprio sentido do voto não se presta a especulações: a população rejeita a continuação de uma política cujo fracasso as pessoas já sentiram de forma drástica em suas próprias peles. De posse dessa legitimação democrática, o Governo grego tentou induzir uma mudança de políticas na zona do euro. E tropeçou em Bruxelas com os representantes de outros 18 Governos, que justificam sua recusa remetendo friamente a seu próprio mandato democrático. Recordemos os primeiros encontros, quando os novatos – que se apresentavam de maneira prepotente motivados por sua vitória arrebatadora – ofereciam um grotesco espetáculo de troca de golpes com os residentes, que reagiam em parte de forma paternalista, em parte de forma desdenhosa e rotineira. Ambas as partes insistiam como papagaios que tinham sido autorizadas cada uma por seu respectivo “povo”. A comicidade involuntária desse estreito pensamento nacional-estatal expôs com grande eloquência, diante da opinião pública europeia, aquilo que realmente é necessário: formar uma vontade política comum entre os cidadãos em relação com as transcendentais fraquezas políticas no núcleo europeu.

Manifestação contra a ‘troika’ e de apoio à Grécia, no dia 20 de junho, em Paris. / KENZO TRIBOUILLARD (AFP)

Manifestação contra a ‘troika’ e de apoio à Grécia, no dia 20 de junho, em Paris. / KENZO TRIBOUILLARD (AFP)

As negociações para se chegar a um acordo em Bruxelas travam porque ambas as partes culpam a esterilidade de suas conversas não às falhas de construção de procedimentos e instituições, mas sim à má conduta de seus membros. O acordo não está fracassando por causa de alguns bilhões a mais ou a menos, nem por causa de um ou outro imposto, mas unicamente porque os gregos exigem que a economia e a população explorada pelas elites corruptas tenham a possibilidade de voltar a funcionar através da quitação da dívida ou uma medida equivalente, como, por exemplo, uma moratória dos pagamentos vinculada ao crescimento. Os credores, por outro lado, não cedem no empenho para que se reconheça uma montanha de dívidas que a economia grega jamais poderá saldar. É indiscutível que a quitação da dívida será irremediável, a curto ou a longo prazo. No entanto, os credores insistem no reconhecimento formal de uma carga que, de fato, é impossível de ser paga. Até pouco tempo atrás, eles mantinham inclusive a exigência, literalmente fantástica, de um superávit primário superior a 4%. É verdade que essa demanda foi baixada para 1%, que tampouco é realista. Mas, até o momento, a tentativa de se chegar a um acordo, do qual depende o destino da União Europeia, fracassou por causa da exigência dos credores de sustentar uma ficção.

Yanis Varoufakis

Yanis Varoufakis

Naturalmente, os países doadores têm razões políticas para sustentá-la, já que no curto prazo isso permite adiar uma decisão desagradável. Temem, por exemplo, um efeito dominó em outros países devedores. E Angela Merkel também não está segura de sua própria maioria no Bundestag. Mas não há nenhuma dúvida quanto à necessidade de rever uma política equivocada à luz de suas consequências contraproducentes. Por outro lado, também não se pode culpar apenas uma das partes pelo desastre. Não posso julgar se há uma estratégia meditada por trás das manobras táticas do Governo grego, nem o que deve ser atribuído a imposições políticas, à inexperiência ou à incompetência dos negociadores. Essas circunstâncias difíceis não permitem explicar por que o Governo grego faz com que seja difícil até mesmo para seus simpatizantes discernir um rumo em seu comportamento errático.

Não se vê nenhuma tentativa razoável de construir coalizões; não se sabe se os nacionalistas de esquerda têm uma ideia um tanto etnocêntrica da solidariedade e impulsionam a permanência na zona do euro apenas por razões de astúcia, ou se sua perspectiva vai além do Estado-nação. A exigência de quitação da dívida não basta para despertar na parte contrária a confiança de que o novo Governo vá ser diferente, de que atuará com mais energia e responsabilidade do que os Executivos clientelistas aos quais substituiu. Tsipras e o Syriza poderiam ter desenvolvido o programa reformista de um Governo de esquerda e apresentá-lo a seus parceiros de negociação em Bruxelas e Berlim.

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A discutível atuação do Governo grego não ameniza nem um pouco o escândalo de que os políticos de Bruxelas e Berlim se negam a tratar seus colegas de Atenas como políticos. Embora tenham a aparência de políticos, eles só falam em sua condição econômica de credores. Essa transformação em zumbis visa a apresentar a prolongada situação de insolvência de um Estado como um caso apolítico próprio do direito civil, algo que poderia levar à apresentação de ações ante um tribunal. Dessa forma, é muito mais fácil negar uma corresponsabilidade política.

