La comunidad TLGB en estado de alerta permanente

ARGENTINA. MIENTRAS TANTO… AQUI Y AHORA

Principios, leyes y avances en derechos, también constituyen un alerta sobre lo que falta, lo que no se cumple y lo inadmisible.

Por Claudia Vásquez Haro


Durante los últimos 12 años los derechos humanos fueron políticas de Estado en Argentina, ahí no solo conseguimos la igualdad jurídica en relación a la ley de matrimonio igualitario, ley de identidad de género, ley de cupo laboral trans en la provincia de Buenos Aires, entre otras, sino que sentíamos al Estado presente. La misma Cristina Fernández de Kirchner en plena cadena nacional pidió a la justicia que se esclarezca el asesinato de la compañera Amancay Diana Sacayán. La gente nos dice “Ahora no hay quien las defienda”. En alusión a que no está CFK en el gobierno. A muchas de nosotras nos pasó por el cuerpo esa sensación de orfandad. Pero sabemos que hubo un antes y un después para cada una de nosotras, sobre todo para quienes vivimos la experiencia vital de los códigos de falta o edictos policiales que criminalizaban la identidad trans. Las personas TLGBI estamos empoderadxs, vamos a defender cada una de las conquistas ganadas y seguiremos reclamando lo que aun falta conseguir.

Hoy nuestra comunidad atraviesa un estado de alerta permanente. No vamos a volver al oscurantismo que nos tocó vivir durante mucho tiempo, producto de la discriminación y la exclusión social por parte del Estado y algunos sectores reaccionarios, conservadores, misóginos y heteronormativos. En estos últimos días integrantes de la diversidad sexo/genérica hemos visto resurgir prácticas neonazis, desde los hechos que tomaron estado público en Mar del Plata, hasta la brutal golpiza a Laura Elena Moyano, militante trans platense el pasado 23 de diciembre. Laura estudia en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, es vicepresidenta de la asociación civil OTRANS La Plata, organización que lucha por los derechos de las personas trans en La Plata y trabaja como empleada en el municipio platense. Tanto las brutales golpizas que recibió Laura, como los femicidios trans –el de Amancay Diana Sayan por citar un ejemplo– responden a un discurso de orden, desde el cual se potencia el odio hacia las personas con identidades diversas. Descarto el móvil del robo, porque a mi entender sería una forma simplista de justificar lo acontecido. Por el contrario estos hechos son un claro mensaje de tipo mafioso, como lo sostiene la investigadora Rita Segato, en relación a las muertas de Ciudad Juárez.

Estos mensajes tienen dos ejes: uno vertical dirigido hacia las víctimas y otro horizontal hacia los mismos pares. El cuerpo es el soporte de dicho enunciado, pero también territorio del cual se apropia el perpetrador. El primero, va dirigido a las víctimas, si no cumplimos los mandatos heterosexuales, nos dicen, esto les va a suceder. No solo a las mujeres trans, sino a todo lo que en las categorías sexo/genéricas sea lo no macho. Mientras que en el segundo, el mandato exige para ser parte de la cofradía viril, un pacto de sangre a través de la violencia, y así adquirir un sentido de pertenencia.

Fueron dos hombres quienes la golpearon brutalmente a Laura, uno sólo se encuentra detenido. El hecho al parecer fue premeditado. Uno de ellos de nombre “Agustín”, conocía a Laura anteriormente. Ese mismo día por la tarde fue a visitarla, solo. Por la noche llevó a un amigo con claras intenciones de ejecutar la violenta golpiza, la cual le podría haber causado la muerte. La fiscal que interviene en el caso es Leyla Aguilar, quien caratuló el hecho como delito por “tentativa de homicidio”, desconociendo el agravante por su identidad de género autopercibida. La causa tendría que enmarcarse como “tentativa de femicidio”. Es conocido que aun los cuerpos de las mujeres trans no entran en el circuito común del deseo, casi siempre o en la mayoría de los casos es por una vía clandestina. Sabemos la importancia de las leyes, pero lo que hay que transformar son las pautas culturales, que discriminan, excluyen y matan. En una ciudad donde hace poco –en plena campaña política– el actual intendente de La Plata Julio Garro, hiciera declaraciones con respecto a las mujeres trans, manifestando que no les daría trabajo, sí ayuda desde lo médico y lo psicológico. Sus dichos contribuyen a seguir criminalizando y potenciando el estigma hacia las personas trans. Y que pese a las repercusiones mediáticas, no haya salido a retractarse, ni tampoco sabemos cuáles serán sus políticas en relación a esta problemática, se torna preocupante.

