Juana la Loca, reina de España

Pasiones que vuelven

Por Silvina Friera

Ana Arzoumanian: La escritora y traductora publicó Juana I hace casi una década, cuando el tema de la violencia de género aún no estaba suficientemente instalado en los medios. La flamante reedición de este libro que reflexiona, en lenguaje poético, sobre la lucha de Juana la Loca, reina de España, da pie a nuevas reflexiones acerca de las históricas relaciones de poder que someten a las mujeres.

“Hay cuerpos que viven en los bordes de la pasión”

La reedición de este libro, a casi una década de su publicación original, permite abordar desde una perspectiva histórica el tema de la violencia de género. Los poemas, sobre Juana la Loca, ponen el dedo en viejas llagas vinculadas con el dominio sobre el cuerpo de la mujer.
La pasión desaforada irrumpe en el cuerpo de Juana. “Me llevaré tu corazón a los labios, a las piernas. Como el mar, lo moveré de un lado a otro. Como se hace con el vino o con la leche para hacer manteca. Recojo el corazón que dejás tirado en mi vientre, lo acuno”, dice una voz que necesita una boca, la voz de una mujer que le habla a su marido muerto, Felipe, mientras está encerrada en Tordesillas por orden de su padre primero y después de su hijo, ninguneada y maltratada por “loca”. “Y te grito y tu cuerpo no escucha. Tengo que encontrarte para saber que no me quedé con ningún pedazo. Que podrías. Que todavía podría estar encima, o por debajo, o quizás al lado, muy de costado, sentir una llamarada inquieta, quemando”. Los poemas de Ana Arzoumanian son llamaradas que queman a la vez que ponen el dedo en viejas llagas como las políticas de dominio sobre el cuerpo de la mujer y el atropello brutal del poder del varón. La reedición de Juana I en la colección Libros de la Noche Circular de Nahuel Cerrutti Carol editor, a casi una década de su edición original, permite volver sobre la intensidad de una escritora que corta las frases como si el torbellino de pensamientos de Juana la guiara; cortes labrados con la crudeza y la fragilidad de quien ha sido condenada de por vida como “incapaz”, una expatriación de los cotizados dominios de la razón.

Arzoumanian recuerda que la escritura de Juana I –que tuvo una versión teatral en 2007, La que necesita una boca, dirigida por Román Caracciolo (ver aparte)– comenzó cuando estaba participando de un curso de psicoanálisis y tenía que estudiar un caso particular: Juana I de Castilla, llamada Juana “la Loca”. “Yo tenía que tratar de ver si era esquizofrénica o una histeria grave. Para analizar esta cuestión recorrí algo de la historia: la relación de ella con el cadáver de Felipe y esa especie de locura… Yo sentí algo en el cuerpo. ¿Qué sucedió con esta mujer? Ella necesita una boca porque necesita armarse un discurso en relación a su familia, pero también en relación a la mujer y al poder. A pesar de estar encerrada, de haberla condenado al ostracismo, ella siguió siendo reina pero no gobernaba. Primero la encerró su padre, después de la muerte de su esposo. Y después su hijo. Ella es una mujer que no puede hablar. A Juana le llegaban los informes de Bartolomé de las Casas sobre lo que sucedía en América. Ella estaba al tanto sobre la visión crítica que tenía él sobre el robo y las matanzas. Pero Juana no habla o no la dejan hablar”, plantea la escritora en la entrevista con Página/12.

–¿Por qué decidió insertar fragmentos de documentos históricos?

–Hay documentos de Las Siete Partidas y de la Recopilación de Leyes de las Indias porque conjuntamente con lo que le pasa a Juana en lo emocional está el proceso judicial que le hace la Iglesia. Y por otro lado, la resistencia de los comuneros que la apoyan a Juana y la quieren sacar del encierro y pretenden que ella sea reina de Castilla y Aragón. Era una España luminosa, pero lo paradójico es que estaba empezando a perder esas luces. El costo es el cuerpo de ella, el habla de ella. Hay muchas anécdotas sobre la relación particular que tenía con Felipe muerto; por eso hay en el libro todo un trabajo con la necrofilia. Lo que dicen los textos históricos es que ella ponía arañas encima del féretro para que tejieran telarañas porque ella iba todos los días a verlo a Felipe, que estaba en la capilla cercana de donde Juana estaba encerrada. Si Juana veía la telaraña un poco corrida o abierta, decía que alguna monja había querido tocar a Felipe. Me resultó singular cómo el cuerpo de una mujer es negociado en relación al amor y al matrimonio por el poder del propio padre y por la propia familia, y cómo las familias se van perpetuando a partir de la negociación sobre un cuerpo. Hay cuerpos más dóciles, que admiten ese negocio y que asumen esta cosa romántica del amor. Hay otros cuerpos que viven en los bordes de la pasión, como es el caso de Juana.

–¿Juana era loca o vivió con demasiada pasión?

–Para mí no era loca. Juana era una mujer muy culta –dicen que era muy hermosa–, y escribía poesía muy sensible. Que tuviese acceso al poder de forma tan temprana, eso desestabilizó a los varones que la rodeaban, porque en realidad tendría que haber seguido la coronación su hermano, pero su hermano muere. A su hermano tenía que seguirlo su hijo, pero el hijo, que era el sobrino de Juana, muere. Entonces queda solo Juana. Pero el padre suponía que iba a estar Felipe, pero Felipe, el hombre, estaba muerto; una manera de retener el poder, el varón, que no nos es tan ajena. Quizá a nosotros en el mundo occidental nos resulta más larvada o más disfrazada la cuestión, pero en Oriente se ve claramente cómo es la línea sucesoria. Igual hace muy poquito que se modificaron las leyes de sucesión de los reyes de España. Ahora pueden suceder las hijas, antes eran solamente los varones. Tampoco nos es ajeno que lo primero que se dice sobre una mujer en el poder es que es loca.

–“El pensar que una pasión como es ésta se ha de curar con blanduras es grande engaño”, se lee en una parte de Juana I.

–Esta frase es del proceso que le hace la propia Iglesia y las cortes; entonces dan alegatos en relación a lo que ellos consideran una actitud pasional que no correspondía con la idea de reina. Juana en lugar de rebelarse admite ese encierro y lo acepta. Todo esto me llevaba a pensar en los lugares tan difíciles de lo femenino y la mujer…

–¿Por qué la mujer está más expuesta a que rápidamente le coloquen la etiqueta de la “loca”?

–Para neutralizar su decir sobre todo, para neutralizar el poder de la mujer; hay una cuestión en el matrimonio, en las estructuras amorosas, donde lo que está en juego es el poder. Un ejemplo mínimo: hoy en día en la Iglesia Católica la hija es llevada al altar por el padre. El padre entrega la hija al novio y el novio la toma; esta cosa simbólica tiene una connotación de entrega y de disposición y de poder de los varones sobre ese cuerpo. Esto es asumido también de una manera pintoresca –si se quiere– por nosotras… Y lo sufrimos. Juana es un caso extremo donde se muestra todo más desnudo. Por eso me gustaba entrar al hueso de la cuestión. La mujer en general no tenía una voz en los tiempos de Juana. Si la mujer hoy tiene una voz, tampoco es plena… siempre hay que trabajar y negociar esa voz. Eso me pone muy nerviosa y me rebela, sobre todo con la historia de lo armenio, donde el silencio y el recato son muy valorados en la mujer.

–¿La mujer que habla demasiado es considerada impúdica?

–Sí, ya desde el colegio secundario las maestras te disciplinaban y te mostraban a la mujer silenciosa como un ejemplo. Muchas veces en las revistas del corazón leés “tips” del lenguaje femenino: “Cuando ella te dice que no, quiere decir que sí”. Esto, que es terrible, es sostenido aún por varones jóvenes. Cuando escribí Juana I, no se hablaba todavía de la violencia de género. Supongo que no habrá sido fácil para los varones escuchar las voces de las presidentas mujeres en América del Sur, como Cristina (Fernández), Dilma (Rousseff) y Michelle (Bachelet). Vamos a necesitar mucho tiempo para poder asentar las voces de las mujeres. Mientras tanto sigue habiendo encierros: hay mujeres “locas” y mujeres que se rebelan que son asesinadas. El crimen está muy cerquita. Habrá que reescribir todas esas historias, pero la reescritura es bíblica porque somos el sueño de Adán y hemos sido creadas de la costilla de Adán. El relato bíblico nos pone en un lugar de sumisión. La mujer no tiene el poder ni de hablar ni de decir.

–¿Tomar la voz se parece a “tomar las armas”?

–Y sí… porque es distribuir riquezas, es hacer justicia en cada toma de la palabra. Nos quedan reductos muy pequeños como lo ficcional, donde podemos tomar la voz, pero ahí también impacta cómo se lee eso: si se lee como escritura femenina, escritura de mujeres… En fin, es un camino que hay que hacer de manera denodada…

–A propósito de una pregunta que aparece hacia el final del libro: ¿en qué idioma hablan las cosas?

–Juana no podía hablar con Felipe; finalmente, puede. Después no puede hablar con su propio hijo. Pero sobre todo pienso en el habla más profunda, que no tiene que ver con una lengua en particular o el lenguaje, sino con que las cosas hablen y digan. Si hablan, ¿en la lengua de qué poder?, si es del poder masculino. La pregunta sería si las cosas hablan en masculino. Toda la teoría lacaniana habla de que el universal es masculino, pero la mujer no tiene universal; es una por una, no se puede universalizar. Después, cuando te lo ponés a pensar, ¿con qué hace eco esta cuestión? Toma toda la teoría freudiana de que la mujer es un campo misterioso y difícil de abarcar; entonces, finalmente, termina diciendo que no hay tal cosa como la mujer, que siempre es una por una. ¿Por qué? El hombre también es siempre uno por uno, pero eso no se cuestiona… Hay que revisar todas estas cuestiones. Juana me dio pie para revisitar lo que tiene que ver con la vida íntima de las relaciones entre el varón y la mujer, pero también la vida pública, porque es una pasión que ella siente, un fuera de sí que ella siente, pero a la vez también un fuera de sí en lo social. Justamente ese fuera de sí en relación a Felipe la lleva al encierro porque la vida social del momento no le permite que esté afuera. En el texto hay un trabajo con el adentro y el afuera: ella no sabe los límites de su cuerpo. Hay un cruce entre lo social y lo jurídico, hay como un bordado en el texto de varios registros hasta llegar a una Juana múltiple. Durante mucho tiempo mi literatura fue considerada marginal, difícil de entender, periférica, que no entra en ningún tipo de canon. Esto me ayudó a escribir cualquier cosa, en el sentido de libertad absoluta, pero a la vez el riesgo es que no tenga ningún tipo de interlocución. Después la fue teniendo, pero no es que se tiene de una sola vez. La palabra lucha me cuido de decirla, pero es una lucha constante (risas). In Página 12, Argentina

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Mujer soltera busca

Se estrenó Cómo ser soltera, una película que invita a pensar en las nuevas representaciones de la soltería femenina en las comedias románticas, cargadas de sexo y con una especie de nuevo mandato: se puede soportar la soltería pero hay que coger, y mucho. De lo que no zafamos para este guión que pesca en el aire algo de lo que “el público pide ver” desde Sex and the City a la actualidad es del “final feliz”, que siempre encauza a la soltera loca al altar o a la pareja monogámica, ni hablar si en sus planes (y siempre está en nuestros planes, ¡cómo no!) está convertirse en madres. Escenas de masturbación, amigxs que disfrutan del buen sexo juntos sin estar comprometidxs y un corrimiento de la edad para cumplir el mandato forman parte de lo nuevo del rubro, pero el ideal de amor romántico goza de buena salud.

