BRASIL Dos modelos agotados

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Editorial de Correio da Cidadania
In Rebelión/ Traducción de Ernesto Herrera

Cortes draconianos en derechos como seguro-desempleo, jubilación, salud, educación; un presupuesto comprometido con el pago de los intereses y amortizaciones de la deuda pública; un gobierno frágil, sin base social después de promover un grosero fraude electoral y entregar cada día un anillo al capital financiero y el PMDB, con el fin de apartar las amenazas de impeachment; un congreso Nacional cada vez más distante de los anhelos de la mayoría de la población, manipulado por un maestro de la pequeña y corrupta política, conductor de la bancada BBB (Buey, Bala y Biblia), para dar un el tono de un fundamentalismo conservador inédito desde la redemocratización.

Pero esta crisis, que tiene nombres como Dilma Rousseff y Eduardo Cunha entre sus protagonistas, no es un episodio coyuntural. Estamos delante de una crisis de naturaleza estructural, producto de una suma o incluso convergencia de crisis.

Paulo Baraky

Paulo Baraky

En líneas generales, presenciamos el agotamiento de dos “modelos”.

El primero se refiere al padrón de “desarrollo” del lulismo, esto es, la conducción de políticas públicas con moderada intervención del Estado y valorización del salario mínimo. Anclado en una coyuntura comercial externa favorable a los commodities, ese modelo permitió a los sucesivos gobiernos petistas dinamizar el mercado interno y contener o retardar por esa vía los efectos más devastadores de la crisis económico-financiera internacional.

El “problema” de este modelo es que nunca, en momento alguno, rompió con la dependencia y subordinación del presupuesto del país al capital financiero. Religiosamente, los intereses fueron pagados en nombre de la impagable “deuda pública”. A lo largo de la era lulo-petista, ni siquiera se intentó realizar una auditoría de la deuda. La fecha de viabilidad de este modelo un día llegaría.

Bastaron la desaceleración de este escenario externo antes muy favorable, la debacle económico-financiera en el sur de Europa, la presión del capital financiero y de la especulación por los intereses más altos y el compromiso con ajustes y cortes sociales y laborales, para hacer crujir el llamado “neodesarrollismo”.

Tal fragilidad cargada por el modelo queda evidente con el hecho de que, de la noche al día, la decantada estabilidad económica del lulismo dio lugar al trípode achique salarial-inflación-desempelo, que vuelve a ensombrecer el cotidiano de la clase trabajadora brasilera.

La segunda de las crisis es el modelo institucional de representaciones políticas. El agotamiento de las instituciones de la Nueva República, heridas por el modus operandi de la corrupción, desde el financiamiento de las campañas electorales hasta los grandes negocios en la cadena de relaciones promiscuas entre grandes conglomerados capitalistas y el Estado, gobiernos y partidos de ese orden.

La superación de tales crisis y la superación de los dos “modelos” mencionados, con una ruptura de paradigmas. Brasil precisa de otro proyecto de país, que parta de bases democráticas e igualitarias, política y socialmente.

Al contrario de la lógica del ajuste neoliberal, a la cual el gobierno Dilma amarra al país como remedio para la crisis, precisamos de un modelo de desarrollo soberano, que, para comenzar, establezca líneas de ruptura con la dominación del capital financiero, haga girar el presupuesto estatal en torno de lo social, establezca una reforma tributaria progresiva, capaz de tasar la fortuna del Capital, y amplíe la oferta y la garantía de los derechos del pueblo.

Al contrario de la lógica de restricción de derechos democráticos y civiles -propuesta cínicamente por la derecha “social”, que sale a las calles a pedir el impeachment de Dilma, así como por el corrupto presidente de la Cámara de Diputados y sus agresivas bancadas, en relación a las mujeres, LGTB, negros-, Brasil precisa de más derechos y más democracia. Pero, una democracia verdadera, no manipulada, otra institucionalidad, con amplia y plural participación popular y poder decisorio sobre los grandes temas del país.

No será por producto de la casualidad pasar a pensar en otro proyecto, asentado en tales bases, para empezar la caminada. Se trata de un largo trayecto, que dependerá fundamentalmente de la recomposición de un bloque histórico de las clases explotadas y oprimidas, de una pluralidad de actores sociales combativos y progresistas, juntando movimientos sociales independientes (que no sean cooptados, ni correa de transmisión de gobiernos y Estado), al lado de los partidos de una renovada izquierda.

Es un desafío de largos años, que demandará luchas sociales independientes, mucho diálogo entre los actores del mismo campo político de oposición al orden y mucha formulación estratégica.

En tiempos que se presentan hostiles, dada la ofensiva económica conservadora contraria a los derechos democráticos, se profundiza, por otro lado, una tremenda crisis estructural. Es exactamente en esta crisis que podrá reflorecer la esperanza y el espacio para la construcción de un proyecto igualitario.

http://www.correiocidadania.com.br/

por Genildo Ronchi

por Genildo Ronchi

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Colombia y Venezuela. “Espero una solución por los pobres de ambos lados”

La jefa de la cadena latinoamericana de televisión analiza la tensión, relata la historia de la violencia en Colombia cruzada con la historia de su propia vida y pide una “solución estructural” con una nueva política de fronteras.

patricia villegas

Por Martín Granovsky
Página/12 En Venezuela/ Desde Caracas

Dice la presidenta de Telesur que está satisfecha con las transmisiones a varios idiomas mientras hace la cuenta regresiva porque ya se viene la cobertura de la visita papal a Cuba y los Estados Unidos. Patricia Villegas parece en su casa cuando muestra el juguete nuevo, un estudio circular que permite varias configuraciones y que marcará la superación de otro estudio famoso, que ven desde hace muchos años los televidentes: el que tiene una columna en el medio porque así era el edificio. Pregunta si en la Argentina lo más probable es que haya una o dos vueltas. Por curiosidad política pero también para planear la cobertura, porque el mismo 25 de octubre volverá a votar Guatemala y habrá elecciones en Haití. Cuando al fin se sienta, cerca de un monitor que mirará de reojo varias veces y por el que desfilan noticias de último momento junto con las imágenes del bombardeo contra Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, Patricia Villegas define que ante la complejidad de los problemas elige plantarse “como una persona joven que no tiene todas las respuestas”.

–¿Las respuestas a qué?

–A problemas difíciles. Nací en 1974. Soy joven. Para mí también Hugo Chávez era joven. Y Néstor Kirchner era joven. Probablemente, ya que hablamos de problemas y de respuestas, hoy sea más entendible el proceso de la violencia colombiana. Pero todos los habitantes de Colombia tenemos una huella de violencia en nuestra vida. Yo perdí a mi papá porque mi papá fue una víctima de la violencia y creo que eso marcó lo que soy, lo que creo y el lugar donde me pongo. Cada vez que hablo de coherencia hablo de la posición que uno tiene en la vida, en mi caso marcada por la muerte y por el dolor de crecer sin padre. La mía no es la posición del que tiene sino la del que necesita. Por eso entiendo también qué es necesitar la quincena o no tener para pagar la matrícula. Todo eso tiene que ver con lo que uno es. Claro, no todo el mundo lo procesa de la misma manera.

–¿Por qué terminaste en Venezuela?