El rol de los medios

Los medios de comunicación cumplen un rol fundamental, no sólo tienen por función informar a lxs ciudadanxs, sino que de acuerdo a lo que publican producen sentidos en la sociedad. Es decir a través de sus representaciones contribuyen a los marcos interpretativos de determinados temas. El diario El Día, en su edición del 23 de diciembre, no sólo desconoce la identidad de género de la militante trans platense Laura Elena Moyano, sino que titula su nota periodística “Brutal ataque a golpes en edificio céntrico”. Omitiendo su identidad genérica y política. Cuando se trata de un caso de violencia de género, con el agravante de su identidad auto percibida. Una problemática recurrente, conocida por muchos como “transfobia/ femicidio”. Asimismo el medio lo ubica en la sección policial, cuando es un problema social y tendría que estar ubicada en la sección sociedad. ¿Blindaje mediático también en La Plata? Este es uno de los temas de los que tiene que dar cuenta el periodismo platense, la justicia y principalmente el intendente de La Plata Julio Garro y la Gobernadora de la provincia de Buenos Aires María Eugenia Vidal./ Página 12

El efecto Francisco

Por Washington Uranga

1 Pope Francis waves to the crowd from the popemobile as he makes his way to the Festival of Families along Benjamin Franklin Parkway in Philadelphia on Sept. 26, 2015. (AP Photo:Pablo Martinez Monsivais,Pool)

2  Pope Francis rides in the popemobile along Independence Mall before delivering a speech outside Independence Hall Saturday, Sept. 26, 2015, in Philadelphia. (AP Photo:Carolyn Kaster)

4 A nun from the Guadalupanas Eucaristicas del Padre Celestial smiles from behind a barricade, Saturday, Sept. 26, 2015, in downtown Philadelphia. (AP Photo:John Minchillo)

Francisco

Francisco visita Filadelfia

El papa Francisco está culminando hoy su visita a Estados Unidos participando de un acto en el marco del Encuentro Mundial de las Familias. Será un encuentro eminentemente religioso después de días muy intensos que tuvieron, tanto en Cuba como en territorio norteamericano, una fuerte marca política. El hecho de que Jorge Bergoglio haya elegido cerrar su periplo con una celebración de tono religioso, que además será la más masiva de todas, también debe leerse como parte de la estrategia del Pontífice. En Filadelfia se dará el más grande “baño de masas” (se esperan más de dos millones de personas) y se referirá a cuestiones claramente “pastorales”. Un doble límite para aquellos que critican su perfil “político” pero al mismo tiempo una nueva manifestación de respaldo popular que lo reafirma en su rol de liderazgo. Un broche de oro para un periplo exitoso que comenzó en Cuba y que culmina en Estados Unidos después de haber pasado en Nueva York por la Asamblea de las Naciones Unidas.

Difícil de descifrar

Para muchos analistas, este Papa se está convirtiendo en una figura indescifrable en términos políticos e ideológicos clásicos. ¿De derecha? ¿De izquierda? ¿Liberal? ¿Marxista? Dependiendo del lugar en que se ubique quien está haciendo el análisis, cada uno, más de uno y todos estos calificativos valen para Francisco. Es más. Si alguien se pone a analizar su historia personal y sus pronunciamientos en la Argentina sobre muchos de los mismos temas que ahora aborda (desde la diversidad sexual hasta su posicionamiento político) seguramente podrá leer contradicciones. Salvo en un punto: la defensa de los pobres que ha sido una constante siempre, antes y ahora. Los admiradores y defensores de Bergoglio sostienen que no hay ni en sus manifestaciones ni en sus prácticas ningún tipo de diferencias o contradicciones. Francisco, para ellos, es un auténtico Bergoglio. Existen otras miradas.