Por Marina Yuszczuk


Quizás todo se deba a Sarah Jessica Parker, que en 1998 se puso al frente de una serie de título picante y contenido al tono en la que las mujeres solteras de más de treinta cobraron entidad como un grupo con características propias, encaramado en unos tacos carísimos. Sex and the city se propuso hacer de su mundo ficcional algo más que un limbo en el que las menos afortunadas se sentarían a esperar que les llegara el hombre de su vida (aunque, más tarde o más temprano, las cuatro amigas neoyorquinas que tomaban Cosmopolitans y se contaban los secretos sexuales terminaron en pareja, salvo la incorregible Samantha). La serie de HBO duró seis temporadas pero tardó mucho menos en convertirse en un fenómeno. Al parecer, mujeres de varios países con realidades distintas se identificaban con el grupo de amigas que podían salir juntas, tener una vida profesional exitosa y coger a mansalva, aunque muchas menos se hayan visto reflejadas en los Manolo Blahnik de 500 dólares, los restoranes carísimos y los roperos inagotables de las cuatro amigas que no dejaban de ofrecer ropa nueva como una cornucopia fashion.

Podría pensarse que la condición de solteras y la de consumidoras (lo que implica obviamente tener ingresos propios) van por carriles paralelos pero Sex and the city fue aguda en mostrar que no se podía ni se puede separar los tantos, como lo establecen todos los estudios donde se analiza el perfil de las nuevas solteras de más de treinta. Después de todo, si en algún punto de la historia las mujeres empezaron a plantearse que podían no desear ni necesitar la presencia de un varón al lado, seguramente tuvo más que ver en el asunto la independencia económica lograda por sus propios medios que cualquier idea abstracta de libertad, cualquier rechazo caprichoso del amor monogámico y romántico. Es que los dos aspectos se cuentan por separado, las estadísticas tratan de no mezclarse con las historias de amor pero lo cierto es que (¿hace falta decirlo?) el matrimonio tal como lo conocemos pertenece al orden burgués, y allí estaba Jane Austen hace dos siglos para demostrar que la preocupación por casar a las mujeres era ante todo una preocupación por su futuro económico, dado que no podían heredar y estaban demasiado limitadas para mantenerse por sí mismas.

No puede sorprender entonces que, conseguido el trabajo y la vivienda propia, la pareja y los hijos no se planteen con la misma urgencia. Ni tampoco que esta manera de estar sola por elección sea un fenómeno urbano, de personas que trabajan muchas horas y a pesar de eso salen tres o cuatro veces por semana, eligen bares y restoranes exclusivos, viajan mucho y arman una especie de tribu o familia con otrxs pares que también están siempre disponibles. Según la Encuesta Anual de Hogares que realizó el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2013, el 38,7 por ciento de las mujeres que viven en esta ciudad no tiene hijos, y en el 31,7 por ciento de los hogares porteños vive una persona sola. Liberadas hasta cierto punto del mandato de formar pareja y tener hijos o dispuestas a dilatar el asunto todo lo que se pueda, las solteras al fin existen por derecho propio, no contagian, no muerden y por sobre todas las cosas no tienen nada que ver con las “solteronas” de antaño, ni les espera como destino vestir santos o cuidar a los parientes más grandes. Ah, y también cogen.

Reinas del drama

Así las muestra Cómo ser soltera, una de las tantas ficciones que en los últimos años se vienen haciendo cargo de este sector demográfico polémico y explosivo que parece que necesitara permanentemente ser explicado y hasta “inspirado”. Pero mientras el hábitat más frecuente de las chicas “casaderas” es la comedia romántica, ese género en el que por más aggiornadas que estén las relaciones (es decir, por más sexo que tengan) siempre se trata de conseguir una media naranja, Cómo ser soltera es un intento por contar una época en la vida de Alice (Dakota Johnson, la misma de 50 sombras de Grey) sin centrarla en las historias que tiene o deja de tener con los varones, como lo enuncia la voz de la protagonista no bien empieza la película. ¿Habrá algo para contar a partir de esa premisa que también pueda ser vendido? El desafío que asume Cómo ser soltera es grande, y en un principio parece cumplirlo porque toma a Alice en el preciso momento en que su novio de cuatro años la abandona para tener otras experiencias. Clásico: la parejita de dulces novios que estuvieron juntos durante toda la carrera y al recibirse se dan cuenta de que no hicieron nada, y por nada se debe entender lo que hicieron los demás, que no es otra cosa que estar de fiesta, tener sexo caótico y abundante, vivir unos años sin orden ni sentido. Ser jóvenes, en definitiva; explotar esa brecha entre los veintipico y los treinta y pico en la que ahora se toleran semejantes excesos.

Tales son los derechos que las solteras y solteros parecen haberse ganado tarjeta de crédito en mano: hacé lo que quieras, mientras consumas. Pero esa es otra historia. La de Alice continúa en Nueva York, con un trabajo nuevo en un estudio de abogados y una compañera, Robin (Rebel Wilson), que vive de fiesta y promete enseñarle cómo ser soltera. Bares, boliches, after hours, tragos pagados por tipos babosos, sexo con desconocidos, así es la diversión entendida por Robin, que está lejos del modelo de belleza canónico pero a pesar de eso se mueve por la noche y la ciudad como si estuviera blindada. Las chicas que completan el muestrario de solteras son Lucy (Alison Brie), que gasta las horas en sitios de citas online y espanta a cuanto tipo se le cruza con alusiones a futuros hijos, y Meg (Leslie Mann), la hermana de Alice, médica que vive para trabajar y hace de cuenta que no le importa no tener hijos mientras ve cómo le pasan por el costado los bebés de otros, los mismos que ayuda a traer al mundo.

No es que alguna de las cuatro sepa cómo ser soltera: lo que en el título de la película parece aludir a una especie de manual de instrucciones no tarda en sumar signos de pregunta, incluso llega a convertirse en un dilema. Porque a Alice no le cuesta nada conocer tipos, entrar y salir de relaciones o a veces, que la saquen a los empujones; lo que le cuesta es saber qué hacer consigo misma en el medio. Así, una noche de sexo casual con un tipo que trabaja en un bar y al que Alice no le interesa en absoluto la devuelve horrorizada a los brazos del ex novio, pero el rechazo del ex la devuelve al juego, pero por suerte se le cruza un viudo que parece perfecto, pero cuando el viudo le dice que no puede estar en una relación, la aparición del ex en una fiesta le resulta providencial. Lo más interesante de Cómo ser soltera, incluso lo más osado, es que llega un punto en que todos los movimientos de Alice se vuelven insoportables y ella misma también: desde afuera no es difícil notar que avanza a puro paso en falso con tal de no estar sola.

Adicta al drama permanente de las relaciones de pareja que empiezan y terminan (o no terminan nunca, porque los ex siguen reapareciendo como fantasmas), Alice no se banca estar mucho tiempo sin que le pase “algo” con un chico. Ese silencio. Como si no hubiera nada más importante que tener algún tipo de relación con los varones, sea mala o buena, y todo el tiempo que transcurre entre cada encuentro y el otro no fuera más que una espera que, de todos modos, sigue girando alrededor de la fantasía del tipo que vendrá. Después de todo, hasta en Sex and the city no había hobby más intenso que conocer tipos, a razón de uno por capítulo.

Que se mueran los feos

Hay un doble discurso, claramente, en las películas que quieren dirigirse a las chicas: por un lado se muestra a estas solteras que no pueden pensarse sin varones como cerebritos formateados por la idea de familia y de amor romántico desde pequeñas, que necesitan una lección, y por el otro no hay prácticamente películas sobre mujeres donde todo no derive en una historia romántica, sin irnos al extremo de Charlize Theron manejando ese camión en Mad Max: Fury Road. Incluso una película con el título ostentoso de Bachelorette (Solteras, 2013), una especie de versión más amarga de Cómo ser soltera que no se molestaba por hacer que sus protagonistas fueran agradables –y eso es una novedad, un bienvenido trago amargo–, reunía a cuatro amigas del secundario justo antes de la boda de la primera de ellas que lograba el paso triunfal de acceder al altar (la misma Rebel Wilson que fiestea en Cómo ser soltera), amagaba con mostrar una noche de salida con amigas, y en la mitad de la película cada una de las chicas se iba con un varón y encaraba una historia de pareja, dos de las cuales terminaban en amores de comedia romántica.