–Estudié cine en San Antonio de los Baños y Comunicación en Cali. En un momento estuve entre la academia y trabajar con las comunidades del sur de Colombia. Cuando iba a terminar la carrera me ofrecieron un trabajo en el canal del Estado en Cali. Necesitaba trabajar y empecé a trabajar. Ya tenía la idea de la comunicación como un derecho fundamental. Como me tocó enfrentar realidades duras siempre tuve una idea más colectiva que individual. Cuestionaba, desde mi condición mi mujer, los estereotipos. A fuerza de mi historia personal aprendí a cuestionar el mundo y a tratar de no quedarme de brazos cruzados. Cuando me lo llevo a Simón a Telesur y me pregunta dónde vamos, le digo que a trabajar para cambiar el mundo. Trabajar en una causa más que en un trabajo. Conozco Venezuela pero conozco bien Colombia. Yo no quiero ser publicista de un país, quiero ser relatora. Contarlo.

–¿Cómo es Colombia?

–Conviene saber que detrás de nuestra cordialidad y nuestra facilidad de palabra hay un país hecho añicos. Parte de lo peor que pasó con la guerra es que una buena parte de la sociedad no quiso ni quiere ver la guerra. Hay niños pidiendo pero no los ven. Gente durmiendo en la calle y tampoco la ven. Otros muriéndose de hambre, invisibles. Ese tipo de cosas te pudre. Quiero relatar también eso. Lo mío no es meterme en la escandalera de la guerra. A veces uno construye más quedándose calladito y haciendo. Por ejemplo Telesur hizo mucho por Colombia pero no necesitamos ni que lo reconozca. Lo hicimos porque estábamos convencidos.

–¿Qué hicieron?

–Siempre intentamos hacer un trabajo serio de cobertura del conflicto. Hoy el mundo entero reconoce que hay conflicto y por eso apoya el proceso de paz con las guerrillas. Pero no pasaba lo mismo hace unos años.

–Ahora no están solo el conflicto y la negociación entre el gobierno colombiano y las FARC. También está el conflicto entre Venezuela y Colombia.

–Espero que se resuelva.

–¿De qué manera sería la solución?

–Con medidas estructurales. Con política de frontera de ambos lados. Yo espero una solución por los pobres y los humildes de ambos lados. Es inmoral que se diga que Venezuela no haya apoyado a Colombia. La discusión no puede ser tan torpe y tan cínica, porque no ayuda a la gente. El gobierno venezolano es el que va a ayudar. No es lindo ver a la gente salir con sus cosas en la cabeza. Esperemos que regrese. Tengo un hijo grancolombiano, ¿no?

–¿Se llama Simón por los motivos obvios que uno puede suponer?

–Exactamente. Se llama Simón José. Pero Bolívar no estuvo siempre presente. El niño no tuvo nombre hasta una semana antes de nacer. Se llamaba bebecito. Decíamos: “Vamos a ponerle un nombre que siempre nos una”. Mi esposo quería que se llamara lo que fuese siempre que el segundo nombre fuera José. Yo quería ponerle solo Simón. Pero resulta que Bolívar se llamaba Simón José de la Santísima Trinidad, y entonces no pude decir que no al nombre de José. Perdí por la fuerza de la historia.

–¿El bebé llegó con la Santísima Trinidad?

–No, tanto no. Ni siquiera se me había ocurrido antes tener un hijo. Mi maternidad tiene que ver con la esperanza, con la ilusión, con Venezuela, con Chávez. Amén de haber encontrado la persona indicada, por supuesto.

–¿Cuánto lo trataste a Chávez?

–Mucho menos de lo que mucha gente cree, y mucho más de lo que me imaginé antes. Yo vine a trabajar a Telesur pero detrás de esa decisión había un enorme interés en conocer la Venezuela de Chávez. Desde afuera era muy difícil hacerse una idea real de qué estaba pasando en el país. En ese momento ni se me cruzaron Chávez, la maternidad y Simón.

–O sea que por deseo de saber tu vida cambió.

–Venezuela es algo muy fuerte. Y siempre apoyó el proceso de paz. En la Navidad de 2007 yo no me moví de Caracas. Me pareció que si los venezolanos no estaban teniendo Navidad yo tampoco debería tenerla.

–¿Estás hablando de la Navidad en la que Kirchner viajó a Colombia con Marco Aurélio García a ver si conseguía la liberación de rehenes de las FARC?

–Sí. Ese 24 Chávez se fue a cenar algunas de las hijas de los retenidos por las FARC. Yo misma estaba en Telesur transmitiéndolo. Hablarán de cálculo, pero en Chávez había capacidad de dar. Antes que él nadie no solo en Venezuela sino en Colombia siquiera se tomó un café con esa gente. Nosotros lo vimos. Ese diciembre yo sellé mi amor por Chávez.

A Chávez lo quise mucho, como a un padre. Y lo extraño tanto como a mi padre. Que es mucho. Siempre me acuerdo del día en que se murió.

–Fuiste la que dio la noticia.

–Una casualidad. Su hermano Adán nos daría una entrevista. La iba a hacer yo. Cuando estaba en el hospital me llamaron para pedirme la antena satelital de Telesur. Naturalmente dije que sí. Y minutos después fue el anuncio de la muerte. Por eso fui la única periodista que contó al mundo lo que estaba pasando. Relaté esas primeras horas. Un increíble giro del destino: a una muchacha de Cali que se viene aquí para conocer la Venezuela de Chávez le toca contar que Chávez se murió. Al rato me llamó un sobrino desde Colombia. “Lo siento mucho, tía”, me dijo. Sabía cuánto quería yo a Chávez. Mira, me siento agradecida con la vida de haber podido estar en Venezuela y en Telesur contando lo que hemos podido contar, disfrutando, soñando, sufriendo, enojándonos. Han sido diez años muy intensos para la región y yo siento que estuve en una posición de privilegio en el sentido del cronista. Y sacando adelante uno de los proyectos que más claramente es un producto de esos diez años. Eso es Telesur, que ya no solo existe sino que hace parte del panorama de los medios en el mundo.

–Te gusta ser cronista.

–Como diría mi madre, me gusta echar el cuento.

–Telesur explica y cuenta pero su corazón político no está disimulado. ¿Cómo combinás lo que pensás con la honestidad intelectual del oficio periodístico?

–En el hacer. Todo el tiempo. Tomando decisiones. Cargas con todo eso en una mochila, en un morral. Cada decisión tiene un poco de todo eso pero sin pensarlo mucho. Es un desafío que resuelves con lo que ya llevas a cuestas. Y se forma de muchas cosas: de la experiencia propia, de la formación, de las creencias… Y del lado de quienes te has puesto.

–Ponerse de un lado y hacer periodismo. Supongo que te lo cuestionan.

–Si todo el mundo hace eso… Yo todavía doy el beneficio de la duda para algunos que no saben que lo hacen. En cambio no les doy ningún beneficio a quienes lo hacen y se hacen los que no lo hacen. Pero todo el mundo toma posición. El punto clave es la coherencia.

–¿Con qué visión?

–Uno comparte visiones y muchas veces posiciones políticas, pero no necesariamente es un siamés de aquello en lo que cree. Lo más importante es sentirse cómodo con el trabajo diario.

–¿Qué es la comodidad en ese sentido?

–Algunos creen que lo más cómodo es no pelearse con la realidad. A mí me parece lo contrario. Lo cómodo a mi criterio es pelearse con una parte de lo que pasa. Te pudre buena parte de la realidad. Te confronta. Te hace llorar. La clave es qué tanto haces para contar ese mundo de una manera rigurosa. Por eso hablo de la coherencia. Me refiero a lo que sientes y lo que piensas. En este caso tu trabajo es mucho más que tu trabajo y entonces dejas tu impronta. Cuando tú escribes en Página, tu impronta es personal. Ahí está tu firma. El mío es menos personal.

–Ejercer la presidencia, incluso de Telesur, también permite dejar la impronta. ¿Cómo?