Merkel fez o Fundo Monetário Internacional (FMI) embarcar desde o início em suas duvidosas manobras de resgate. O FMI não tem competência sobre as disfunções do sistema financeiro internacional; como terapeuta, vela por sua estabilidade e, portanto, atua no interesse conjunto dos investidores, principalmente dos investidores institucionais. Como integrantes da troika, as instituições europeias também se fundem com esse ator, de tal forma que os políticos, na medida em que atuem nessa função, podem se restringir ao papel de agentes que se regem estritamente por normas e dos quais não se podem exigir responsabilidades. Essa dissolução da política na conformidade com os mercados pode explicar a falta de vergonha com a qual os representantes do Governo federal alemão, todos eles pessoas sem mácula moral, negam sua corresponsabilidade política nas devastadoras consequências sociais que aceitaram, como líderes de opinião no Conselho Europeu, por causa da imposição de um programa neoliberal de austeridade. O escândalo dentro do escândalo é a cegueira com que o Governo alemão percebe seu papel de liderança. A Alemanha deve o impulso inicial para sua decolagem econômica, do qual ainda se alimenta hoje, à generosidade dos países credores que no Tratado de Londres, de 1954, perdoaram mais ou menos a metade de suas dívidas.

Mas não se trata de um escrúpulo moral, e sim do núcleo político: as elites políticas da Europa não podem continuar se escondendo de seus eleitores, ocultando até mesmo as alternativas ante as quais nos coloca uma união monetária politicamente incompleta. São os cidadãos, não os banqueiros, que têm de dizer a última palavra sobre as questões que afetam o destino europeu.

Jürgen Habermas é filósofo e escritor alemão. Texto transcrito do El País/ Es

“En Grecia, los jóvenes en paro, se han convertido en un actor político clave”

SvitalskyBros

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Juan Agulló entrevista al analista político Dimitris Pantoulas

Dimitris Pantoulas (Ioannina, 1979) es un analista político griego, de formación británica, que ha contemplado los recientes cambios acaecidos en su país con un pie dentro y otro fuera de su tierra. Es la posición justa para aportar una mirada crítica y aguda que, Pantoulas, desglosa en un castellano fluido, aprendido entre Sevilla y América Latina…

Juan Agulló (JA) – Me gustaría comenzar esta conversación con una pregunta que nos ayude a enfocar el tema: ¿hasta qué punto cree usted que hay tergiversación u ocultación sobre Grecia y sobre el Gobierno de Syriza en la prensa internacional y muy especialmente, en la europea?

Dimitris Pantoulas (DP) – Los grandes medios internacionales transmiten, en general, las ideas dominantes en cada país, que muchas veces son promovidas por Gobiernos y grupos de interés y aceptadas por unas opiniones públicas que, a su vez, retroalimentan el proceso. En el caso de Grecia, por ejemplo, la prensa alemana ha sido bastante hostil contra el nuevo Gobierno: como el Gobierno alemán. La prensa financiera internacional, por su parte, ha estado defendiendo la posibilidad de que Grecia llegue a un acuerdo con sus acreedores (incluso si eso perjudica a amplios sectores sociales). En paralelo, es justo reconocer que en periódicos prestigiosos como The Guardian o The New York Times ha habido voces discordantes que han tendido a preocuparse, más por el pueblo griego, que por la ‘estabilidad del sistema’. En definitiva, tanto Syriza como la propia Grecia, se están moviendo en un ambiente mediático internacional hosco.

JA – Syriza llegó al Gobierno hace mes y pico con la bandera del fin de la austeridad. La reciente firma de una pró rroga del Rescate ¿cómo debe ser interpretada?

DP – Cuando Syriza llegó al Gobierno se dio de bruces con una realidad que no esperaba… y eso que había tenido dos años para prepararse. De todos modos, la Unión Europea (UE) nunca mostró voluntad de compromiso y en cuanto al Banco Central Europeo (BCE), como dijo Alexis Tsipras, le ha puesto “la soga al cuello” al país. La clave radica en la relación de fuerzas en el seno de la UE, que no beneficia al actual Gobierno griego porque en estos momentos es el único de izquierda en la UE (por ejemplo, cuando negoció la prórroga tuvo que enfrentarse, él solo, a los otros 18 Gobiernos de la Eurozona). Ahora, con la prórroga, se han conseguido cuatro meses adicionales para negociar aunque, en realidad, cuesta imaginar qué se negociará puesto que, si la voluntad es no salir de la Eurozona, las opciones son mínimas.