El periodista norteamericano Rush Limbaugh, habitual vocero de la derecha de aquel país, sostuvo sin pelos en la lengua que la exhortación apostólica Evangelii gaudium (La alegría del Evangelio), documento papal difundido en el 2013, es “puro marxismo”. El texto, mucho más “religioso” que la reciente encíclica Laudato si (Alabado sea) sobre la cuestión ambiental, incluía sin embargo una dura crítica al capitalismo salvaje. Stephen Moore, economista de The Heritage Foundation, dijo en Washington que el Papa “se ha mostrado muy escéptico con el capitalismo y el libre mercado y creo que eso es preocupante” y coincidió en que Francisco tiene “claramente tendencias marxistas”. George F. Will escribió en The Washington Post que “con el celo indiscriminado de un converso, (el Papa) abraza ideas impecablemente de moda, demostrablemente falsas y profundamente reaccionarias”. Y remató diciendo que sus propuestas “arruinarían a los pobres en cuyo nombre pretende hablar”.

La izquierda

Parte de la izquierda, sobre todo la de tradición marxista más ortodoxa, sigue recelando de Francisco. No termina de creer en la sinceridad de sus propuestas aunque los temas de agenda y también muchas de las posiciones coincidan con sus propios postulados. Existe casi una cuestión visceral de rechazo a la Iglesia Católica y a su institucionalidad. Y más allá de lo que diga, Bergoglio es el Papa del catolicismo, al que se considera retrógrado, reaccionario y aliado al poder antipopular. Para quienes así lo miran no bastan los “baños de masas” ni el respaldo popular que probablemente se leen como una expresión más de “alienación” religiosa.

Las manifestaciones de entusiasmo frente a las posiciones del Papa expresadas por el presidente Barack Obama y otros voceros norteamericanos operan a favor y en contra, según los casos. John Kerry, el secretario de Estado norteamericano, dice estar “profundamente satisfecho porque las prioridades de política exterior de Estados Unidos y los buenos oficios de la Santa Sede coinciden en muchos temas”. Y no se cansa de agradecerle a Bergoglio, como también lo hace Raúl Castro, la colaboración para el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos. Bergoglio reedita con Obama y desde otro lugar ideológico, el diálogo y las coincidencias que en los años ochenta unieron a Juan Pablo II y Ronald Reagan, entonces para luchar contra el comunismo.

Frei Betto, un sacerdote católico brasileño identificado con la teología de la liberación y un gran aliado de Cuba y de Fidel Castro, sostiene en cambio que “toda la izquierda latinoamericana que conozco está muy feliz con el papa Francisco” porque “es el primer Papa que tiene claramente una opción con los pobres y que denuncia las causas de las injusticias, no solamente los efectos”.

¿Cómo ubicarlo?

Pero volviendo a lo anterior. ¿Se puede ubicar con sensatez al papa Francisco en algún “casillero” político ideológico? Fortunato Mallimaci, reconocido y prestigioso sociólogo de la religión argentino, dijo en declaraciones a la agencia Paco Urondo, que “un periodista del New York Times me preguntó si el Papa era liberal, conservador o de izquierda. Nada de eso. Es católico, porque es la catolicidad como otra manera de enfrentar esa concepción liberal y la marxista. Acabado hoy ese marxismo la Iglesia retoma su discurso antiliberal, anticapitalista para catolizar”, agregó. Y sostuvo que “el catolicismo no piensa la política alejada de la religión”. Para Eduardo Valdes, embajador argentino ante la Santa Sede, “el Papa no es marxista, ni populista, ni peronista. Es un cristiano en el sentido más profundo y quiere llevar adelante la palabra de Cristo y la conducta de San Francisco de Asís”.

Lo real es que el papa Jorge Bergoglio se ha transformado en una figura política de relevancia internacional que participa activamente de la agenda política, introduce temas en la misma, y fija posiciones desde una perspectiva católica, cristiana, pero también humanista e interreligiosa. Para hacerlo pone el acento en la defensa del hombre y de la vida, y muy especialmente en el cuidado de los pobres, los excluidos, los desplazados de cualquier tipo. El cuidado de las personas y sus derechos, es el punto que conecta todas las preocupaciones. Y su eslogan político son las tres T: techo, tierra y trabajo.