–En un sitio como Telesur es difícil ser dictatorial. Invitas, seduces, conduces, cuestionas… Incluso provocas miradas hacia determinadas cuestiones.

–¿La dinámica de la tele hace que sea difícil ser dictatorial o que sea difícil no serlo?

–Ja ja, es difícil no serlo en decisiones de ya para ya. Por eso es importante haber tenido consensos antes. Por que a nadie le gusta la dictadura y está bien que no le guste. Menos en procesos como los nuestros. Cuando estás en instituciones que trabajan por un lucro o por vender publicidad es otra cosa. No estoy criticando, ¿eh? Ni a esas instituciones ni a quienes trabajan en ellas. Solo estoy haciendo una descripción. Aquí tienes trabajando a los rebeldes, a los que no quisieron seguir el molde. Nadie se lo quiere calar. Además se lo merece la gente que ha sido rebelde. Se merece ser respetada en lo que piensa. Aquí tenemos diversidad.

–¿Cuándo se sintetiza esa diversidad?

–Con la fuerza de los hechos. La realidad ayuda. La realidad del trabajo, digo. No estamos haciendo un documental al año sino un documental cada hora. Ese es el imperio que nos marca el ritmo sobre qué tanto puede durar una discusión.

–¿Las discusiones son sobre el oficio o sobre política?

–Sobre todo. Pasa una cosa interesante y agradable. Aquí trabajan personas de distintas nacionalidades, con una historia particular. Eso hace que fácilmente yo sepa que en Colombia parar un auto en la ruta para que te lleve…

–En argentino, hacer dedo.

–En Colombia es pedir la cola y en Cuba botella. Discutir es maravilloso entre tanta gente diferente. Pero las discusiones no son muy largas porque hay una emisión cada hora.

–Discuten cortito.

–Gracias a gente que viene de distintos lugares y de distintas posiciones ideológicas. Pensar que estamos de acuerdo con todo en todos los temas es absurdo. Hay matices y colores sobre todo ante fenómenos complejos como los que vemos hoy en el mundo. Claro, en otros momentos no hubo dudas.

–¿Por ejemplo?

–El golpe de Estado a Zelaya, el presidente de Honduras, en 2009. Nos comprometimos desde el primer minuto y transmitimos todo. Todo.

–Fue el gran hecho de instalación internacional de Telesur.

–Sí, tuvo mucho impacto. Obviamente tampoco hubo debate interno sobre qué hacer ante el intento de golpe contra Rafael Correa. Libia sí fue un desafío.

–¿El ataque norteamericano a Khadafi? ¿Cuál fue el desafío?

–Desentrañar en ese mismo momento qué había detrás. Muchos de los académicos que entrevistábamos, gente progresista incluso, relativizaba la gravedad de lo que ocurría.

–¿El dilema era cómo cubrir sin centrarte en Khadafi?

–Así dicho es fácil. ¿Cómo deskadafizas en ese mismo momento cuando sabes que lo que vendrá es peor?

–¿Y cómo sabían que vendría la desarticulación de Libia, o que vendrían más muertes?

–Lo nuestro es sencillo. Aquí tenemos imágenes. Imágenes reales. Muchas imágenes. Todos en Telesur veíamos las mismas imágenes. Prefiguraban el futuro. Y el tiempo nos dio la razón.

–¿Qué otro ejemplo de fenómeno complejo enfrentaron?

–Tomemos uno a mano: Centroamérica hoy mismo. A primera vista muchos podríamos aplaudir que haya un presidente acusado por corrupción y que hoy esté en la cárcel.

–Otto Pérez Molina, Guatemala.

–Claro, de eso estoy hablando. Pero el hecho central, ¿es un presidente en la cárcel por corrupción? ¿Sabemos bien cuál es el papel actual de la Cicig, la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala? Detrás de la Cicig están los Estados Unidos y Europa, y yo no saco conclusiones rápidas pero tampoco dejo de preguntarme dos, tres, cuatro, cinco o seis veces qué hay detrás de cada cosa. Bien: en Telesur muchos creen que estamos ante una primavera centroamericana. Yo personalmente no creo que sea eso lo que está pasando. El tiempo lo dirá. Y por suerte ahí estaremos para registrarlo.

“Las urnas y el fuego: el trabajo de los símbolos”

El colectivo de intelectuales y trabajadores de la cultura dio a conocer su nueva Carta Abierta, dedicada a analizar la actualidad política y la búsqueda opositora de deslegitimación de un proceso electoral en el que se sienten derrotados.

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1 Nunca como hoy la lucha por una sociedad más justa en lo concreto real, está tamizada por símbolos. La palabra urna y la palabra fuego lo son. Y son incompatibles. Quienquiera que haya quemado urnas, ha producido un efecto simbólico que paraliza una sociedad. Los indicios disponibles dicen que una política mendaz de algunos políticos de la oposición y de los poderes comunicacionales que mucho saben de estas simbologías, juegan con estos elementos de la conciencia espontánea: las urnas sagradas y el agente incendiario. Si el problema está así bien planteado, sería bueno seguir el rastro de quienes realmente han incendiado y quienes ya tienen interpretado el hecho de una manera fija y unidireccional. El gobierno desde sus inicios siempre ha debatido sobre símbolos, desplazó aquellos que cargaban connotaciones de injusticia y represión. Es una discusión abierta. Los multimedios especializados en operaciones simbólicas, construyen símbolos equívocos. Algo han aprendido, pero en este caso, cierran la discusión: al jugar con los símbolos, juegan con fuego

Como si un principio de causalidad absoluta y lacrado con soldadura a soplete rigiera todos los hechos ocurridos en los últimos meses en el país –especialmente la elección en Tucumán–, pareciera ahora que todos los hechos surgen ya interpretados. Asemejándose así a una absurda situación donde cada acontecimiento ya tuviera preparado su casillero inflexible, donde apenas ocurrido le espera el tajante desciframiento que le explicará qué es o quién es. Entonces, la acusación de fraude electoral ya no precisaría probanzas. Más que una acusación sería un vaticinio. Y el vaticinio no demora en declararse portador de la propia condena. El país viviría en estado de vaticinio permanente. Y así, un “horizonte de eventos” habría abandonado la más evidente realidad. Hasta la caída de un pajarito se explicaría por la Gran Culpa del gobierno.

Este rasgo folletinesco de la interpretación ritual de los medios hegemónicos no nos debe hacer perder de vista que toda forma y todo contenido histórico, son de por sí incompletos, contingentes e inconclusos. Nunca hay algo que separe radicalmente lo hecho de lo que falta hacer, porque la realidad se compone de un juego mutuo y movedizo entre la crónica de las realizaciones y los propios obstáculos que ellas acarrean. Esta es una apreciación general que sirve para discutir en serio el complejo y reparador proceso histórico que vivimos en las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner. Una manera lineal y sumaria de explicar este mismo período, surge de una imputación apriorística: el gobierno es siempre culpable, y mucho más lo es cuando los desarreglos respecto a las normas electorales, provienen de quienes después se desdoblan en acusadores. Maniobra de tramoyistas y escenógrafos casi perfecta.