Bachelorette tenía su cuota de osadía: las protagonistas (Lizzy Caplan, Isla Fisher y esa rubia de frialdad alemana que es Kirsten Dunst) eran odiosas, hablaban como chetas, apenas podían ser tiernas entre ellas incluso cuando parecían contentas de verse y eran tan pero tan forras que a la amiga gorda a punto de casarse le arruinaban el vestido por hacer, borrachas y después de tomar cocaína, la broma de meterse dos flacas en el traje de la gorda y sacarse una foto. Pero había una verdad que se decían cuando el alcohol les aflojaba el orgullo, y la decía Kirsten Dunst: ¿por qué, aunque hice todo bien, me salió todo mal (léase: no me casé ni estoy en pareja)? O mejor todavía, como si la voz de la cultura hablara a través de esas tres chicas que se esforzaron por cumplir con todos los mandatos: ¿Por qué, si estoy re buena, soy copada, me cuido para mantenerme flaca y estoy abierta sexualmente, la que se casa es la gorda? Suena brutal y lo es, pero no pasa muy seguido que una película diga lo que nadie quiere decir: que la promesa de que si las chicas se preocupan por convertirse en princesas tarde o temprano van a atraer a un príncipe es la nada misma. Bachelorette era dura con sus protagonistas pero sincera al mostrar cómo se manejaban estas chicas cuando no podían ser felices con un encuentro entre amigas y además de las drogas y el alcohol, necesitaban salir a buscar tipos. Claro que no tuvo mucho éxito: las chicas que todo el mundo quiere ver son las encantadoras. Que pueden, por momentos, ser desalmadas y coger con tipos que no les importan, pero solo porque están perdidas. Así construyó la comediante Amy Schumer su personaje en Trainwreck (2015), la película que escribió y en la que la dirigió Judd Apatow. Schumer interpreta a Amy, una periodista que demasiado influenciada por el modelo del padre, divorciado y mujeriego, pasa de cama en cama, siempre un poco pasada de alcohol para darse coraje. Amy coge con tipos que no le interesan y nunca se la ve demasiado contenta; mientras tanto se horroriza con el matrimonio ñoño de la hermana, y un día conoce a un médico también ñoño (Bill Hader) con el que la pasa bien, se enamora pero después se freakea, y al final se entrega. Al amor, al compromiso, la pareja, todo aquello que cuando falta es síntoma de alguna patología.

No hay diagnóstico posible que se pueda armar a partir de esas ficciones más que el mapa de lo que la comedia mainstrem hoy por hoy se permite mostrar (refiriéndome por supuesto a la comedia norteamericana, que abunda en ejemplos mientras es casi imposible encontrar uno solo en nuestro país). La novedad es que las chicas cogen, incluso cuando no tienen novio, y nadie se horroriza demasiado por eso. Es más: la que no coge es porque tiene algún asunto sin resolver. O porque no se lo permite, o porque no sale al mundo y se deja elegir al mismo tiempo que elige. Claro que también están las que usan el sexo como una especie de inversión, pensando que más tarde o más temprano el amante ocasional va a sentar cabeza y se va a quedar con ellas. Esa es la historia de Lainey (Alison Brie), que en Sleeping with other people (2015) no deja de responder a cada llamado de un idiota que se termina casando con otra solo porque piensa que va a terminar llevándolo al altar. Por suerte tiene un mejor amigo, Jake (Jason Sudeikis), que la ayuda a abrir los ojos y mientras tanto le da unos consejos para entretenerse sola. Ayudado por una botella transparente, Jake le enseña a Lainey cómo masturbarse para pasarlo genial después que ella le confiese que no lo hace nunca porque se aburre. La escena es sexy (aunque, por dios, ¿hasta eso nos tienen que enseñar?), y la chica no deja de aplicar enseguida otros consejos de su amigo cuando después de una cita con un separado, terminan en la cama y le pide que le toque el clítoris exactamente como le explicó Jake, lo que la hace volar por el aire; no se ve muy seguido una escena de sexo en la que una chica la pase re bien y eso no implique que se va a enamorar del compañero de turno.

Como sea, coger es el nuevo mandato y no es la suerte que les toca únicamente a las lindas; actrices como Rebel Wilson y Melissa McCarthy, además de ser geniales, por momentos parecen estar ahí para que las películas puedan ejemplificar en ellas cómo las gordas también pueden conseguir sexo y hasta amor. Pero no se hagan ilusiones, la verdad no está en el guión sino en el casting: Dakota Johnson puede seducir a un prototipo de publicidad de boxers como el millonario Christian Grey, Amy Schumer puede elegir entre Bill Hader (un feo tierno que puede ser hermoso) o el fisicoculturista con el que está al principio de Trainwreck, Alison Brie puede estar con Jason Sudeikis o Adam Scott, pero a Rebel Wilson le tocan dos tipos en Cómo ser soltera y los dos son panzones y peludos. Nadie dice que no sean divinos, pero el racismo del “Unir con flechas” está bien a la vista. De modo que las condiciones para pertenecer a la nueva elite de mujeres que son libres porque quieren –y no puedo dejar de remarcarlo: porque quieren– nunca se explicitan pero se representan, están a la vista en cuanta publicidad, película o serie anda dando vueltas por ahí. Y esas condiciones, tan persuasivas como si las estuviera susurrando una serpiente enroscada en un árbol, decididamente fueron conformando un nuevo mandato en los últimos años (Sex and the city incluido): está permitido ser soltera, darse el lujo de no encuadrarse en la maternidad y la familia, siempre y cuando una mujer sea linda, se cuide, resulte atractiva para los hombres y tenga una vida sexual activa. Esa multitud de indicadores demostraría que la mujer está sola porque así lo decide, y no que en realidad su supuesta elección de vida no es más que un modo de consolarse porque nadie se quedó con ella.

Solas sí, madres no

No abundan las películas de mujeres que tengan existencia propia, y Cómo ser soltera hace el intento por ser una de esas historias pero no lo consigue totalmente. Primero, porque a pesar de que en un momento Robin le grita a Alice que es una pésima amiga, que siempre está pensando en hombres y sólo la llama cuando corta con alguien, la amistad entre las dos, que debería ganar el centro de la escena, está bastante mal construida y no conmueve. Segundo, porque cuando la hermana mayor de Alice tiene la osadía de mandarse a ser madre sin un varón al lado y recurre a un banco de esperma, la película le pone en el camino a un chico que se enamora de ella. No sé qué clase de monstruo le resulta a tanta gente una madre soltera pero lo cierto es que acá, como en otras películas sobre mujeres que se embarazaban usando el esperma de donantes, anónimos o no (Plan B con Jennifer López y The switch con Jennifer Aniston), la bravuconada se redime sólo cuando la mujer consigue pareja y ocupa por fin el lugar “natural” de mamá dentro de una familia.

El argumento para disuadir a las madres que se cortan solas es que tener un hijo en esas condiciones es muy difícil, como si vivir en pareja fuera un viaje en patineta y no un trabajo arduo, cotidiano, que muchas veces implica negociar absolutamente todo con un varón que a cada paso revela una formación machista. La misma Encuesta Anual de Hogares registra que en la Ciudad de Buenos Aires nacen 3000 bebés por año de madres solas, pero las ficciones les dirán que en ellas lo que más abunda es la falta, la de un varón al lado. Las escenas de mamá recién parida con bebé a upa en la habitación de un hospital insisten con la llegada triunfal del papá –biológico o no– para completar el cuadro, o mejor dicho, la santa trinidad de la familia. Pero si en cambio no abundan las escenas de mamás recientes que se rodean de otros brazos, de otros afectos y otras formas de familia, es simplemente porque nadie quiere mostrarlas.

Se trata de maneras sutiles, o a veces burdamente explícitas, de marcar territorio: hasta acá (tener sexo) se puede, pero ir más allá (tener un hijo sola) está vedado, como si lo importante fuera mantener a las solteras en circulación, allí donde siempre pueden cruzarse con un varón para una noche de sexo o quizás, eventualmente, formar una familia. Es solamente después de un trabajo de demolición enorme que personajes como Alice en Cómo ser soltera pueden dejar de estar siempre disponibles, siempre a la espera, para darle otro valor a esas épocas de la vida en las que los varones no aparecen más que como amigos. Y lamentablemente el cambio suele venir desde el discurso de la autoayuda puesta en una vocecita en off tan irritante como la de Carrie Bradshaw, o en lecciones de vida tan banales y turísticas como las de Julia Roberts en Comer, rezar, amar. Si estos productos existen dan ganas de preguntar a los cuatro vientos, ¿de verdad a las mujeres nos interesa que nos hablen con ese tono, que nos digan qué hacer? ¿Lo buscamos? ¿Lo permitimos? Curiosamente fue una argentina, Paula Schargorodsky, quien con su corto 35 y soltera, hecho por encargo del New York Times y después convertido en película que pasó por el Bafici en el 2015, logró un enfoque del tema que evidentemente pudo dialogar con el público norteamericano al que están destinadas en primer lugar estas películas y al mismo tiempo plantear un acercamiento más reflexivo, menos concentrado en los finales felices, al hecho de ser soltera (aunque ella tampoco logró esquivar, en el corto si no en la película, el tono de la autoayuda). Quizás porque Schargorodsky empieza como Bridget Jones y luego, con el documental como herramienta de una investigación insidiosa, recurre a las horas y horas de video grabadas en el pasado, cuando el amor estaba vivo, para contrastarlas con conversaciones con los ex novios en el presente. Y para tratar de sustraer esas historias al esquema tradicional de éxito o fracaso, esa manera de faltar el respeto a la vida vivida suponiendo que los amores y las aventuras no importan si no terminan en convivencia, bebés, peleas por lavar los platos

LA SITUACIÓN DE LAS MUJERES MIGRANTES CENTROAMERICANAS EN LOS ESTADOS UNIDOS

NO SOY DE AQUÍ NI SOY DE ALLÁ

Desde el triángulo negro de Guatemala, Honduras y El Salvador, unas 60.000 mujeres cruzan la frontera de los Estados Unidos huyendo de la violencia patriarcal diseminada tanto en las calles como puertas adentro de los hogares, pero entonces no las espera el alivio sino el negocio de las cárceles privadas, donde son encerradas con sus hijos e hijas, enmascaradas bajo el nombre de residencias para familias migrantes.

La abogada Barbara Hines, experta en migración que asiste a estas mujeres, cuenta de qué manera funciona el negocio de la reclusión en centros donde son castigadas y abusadas, y cómo opera un racismo solapado, como política disuasiva antimigratoria del gobierno de Barack Obama.