Puede ser prematuro hablar de Francisco como líder mundial. Pero nadie puede negar ya su incidencia. Por méritos propios para leer la coyuntura internacional y, desde allí, interpretar cuál puede ser el aporte de la Iglesia y el suyo personal. Pero además por la importancia que la religión (las grandes religiones) juegan en concierto mundial en el resquicio que dejan las crisis políticas e ideológicas.

En la Iglesia

Dentro de la Iglesia Católica también hay temblores de cambio. Muchos conservadores están “decepcionados”. Probablemente porque a la luz de algunos antecedentes (de los anteriores papas y los de Bergoglio obispo) esperaban otro discurso y mayor cercanía al poder hegemónico. No conciben una Iglesia enfrentada al poder. Lo dicen pero también recelan de lo que llaman “relativismo doctrinal” aludiendo a las aperturas de Francisco ante temas que habían sido tabú para la Iglesia (aborto, diversidad sexual, matrimonio) así el Papa hasta ahora no se haya movido un milímetro de la ortodoxia doctrinal. Lo que ha cambiado es la actitud pastoral poniendo el acento en el acercamiento a las personas concretas, a sus problemas y angustias.

En el aparato de la Iglesia hay quienes se preocupan porque ven llegar aires nuevos que quizá les hagan perder poder. Algunos, incluidos muchos obispos, prefieren no darse por enterados de que algo está cambiando o que cambió ya. Otros, en cambio, señalan que “hasta el momento Bergoglio no hizo nada” argumentando que habrá verdaderos cambios cuando se modifique la forma de gobierno y la estructura de poder todavía vigente y se avance hacia una conducción colegiada. Para ello se necesitan iniciativas muy fuertes de Francisco que, si bien ha dado indicios de caminar hacia allí, todavía están lejos de concretarse. Los “progresistas”, por calificarlos de alguna manera, están satisfechos con la agenda de Francisco y sus pronunciamientos. Confían en que se está produciendo un cambio que, admiten, era inesperado para ellos en el momento en que Bergoglio inició su pontificado. Basta escuchar las lisonjas hacia Francisco de teólogos como Leonardo Boff o Gustavo Gutiérrez.

Se sabe que los contenidos no son separables de las formas. Menos en este tiempo en que la cultura de la comunicación todo lo traduce en símbolos, en gestos, en imágenes. Y Francisco apoya su discurso en una gestualidad de cercanía, de jovialidad, de sencillez y austeridad que repercute muy positivamente en las audiencias en general, católicas o no. A tal punto es así que L’Osservatore Romano, diario oficial del Vaticano, ha comenzado a publicar, por primera vez en la historia de la Iglesia, caricaturas del Papa. Como el hecho de que el Bergoglio hay elegido vivir en una residencia austera este también es un símbolo de una nueva época.

“Las urnas y el fuego: el trabajo de los símbolos”

El colectivo de intelectuales y trabajadores de la cultura dio a conocer su nueva Carta Abierta, dedicada a analizar la actualidad política y la búsqueda opositora de deslegitimación de un proceso electoral en el que se sienten derrotados.

ditadura eleições

1 Nunca como hoy la lucha por una sociedad más justa en lo concreto real, está tamizada por símbolos. La palabra urna y la palabra fuego lo son. Y son incompatibles. Quienquiera que haya quemado urnas, ha producido un efecto simbólico que paraliza una sociedad. Los indicios disponibles dicen que una política mendaz de algunos políticos de la oposición y de los poderes comunicacionales que mucho saben de estas simbologías, juegan con estos elementos de la conciencia espontánea: las urnas sagradas y el agente incendiario. Si el problema está así bien planteado, sería bueno seguir el rastro de quienes realmente han incendiado y quienes ya tienen interpretado el hecho de una manera fija y unidireccional. El gobierno desde sus inicios siempre ha debatido sobre símbolos, desplazó aquellos que cargaban connotaciones de injusticia y represión. Es una discusión abierta. Los multimedios especializados en operaciones simbólicas, construyen símbolos equívocos. Algo han aprendido, pero en este caso, cierran la discusión: al jugar con los símbolos, juegan con fuego