Antes, los grandes capitales financieros especulativos transformados en norma política del sentido común, solo precisaban de economistas rudos y directos, a la manera de Melconian. Ahora también precisan especialistas en creación de estados de culpabilidad de las instituciones públicas y un utopismo imantado de cualquier fragmento ideológico disponible –con tal de quedar lejos y desnutrido de sus raíces– para señalar el imperio del Demonio (reemplazado por prudencia narrativa por otros nombres, sin embargo portentosos: feudalismo, efedrina, corrupción, incendiarios, etc.). Son palabras que caen como meteoritos de una ciencia política convertida en astronomía delirante. Y no es que no existan los problemas que denominan cada uno de esos conceptos. El problema, es que no los tratan como conceptos sino como piedras mágicas de un idioma extraterrenal, extraídos incluso de los programas políticos de la televisión nocturna que de la pequeña comidilla de los insondables dramas conyugales de la televisión vespertina. La sociedad, eso busca producir el machacamiento impiadoso de los dispositivos mediáticos, vive en estado de alerta continua, todos los mensajes que recibe le recuerdan que vivimos sin ley ni garantías y al borde de las fauces del infierno.

2 La Argentina está en disputa. Cada día un nuevo acontecimiento es ofrecido, desde las usinas mediáticas y a través de las voces de los principales dirigentes de la oposición, como ejemplo de la catástrofe que supone la continuidad de un gobierno definido con los más variados epítetos siempre portadores de tachadura e injuria: “dictatorial”, “corrupto”, “autoritario”, “clientelístico”, “nepotista”. Palabras brutales que son lanzadas al escenario público siguiendo un plan claro: deslegitimar, horadar y debilitar no sólo al gobierno de Cristina sino a su posible continuidad a través de un triunfo contundente de la fórmula integrada por Daniel Scioli y Carlos Zannini. Buscan, siguiendo un libreto largamente experimentado y probado en otros países de Sudamérica, arrojar los procesos democrático populares al vertedero de la historia, convirtiéndolos en formas espectrales que sólo nos recordarían un tiempo de indigencia política, económica, institucional y social.

La máquina mediática, asociada con el rostro que en la actualidad asume la derecha encarnada en la oposición dominada por Macri y Massa, funciona a destajo bombardeando a la sociedad con un relato estructurado alrededor de una premisa central: el país como desastre, como si estuviese atravesando la noche más negra de su historia sometiendo a los argentinos a la peor de las intemperies. Tormentas naturales, tormentas económicas y ahora también electorales se superponen junto con la construcción sistemática de un clima enrarecido que intenta anticipar una profecía autocumplida: el gobierno prepara un gigantesco fraude que va siendo anticipado en elecciones provinciales donde la voluntad popular es torcida en beneficio de la continuidad del régimen. Toda la oposición se une como un solo hombre para salir a denunciar el engranaje del fraude. No importa que las urnas quemadas en Tucumán por manos opositoras le dan números de una contundencia inobjetable al FPV, tampoco importa la madurez democrática alcanzada por una sociedad que desde 1983, cuando recuperó el Estado de derecho, ha sabido recorrer el largo camino electoral sin la sombra del fraude amenazando la reconstrucción de una democracia joven. Han sido, por el contrario, los poderes económicos y mediáticos, los que han dañado, una y otra vez, y en alianza con sectores políticos, la vida democrática de los argentinos. Por eso no deja de sorprender la “ingenuidad” con la que sectores progresistas se suman al denuncismo serial que subyace a la estrategia de la nueva derecha argentina y continental.

Hoy lo intentan con mayor virulencia y asociando golpes de mercado con prácticas que buscan degradar la legitimidad de lo que se anticipa como un triunfo en primera vuelta del FPV. Ante esta certeza que les quita el sueño han decidido avanzar con todas las armas disponibles, las mismas, insistimos, que se vienen utilizando en Brasil, Venezuela y Ecuador. Más allá de las diferencias que nos separan de esos sectores que critican de buena fe las políticas del kirchnerismo, no queremos dejar de advertirles lo que está en juego en el país y el peligro que supone la consolidación de un bloque comunicacional-político capaz de bombardear sin clemencia a la sociedad con los misiles del terror, la catástrofe y el fraude buscando clausurar experiencias populares siempre legitimadas por el voto ciudadano. Es grave, muy grave que la oposición juegue con el fuego de la destitución, la deslegitimación y el descuartizamiento de la voluntad popular. Corren el peligro de sumar su voto o su abstención para favorecer la victoria de un candidato conservador, enemigos de las demandas que ellos mismos han levantado antes o ahora y que fueron convertidas en realidad por la acción del kirchnerismo. Podrán evitar un suicidio político fragmentando su voto, optando por la propuesta presidencial del FPV.

Los sectores más extremos de la oposición están lanzados a la política de cancelar el conjunto de juicios que se llevan adelante para juzgar a los represores de la dictadura. Cuestionan las formas procesales, las condiciones de detención de los acusados y, por último, reclaman una “solución” que culmine con “la reconciliación” de los “dos bandos”. Con el apoyo de importantes sectores de la Iglesia Católica local, esta ofensiva que –de acuerdo con La Nación debería concluir con una ley de amnistía– en realidad quiere la “solución sudafricana”, nacida de la debilidad relativa de los sectores populares que quebraron el apartheid. Junto a ello, los candidatos de la oposición proponen que las FF.AA. asuman tareas de seguridad para profundizar la “guerra contra las drogas” que ha causado desastres en México y Colombia. Estas acciones van por operaciones submarinas mientras la ficción del fraude está embarcada en la flota de superficie de operaciones mediáticas.

3 Y así, quienes construyen los dispositivos del daño permanente, legislan sin necesidad de congresos ni entes jurídicos: primera ley, si las elecciones las convoca el gobierno, necesariamente habrá fraude, sobre todo, si las gana. Estas generalizaciones salen de un agujero negro de la teoría comunicacional dominante: no sirve ninguna explicación basada en investigaciones previas de las irregularidades electorales o en la evidente dispersión de los eventos políticos, donde en cualquier medio de prensa se informa que los culpables de quemar las urnas o de incidentes violentos, son personas diversas e incluso un buen número de ellas, por no decir la mayoría, pertenecientes al partido político que luego las denuncia como cometidas por otros.

Proponer la modificación del régimen por el cual se rige el comicio en el curso mismo de éste, constituye una propuesta aventurera y demagógica. De hecho, dos importantes cambios progresivos al proceso electoral han sido construidos por iniciativa del gobierno kirchnerista como las propias PASO y el régimen de publicidad gratuita obligatoria en los medios audiovisuales. Ellas no merecieron reconocimiento de la oposición, pese al uso intensivo que ha realizado de las mismas. Si una modernización de los comicios y del sistema partidario, necesita ser diseñada, ello solo puede ocurrir tras un debate público luego del 10 de diciembre. Criticar la legalidad de la elección por el uso de la boleta de papel, supone poner en duda todos los comicios argentinos desde Yrigoyen a Perón, desde Alfonsín a Menem y, por cierto, los tres últimos. Este exabrupto solo puede entenderse como otro instrumento de deslegitimación y desestabilización.

La pobre realidad ocurre de un modo menor y heterogéneo; en cambio la Culpa global de un gobierno que ha rechazado los temas centrales de la nueva derecha mundial, se refutan convirtiendo el mundo real en un holograma donde se autoprovocan hechos que luego son condenados por los mismos que los provocaron. Entre la ficción catastrofal y la virtualidad de denuncias polifónicas llevadas a su paroxismo, se mueven los lenguajes de una derecha continental dispuesta a derogar el tiempo de las democracias participativas que, con sus logros y sus dificultades, han intentado sustraerse al abrazo de oso de la hegemonía planetaria del neoliberalismo. Eso también está en juego en las elecciones de octubre: persistir con políticas distributivas, con ampliación de derechos y sosteniendo el proceso de recuperación del Estado como garante de una sociedad más democrática e igualitaria o dejarse seducir por la fábula de una nueva derecha que bajo máscaras de estéticas políticamente correctas, disfraza su inevitable inclinación hacia la regresión conservadora.