 

Las jaulas de las locas

 

las12 emigrante usa mulher

 

LA SITUACIÓN DE LAS MUJERES MIGRANTES CENTROAMERICANAS EN LOS ESTADOS UNIDOS SEGÚN LA EXPERIENCIA DE LA ABOGADA BARBARA HINES, QUE LAS ASISTE DESDE HACE DÉCADAS

Por Roxana Sandá/ Pagina 12/ Argentina

Sonia Hernández huyó de El Salvador con sus tres hijos pequeños desde que la muerte comenzó a pisarles los talones. Era el aviso póstumo de una violencia en escala que su ex pareja les dedicó durante años. La decisión de migrar hacia los Estados Unidos fue impuesta por la urgencia del miedo: de haber imaginado que el viaje significaba atravesar México hipotecando una vida que se suponía nueva en el Centro de Detención para familias migrantes de Karnes City, en Texas, habría preferido otro final. Sonia permaneció detenida durante 315 días, tras pedir asilo, hasta junio de este año en lo que recuerda como “la prisión”, donde la pérdida de contacto con el exterior de las mujeres con sus hijos e hijas inicia un camino de invisibilidad: primero se las traga el desierto, después, si logran sobrevivir y llegan a destino, se las traga la violencia del sistema norteamericano. Karnes City es una antigua cárcel reconvertida en “centro residencial para familias”, habilitada para unas 500 mujeres y menores de edad. “Pero nada se comprende demasiado hasta que no se vive el infierno”, advierte una de sus abogadas, Barbara Hines, experta en migración y parte activa del Comité Raíces, que brinda servicios legales en Karnes a madres detenidas con sus niñxs y a niñxs no acompañadxs. Hasta 2014 dirigió el Consultorio de Inmigración de la Facultad de Leyes de la Universidad de Texas, pero su trabajo como integrante de la Junta del Proyecto Nacional de Inmigración del Gremio Nacional de Abogados desde 1996, se refleja en el compromiso con miles de mujeres y niñxs que huyen de la violencia en Centroamérica. “Son víctimas de una política de inmigración defectuosa, pero creo que el racismo que pesa sobre esta población se trata en realidad de una reacción del miedo frente al cambio demográfico que estamos experimentando en los Estados Unidos.”

Entre abril y mayo últimos, unas 70 madres lideradas por la hondureña Kenia Galeano realizaron dos huelgas de hambre para lograr su libertad bajo fianza mientras se procesan sus solicitudes de asilo, y también para mejorar las condiciones de detención en el Centro Residencial de Karnes City, avalado por Barack Obama, donde además de las medidas represivas que se ejercen sobre las mujeres pesan denuncias por abuso sexual, tratamiento carcelario, castigo físico y políticas de aislamiento contra las migrantes y sus hijxs. El año pasado, el programa Democracy Now! presentó un informe sobre las denuncias de mujeres detenidas en Karnes que acusaron a los guardias de extorsionarlas y atacarlas sexualmente. En la demanda judicial declararon que les prometían ayudarlas en sus procesos migratorios a cambio de favores sexuales.

¿Son prácticas sistemáticas?

–Por lo menos no son incidentes aislados e inquieta su familiaridad. Representamos a muchas mujeres puestas en vigilancia o en aislamiento, son separadas de sus hijas e hijos, y se nos niega el acceso para verlas. Todo sucede en un entorno de coacción. Entonces estamos frente a una cárcel, no a un centro residencial de familias migrantes. En 2007, junto con otros abogados de la Unión Americana por los Derechos Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) litigamos para lograr el cierre de la cárcel de familias de Don Hutto, en Texas, hasta que en 2009 Obama decidió la clausura definitiva de estos lugares, pero frente al aumento de la oleada migrante volvió a abrirlos con el objetivo de disuadir a otros colectivos que tuvieran intenciones de migrar. En la actualidad funcionan tres centros de detención de familias, donde permanecen mientras dure su proceso de asilo.

¿Cuántas mujeres y niñxs cruzan la frontera cada año?

–El año pasado llegaron unas 60.000 mujeres con sus hijxs y más de 60.000 niñxs no acompañadxs de lo que llamamos “el triángulo norte”, Guatemala, El Salvador y Honduras, países donde existe un nivel altísimo de violencia, falta de protección estatal y una presencia casi absoluta de las maras, que gobiernan como un estado paralelo. Es decir que mujeres y jóvenes ya huyen de violencias de origen. Por caso, Guatemala y Honduras presentan los mayores registros de asesinatos de todo el mundo, con fuerte injerencia de la violencia doméstica y los reclutamientos forzados hacia dentro de las maras.

¿Cuáles son los relatos de las mujeres sobre esas violencias de origen?

–Describen que la violencia de género no sólo se limita a los lazos de pareja o a sus relaciones interpersonales, como suponemos de la violencia doméstica tradicional, sino y muy especialmente la relacionan con el accionar de las maras, que secuestran o toman a mujeres jóvenes para lo que llamamos “sexual slavery”, es decir la esclavitud con fines de trata para explotación sexual, bajo amenaza de matarlas si se niegan o de hacerles algún daño a sus familias si no se incorporan como las mujeres de los mareros. Los niños también padecen esta situación, porque cuando llegan a determinada edad, cada vez más temprana, son reclutados para ingresar a las maras, con consecuencias muy graves para ellos y sus familias si se resisten.

Es una política regional de exclusión que se traduce en un derrame de miserias sociales.

–Hasta el año pasado no formaba parte del debate sobre la exclusión reconocer que las maras existen, que están en esos países y que son la consecuencia de la política norteamericana de los ochenta y de las restricciones de la Ley de migraciones de 1996. El gobierno norteamericano apoyó a los militares durante la guerra civil en El Salvador, y parte de la población huyó a los Estados Unidos para buscar refugio. En 1996 se restringe la ley y se prevé la deportación de residentes permanentes por delitos menores; muchos deportados son jóvenes salvadoreños. Se les expulsó sin ningún recurso humanitario, sin importar cuánto tiempo habían vivido en ese país ni cuáles eran sus vínculos familiares. ¿Y qué hacen?, replican en El Salvador lo que habían vivido en barrios pobres de Los Angeles o Washington, y aquí tenemos el inicio real de las maras en Centroamérica. Cuando Obama comenzó a instalar el discurso de la amenaza a la seguridad nacional, nadie se atrevió a hablar del rol fundamental que los Estados Unidos jugó en la crisis de esos países.

Las invisibles

Desde 1975, cuando obtuvo su título en leyes, Hines se dedicó a la atención y asistencia de personas migrantes quebradas por las arbitrariedades que todavía hoy deparan las fronteras con los Estados Unidos. Presentó informes que sirvieron como precedentes en la legislación nacional, denunció las condiciones inhumanas y las libertades clausuradas de miles de mujeres y menores de edad hasta volverse invisibles. Una suma de horrores aumentada por el negocio lucrativo de las compañías de cárceles privadas que funcionan en el país, con récords alarmantes de maltrato a las personas bajo su custodia, sobre todo hacia madres jóvenes. “Es una situación de emergencia y una vergüenza nacional tener a madres con sus hijxs y a niñxs no acompañadxs en centros de detención, cuando escapan para preservar sus vidas”, lamenta.

Barack Obama fue muy criticado por la firma de contratos con empresas que garanticen una cifra mínima diaria de detenidxs en los centros.

–Eligió la respuesta más extremista de lo que podía resolverse con esas familias migrantes. Hay opciones mucho más humanas que encarcelar a madres con sus niñxs en cárceles privadas con fines de lucro, que ganan millones de dólares en las detenciones. Hablamos de mujeres víctimas de traumas graves en sus países y en los viajes de traslado a la frontera, que implican riesgos enormes a todo el grupo familiar, para llegar a centros donde las condiciones de supervivencia son infrahumanas, sin siquiera el derecho a una asistencia jurídica sustentada por el gobierno.

¿Que objetivos buscan alcanzar estas empresas?

–Garantizar camas. La Dirección de Migraciones exige el requisito de disponer de 34.000 camas todos los días en el territorio de los Estados Unidos. Figura en el presupuesto como un item que se denomina cuota de camas, y fue el éxito de las empresas carcelarias. A esto debemos agregarles las fianzas inaccesibles de entre 3.000 y 13.000 dólares que deben pagar las mujeres, pobres en su mayoría, para obtener la libertad y reunirse con sus familias instaladas en el país. Reciben ayuda de Ong´s como Raíces, que organizan fondos de donaciones para solicitantes de asilo, porque bajo el sistema de derechos humanos no deberían ser detenidas.

¿Qué sucede cuando son padres migrantes quienes cruzan la frontera con sus hijxs?

–Es otro ejemplo de la falta de coherencia de la política de Obama: los padres con sus hijos no son detenidos, porque no hay cárceles para ellos. Parece que son las mujeres quienes representan un peligro nacional, y Obama adoptó una política de disuasión. Al no poder probar que una madre de 20 años representa un peligro, basó su política en la idea de que “si detenemos a todas estas personas, estamos mandando un mensaje a otras miles que viven en Centroamérica para que no vengan”. Por suerte, el fallo reciente de un tribunal norteamericano declaró esa política inconstitucional.

Pero los centros de detención siguen funcionando a la vista de las poblaciones.

–No es tan así, porque en Texas funcionan en zonas rurales alejadas, a dos horas de San Antonio, una de las ciudades más importantes, y las mujeres dependen absolutamente de la intervención de las Ong´s. Hasta el año pasado organicé una red de voluntarios en la que además de desarrollar un proyecto de asistencia jurídica y social, litigamos e hicimos un trabajo de políticas públicas a escala nacional que ponía foco en las condiciones de detención. Al comienzo de esta campaña en 2007, con el centro de Don Hutto, algunas personas creían que sólo se trataba de mejorar condiciones, porque lxs niñxs llevaban uniformes carcelarios, ocupaban celdas, no les permitían moverse en libertad ni asistir a escuelas. Llevaré para toda mi vida la imagen de una bebita iraní de tres meses vestida con uniforme. Ocho años después el cambio es notable, aunque los centros estén manejados por la misma empresa carcelaria, Geo Group. Se avanzó un poco en cuanto a la posibilidad de usar ropa propia y tener un margen mayor de movimiento en lugares de detención. Por primera vez, todas las Ong´s dedicadas a esta problemática, más de 50 demócratas y las iglesias alzamos una sola voz diciendo que no existe ninguna razón humana para detener a un niño.

¿Lograron frenarse los castigos?

–Sigue habiendo, pese a que el gobierno lo niegue y argumente que son centros de residencia de familias. Yo les digo que manden a sus hijos e hijas a vivir allá, a ver si continúan sosteniendo ese discurso. En Karnes City las mujeres son contadas seis veces al día, como en una prisión. Antes debían permanecer en sus celdas para el conteo, ahora salen de las habitaciones y hacen una fila otras seis veces al día para demostrar que no se escaparon. La comida es pésima, sufren amenazas permanentes de que las van a denunciar al juez o a separar de sus hijxs si no se portan bien, y el número de las que sufrieron abuso sexual es cada vez mayor. Aquellas que fueron deportadas y entran al país por segunda vez, llegan a permanecer hasta un año en centros porque su liberación se complica con la Ley de migraciones. Las que realizaron las dos huelgas de hambre entre abril y mayo fueron trasladadas con sus hijxs a salas de la sección médica en represalia, y separadas del resto de la población refugiada. La respuesta del juez federal de San Antonio a las colegas que entablaron una demanda por el hecho, fue que las mujeres en tanto migrantes sin documentos no tenían ningún derecho a la libre expresión, aun bajo la primera enmienda de los Estados Unidos. Y esto porque firmaron una carta pidiendo por su libertad y revelando las condiciones terribles en que vivían.