JA – ¿Y por qué, Syriza, no se plantea salir de la Eurozona? Hace no mucho la idea todavía era esa y los que defendían lo que ahora defiende Syriza eran otros que, ahora en las elecciones de enero, no llegaron ni al 1% de los votos…

DP – La gran paradoja de la Grecia actual es que la mayoría de la gente (casi el 80%, según las encuestas) no quiere que el país salga de la Eurozona pero, al mismo tiempo, el 70%, aplaude la firmeza del Gobierno frente a los acreedores. Es decir que, salvo los comunistas, un sector minoritario de Syriza y un pequeño partido (llamado ANTARSYA) los griegos no quieren austeridad pero tampoco quieren salir del Euro. El verdadero problema de fondo es que ese juego de contradicciones lo conoce el actual Gobierno pero, también, los acreedores.

JA – ¿Syriza tiene un riesgo de desgaste político si incumple algunas promesas electorales básicas ? ¿Cree usted que posible que, el Viejo Régimen – o al menos, parte del mismo – se restaure? De hecho, ahora mismo ¿cuál es la alternativa política real en Grecia: Nueva Democracia (ND) o est á en formación?

DP – Vayamos por partes. Syriza fue siempre un partido político muy democrático y plural y durante mucho tiempo esa fue su fortaleza en el marco de un sistema de partidos muy rígido y poco democrático. En el contexto actual, sin embargo, quizá ese rasgo le pueda pasar factura. Ahora mismo, por ejemplo, el ala izquierda del partido está en contra de la prórroga al Rescate: lo ha hecho público y eso ha colocado a Tsipras en una situación incómoda. Por otra parte hay quien piensa que el margen político de Syriza, al menos en el frente interno (y más concretamente en el ámbito de las políticas públicas, sobre todo, sociales) sigue siendo grande, pero también hay quien arguye que los griegos votaron a Syriza para que les sacara de la crisis y no solo para que les gestionaran mejor y con mayor sensibilidad…

Por su parte, lo de ND, también es complejo: la derecha perdió las elecciones por un 8% de diferencia pero no ha cambiado a su dirigencia, como hasta ahora solía ser costumbre en casos así, porque mucha gente piensa que el Gobierno de Syriza va a ser breve y que ND va a recuperar, rápidamente, el poder. Pero el problema, también, es que los griegos quieren salir de la crisis y que les gestionen mejor y ND no promete nada diferente a lo que le hizo perder… La alternativa a todo esto mucho me temo que puede implicar incluso a [la neonazi] Aurora Dorada (AD).

JA – ¿Realmente AD tiene posibilidades? ¿Hasta qué punto, agitar el fantasma neo-nazi en Grecia puede ser un señuelo? ¿A qué sectores sociales representa AD y por qué cree que podría tener potencial de crecimiento, no solo político sino sociológico? En definitiva ¿no cree posibles otras salidas a la crisis orgánica que usted describe?

DP – La dirigencia de AD lleva 18 meses en prisión, acusada de ser una banda criminal. Pese a ello y a toda la propaganda en su contra, AD ha logrado convertirse en la tercera fuerza política del país, aunque con un porcentaje electoral menor que en elecciones previas. La agenda de AD es anti-austeridad, nacionalista y xenófoba. Su base electoral son hombres jóvenes en paro que viven en zonas urbanas marginales. Mi impresión es que, como Syriza decepcione y la gente se sienta humillada por la UE, puede haber un voto de protesta masivo (en defensa del ‘orgullo griego’, muy malherido en los últimos tiempos) y AD es un símbolo de ese voto/protesta.

JA – Ya que hablamos de malestares y protestas ¿usted cuál cree que es, realmente, el componente político más débil de la alianza social que aupó a la izquierda no socialdemócrata al Gobierno?

DP – Sin duda, los jóvenes desempleados que están contra de los programas de austeridad.

JA – ¿Y no una clase social en concreto, una zona del país o un sector de la población? ¿Así de simple, “los jóvenes desempleados que están contra la austeridad”?

DP – Cuesta, en un país con un 25% de paro como Grecia, atenerse a categorías del tipo obreros/capitalistas. Por otra parte, en Grecia, la cuestión territorial no es tan importante como en otros países… Más bien, la juventud empobrecida o con pésimas expectativas es la que se ha convertido en un actor político clave que quiere cambio y que está demostrando ser capaz de poner y quitar Gobiernos. De momento ha ayudado a Syriza. A partir de ahora, veremos…

JA – Miremos ahora hacia los aliados institucionales de Syriza ¿quiénes son los Griegos Independientes (ANEL)? Mucha gente, fuera de Grecia, se lo pregunta… ¿Son un aliado de conveniencia o un rival potencial cauterizado? Socialmente hablando ¿a qué electorado representan?

DP – ANEL es un partido anti-austeridad que nació en 2012, cuando Grecia estaba negociando su segundo y más desastroso Rescate. Básicamente es un partido conservador y nacionalista; no neoliberal, eso sí, que fue creado por ex miembros de ND decepcionados por el viraje del partido que, de ganar las elecciones de 2012 con un mensaje anti-austeridad, pasó a negociar rescates aún más desastrosos que los anteriores y a aplicar políticas de austeridad extrema.