Difícil situación, pues así logran que ya no se discuta el resultado de una elección, sino las condiciones de cómo esa elección es producida; y si a eso se agrega la precariedad de algunas respuestas políticas desafortunadas, incluyendo la injustificable represión policial y un modo de comportamiento electoral que no está a la altura de la importancia decisiva que estas elecciones tienen, se logra así que el país se transforme en un “holograma” desprendido de proyectos sociales, pasiones políticas, propuestas que merecen otro nivel de discusión, incluso con sus errores que tienen una lógica identificable y no están causados por la caída en el agujero negro. Mientras el gobierno, con sus logros inobjetables, sus búsquedas de reparar un país asolado por las políticas neoliberales y también por deficiencias propias de un largo camino plagado de dificultades, acechanzas y desafíos carentes de recetas previas, con sus más o sus menos, construyó un horizonte crítico y movilizador de realidades en torno a la justicia y a la inclusión social, la teoría de la información dominante pasó a ser un ente mágico que crea un terror difuso y diario. Mostrando hologramas, esto es, figuras vacías de vida, donde se universalizó la pobreza, las inundaciones y la violencia no como resultado de eventos efectivos y abiertos a explicaciones sobre las realidades y las deficiencias de la relación del Estado con las obras públicas y la naturaleza, sino como hechos que caen en el pozo penumbroso de la Culpa General de la Cadena Nacional.

4 Los dados de la vida, de la historia, del presente y del futuro están echados con su mezcla de certeza y azar. Nada está garantizado cuando una sociedad se enfrenta a una encrucijada de hondas significaciones y cuando lo hace atravesada sin piedad por una máquina mediática opositora que sólo busca generar el desánimo, la incertidumbre y el desasosiego como instrumentos para desandar el camino de la emancipación, la soberanía y la disputa por la distribución más justa de los bienes materiales y culturales que ha caracterizado esta etapa profundamente reparadora de la vida de los argentinos.

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En nuestra primera Carta Abierta le decíamos a la sociedad:

“Como en otras circunstancias de nuestra crónica contemporánea, hoy asistimos en nuestro país a una dura confrontación entre sectores económicos, políticos e ideológicos históricamente dominantes y un gobierno democrático que intenta determinadas reformas en la distribución de la renta y estrategias de intervención en la economía. La oposición a las retenciones –comprensible objeto de litigio – dio lugar a alianzas que llegaron a enarbolar la amenaza del hambre para el resto de la sociedad y agitaron cuestionamientos hacia el derecho y el poder político constitucional que tiene el gobierno de Cristina Fernández para efectivizar sus programas de acción, a cuatro meses de ser elegido por la mayoría de la sociedad. Un clima destituyente se ha instalado, que ha sido considerado con la categoría de golpismo. No, quizás, en el sentido más clásico del aliento a alguna forma más o menos violenta de interrupción del orden institucional. Pero no hay duda de que muchos de los argumentos que se oyeron en estas semanas tienen parecidos ostensibles con los que en el pasado justificaron ese tipo de intervenciones, y sobre todo un muy reconocible desprecio por la legitimidad gubernamental”.

Nunca tan actuales estas palabras. Antes, en el cinematógrafo de la vida política nacional, pasaron “La 125”, ahora, reproduciendo la lógica empresarial hollywoodense la reestrenan como “Destituyentes II”. Desde Carta Abierta, un espacio colectivo que ha sabido participar en el debate público y democrático sin renunciar a sus convicciones de origen, convocamos al pueblo argentino a apoyar a Daniel Scioli y a Carlos Zannini como el camino para la continuidad de las mejores políticas de estos años y como barrera de contención contra los intentos de restauración de una derecha que busca clausurar la totalidad de las experiencias democráticas y populares de nuestro continente, así como también confiamos en que el crecimiento de la conciencia y la movilización popular habrán de expresarse para defender las conquistas ya logradas. In Página 12

“Não–vai- ter-golpe.” Entendeu?

Por Paulo Endo*, especial para os Jornalistas Livres

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Desde pelo menos o início da década de oitenta, milhões no Brasil sonhavam com a democracia que já acenava no horizonte de um governo civil-militar que dava seus últimos suspiros.

A luta de muitos cujas vidas foram devassadas, atormentadas e destruídas enquanto lutavam contra o golpe de 64 e, depois, pela conquista da democracia no Brasil, foram e são testemunho dessa transição lenta e inconclusa que germinou esperanças, provocou canções, espetáculos de teatro, obras de arte, deu guarida à indignação de trabalhadores, incitou intelectuais e acadêmicos a saírem de suas cadeiras e gabinetes, instruiu políticos a defenderem uma pauta republicana e amadureceu estudantes.

Uma nova ética foi inaugurada no Brasil, que muitos ainda chamam de princípios da esquerda. Nessa pauta se incluem principalmente o combate sem tréguas às iniquidades que fundam a nação brasileira e, mais tarde, a luta pelo alinhamento entre o estado democrático de direito e os direitos humanos no país.

Iludidos ou não, muitos que engrossaram tais fileiras plantavam no Partido dos Trabalhadores as melhores esperanças e talvez – secretamente — a revolução tão aguardada, que ocorreria por vias institucionais e eleições livres e justas.

Mais de 12 anos depois das primeiras eleições presidenciais, o Partido dos Trabalhadores chegaria ao poder, e essa foi uma conquista de parte da sociedade brasileira e dos muitos que lutavam e lutam por um Brasil republicano.

O PT no poder surpreendeu e decepcionou, foi corajoso e covarde, foi republicano e autoritário, condenou corruptos e se corrompeu, acertou e errou.

A despeito do que pesa mais na balança nesse momento e destacado pelas análises sérias desse período — que hoje são a minoria sobre esses últimos quase 13 anos — o PT foi e é um partido que hoje se encontra no poder há mais de 12 anos, e que desde 2002 vem sendo reconduzido ao Planalto, sucessivamente, pelo cidadão que compareceu às urnas a cada nova eleição. Dessa trajetória, o que podemos afirmar é que o PT soube esperar.

Soube aguardar a democracia, soube aguardar as eleições. Soube perder para Collor de Melo em 1989, para Fernando Henrique em 1994 e 1998 e se preparou para as eleições nos anos vindouros e venceu. O PT — com todos os seus erros e problemas que são muitos — , e cortando na própria carne, é o governo que mais apurou (e permitiu apurar) irregularidades, mazelas e corrupções de toda espécie, incluindo as de pessoas importantes do empresariado, da classe política e de seu próprio partido e governo. Jamais se viu tantas figuras ilustres das elites financeiras e políticas no banco dos réus, investigadas e sob suspeita.

Como efeito e decorrência disso, os poderes judiciário e legislativo autônomos permitem uma das oposições mais críticas e francamente opositoras ao governo da história do país e tais lideranças dos poderes instituídos trabalham, para o bem e para o mal, segundo o regimento atual das câmaras legislativas.

Os atuais líderes da câmara e do senado foram, também eles, duas vezes eleitos, primeiro pelos cidadãos brasileiros e, depois, para assumirem as respectivas presidências da câmara e do senado, pelos seus pares, igualmente eleitos pelo voto popular e, enquanto cumprirem o regimento e o decoro, será difícil acusá-los de irregularidades do ponto de vista do exercício de suas funções.

Entretanto, nesse embate e nessa crise política que se aprofunda, mas que historicamente sempre existiu no país, há uma verdade inconteste que precisa ser repetida, alertada, denunciada: há hoje no Brasil um golpe de Estado a caminho. Um golpe que inclui e é efeito das oligárquicas concessões de rádio e TV — que o governo foi incapaz de apurar e redistribuir de forma mais representativa e equânime — e das negociações políticas e fraturas ideológicas às quais o Partido dos Trabalhadores muito rapidamente cedeu, estabelecendo ligações partidárias com o principal objetivo de se preservar no poder.