Se ignoró políticamente el derecho humano a la migración.

–Ese es otro tema, porque Estados Unidos firmó muy pocos tratados internacionales y además, según nuestra jurisprudencia los tratados o convenciones internacionales son herramientas para interpretar las leyes, no obligaciones.

¿Qué manifiestan lxs niñxs y adolescentes que permanecen en estos centros?

–Lxs no acompañadxs no son alojadxs en cárceles sino en hogares manejados por agencias del bienestar del niño, y lo que en verdad sufren es el riesgo del viaje porque ahí hay secuestros, amenazas y muertes. Por lo general logran reunirse con sus familias residentes, pero de todos modos deben seguir con el proceso de migración. Y no hay suficientes abogadxs para representar a todas las niñas y niños no acompañados. Los que llegan con sus madres y pueden hablar dicen que saben que están en una cárcel. Para presentar los casos ante los jueces y pedir la rebaja de fianza, a veces pedimos a lxs niñxs que dibujen algo y dibujan una cárcel, entienden dónde están, aunque a veces creo que para lxs adolescentes es más difícil porque saben lo que está pasando. Sobre ellxs se vuelca mucha más violencia y sufren amenazas por su condición de casi adultxs.

El miedo probado

En los últimos tiempos, a partir de la demostración ante la Justicia “del miedo creíble” de las personas refugiadas a las persecuciones o a volver a sufrir violencias en los países de origen, se consiguió su liberación mientras dure el proceso de asilo. “Bajo la Convención de Refugiados, quien migra debe demostrar que puede ser perseguida por raza, religión, nacionalidad, determinado grupo social, opinión política o por violencia doméstica, un aspecto que el año pasado la corte administrativa de Migraciones reconoció como razón suficiente para que la mujer gane un caso. Es un paso relevante porque muchas de las mujeres alojadas en los centros de detención solicitan el asilo en base a esa causal. Sin embargo, una vez liberadas les colocan grilletes que fabrican las mismas empresas privadas encargadas de los centros”, describe la abogada. “Son tobilleras de un material negro, grandes y pesadas, que se les colocan a las mujeres como si fueran asesinas, para monitorear su ubicación. Ellas tienen que cargar esos aparatos cada seis horas, enchufándolos a la pared con un cable muy corto, para que no empiece a sonar una alarma interminable”. La primera mujer que vio con ese artefacto adosado a una de sus piernas en una terminal de autobuses era una salvadoreña que se echó a llorar “porque me contó que ´las únicas personas que tienen que usar grilletes en mi país son los criminales´. Es otra muestra de esta política estigmatizante y discriminatoria hacia las mujeres, pero también de un negocio impune en tanto el gobierno otorgó el contrato a la misma empresa carcelaria, Geo Group, que compró y adjudica los grilletes para esta especie de libertad condicional. O sea que no sólo gana millones de dólares para sus accionistas con el sufrimiento de las mujeres en las cárceles sino que sigue enriqueciéndose a través de un control externo y a la distancia”.

¿Cómo se manifestó el colectivo de abogadas que integra sobre el programa de grilletes?

-En principio, sostenemos que la detención debe ser la última respuesta y estamos en contra del programa de grilletes por lo aberrante de su implementación en tiempos de esperas procesales, que pueden durar meses. Propusimos un sistema de administración menos intrusivo en las vidas y los cuerpos de esas mujeres coordinado por Ong´s, para proporcionar asistencia legal y ayudarlas a encontrar un lugar donde vivir, y sobre todo para facilitarles su presentación en tiempo y forma en los tribunales, ya que una de las estrategias de Migraciones es imponer la necesidad del sistema de detención con grilletes “porque las mujeres no se presentan”.

¿Por qué persiste un desprecio institucional a las acciones de asistencia jurídica gratuita, colectiva y organizada?

– Se planteó que el gobierno, en vez de invertir millones de dólares en esas estructuras represivas, podía destinar el dinero a un sistema de asistencia gratuita, otorgándoles los contratos a organizaciones con experiencia en la temática, que puedan ganarse la confianza de las migrantes y que garanticen su presentación. Pero priorizaron un negocio que ya estaba encaminado con Geo Group, la misma empresa proveedora que tiene a cargo la mayoría de las cárceles de migración en los Estados Unidos y que además de manejar el régimen de grilletes coordina el sistema de administración de casos. Es una vergüenza, pero estas empresas despliegan un gran poder político y son las que donan millones de dólares a los candidatos en el Congreso.

Y se convierten en canales útiles de desintegración regional; van traccionando la voluntad del electorado norteamericano.

-En los Estados Unidos rige lo que llamaría la ansiedad de raza, esto es el rechazo del migrante y la falta de una reforma migratoria. Las leyes aprobadas por determinados estados como Arizona y Alabama, después fueron declaradas inconstitucionales, no tanto como una reacción contra migrantes sino contra el cambio demográfico en los Estados Unidos. No quieren más latinxs y por eso creo que la retórica anti-migrante es un subtexto, un código contra el cambio demográfico.

El fantasma de este siglo.

-Sí, y por eso Donald Trump ha tenido tanto éxito y manifestaciones contudentes. Pero también es un problema migratorio global que afecta principalmente a las mujeres.

No asoman horizontes que alienten a interpretar el derecho a la migración como un derecho humano.

-No, aunque en este aspecto la Argentina está muy avanzada con su normativa. Es el primer país que incorporó la idea de migración como un derecho humano. Trabajé en el Cels durante 1996, cuando se comenzaron a profundizar estudios y debates alrededor de la migración, y hasta hoy me siento muy involucrada con este proceso enriquecedor. Colaboré en la producción de jurisprudencia para derogar la llamada ley Videla de migraciones, y sustituirla con la nueva legislación. Vengo todos los años y estuve involucrada en la formación de la primera clínica jurídica para atención a migrantes de la UBA, Caref y Cels. Hace unos días participé del encuentro “Derechos humanos, migración y asilo. Jornadas de reflexión en tiempos difíciles”, co-organizado por el Ministerio Público de la Defensa, Acnur, Cels, Universidad de San Martín, Universidad de Lanús y la Oficina para la Argentina de la OIT.

¿Considera que es una herramienta jurídica que podría ser modelo de aplicación en otros países?

-Es una normativa amable y progresista. Algunos países de Latinoamérica ya adoptaron partes de la ley migratoria argentina, además de resultar un aporte valioso en cuanto a derechos sociales y laborales. Como contraparte, ser migrante en los Estados Unidos significa indocumentación y el goce escaso de derechos y privilegios. Allá, una persona es expulsada sin considerar sus vínculos familiares, y no se contempla el interés superior del niño. La legislación vigente tampoco protege al trabajador migrante, y eso genera explotación laboral.

La foto del niño sirio Aylan Kurdi, ahogado en una playa de Turquía en septiembre, desnuda una crisis migratoria mundial con Europa y Estados Unidos como actores centrales.

-Creo que hay muchos puntos semejantes entre esa imagen y lo que sucede con las refugiadas de Texas. Lo más triste es la reacción contra los migrantes sirios tanto en Europa como en los Estados Unidos, donde 31 estados, 30 gobernadores republicanos y un demócrata, han pronunciado que ningún refugiado sirio viva en sus regiones. No hemos aprendido nada de la historia. Y en esas semejanzas pienso que Obama y sus asesores, al ver a miles de niñxs y mujeres en las fronteras, tuvieron la reacción inmediata de depositarlxs en las cárceles, donde ya no se ven.

No pertenecen a sus países ni a aquél que lxs recibe. Y lo que no se ve, no existe.

-Es lo que se pretende, que miles de mujeres estén en centros de detención antes que compartir con ellas las calles y las filas en las terminales de autobuses de Texas. Hace años, una víctima que representé había escapado de Honduras con uno de sus hijos, de 17 años, aterrorizada. Era una religiosa evangélica que predicaba por las calles. Un día llegaron a su casa varios miembros de las maras a anunciarle que ya era tiempo de que el chico ingresara a la organización. Ella desobedeció y lo mandó a Estados Unidos. Cuando los mareros no pudieron hallar al adolescente comenzaron a amenazarla, fueron a su casa, la golpearon y abusaron frente a sus otros dos hijos de 6 y 3 años, con una pistola que le metieron en la boca diciéndole que iban a matarla por lo que hizo. Huyó al otro día, con lo puesto y sin dinero para pagarles a intermediarios o a los “coyotes” de tráfico humano, que se encargan de atravesar el desierto. Caminó por todo México y cuando llegó al río para cruzar a sus hijos, que no sabían nadar, dejó a un niño a un lado de la orilla, volvió a buscar al otro y quedó detenida por la guardia fronteriza, separada de esos niños. Pero ésta es apenas una historia de las tantas que se niegan, para que no existan.

Los ríos del feminismo popular

Ali Divandari

Ali Divandari

El cuerpo de las mujeres es blanco privilegiado de las políticas colonialistas contra las que el continente latinoamericano intenta rebelarse, espasmódica pero tenazmente. Y los feminismos surgen dentro del corazón de los movimientos sociales y políticos recordando que no hay emancipación, no hay revolución posible sin desafiar también las reglas del patriarcado no sólo desde la teoría sino desde la práctica, en cada territorio, en cada comunidad. En el XXX Encuentro Nacional de Mujeres, los feminismos latinoamericanos tuvieron su protagonismo en charlas a cielo abierto que escucharon miles. Aquí, algunas experiencias, de Venezuela a Paraguay, de México a Colombia, corrientes feministas que fluyen con más fuerza que los ríos.

Por Claudia Korol

“Cuando te pregunto que por qué te llamas feminista / qué entiendes tú de la palabra esa en esta provincia escondida / tú me dices que te imaginas que tal vez, que ha de ser/ como cuando hay sed en este pueblo./ Cuando las mujeres acarrean las cubetas de agua / se ayudan todas, todas juntas todos los días/ por el mismo camino”.
Patricia Karina Vergara. Poeta feminista lesbiana de México.