Su alianza con Syriza se explica, en parte por la coincidencia anti-Rescate y en parte, también, por realismo de Syriza: sus votos fueron fundamentales para hacer caer, el pasado mes de enero, al Gobierno de Andonis Samaras (ND) y provocar las elecciones que ganó Tsipras (Syriza).

JA – ¿Y usted piensa que, en un escenario crítico, el electorado de ANEL podría regresar a ND o más bien emigrar hacia posiciones más cercanas a las de AD? Otra pregunta que se relaciona con otro partido, sociológicamente de derecha: ¿se parece el electorado del de To Potami al de ANEL? ¿En un escenario crítico, cabría esperar una evolución parecida de ambos actores?

DP – Es difícil predecir en política. En el caso de ANEL, después de las elecciones, se les presentó una oportunidad de oro para entrar al Gobierno. Simplemente, la aprovecharon. Más adelante, quién sabe…

Potami es otra cosa. Su electorado tiene una extracción social diferente: son clases medias urbanas más preocupadas por cambiar las estructuras institucionales griegas que por las relaciones de clase o incluso, por las negociaciones con la UE.

JA – Es decir que, si no le estoy entendiendo mal, los mecanismos tradicionales de dominación y las alianzas de poder en los que éstos se sustentan han saltado por los aires… No solo han sido los partidos tradicionales…

DP – No, claro. En la sociedad griega, como consecuencia de la crisis, está produciéndose un cambio de valores significativo. De hecho, muchas de las tendencias sociales que hasta hace poco eran hegemónicas (consumismo, hedonismo, materialismo, sueño americano, etc.) están revirtiéndose. Las clases medias están muy golpeadas. La gente empieza a ser consciente de las relaciones de dominación y a cuestionar el periodo anterior… pero todo eso convive con el deseo, todavía mayoritario, de mantenerse en la Eurozona lo cual demuestra que tampoco puede hablarse, como hacen algunos, de un periodo ‘post-neoliberal’ o mucho menos, ‘post-capitalista’… Más bien estamos en la post-austeridad y de todos modos, todavía queda mucho para saber qué quiere decir eso.

JA – Movámonos ahora, para terminar con este repaso a la sociedad griega contemporánea, hacia sus márgenes, que no parecen ser menores ¿Qué perfil tiene ese tercio del electorado que, en unos comicios tan polarizados y hasta cierto punto, tan rupturistas como las del pasado 25 de enero, decidió abstenerse?

DP – Es difícil responder a esta pregunta sobre todo porque me parece que, hasta ahora, nadie ha hecho un estudio en profundidad de la abstención. Sin embargo, hay algo que evidente: el sistema electoral griego, las leyes que lo regulan y el contexto socioeconómico no incentivaron la participación en enero pasado. De hecho la emigración, interna y externa, ha crecido muchísimo como consecuencia de la crisis. Por eso, muchos de los inscritos en el censo electoral, o bien están en el extranjero o bien, aunque están en Grecia, ahora viven en grandes ciudades (principalmente, en Atenas) y debido al escasísimo tiempo transcurrido entre la convocatoria y la elección, a la mayoría, no le dio tiempo a cambiar formalmente su lugar residencia y en cuanto a viajar a sus lugares de origen para votar, para muchos, es un lujo.

JA – Eso de que viajar al lugar de origen pueda ser un lujo en Europa, en pleno 2015, interpela… pero también es una de las consecuencias clásicas de las políticas de austeridad. En ese terreno ¿qué margen real de maniobra tiene Syriza para recuperar políticas redistributivas que, no sólo combatan la exclusión, sino que redefinan las relaciones de poder? ¿No cree usted que el riesgo de defraudar en este ámbito es enorme?

DP – Syriza ha prometido implementar políticas redistributivas que alivien la emergencia social que, actualmente, padece el país. En ese sentido, una de las medidas estrella de Tsipras consiste en proporcionar electricidad gratuita a unas 300 mil familias pobres o que coquetean con la pobreza. Además de eso hay programas alimenticios para niños, un incremento del salario mínimo y un encarecimiento del despido que va a contracorriente de lo que llevaba ocurriendo hace muchos años. A grandes rasgos hay una voluntad evidente por parte de Syriza de cambiar las relaciones de fuerza. Ahí, el gran problema es el margen de maniobra político real que quede después de la negociación del Rescate… En cuanto al riesgo de defraudar, las cosas van más bien por el lado de no caer en tentaciones dañinas como el clientelismo, la corrupción, etc.