Às tendências hegemônicas do PT parece nunca ter ocorrido que a fidelidade às suas bases é o que o levou e o levaria ao poder novamente, quantas vezes fosse possível e necessário, desde que o partido tivesse o que dizer e a quem convencer, e desde que tivesse quem se dispusesse a fazer isso (seus militantes e simpatizantes) em nome das bandeiras que historicamente carregava.

O PT envergonhou o que no Brasil denominamos de princípios fundamentais e inegociáveis das esquerdas, aqueles que orientam na luta contra a assimetria de poder político e econômico no Brasil — e hoje, quem diria, o PT tem receio das manifestações de rua; seja por ser hostilizado por elas, seja por temer o risco de ver seu apoio muito reduzido e alquebrado.
O partido então enfrenta a sua mais importante crise, desde sua fundação, e deve enfrentá-la com dignidade.

Mas o que o PT, seus eleitores do passado e do presente, e todos os partidos e cidadãos que se auto denominam democráticos ou republicanos não podem aceitar é o golpismo, que pretende a alternância de poder à força e sem sustentação e que quer arrancar do poder executivo um partido que chegou a ele respeitando todos os preceitos da democracia representativa, persuadindo eleitores, e não por efeito de conflitos armados ou de pressões por renúncia ou impeachment sem circunstância e fundamento.

Impeachment e renúncia não podem ser nem pleiteados e nem reivindicados a não ser implodindo a jovem democracia brasileira que mal chega aos seu 30 anos.

Para as ruas devem ir agora e depois não apenas os petistas e os apoiadores do PT, hoje em menor número do que no passado, mas todos aqueles que lutaram para que partidos nascidos na democracia chegassem ao poder; porque democracia significa também a maturidade de aceitar a derrota e se preparar para novos pleitos.

Sem isso os regimes não passam de pseudodemocracias, simulacros de falso republicanismo. E é evidente que diante do golpismo que se articula e organiza, o país necessitará da mesma energia e as mesmas virtudes que o reconduziram à democracia em 1985.

Uma enérgica e contundente reação “nas escolas, nas ruas, campos e construções” contra o golpismo branco, que desmerece as últimas eleições e quer atropelar o tempo institucional que regula o voto, será urgente e necessária.

Sem o respeito às decisões colhidas de eleições democraticamente instituídas e geridas, a pátria estará não apenas dividida, mas inteiramente afogada no ideário: se não ganho, não vale. E daí por diante a situação será imprevisível.

Se o golpe se deflagra, a autorização para que resultados colhidos das urnas sejam desmerecidos e não reconhecidos no futuro terá sido dado.

Quem disse que o impeachment ou a renúncia da atual presidente encerraria a crise política?

Quem disse que outros milhões de brasileiros que no passado votaram em Lula e Dilma aceitarão passivos Aécios, Cunhas e quem mais vier, se empurrados goela abaixo, deslegitimando o voto conquistado historicamente com sangue, suor e lágrimas por grande parte da população brasileira?

Como disse Renato Meirelles, presidente do Data Popular, em entrevista ao “El País”, a insatisfação com o governo não quer dizer desejo de que a presidente saia. Pode, inclusive, também expressar o desejo de que melhore. Para que, ao final do mandato, ela venha a fazer jus aos votos confiados a ela.

Creio que para aqueles que levaram os membros do poder executivo e do legislativo ao poder pelas urnas e pelo voto a notícia deve ser emitida clara e limpidamente e sem hesitação: Não vai ter golpe!

Respeitem o voto conquistado e que ainda rege nossa claudicante democracia.

Mas se o golpe vier, isso não resultará num fim pacificador, ao contrário, convocará o início de reações e conflitos que podem vir a ser incontroláveis e cujo desfecho será imprevisível. Se o respeito ao voto do cidadão for desfeito, a cada um não restará muito mais do que agir por conta própria, num país onde as posições de consenso e as instituições são, constantemente, ridicularizadas e lançadas à lata do lixo.

Caberá sempre ao eleitor decidir e reavaliar seu voto na próxima vez em que estiver diante das urnas. O sequestro do voto é um atentado grave à cidadania e aos cidadãos, num país em que o futuro da democracia ainda é totalmente incerto e nebuloso.

Apertar o botão verde nas próximas eleições será o efeito de um sistema eleitoral que se moderniza e se consolida, e que se tornou tão propalado mundo afora, ou não será muito diferente de um vídeo game inútil e risível em que é sempre possível recomeçar o jogo do início diante da derrota.

Paulo Endo* é psicanalista, professor da Pós Graduação em Humanidades, Direitos e Outras Legitimidades e do Instituto de Psicologia, ambos da USP, membro da Cátedra UNESCO de Educação para a Paz, Direitos Humanos, Democracia e Tolerância da USP.

O combate que o Syriza está a fazer é o combate das nossas vidas. O combate pela democracia, pelo direito a decidir

Uma União credores que exclui a democracia
Capa de um semanário alemão, fevereiro de 2010, de propaganda contra os gregos

Capa de um semanário alemão, fevereiro de 2010, de propaganda contra os gregos

por Ricardo Moreira


Sempre soubemos que a União Europeia era um projeto imperialista que representava a resposta da burguesia à II Guerra Mundial, mas hoje já não se trata de uma União de Estados soberanos. Em vez de Estados membros há credores, como muito bem explicou Passos Coelho afirmando que é preciso não esquecer que há países europeus que “emprestaram muito dinheiro” à Grécia. E em vez de União há exclusão, como enunciou Cavaco Silva dizendo que “se a Grécia sair ficam 18”.

O Estado social, pilar deste projeto europeu original, é o alvo do ataque, assim como o valor do trabalho, porque é preciso aumentar a taxa de lucro e, portanto, mudar o contrato social. A longa e intermitente “integração europeia” foi retirando aos Estados capacidade de decisão, de intervenção, de atuação, nos mais diversos níveis: orçamental, legislativo e, finalmente com a introdução do euro depois de Maastricht, monetário. Em paralelo foram-se construindo poderes de facto não eleitos, como o Banco Central Europeu. O voto de cada cidadão/ã de cada país da União perdeu valor.

Com o mercado único e a introdução do euro os países periféricos começaram a ver as suas exportações esmagadas (ver aqui produção industrial de quem ganhou e perdeu com a introdução do euro) e as suas dívidas a crescer, beneficiando o centro da União, nomeadamente a Alemanha (ver aqui)

A crise das dívidas soberanas, que foi criada para salvar a banca francesa e alemã, não expôs a União Europeia como o colete de forças que é, mas, pelo contrário criou uma nova ferramenta para acelerar a desvalorização do trabalho, a privatização dos bens comuns e a destruição do Estado social: a combinação dívida/austeridade. A criação das troikas foi instrumental para responder ao início da crise, mas já antes o Tratado Orçamental, com a sua regra de chumbo, criava um novo paradigma, ilegalizando qualquer política expansionista na União Europeia. A austeridade é o alfa e ómega da União e todas as suas instituições e tratados são construídos em torno dessa política.

“Onde estão os membros da Internacional Socialista?” – perguntava há dias Freitas do Amaral (ver aqui) numa iniciativa unitária de solidariedade com a Grécia. Aqui estão eles: Martin Schulz ameaçou os gregos com a expulsão do euro caso o “não” ganhasse e depois de se confirmar a rejeição de mais austeridade por parte do povo grego Jeroen Dijsselbloem, presidente do Eurogrupo, dizia que a escolha tinha sido “muito lamentável”. Onde está a Internacional Socialista? Onde estão os Sociais Democratas da Europa? Ao lado do Partido Popular Europeu, com a mesma política, sem tirar nem pôr. Da mesma forma que é impossível distinguir no essencial a política de António Costa da de Passos Coelho.