Entre los ríos del feminismo que recorren Nuestra América, vienen fluyendo los del feminismo popular, que tienen sus fuentes en movimientos indígenas, campesinos, populares, que han venido protagonizando rebeldías frente al capitalismo colonial y patriarcal.

Son ríos que arrastran en su caudal piedras, algas, ramas caídas de árboles vecinos, donde por momentos parece enredarse y perder su fuerza, pero son parte de su color, de su identidad, de su movimiento. Son ríos que a veces confluyen creando una playa donde las olas van y vienen con memoria de luchas ancestrales, frente a los patriarcas conquistadores y colonizadores de todos los tiempos, que impusieron violentamente su “civilización”, sus religiones, saqueando para la corona ayer, y para las corporaciones hoy.

Son ríos convulsionados por las revoluciones que intentan los pueblos, por la sinuosidad de las búsquedas transformadoras, por las caídas que esos esfuerzos sufren, que a veces parecen interrumpir el sueño colectivo, pero que son momentos de los que las aguas regresan con mayor fuerza. Van y vienen en su recorrido, buscando andar al ritmo y en el vaivén de las mujeres del pueblo.

Uno de esos ríos que fluyen en el corazón del continente, es el que constituyen las mujeres, lesbianas, bisexuales, trans, travestis, que forman en Venezuela la “Escuela de Feminismo Popular, Identidades y Sexualidades revolucionarias”. Participando de su tercer encuentro nacional, tengo la oportunidad de dialogar con sus integrantes sobre los colores y sabores de ese feminismo popular. Lela Melero dice: “Lo llamamos feminismo popular, porque queremos diferenciarnos de un feminismo de derecha, elitesco, blanco, europeo, académico; que ha tributado a la lucha de las mujeres, pero desde una acera en donde nosotras no nos reconocemos. Es popular, porque es desde la comunidad, desde los sectores más marginados, desde las mujeres negras, pobres, que cuestionan la opresión desde la opresión y no desde un aula. Un feminismo que construye identidad y reivindica lo popular, pero lo cuestiona también, porque no todo lo popular es bueno. Es un feminismo con una identidad crítica, y crítica de sí mimo también”. Lela explica desde su experiencia: “La revolución bolivariana hizo un vuelco de 360º en la vida de mi barrio, de los sectores más marginados del país. Nos sacó a las mujeres de lo privado. Las mujeres en la vida popular nos hemos politizado. El tiempo libre se ocupó en el tiempo colectivo, del trabajo y del activismo, en la vida comunal, pero tenemos las dificultades propias de una sociedad en la que todavía es difícil participar. En el andar nos hemos dado cuenta que el feminismo debe ser sexo género diverso. Al ser una propuesta disidente, incluye a esas subjetividades”. Carmen Lepage agrega: “Nosotras vamos pendientes de quienes están en la base de la revolución chavista. Ahí queremos debatir, formarnos, y construir una vaina que está en tránsito, en construcción. No estamos pendientes de quienes ya tienen sus privilegios sólidos”.

Yolanda Saldarriaga, también aporta al paisaje de este río:

“Este feminismo popular, no se preocupa por crear categorías complicadas sino por hacer trabajo concreto en el territorio, y de aprender unas de las otras. Nos acompañamos de manera amorosa, afectiva. Desde la experiencia de educación popular, hemos venido creando la escuela de feminismo popular, un proceso organizativo que articula colectivos, organizaciones mixtas o de mujeres, de sexo-género diversidad, que pensamos que el feminismo que necesita el chavismo, el proceso revolucionario, es un feminismo del pueblo”.

Ellas recuerdan que fue Hugo Chávez, el primer presidente latinoamericano en asumirse como feminista. En el Encuentro de los presidentes y los Movimientos Sociales del ALBA, realizado en el Foro Social Mundial de Belen do Pará, en el año 2009, sorprendiendo incluso a las propias feministas Hugo Chávez expresaba: “Yo fui evolucionando en mi pensamiento. Yo ahora me he declarado feminista. Soy feminista. Y digo más. Creo con todo respeto, que un verdadero socialista, tiene que ser, feminista.”

La propuesta central del feminismo popular, en Venezuela, es la de creación de las comunas antipatriarcales, que inventan modalidades de poder popular, en las que el pueblo organizado autogestiona tanto el plano de la producción como de la reproducción de la vida (ver recuadro).

Un feminismo para defender la paz
Ramiro Zardoya

Ramiro Zardoya

En nuestro continente, el capitalismo héteropatriarcal y colonial, se ha impuesto violentamente a través de genocidios, guerras, invasiones, golpes de estado. Los cuerpos de las mujeres han sido un blanco principal de esas políticas. La feminista colombiana Paola Salgado Piedrahita, integrante del Congreso de los Pueblos, fue encarcelada junto a doce compañeros/as de su movimiento, en lo que es considerado un “falso positivo judicial” (lo que en Argentina se considera una “causa armada”). En el marco de su participación en la mesa de Feministas Latinoamericanas en Resistencia realizada en la Plaza de las Acciones Feministas en el Encuentro Nacional de Mujeres, Paola reflexionaba: “Somos trece mujeres y varones acusados en este juicio mediático como terroristas y rebeldes, pero la cara visible de alguna manera ha sido el rostro de una mujer feminista, acusada de ser “abortera”, “asesina de niños”, y que ahora “pone bombas en la capital”. No es gratuita la mediatización del cuerpo y la imagen de las mujeres, para seguir vendiendo la idea de que el enemigo está en cualquier lado, que puede tener rostro de mujer. Se acusa a través de este juicio, y se pone bajo sospecha, a las mujeres que se paran para decirle al Estado sus cuantas verdades, a las que defienden a otras mujeres que reclaman sus derechos, específicamente a las que defienden el derecho a abortar en condiciones legales y seguras. Una de las formas de estigmatizar al movimiento social ha sido ligarlo a la lucha armada, creando una excusa para luego ser encarcelados, asesinados, o desaparecidos. Este proceso también apunta a estigmatizar a los movimientos de mujeres, para neutralizar las denuncias de las mujeres que han sido victimizadas por la violencia sexual en el marco del conflicto armado, por parte de los grupos paramilitares y por parte de las fuerzas militares del Estado”.

Carolina Pineda, del Congreso de los Pueblos, recuerda a su vez que “la militarización del territorio afecta a las mujeres, incrementa la violencia sexual. Hace poco tiempo salió el caso de los militares norteamericanos que violaron a muchas niñas. La presencia de los batallones en cada una de las regiones, lleva a que se fragmenten los vínculos sociales, familiares, pero sobre todo los de las mujeres jóvenes. Las niñas son abusadas sexualmente, se dan muchos casos de embarazos no deseados, de abortos, de una situación alterada por la presencia de los militares”. Agrega Paola que “si bien es cierto que el cuerpo de las mujeres se utiliza como instrumento y como botín de guerra, el control del territorio por parte del Estado a partir de las fuerzas militares y paramilitares, también exacerba las formas de control sobre la vida cotidiana de las mujeres, para mantener un statu quo sobre los estereotipos y los roles de género, la sexualización dual de la sociedad. Hay una regularización de la vida alrededor de los códigos de conducta, de vestimenta, y los tipos de castigo que sufren las mujeres al eludir esa normalización de la vida”.

Marieta Toro, de Marcha Patriótica, refuerza con datos precisos el alcance de esta guerra. “Sesenta años de guerra del Estado Terrorista colombiano contra el pueblo, han dejado hasta el momento más de seis millones de desplazados y desplazadas, de las cuales más del 70% son mujeres, niños y niñas, más de 250 mil asesinados/as, más de 200 000 desaparecidos/as. Hay en las cárceles 9500 presos y presas políticas que siguen resistiendo, y que le dicen a ese Estado que no van a poder con nosotros y nosotras. Las mujeres colombianas dijimos que no parimos más hijos e hijas para la guerra”.

En México, la guerra no fue declarada, pero ahí está. Mónica Mexicano, de la Asamblea de Mexicanxs en Argentina, nos dice: “Cada 3 horas y 25 minutos muere asfixiada, violada, pateada, quemada, mutilada, apuñalada, envenenada, con los huesos rotos o balaceada, una mujer. En las últimas tres décadas, hay más de 40.000 mujeres muertas. Estamos hablando, en menos de diez años, de 80.000 personas desaparecidas, de 200.000 asesinadas, de más de 300.000 personas desplazadas en México, y de una cantidad indeterminadas de comunidades indígenas que han quedado como fantasmas. Nuestra lucha es por la vida, por cuidar y defender nuestros cuerpos y territorios. Una de las experiencias es la de las mujeres de Ostula, que participan de las autodefensas para evitar ser víctimas del narcotráfico, del terrorismo de estado, y de los feminicidios y de los crímenes contra las mujeres. El Estado mexicano nos quiere hacer creer que los responsables son el crimen organizado, el narcotráfico. Pero no es cierto. Lo que está pasando es una complicidad directa entre el Estado y los narcos, porque tienen los mismos intereses. Quieren nuestros territorios y los quieren sin nosotrxs. Quieren apropiarse de nuestros bienes. Por eso en México las feministas, las mujeres organizadas en nuestras comunidades y pueblos decimos: frente a la violencia, organización y autodefensa”.

Ni golpes de Estado ni golpes a las mujeres

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Los ríos del feminismo popular parecen salirse de su cauce en las honduras del continente. Sin embargo, en esas experiencias, el vértigo del precipicio detona una fuerza incontenible de mujeres de pueblo. La memoria del agua, se hace de muchos afluentes. Laura Zuniga es hija de Berta Cáceres, líder del COPINH (Consejo de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras), una de las mujeres emblemáticas en la resistencia al golpe de estado, y en la lucha contra las políticas extractivistas, en particular en los últimos años en la defensa que el pueblo lenca está realizando del Río Gualcarque, frente a los intentos de la empresa china, Sinohydro, y de DESA, una empresa del estado hondureño, de represarlo. Berta Cáceres ha venido sufriendo persecuciones, cárcel, judicialización, agresiones patriarcales. Ella se levanta de cada golpe, y es parte del feminismo indígena que nos enseña que nuestros ríos, como nuestros cuerpos y territorios, tienen que ser defendidos ante las políticas colonizadoras y patriarcales. Laura trae el mensaje de Berta, denunciando que una vez más están sufriendo como pueblo lenca la persecución de sus comunidades. En Río Grande se intenta instalar una represa, contra la voluntad de la comunidad y de las mujeres que cuidan y defienden la vida.