JA – Ya que usted menciona categorías como esas ¿es posible pensar en una reconfiguración del clientelismo (o al menos, de cierto grado de clientelismo) en el contexto de la que usted define como ‘post-austeridad’?

DP – Seamos claros: a menudo, el término clientelismo, se utiliza como arma arrojadiza contra los grupos organizados que demandan mejoras en su nivel de vida. Pero clientelismo no es eso. Es, más bien, una relación social en la que los intereses privados se anteponen a lo público y en la que, el mérito, es sustituido por relaciones de vasallaje.

A partir de ahí, como es probable que en los próximos años, Syrirza, tome medidas a favor de los empleados públicos y privados (que se orientarán a la recuperación de un mercado interno) es muy factible que determinados sectores políticos y sociales aprovechen para identificar esas medidas con prácticas clientelares clásicas. Pero, en principio, no lo serían. Clientelismo sería que se le siguieran haciendo favores a grandes grupos de interés o dándole privilegios a particulares a costa de la mayoría: si las cosas fueran así no habría ruptura y eso, muy probablemente, el electorado no lo perdonaría.

JA – Alejémonos ahora un poco, para ir terminando, de la política interior griega ¿Cómo se percibe en su país el cruce polí tico, in édito, al que estamos asistiendo entre Grecia y España? El Primer Ministro español, Mariano Rajoy, haciendo campaña en Atenas a favor de Samaras y el opositor Pablo Iglesias, haciendo lo mismo, pero a favor de Tsipras; Madrid maniobrando en Bruselas contra Grecia; Tsipras atacando a Rajoy que se defiende con una contundencia poco habitual y muy poco diplomática… ¿Qué ocurre?

DP – Hay quien sostiene que una “Marea Rosa” (Pink Tide en inglés) podría cernirse sobre Europa como ocurrió en America Latina en los 2000. Muchos gobiernos que no son de izquierda temen esa posibilidad y temen que la victoria de Syriza pueda provocar un efecto dominó. Creo que esa es la razón de tanta agresividad por parte de Rajoy, a pesar de que lo que defiende Tsipras, en el fondo, beneficiaría a España. Personalmente, yo no le veo mucho sentido a la actitud de Rajoy porque tampoco me parece que un eventual fracaso de Syriza pudiera favorecer, automáticamente, al PP: demasiado lineal.

JA – ¿Y usted ve a Podemos en España, a Beppe Grillo en Italia o al Livre portugués como exponentes de la misma Marea Rosa que Syriza?

DP – Cada país tiene características propias e historias diferentes. Italia, por ejemplo, es difícilmente comparable con Grecia. Sin embargo, lo que iguala a casi todos es que las sociedades europeas están cansadas de tanta austeridad. Por eso es muy posible que, en los próximos años, haya partidos y coaliciones que canalicen ese malestar. Lo deseable es que lo hagan a partir de propuestas progresistas porque sí no – y el caso de Marine Le Pen, en Francia, es preocupante – Europa podría volver a vivir sus días más negros…

JA – Terminemos, ahora sí, dando un pequeño vistazo al exterior. ¿Usted cree que hay posibilidades de que, si a la Grecia de Syriza se le cierran todas las puertas en la UE, empiece a mirar hacia Moscú o hacia Pekín? Otra cosa ¿cree usted posible que, durante el mandato de Tsipras, se redefinan las relaciones de Grecia con Turquía?

DP – Empiezo por Rusia. Grecia, lleva 70 años de relaciones fluidas con Europa Occidental y aunque tradicionalmente, Rusia, siempre ha sido un aliado (fundamentalmente, por motivos religiosos) veo difícil que, Grecia, termine sustituyendo a Rusia por la UE (Rusia, de hecho, tiene ahora mismo muchos problemas: Ucrania, crisis económica, etc.).

China, por su parte, podría ser una opción estratégica pero eso podría molestar mucho a la UE así que lo veo improbable…

Para terminar, lo de Turquía: actualmente, tanto Grecia como Turquía, pasan por situaciones políticas complicadas por lo que, como se trata de un tema sensible para ambos países, no me parece que vaya a haber grandes cambios, al menos a corto plazo.

Tsipras lanza reformas: LEY DE MEDIOS Y RECORTE DE GASTOS EN GRECIA

Grécia crise, por Manos Symeonakis

Grécia crise, por Manos Symeonakis

 

El presidente griego, Alexis Tsipras, señaló ayer como una de sus prioridades la reforma de la administración pública para acabar con la ineficiencia y clientelismo político. Además, el ministro de Estado griego, Nikos Pappas, anunció la creación de una nueva ley para la radiotelevisión pública griega (ERT), cerrada por el gobierno conservador de Samaras, que dejó a miles de personas sin trabajo.