Se alguma vez se pensou que a União, os seus tratados e o euro eram reformáveis hoje esse caminho encontra-se fechado nesta Europa de partido único.

E se a austeridade como resposta à crise não denunciou a política da União e o colete de forças do Euro, desde a vitória do Syriza em janeiro deste ano caiu a máscara. Um governo de um Estado membro não tem nenhuma margem para nenhuma outra política que não seja a austeridade, como se verificou com o corte de liquidez a que o Estado grego foi sujeito para forçar um acordo que mostrasse que “não há alternativa”. Mais, sempre que parecia existir um avanço nas negociações fez-se ouvir a voz de Merkel ou de Schäuble, mostrando quem manda na União e ainda não se tinha tocado no ponto central: a dívida. A convocação de um referendo à austeridade, que chocou todos os eurocratas por devolver a palavra ao povo, foi uma aposta política tão arriscada como vitoriosa, que pôs a nu o medo que a UE tem da Democracia. Há quanto tempo não eram os/as cidadãos/ãs europeus ouvidos sobre as propostas que os afetam?

Aliás, a questão é mesmo essa, a União Europeia tem-se construído de maneira a que, mais e mais, possa garantir a acumulação de capital sem ser escrutinada pelo soberano, pelo povo. Essa tem sido, constantemente, a fuga para a frente das instituições europeias, pelo que não é de estranhar que Juncker tenha respondido a Tsipras no Parlamento Europeu esta semana que a solução para esta crise “é o aprofundamento da união económica e monetária”, que se tem visto ser feita à custa da soberania dos povos.

Como já há muito tempo não víamos na Europa, este domingo termina o prazo de um Ultimato da UE à Grécia. Claro que tinha de ser assim numa União de credores que é antidemocrática e que exclui a democracia e a palavra dos povos.

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La democracia europea se está jugando en Grecia

Por Diego Borja Cornejo*

deuda-grecia divida


El Primer Ministro de Grecia, Alexis Tsipras, convocó a un Referéndum para que sea el pueblo griego el que decida si la austeridad que exige el Eurogrupo continúa.

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Esta decisión la tomó luego de varios meses de negociación con una Unidad Europea y unas Instituciones – Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional- que han rechazado una y otra vez, en los últimos meses, la propuesta griega para alcanzar una negociación aceptable para el gobierno que ganó las elecciones bajo la oferta de poner un límite a la austeridad.

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Tispras, con al aval del Parlamento de Grecia, que confirmó la convocatoria a Referéndum, ha recurrido al pueblo griego para que sea este el que determine si la continuidad de la austeridad, que significa un dogal para el bienestar de la población y para el crecimiento de la economía, es una opción aceptada.

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Los líderes de la Europa “democrática” no tardaron en criticar rabiosamente la decisión de Tsipras. En un contrasentido que se manifiesta flagrante, la apelación de Tsipras al pueblo, acto de esencia democrática, está siendo bajo ataque, en nombre de la “democracia y de la responsabilidad”, por el stablishment que dirige Europa, ya sea de signo conservador, liberal o “socialista”.

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La democracia de Europa, se está jugando en Grecia. Las exigencias de la alta burocracia de las instituciones, con la tozudez que solamente puede darles la claridad de reconocerse como lugartenientes del poder y del capital financiero, no se mueven ni un ápice de la ya experimentada austeridad que ha significado para Grecia un desastre económico y social. Como se afirma en el Informe Preliminar del Comité de la Verdad sobre la Deuda Griega, estructurado por la Presidenta del Parlamento de Grecia, Zoe Konstantopoulou, las políticas de austeridad han tenido un efecto dramático sobre la inversión. La formación bruta de capital cayó en el 65 % en el 2014, comparada con el 2008 y la productividad del trabajo en un 7 %. La tasa de utilización de la capacidad instalada del capital bajo del 75,5 % entre el 2006 – 2010 al 67,7 % en el 2014. El Producto Interno Bruto disminuyó en 27 % en los últimos 5 años. El salario real de los trabajadores era 17,2 % menor en el 2014 comparado con el 2009. La participación de los salarios en el ingreso bajó del 60,1 % en el 2010 al 55,1 % en el 2013. Entre el 2008 y el 2013, el desempleo subió del 7,3 % al 27,9 %. El desempleo de los jóvenes alcanzó la escalofriante cifra del 64,9 % en mayo del 2013. El 23,1 % de la población vive bajo la línea de pobreza y 63,3 % se ha empobrecido como consecuencia de las políticas de austeridad. En el 2013, el 34 % de los niños estaban en riesgo de pobreza o de exclusión social. El 10 % de la población más pobre perdió el 56,6 % de su ingreso. Las pensiones de los trabajadores jubilados cayeron en un 40 % en promedio, con lo cual 45 % de los jubilados viven bajo la línea de pobreza.

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Claramente lo ha dicho el Premio de Economía Paul Krugman, “lo que hemos oído sobre el despilfarro y la irresponsabilidad griega es falso. Sí, el gobierno griego estaba gastando más allá de sus posibilidades a finales de la primera década de los 2000. Pero, desde entonces ha recortado repetidamente el gasto público y ha aumentado la recaudación fiscal”. [1] Todo esto hubiera sido suficiente para que se cumpla la rígida exigencia del FMI en cuanto a obtener un amplio superávit fiscal. [2] Sin embargo, esto no se ha logrado precisamente porque la austeridad ha hundido la recaudación, al mismo tiempo que ha hundido la economía.

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Es evidente que la austeridad no es una opción para Grecia. Por tanto, cada vez se revela con más claridad que lo que realmente está sucediendo en estas negociaciones poco tiene que ver con la economía y con la deuda y mucho con el poder y la política.

La presión ejercida por el Eurogrupo y las Instituciones a Grecia más se asemeja a una guerra en contra del gobierno de Syriza. Para ello están utilizando todas las armas que tienen a su alcance. Una de ellas ha sido la decisión del BCE de no aumentar los créditos de emergencia a los bancos griegos, a través del mecanismo ELA, por sus siglas en inglés (Emergency Liquidity Assistance). Esta decisión contradice la propia naturaleza del BCE, en cuyos estatutos de manera explícita se dice que su función es contribuir a la estabilidad financiera de los estados miembros de la Unión Europea. Esta, junto a la propaganda del terror, que intenta posicionar en la conciencia del ciudadano europeo que fuera del euro no hay vida, contribuyó a los retiros de depósitos que los propietarios de cuentas en Grecia realizaron masivamente en los últimos días. Al fuego del temor ya instalado en el sentido común, se añade el combustible que lanza el poder mediático con informaciones como las que anunciaban que solo el sábado 27 de junio hubo un retiro de 500 millones de euros del sistema financiero griego. A lo cual hay que añadir la fuga de capitales protagonizada por los tenedores de grandes sumas de dinero.

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Con bastante pragmatismo y responsabilidad, a pesar de la cantaleta del stablishment europeo sobre la irresponsabilidad del gobierno griego, las autoridades impusieron el domingo 28 de junio una medida de control de capitales en Grecia.