Daniela Galindo es joven, feminista, también hondureña. Denuncia al Estado patriarcal nacido del golpe de estado, en primera persona: “A partir del golpe de estado se prohibió la pastilla del día después. Es el único país latinoamericano en el que están prohibidas las PAE (Píldoras Anticonceptivas de Emergencia). Las feministas luchamos por nuestro derecho a decidir sobre nuestros cuerpos”. Toma aire y exclama: “Yo acuso al Estado patriarcal, de que la mayoría de mis amigas y yo hemos sufrido violencia sexual de niñas. Yo, desde los nueve años, y por dos años consecutivos, sufrí violencia sexual por parte de mi padrastro. Esos crímenes son parte de la violencia patriarcal. También quiero hablar de la campaña que estamos haciendo contra el abuso doméstico que se llama “Somos Trabajadoras” y la consigna es “Ni gatas, ni nachas, ni tus muchachas”… Mi madre salió del campo cuando tenía diez años, para trabajar. Se encontró con un montón de hombres que abusaron de ella. Fue la “puta” de la familia. La mujer que trajo cuatro hijas mujeres, todas de diferentes padres. A la que recriminaron y pusieron aparte. Eso es el patriarcado y así son las políticas de muerte en Honduras. Pero también estamos las mujeres, las feministas, que nos organizamos y hemos creado esa hermosa consigna: “Ni golpes de estado, ni golpes a las mujeres”, que seguimos levantando como síntesis de nuestras luchas.

El control de nuestros cuerpos
Ramses Morales Izquierdo

Ramses Morales Izquierdo

Silvia Ribeiro, investigadora uruguaya residente en México, integrante del grupo ETC, recorre el continente dialogando con las y los integrantes de Vía Campesina, y de comunidades indígenas. Es parte de procesos de educación popular, de comunicación popular, de diálogo de saberes, de investigación y creación de redes de luchas populares.

En la mesa de Feministas Latinoamericanas comparte sus reflexiones: “Quiero hablar de otra invisibilización que nos resulta difícil de percibir. La agricultura y la alimentación, siempre han estado en el área de creación de las mujeres. Desde Monsanto hasta los grandes supermercados, quieren apoderarse de nuestros cuerpos, a través de la alimentación y de la corporativización de la agricultura. Tratan que no esté en manos de las comunidades, de las poblaciones, de las mujeres. Con la invasión de los transgénicos, se han hecho pruebas a mujeres en lactancia en Estados Unidos y Brasil, y el 100% de las mujeres muestreadas en zonas de soja tienen residuos de glifosato en la leche materna. Hace poco se hicieron pruebas -acá en Mar del Plata las hizo BIOS-, y el 90% de los muestreados tiene residuos de agrotóxicos en la orina. Los problemas más graves de salud que hay en nuestra sociedad: cánceres, diabetes, obesidad, hipertensión, cardiovasculares, están relacionados a un sistema de agricultura con transgénicos, y a una alimentación basada en eso”.

También Fátima González, joven integrante de CONAMURI (Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas) de Paraguay, denuncia el peso que tienen las corporaciones no sólo en la supresión de la soberanía sobre cuerpos y territorios, sino sobre la propia soberanía política. En el 2012, el golpe de estado que derrocó a Fernando Lugo, tuvo entre sus inspiradores a corporaciones como Monsanto y Río Tinto. Dice Fátima: “El gobierno de Horacio Cartes es fruto de un golpe de estado de las transnacionales, que arrancó con una masacre que mató a once compañeros que estaban luchando por el derecho a la tierra. Las tierras de Marina Cue, en Curuguaty, son del Estado paraguayo. Deberían estar destinadas a la Reforma Agraria, para producir alimentos sanos. Pero el estado paraguayo asesinó a los compañeros, y los desalojó, para destinar esas tierras a la soja de Monsanto, esa transnacional que nos mata, nos envenena, nos expulsa de nuestros territorios y nos criminaliza. Somos feministas campesinas e indígenas, mujeres que defendemos la tierra, las semillas nativas y criollas, la soberanía alimentaria. Educamos en agroecología y la practicamos. Somos también quienes estamos resistiendo el golpe de estado, su continuismo, y les pedimos una vez más la solidaridad”.

En la Mesa Latinoamericana, convocada por la coordinación feminista de la Escuela de Derechos de los Pueblos del Abya Yala, donde confluimos diversos colectivos del feminismo comunitario y popular de Argentina, hubo otras voces. Hubo también muchos cuerpos y cantos, mucha energía fluyendo como el agua, y buscando nuevos encuentros.

Los ríos del feminismo popular se van cruzando en su recorrido con otros ríos, como los del feminismo comunitario aymara, en Bolivia, o el feminismo maya xinka en Guatemala. Por momentos confluyen, por momentos divergen. Si hay algo que representa estos esfuerzos, es esa síntesis de cuerpos y territorios que se rehacen en la acción colectiva, solidaria, en la memoria de las mujeres del pueblo, en su andar. Son ríos que nos hablan desde la historia de mujeres que se acompañan a buscar agua, a enfrentar la violencia machista, a abortar, a presentarse frente a los tribunales patriarcales. Ríos en movimiento, en movimientos, en colectivas, en comunas, en las que a pesar de las piedras, y de las grandes represas que buscan detenerlos, se sigue regando el horizonte feminista y socialista.

Victor Ndula

Victor Ndula

O país das mulheres

O serviço heróico durante a trágica guerra da Tríplice aliança modelo ainda atual para as novas gerações 

residentas

por Beatriz Gonzáles de Bosio
Universidade católica «Nuestra Señora de la Asunción», Paraguai


«Mesmo quando já o jovem e o ancião/ o filho e o irmão e o esposo,/ morreram para sempre… e na planície/ reinou dos sepulcros o repouso,/ ela empreendeu o regresso, com o peito/ da nostalgia pátria oprimida,/ e em vão perscrutava na sua casa destruída/ o antigo lugar do ser amado». Assim, na poesia La Mujer Paraguaiana, Ignacio A. Pane (1880-1920) celebrava a mulher paraguaia.

A guerra guazu – «Guerra grande» em guarani, ou guerra da Tríplice aliança – continua a ser para a população paraguaia o episódio mais traumático da história nacional, a fase histórica mais dramática da América Latina desde as suas origens até aos nossos dias. Por isso foi chamada também «a guerra da tríplice infâmia» (Juan Bautista Alberdi) o «genocídio americano».

Foi um evento que marcou um antes e um depois. Um antes, o Paraguai como autêntica potência nos seus eixos centrais, ou seja, poder econômico e tecnológico, respeito regional e presença soberana. Um depois, marcado ao contrário pela desolação, ruína, dependência, submissão, embora num Estado de democracia e de liberdade, mesmo se imperfeitas.

Era o ano de 1865 quando o presidente do Paraguai, o marechal Francisco López, foi envolvido num confronto militar de enormes proporções. O momento do início das hostilidades não foi o mais favorável para o país, pois o armamento moderno, encomendado na Europa, ainda não tinha chegado. E nunca mais teria chegado: agora, certamente não iria superar o bloco que estava à sua espera nos canais de acesso. Deste modo, os imponentes meios militares, ainda em construção na Europa, foram comprados pelo Brasil, que os usou contra o Paraguai durante o conflito.

Solano López não dispunha nem sequer de um corpo de oficiais bem treinados e com experiência de guerra: de fato, o Paraguai tinha deixado de participar nos conflitos armados a partir da batalha de Tacuary em Março de 1811, antes da independência da Espanha.

O tratado secreto da Tríplice aliança, assinado a 1 de Maio de 1865 pelo Brasil, Argentina e Uruguai, contra o Paraguai, deixou de ser secreto ainda antes do primeiro aniversário da sua assinatura: com efeito, foi publicado por extenso nas páginas de um jornal londrino.

A partir daquele momento a causa paraguaia circundou-se de uma mística defensiva e de um heroísmo inabalável. Os vizinhos gigantescos do Paraguai, desejosos de se apoderarem de novas regiões invadiram e mutilaram o território nacional.

A memória colectiva da guerra da Tríplice aliança dá ênfase especial na história oficial às mulheres paraguaias que doaram as suas joias para a causa da pátria. Mas as mulheres paraguaias, na realidade, fizeram muito mais: desempenharam um papel central cultivando a terra, assistindo os feridos, enterrando os mortos e acompanhando as tropas, como residentas ou destinadas. Não há dúvida de que as mulheres foram – e ainda são – o pilar da sociedade paraguaia.

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O presidente López e o que restava do seu exército foram seguidos de perto pelas residentas, mulheres que – obrigadas a abandonar a capital do país, Asunción, perante a ocupação e pilhagem dos invasores no início de 1869 – não tiveram outra escolha a não ser acompanhar de perto os sobreviventes e compartilhar com eles as privações, a fome e os sacrifícios indizíveis.

Foi este, por exemplo, o caso de Ramona Martínez, uma adolescente que, empunhando a espada, naquele fatídico 1869, salvou a vida a Solano López na localidade de Lomas Valentinas, permitindo que escapasse. E de Juliana Insfran de Martínez, Pancha Garmendia, María Meque, e de muitas outras mulheres corajosas.

A paz voltou e às mulheres paraguaias coube ser as reconstrutoras da pátria, ou seja, o eixo central para o repovoamento, assumindo a responsabilidade por muito tempo da atividade produtiva destinada a obter os alimentos básicos. Tudo foi realizado de forma anônima, mas muito significativa.

Portanto, devem ser recordadas as figuras do pós-guerra como Asunción Escalada, Rosa Peña de González, Adela e Celsa Speratti: mulheres dedicadas à instrução que, superando mil obstáculos para educar várias gerações, foram paradigmas de dedicação e de coragem. Com efeito, graças a elas, as meninas e as jovens paraguaias receberam a mesma educação primária e secundária dos meninos. Uma igualdade que na época não era minimamente difundida.

Ao refletir sobre o nosso porvir histórico como nação, surpreende-nos o papel que as mulheres paraguaias desempenharam na história do país: um papel que foi portanto preponderante desde o início. Não é por acaso que o Paraguai é definido, entre as várias formas, «o país das mulheres», como consta no título da obra-prima sobre a história social paraguaia escrita pela historiadora Barbara Potthast em 1996.

Mesmo na outra guerra, a do Chaco, combatida contra a Bolívia entre 1932 e 1935, as mulheres encarregaram-se da agricultura e nunca como então houve tanta produção alimentar. No entanto, apesar destes sucessos, deste heroísmo, desta história, as mulheres paraguaias ainda hoje lutam contra a pobreza e a exclusão.