Durante la presentación de su programa de gobierno, Tsipras anunció que reducirá en un 30 por ciento el personal de su sede y en un 40 por ciento sus escoltas, para que dejen de cuidarlo a él y que se encarguen de la seguridad de los ciudadanos. Además, pretende reducir al personal asesor, que el premier calificó de “ejércitos de consejeros”, vender la mitad de los coches y uno de los tres aviones propiedad del gobierno. De los 700 coches que posee el Estado se venderán 450 que, mediante una ley que se prevé se apruebe en los próximos meses, pasarán a manos del Ministerio de Reconstrucción Productiva, que los venderá a través de una subasta electrónica.

Según adelantó el ministro de Sanidad, Panayotis Kurublís, su departamento recibirá el dinero que se recaude de la venta del avión y de uno de los coches blindados de alta gama más caros. Dichos fondos se destinarán a reparar 120 ambulancias que están paradas por falta de financiación.

El sistema sanitario público es uno de los más afectados por los recortes de los últimos cinco años, ya que casi tres millones de griegos han quedado excluidos por estar más de un año en el paro o tener deudas con Hacienda por un período superior a doce meses. Grecia tiene a sus espaldas una larga tradición que agobia sus instituciones y en general un sistema que ha pasado demasiado tiempo bajo la sombra de las corruptelas diarias, a base de sobres, los llamados fakelakis, como se conocen en griego, y un sistema clientelar que ha extendido sus lazos con el sector público.

Por otro lado, la ley de radiotelevisión griega anunciada por Nikos Pappas busca reformar completamente el servicio, a partir del establecimiento de nuevos objetivos y estándares de calidad. “Queremos hacer un nuevo comienzo sobre la base de la igualdad de trato de los trabajadores, sin crear aristocracias. Nuestro objetivo es crear una ERT moderna, competitiva, democrática y plural”, destacó Pappas. Además, afirmó que los trabajadores despedidos podrán formar parte de la nueva radiotelevisión.

El gobierno del conservador Antonis Samaras decretó el cierre unilateral de la ERT el 11 de junio de 2013, bajo el pretexto de que era inviable económicamente, con lo que sus más de 2600 trabajadores se quedaron sin empleo. Oficialmente, la señal fue suspendida, pero unos 400 trabajadores de la ERT continúan emitiendo radio y televisión a través de plataformas de streaming, bajo el nombre ERT Open.

En paralelo, el anterior Ejecutivo abrió en mayo de 2014 la cadena pública Nerit, en las mismas instalaciones que su predecesora, pero con un tercio de la plantilla original. Para ellos, según Pa-ppas, habrá una nueva evaluación de personal. “Seremos objetivos y justos con los empleados. El gobierno tratará de fortalecer la voz de los trabajadores en los órganos de dirección para aprovechar la valiosa experiencia de autogestión que han demostrado en ERT Open”, destacó el ministro.

 

¡No al pago de la deuda!

¡No al pago de la deuda si queremos vivir como personas dignas dueñas de su futuro! El imperialismo no lo permitirá y saboteará todas las iniciativas populares. Pero los revolucionarios deben estar preparados para todo el arsenal de maniobras tergiversadoras, manipuladoras, calumniadoras y asesinas, llegado el caso. Thomas Sankara era consciente del camino emprendido, y por eso terminaba todos sus discursos con el lema del Che: “Patria o muerte

 

Grecia, escucha a Sankara

Josetxo Ezcurra

Josetxo Ezcurra

por Manuel Almisas Albéndiz

 

“Es terrible el precio pagado por África y los africanos al desarrollo de la humanidad. Un precio pagado sin recibir nada a cambio. Nuestra es la sangre que ha alimentado las raíces del capitalismo, provocando y consolidando nuestro subdesarrollo”
Thomas Sankara, presidente de Burkina Faso, 1983-1987.

Desde el principio de su gobierno, el país más pobre de África adoptó una posición contundente sobre la cuestión de la deuda externa, que estrangulaba las ya débiles y miserables economías africanas. En 1983, año de la revolución encabezada por Sankara, la deuda del antiguo Alto Volta asciende a 398 millones de dólares, o lo que es lo mismo, el 40% del PIB. Cuatro años más tarde, este valor se duplica. El líder tanzano Julius Nyerere, que en 1983 era presidente de la OUA, declaró: “El peso aplastante de las deudas africanas actualmente es intolerable. No estamos en condiciones de poder pagar. ¿De verdad tenemos que dejar que nuestra gente muera de hambre para pagar las deudas?”. La deuda quita los escasos recursos postcoloniales y contribuye a perpetuar la pobreza, cada vez más extendida. Muchos países africanos se ven obligados a gastar hasta un tercio de su PIB para devolver los préstamos, descuidando aspectos como la educación y la sanidad de sus poblaciones. En palabras de Thomas Sankara, “la deuda, en su forma actual, es una reconquista colonial organizada con pericia para que África, su crecimiento y desarrollo, obedezcan a reglas que nos son totalmente ajenas”. Y prosigue apartando las razones morales capitalistas: “La deuda no debe ser devuelta, porque si nosotros no pagamos, los dueños del capital no se van a morir, de eso estamos seguros; si, en cambio, pagamos, nosotros sí moriremos, de eso estamos completamente seguros…”.