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Inmediatamente las cadenas mediáticas de Europa empezaron a hablar del “corralito” griego. Sin embargo, a diferencias de los congelamientos de fondos que vivieron Ecuador en 1999 y Argentina en 2001, la medida en Grecia, no se orienta a proteger las fortunas de los banqueros, sino a evitar una corrida bancaria, que ya estaba siendo festejada por ciertas voces de la Europa conservadora. Además, la medida griega, permite el retiro diario de 60 euros por cuenta bancaria individual, el uso sin restricciones de tarjetas de crédito y los pagos electrónicos dentro de la economía doméstica. Lo que restringe es la salida de capitales mediante transferencias al exterior, las cuales hubieran llevado a una corrida bancaria y a una crisis monetaria, en caso de no haberse tomado tal medida.

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Además, es una medida que se ha establecido de manera temporal, hasta el día 6 de julio, o sea un día después de la decisión que tome el pueblo de Grecia en el Referendum del día 5.
Sin embargo, los temores que causa el no poder acceder al dinero que las personas mantienen en los bancos, aun de forma temporal, son acrecentados por los altavoces mediáticos que intentan mostrar que aquello se debe a la incapacidad de los “populistas“ de Syriza. En sus distintas alocuciones ante la teleaudiencia española el conservador Presidente del Gobierno Español, Mariano Rajoy, ha señalo que “ahí está la muestra de las propuestas de gente como Podemos – Syriza”. Sin ningún recato, Rajoy expresa lo que está en el centro de la “tozudez” del Eurogrupo para que Grecia mantenga la austeridad: castigar a Syriza y a sus votantes, y amedrentar a quienes pudieran pensar que existen alternativas políticas democráticas en Europa, como Podemos en España. Para ello, el stablishment no escatima esfuerzo alguno para inducir a los votantes griegos a su propio suicidio, como es votar por el SI a la austeridad.
“Votar por SI, significaría depresión casi sin fin”, ha dicho el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz. En cambio, votar por el NO, “al menos abre la posibilidad de que Grecia, con su fuerte tradición democrática, pueda tomar su destino en sus propias manos. Los griegos podrían ganar la oportunidad de modelar su futuro que, puede que no sea tan próspero como en el pasado, pero seguro es más esperanzador que la inconsciente tortura del presente”, ha dicho casi poéticamente el economista.[3]

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El Informe Preliminar del Comité de la Verdad sobre la Deuda Griega, ha mostrado con bastante claridad el carácter ilegal, ilegítimo y odioso de la deuda Griega. Ha mostrado que lo fundamental de la misma sirvió para el traslado de los papeles de deuda griegos, altamente riesgosos, en manos de banqueros, mayoritariamente franceses y alemanes, a manos de las instituciones públicas: el Fondo Europeo de Estabilización Financiera y el Banco Central Europeo. Ha mostrado que solamente el 10 % de los créditos recibidos entre el 2010 y el 2015 ingresaron en el Presupuesto de Grecia, mientras lo restante sirvió para recompras y capitalizaciones que beneficiaron a los deudores privados del 2010 y del 2012. Ha puesto en evidencia que las “equivocaciones” del FMI en las previsiones y los cálculos, fueron convenientes y oportunas para estas transacciones que beneficiaron al capital financiero a costa de millones de ciudadanos. Ha desvelado la ilegalidad de varios de los mecanismos usados, no solamente porque violan normas y leyes griegas, sino de la Unión Europea y de otros países partícipes.

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Existe el soporte suficiente para que la valiente decisión de Tsipras de llamar a que el pueblo decida el futuro de las negociaciones en Referendum, esté acompañada de acciones legales que puedan poner en el banquillo de los Tribunales Europeos, confrontados a sus propias normativas, a las autoridades que hoy inducen al suicidio de los griegos llamando a votar por el SI y amenazando que de “no hacerlo serían expulsados del euro”.
Días cruciales vive Europa. Cuando el pueblo español libró la batalla por la democracia y la libertad entre 1936 y 1939, las democracias occidentales le dieron la espalda y el precio que pagó Europa fue el nazismo y el fascismo con sus consecuencias de guerra y opresión. Guardando las distancias, la historia se condensa hoy en Grecia. La lucha por la justicia social y la democracia que se libra en ese país, es la lucha por una Europa integrada bajo esas premisas y no bajo la doctrina neoliberal y los intereses del capital financiero.
Notas:

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* Ecuatoriano, Economista, Master en Economía por la Universidad de Lovaina, Bélgica, exMinistro de Economía y Finanzas, exMinistro de Política Económica, exPresidente del Banco Central del Ecuador, exSecretario Económico del ALBA, Asambleista Consituyente en Montecristi, Presidente del Movimiento Poder Ciudadano. Miembro de la Comité para la Verdad sobre la Deuda de Grecia, constituida por la Presidenta del Parlamento Helénico, Zoe Konstantopoulou el 7 de abril del 2015.

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[1] http://economia.elpais.com/economia/2015/06/29/actualidad/1435594467_652647.html
[2] La Troika sigue exigiendo de Grecia un superávit fiscal primario (donde se excluyen pagos por intereses de deuda) de 3,5 % del PIB para el 2018.
[3] http://www.theguardian.com/business/2015/jun/29/joseph-stiglitz-how-i-would-vote-in-the-greek-referendum

#Referéndum. Discurso del primer ministro Alexis Tsipras al pueblo griego

Grécia bandeira

Discurso pronunciado por el primer ministro griego Alexis Tsipras a través de la televisión pública de Grecia el 27 de junio de 2015 a las 01:00 horas.

Alexis Tsipras
Hemos librado un combate en condiciones de asfixia financiera inauditas para lograr un acuerdo viable que llevara a buen término el mandato que nosotros recibimos del pueblo. Se nos ha pedido aplicar las políticas de los memorandos como lo habían hecho nuestros predecesores. Después de cinco meses de negociaciones, nuestros socios nos han dado un ultimátum que contraviene los principios de la Unión Europea y socava el relanzamiento de la sociedad y la economía griegas.

Estas propuestas violan absolutamente los principios europeos. democracia, y manifiestan sobre todo la obsesión del Fondo Monetario Internacional por una política de extrema-austeridad. El objetivo hoy es poner fin a la crisis griega de la deuda pública. Nuestra responsabilidad en la afirmación de la democracia y la soberanía nacional es histórica en este día, y esta responsabilidad nos obliga a responder al ultimátum basándonos en la voluntad del pueblo griego. Yo he propuesto al Consejo de Ministros la organización de un referéndum y esta propuesta ha sido adoptada por unanimidad.

La pregunta del referéndum de este próximo domingo será saber si nosotros aceptamos o rechazamos la propuesta de las instituciones europeas. Yo pediré una prolongación del programa durante varios días hasta que el pueblo griego tome su decisión.

Yo os invito a tomar esta decisión soberanamente y con la dignidad que nos enseña la historia de Grecia, que ha visto nacer la democracia y debe enviar un mensaje rotundo de democracia. Yo me comprometo a respetar el resultado, sea cual sea. Grecia es y seguirá siendo una parte indisoluble de Europa. Pero una Europa sin democracia es una Europa que ha perdido su brújula.

Europa es la casa común de nuestros pueblos, una casa que no tiene ni propietarios ni inquilinos. Grecia es una parte indisoluble de Europa, y yo os invito a todos y todas a tomar, en un mismo impulso nacional, las decisiones que conciernen a nuestro pueblo.

Localização da Grécia (em vermelho) No continente europeu (em cinza) Na União Europeia (em branco)

Localização da Grécia (em vermelho)
No continente europeu (em cinza)
Na União Europeia (em branco)

Traducido del francés al castellano por Raúl Solís: http://www.paralelo36andalucia.com/…

Tercera Informacion/ Es. Fuente: http://syriza-fr.org/2015/06/27/all…