A equação demostra-nos que mulher e falta de educação dão como resultado a pobreza. Por conseguinte, qualquer iniciativa do Estado que queira ser fecunda deverá necessariamente ter como objetivo o campo educativo, a fim de superar o ciclo da pobreza e da exclusão numa sociedade assimétrica e polarizada. Um ciclo que se tornou uma ferida aberta.

Ao recordar as mulheres heróicas de ontem, façamos com que as mulheres de hoje obtenham aquele reconhecimento que lhes foi dado pelo Papa Francisco: a visita ao nossa amado Paraguai faz vibrar o nosso povo de profunda emoção, alegria e esperança. L’Osservatore Romano

“La paraguaya”, de Blanes, muestra la desolación de las mujeres en la guerra “La paraguaya”, de Blanes, mostra a desolação das mulheres na guerra

UNA VIDA DIGNA: UNA VIDA LIBRE DE VIOLENCIAS MACHISTAS

Arton

Arton

A diario, en todas partes, y las 24 horas del día, las mujeres sufrimos agresiones por parte de los hombres, ya sean verbales, psicológicas o físicas. La violencia machista es ejercida con total impunidad, y es invisibilizada y naturalizada por una sociedad que fomenta la presión, el control y el acoso hacia nosotras.

En el año 2013, fueron 54 las mujeres asesinadas por sus parejas, y ya van 44 víctimas durante este año. Sin embargo, violencia machista no es aquella que se ejerce sólo a través del maltrato físico y el asesinato. Las jóvenes de hoy día caminamos inseguras por nuestras ciudades, sufrimos comentarios obscenos y soportamos opiniones acerca de nuestro físico o nuestra forma de vestir, opiniones que nunca pedimos.

25N machismo

Violencia machista es que toda la sociedad se sienta legitimada a decirnos cómo debemos comportarnos y cómo debemos vestir. Las mujeres en general, y las jóvenes en particular, sufrimos nuevas formas de control sobre nuestras vidas: han aparecido nuevas formas de violencia contra las mujeres.

Las nuevas tecnologías nos facilitan la vida en muchísimos aspectos. Para nosotras, igual que para la mayoría de las personas, son herramientas fundamentales que usamos a diario. La comunicación y la conexión con el mundo a través de las redes sociales nos posibilita conocer lo que está pasando en cualquier lugar del mundo al segundo.

Sin embargo, somos conscientes de que las redes sociales y los nuevos canales de comunicación también sirven para ejercer la violencia machista: muchas jóvenes sufren por parte de sus parejas, amigos o incluso desconocidos, algún tipo de acoso, control o presión a través de estas redes sociales, convirtiéndose en un medio más para ejercer la violencia machista.

El control sobre nosotras siempre ha estado presente, pero ahora la forma de ejercerlo es mucho más constante, directa y sencilla: dónde estás, con quién, qué haces, por qué no me contestas. Se justifican, en nombre del amor, los nuevos escenarios de poder que se dan en las parejas.

La violencia machista no se ve reflejada solo en los golpes, sino también en los celos, el control, la coerción y el acoso. Se da hoy, además de en la calle y en nuestro centro de trabajo o estudio, en las redes sociales. Los nuevos medios de ejercer la violencia machista se cuelan a través de estas nuevas formas de comunicación y actúa directamente sobre nuestras vidas. Esta nueva forma de entender y ejercer el machismo pasa desapercibida para la mayor parte de la sociedad, ya que es algo que se ha instalado, sin darnos cuenta, en nuestro día a día.

Es necesario acabar con la violencia machista en todas sus formas, combatirla y expulsarla de nuestros cuerpos y nuestros espacios, porque nos hace presas de la inseguridad y del miedo. Porque ser presionadas, controladas, acosadas, oprimidas, forzadas y culpabilizadas, es violencia. Por todo ello, el día 25 de noviembre, Día Internacional contra la violencia machista, reivindicamos nuestro derecho a la dignidad y a la vida.

Por una vida que merezca ser vivida, acabemos con las violencias machistas.

#PorUnaVidaLibreDeViolenciasMachistas

 

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Joaquim Barbosa e a “revolução” da elite branca contra Dilma

 

A oposição no Brasil é branca. Foto na Paulista de Marlene Bergamo

A oposição no Brasil é branca. Foto na Paulista de Marlene Bergamo

jornalistas livres negro

 

Informa o Brazil Post que Joaquim Barbosa, ex-presidente do STF (Supremo Tribunal Federal) “e algoz da turma do mensalão, saiu da batcaverna mais uma vez.

Joaquim Barbosa, apelidado de “Batman”, comparou o clima das manifestações golpistas pró-impeachment de Dilma Rousseff com as revoluções francesa e russa e o golpe de Deodoro.  Disse Joaquim:

“1) quem diria em maio de 1789 que aquele convescote estranho realizado em Versalhes iria desembocar na terrível revolucão francesa?

2) em 15/11/1889, nem mesmo o general Deodoro da Fonseca tinha em mente derrubar o regime imperial sob o qual o Brasil vivia. Aconteceu.

3) nem o mais radical bolchevique imaginaria lá pelos idos de 1914 que a 1a guerra mundial facilitaria a queda do regime czarista da Rússia”.

São estranhas comparações. Nas revoluções francesa e russa, o povo pediu o fim da tirania, e a ordem unida exaltada por Joaquim reivindicou um golpe nazista, o retorno da ditadura que derrubou o governo popular de Jango.

O símbolo nazista na marcha unida exaltada por Joaquim

O símbolo nazista na marcha unida exaltada por Joaquim

 

A Proclamação da República, no Brasil, não teve a presença do povo. Um golpe militar que fez ditador o monarquista Deodoro, que não mexeu com as estruturas do poder, notadamente com o feudalismo agrário escravocrata, revoltado contra a assinatura da Lei Áurea pela princesa Isabel.

Talvez Joaquim tenha vislumbrado, liderando a multidão branca, a mítica Marianne

A Liberdade conduzindo o povo, por Eugène Delacroix

A Liberdade conduzindo o povo, por Eugène Delacroix

 

Muitos imaginam Marianne conduzindo o povo na Revolução Francesa.

A Liberdade Guiando o Povo (La Liberté guidant le peuple) é uma pintura de Eugène Delacroix em comemoração à Revolução de Julho de 1830, com a queda de Carlos X. Uma mulher, representando a Liberdade, guia o povo por cima dos corpos dos derrotados, levando a bandeira tricolor da Revolução francesa em uma mão e brandindo um mosquete com baioneta na outra.

Delacroix retratou a Liberdade, tanto como figura alegórica de uma deusa como uma mulher robusta do povo.

O monte de cadáveres atua como uma espécie de pedestal de onde a Liberdade passa. O barrete que ela usa simbolizou a liberdade durante a primeira Revolução Francesa, de 1789-1794.

Litografia colorida, da autoria de Cândido da Silva (?) alusiva à revolução que deflagrou na noite de 3 de Outubro de 1910, em Lisboa, e que conduziu à proclamação da República Portuguesa.

Litografia colorida, da autoria de Cândido da Silva (?) alusiva à revolução que deflagrou na noite de 3 de Outubro de 1910, em Lisboa, e que conduziu à proclamação da República Portuguesa.

 

A miragem de Joaquim da Revolução, na ordem unida de 15 de março último, adveio da nudez de algumas manifestantes

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Joseph Jurt no ensaio O Brasil: um Estado-nação a ser contruído, apresenta  O papel dos símbolos nacionais, do Império à República:

“Segundo José Murilo de Carvalho, houve várias razões para que uma tradição de alegoria feminina da República não se desenvolvesse no Brasil. Por um lado, a função da mulher como símbolo foi, neste país, muito marcada pela tradição católica, já ocupada pela figura da Maria. A República impôs, de acordo com o programa de laicização dos positivistas, a separação entre Igreja e Estado; sendo assim, os meios eclesiásticos opuseram, com sucesso, a figura da Virgem àquela da República. Por outro lado, se, por ocasião da Revolução Francesa, mas também de movimentos revolucionários posteriores na França, as mulheres tinham tido um papel ativo, no Brasil, à mulher somente era atribuído um papel na vida privada, e nenhum na vida pública. Mesmo no Partido Republicano, relativamente radical, não havia membros femininos.

Para além disso, na França, tratava-se de substituir com vigor uma figura masculina forte e multissecular, aquela do Rei. A iconografia francesa da mulher como alegoria da República provém diretamente da alegoria clássica da Liberdade. No Brasil, em uma República cujo suporte mais importante era o Exército — quase todos os cargos da Administração anteriormente civil seriam ocupados por oficiais no Brasil — a Liberdade (como valor e como alegoria feminina) não podia ser propulsada ao primeiro plano, ocupado por valores mais militares de disciplina e ordem.

Foi antes a princesa Isabel, regente do Brasil no momento em que seu pai, o imperador Pedro II, esteve ausente por razões de saúde, que pôde encarnar a realidade da liberdade. Foi sob sua regência que a Lei Áurea foi de fato promulgada, em 1888, marcando a abolição total da escravatura no Brasil. A princesa é glorificada com o título de “Isabel, a Redentora” e figurava em medalhas do movimento abolicionista, tendo em uma das mãos os grilhões rompidos e, na outra, o decreto da abolição. Mas os representantes da nova República não iriam promover uma figura tão importante da defunta monarquia”.

Tanto que em São Paulo, a polícia do governador Geraldo Alckmin terminou prendendo uma manifestante por atentado ao pudor.

Rafael Alves Pinto Junior também cita José Murilo de Carvalho: o instrumento clássico de legitimação de regimes políticos no mundo moderno é, naturalmente, a ideologia, a justificação racional da organização do poder. Se por um lado, como discurso ideológico, a República permaneceu inscrita no polígono das elites no Brasil, por outro lado, seus partidários encontraram na construção de uma imagética republicana, um eficaz instrumento de manipulação de todo um imaginário social.

A partir deste ponto,  a obra Alegoria da República, pintada por Manoel Lopes Rodrigues (1861-1917) em 1896, como um dos elementos de construção de um imaginário e uma visualidade que correspondesse aos ideais do regime iniciado em 1889.

MANUEL LOPES RODRIGUES (1861-1917)- Alegoria da República, 1896. Óleo sobre tela, 230 x 120 cm. Salvador, Museu de Arte da Bahia.

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