Para los países empobrecidos por el expolio capitalista de siglos, es imposible salir de la espiral sin fin de la deuda, cada vez mayor por intereses leoninos y condiciones inaceptables. África sencillamente no puede cumplir las exigencias de los países ricos de Occidente, y Sankara va más allá cuando declara que “son ellos los que tienen con nosotros una deuda que nunca podrán pagar, la deuda de la sangre que hemos vertido”. El nuevo estado popular de Burkina Faso “no se siente responsable de la deuda que tiene, porque ya la hemos pagado con la colonización. Han exterminado a nuestras familias, han explotado nuestro suelo y nuestro subsuelo, y no nos han dejado nada”. Ese mismo razonamiento es el que expuso el gobierno del país de los soviets en octubre de 1917 cuando declaró que no se sentían responsables de la deuda contraída por la despótica Rusia zarista. Ese impago de la deuda fue vital para emprender con ilusión y esfuerzo colectivo un desarrollo independiente y soberano de la primera revolución obrera y campesina de la historia.

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¿De qué deuda pueden hablar las potencias capitalistas cuando entre 1451 y 1870 cerca de diez millones de africanos y africanas, en su mayoría de constitución sana y en plena juventud, fueron llevados lejos de su tierra, privando a sus comunidades de origen de la mejor energía vital y fuerza de trabajo? Y de ellos, se calcula que un millón perdió la vida en las travesías atlánticas en los barcos negreros. El cinismo es mayúsculo: encima hablan de que es “justo” y “moral” pagar la deuda contraída con el Banco Mundial o el FMI. Sankara propone al resto de presidentes africanos crear el Frente Unido de Addis Abeba, con el objetivo de negarse conjuntamente a pagar la deuda, y para terminar de convencer a algunos líderes poco dispuestos a violar acuerdos y convenciones, les explica: “Estamos seguros que nos mantenemos dentro del respeto de la moral y de la palabra; porque nosotros no podemos tener la misma moral que los otros. ¡No existe la misma moral entre ricos y pobres! El Evangelio y el Corán no pueden servir del mismo modo a quien explota al pueblo y a quien es explotado… Tenemos que reconocer que los mayores ladrones son los más ricos. Un pobre, cuando roba, comete un pequeño delito, para sobrevivir, por necesidad; en cambio, los ricos roban los impuestos, las aduanas y explotan a los pobres”.

A la vuelta de Addis Abeba declara: “Hemos apoyado con firmeza la idea de que no hay que pagar la deuda externa, porque eso sería injusto. ¿De dónde viene esa deuda? De las necesidades que los otros países nos han impuesto. Nos han empujado a la fuerza a deudas cada vez mayores… ¿Hemos pedido nosotros beber coca-cola? No. Y ahora nos dicen que tenemos que pagar”. Este ejemplo algo infantil de imposición del FMI y del Banco Mundial nos lleva a una realidad cada vez más abrumadora para África. A cambio de los préstamos usureros estas entidades del capitalismo internacional formulan recetas que van dirigidas a disminuir la soberanía de las estados a través de un incremento de las exportaciones con paulatina desaparición de la economía local, a la que se niega todo tipo de ayudas y subvenciones. En el caso de los estados africanos, eminentemente agrícolas, se les fuerza a implantar cultivos ajenos a su medio que aceleran el proceso de desertificación de los terrenos, y por supuesto, ¿les suena algo de esto?, un desarrollismo basado en la construcción de carreteras, autovías y puertos para el comercio mundial y para llegar a un apetecible mercado de cientos de millones de consumidores potenciales; privatizaciones, y recortes de políticas sociales consideradas como un obstáculo para su desarrollo económico.

Es la misma cantinela desde hace décadas. El capitalismo y el imperialismo “ayudan al desarrollo”, pero es una ayuda envenenada e interesada. Las comunidades y países pobres se empobrecen cada vez más, cambian sus estilos de vida, sus costumbres y tradiciones, contaminan sus aguas, aires y tierras, y encima deben ser agradecidos pagando las deudas. Y aún más: los necesarios y tan culpables colaboradores locales del “capitalismo patrio” se dedican a evadir capitales depositando grandes sumas en bancos extranjeros, sustrayéndolos al progreso de los estados africanos. Es la otra boca de la tenaza que ahoga la soberanía de los pueblos. Sankara era más consciente que muchos políticos de izquierda actuales que solo hablan y hablan de la “Troika” e ignoran (cuando no los justifican) a los capitalistas propios. “¡No podemos acompañar el paso asesino de quien chupa la sangre de nuestros pueblos!”.

En su discurso ante el pleno de las Naciones Unidas denunció: “La vergüenza debe terminar. Un nuevo orden económico internacional puede ser alcanzado solo si somos capaces de hacer pedazos el presente orden que nos ignora. Este nuevo orden debe respetar todos los derechos de los pueblos, como el derecho a la independencia, la autodeterminación y el desarrollo. Solo se llegarán a conquistar estos derechos con y a través de la lucha de los pueblos. Nunca será el resultado de la generosidad de alguna gran potencia”.

Cuando estamos ante una situación de emergencia social y económica muy grave, como ha denunciado Alexis Tsipras en Grecia, y se está llegando a hablar en el estado español en muchas zonas y capas sociales, mencionar siquiera la posibilidad del pago de la deuda es una traición al pueblo. Lo primero, lo prioritario, debe ser centrar todos los esfuerzos por invocar el derecho a la vida, los derechos humanos, políticos y civiles, el derecho a la salud y al desarrollo colectivo.

Si el endeudamiento (con cifras astronómicas que superan ya el billón de euros y el 100% del PIB) ha sido la herramienta de financiación de nuestros capitalistas para seguir lucrándose indecentemente (en 2014 los beneficios de los cinco grandes bancos españoles aumentaron en un 27,1%, sumando más de 9.700 millones de euros), explotando, oprimiendo y reprimiendo, el “No pago de la deuda” es la herramienta que como primera medida debe convertirse en el pilar de un verdadero poder popular y soberano. Esta consigna no es “económica” y no deben opinar los expertos en economía para dictaminar la parte “legítima” o ilegítima de la deuda. Es una consigna política y revolucionaria; la única verdaderamente transformadora. Toda la deuda que ha generado y genera el sistema capitalista es ilegítima para el pueblo trabajador, porque encima ellos se han beneficiado con la misma y nosotros tenemos que pagarla.

Recordemos de forma simplista que la deuda de un estado como el nuestro se genera de dos maneras: bien porque se ha necesitado para hacer frente a grandes inversiones, o bien porque los gastos para el funcionamiento del estado (sanidad, educación, desempleo, jubilación, nóminas de funcionarios, etc.) son superiores a los ingresos. Ahora bien, esas grandes inversiones casi nunca tienen que ver con los intereses del pueblo trabajador, y sí con el favorecer con contratos muy ventajosos a grandes empresas de la construcción, del transporte o la energía (léase AVE, aeropuertos, autopistas, etc.) o a subvencionar o reflotar a empresas privadas. Sin contar con los gastos superfluos y descomunales que suponen la industria armamentista y el estado policial, las subvenciones a la iglesia católica, las ayudas públicas a las privatizaciones de la gestión de servicios, y el gigantesco fraude fiscal consentido de las grandes fortunas. ¡A todo esto le llaman algunos deuda “legítima”!

En un estado como el español, donde se ha utilizado dinero público para rescatar bancos privados de gestión mafiosa y usurera, también se ha contraído una deuda prioritaria según la reforma del artículo 135 de la Constitución (de más de 200.000 millones de euros) que, claro, hasta algunos recalcitrantes defensores del sistema capitalista la consideran “ilegítima” y piden su impago o renegociación.

El único camino para lograr la dignidad, la libertad y la verdadera soberanía no pasa por la Troika, el Banco Central Europeo, el “eurogrupo” o las sedes de los gobiernos capitalistas europeos. Pasa por el repudio de la Deuda externa y por comenzar a planificar la economía basándose en la inmensa capacidad creadora y transformadora del pueblo trabajador cuando se siente parte activa de los procesos sociales. “Esta tierra de dignidad pertenece a los hombres libres”, se podía leer al llegar en aquellos años 80 al Aeropuerto internacional de Ouagadougou, capital de Burkina Faso. Grecia, escucha a Sankara: “El mundo está dividido en dos campos antagónicos: los explotadores y los explotados. Uno de los obstáculos para el desarrollo es la deuda externa” impuesta por los explotadores del mundo.

¡No al pago de la deuda si queremos vivir como personas dignas dueñas de su futuro! El imperialismo no lo permitirá y saboteará todas las iniciativas populares. Pero los revolucionarios deben estar preparados para todo el arsenal de maniobras tergiversadoras, manipuladoras, calumniadoras y asesinas, llegado el caso. Thomas Sankara era consciente del camino emprendido, y por eso terminaba todos sus discursos con el lema del Che: “Patria o muerte, ¡Venceremos!”.

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