Como si un principio de causalidad absoluta y lacrado con soldadura a soplete rigiera todos los hechos ocurridos en los últimos meses en el país –especialmente la elección en Tucumán–, pareciera ahora que todos los hechos surgen ya interpretados. Asemejándose así a una absurda situación donde cada acontecimiento ya tuviera preparado su casillero inflexible, donde apenas ocurrido le espera el tajante desciframiento que le explicará qué es o quién es. Entonces, la acusación de fraude electoral ya no precisaría probanzas. Más que una acusación sería un vaticinio. Y el vaticinio no demora en declararse portador de la propia condena. El país viviría en estado de vaticinio permanente. Y así, un “horizonte de eventos” habría abandonado la más evidente realidad. Hasta la caída de un pajarito se explicaría por la Gran Culpa del gobierno.

Este rasgo folletinesco de la interpretación ritual de los medios hegemónicos no nos debe hacer perder de vista que toda forma y todo contenido histórico, son de por sí incompletos, contingentes e inconclusos. Nunca hay algo que separe radicalmente lo hecho de lo que falta hacer, porque la realidad se compone de un juego mutuo y movedizo entre la crónica de las realizaciones y los propios obstáculos que ellas acarrean. Esta es una apreciación general que sirve para discutir en serio el complejo y reparador proceso histórico que vivimos en las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner. Una manera lineal y sumaria de explicar este mismo período, surge de una imputación apriorística: el gobierno es siempre culpable, y mucho más lo es cuando los desarreglos respecto a las normas electorales, provienen de quienes después se desdoblan en acusadores. Maniobra de tramoyistas y escenógrafos casi perfecta.

Antes, los grandes capitales financieros especulativos transformados en norma política del sentido común, solo precisaban de economistas rudos y directos, a la manera de Melconian. Ahora también precisan especialistas en creación de estados de culpabilidad de las instituciones públicas y un utopismo imantado de cualquier fragmento ideológico disponible –con tal de quedar lejos y desnutrido de sus raíces– para señalar el imperio del Demonio (reemplazado por prudencia narrativa por otros nombres, sin embargo portentosos: feudalismo, efedrina, corrupción, incendiarios, etc.). Son palabras que caen como meteoritos de una ciencia política convertida en astronomía delirante. Y no es que no existan los problemas que denominan cada uno de esos conceptos. El problema, es que no los tratan como conceptos sino como piedras mágicas de un idioma extraterrenal, extraídos incluso de los programas políticos de la televisión nocturna que de la pequeña comidilla de los insondables dramas conyugales de la televisión vespertina. La sociedad, eso busca producir el machacamiento impiadoso de los dispositivos mediáticos, vive en estado de alerta continua, todos los mensajes que recibe le recuerdan que vivimos sin ley ni garantías y al borde de las fauces del infierno.

2 La Argentina está en disputa. Cada día un nuevo acontecimiento es ofrecido, desde las usinas mediáticas y a través de las voces de los principales dirigentes de la oposición, como ejemplo de la catástrofe que supone la continuidad de un gobierno definido con los más variados epítetos siempre portadores de tachadura e injuria: “dictatorial”, “corrupto”, “autoritario”, “clientelístico”, “nepotista”. Palabras brutales que son lanzadas al escenario público siguiendo un plan claro: deslegitimar, horadar y debilitar no sólo al gobierno de Cristina sino a su posible continuidad a través de un triunfo contundente de la fórmula integrada por Daniel Scioli y Carlos Zannini. Buscan, siguiendo un libreto largamente experimentado y probado en otros países de Sudamérica, arrojar los procesos democrático populares al vertedero de la historia, convirtiéndolos en formas espectrales que sólo nos recordarían un tiempo de indigencia política, económica, institucional y social.

La máquina mediática, asociada con el rostro que en la actualidad asume la derecha encarnada en la oposición dominada por Macri y Massa, funciona a destajo bombardeando a la sociedad con un relato estructurado alrededor de una premisa central: el país como desastre, como si estuviese atravesando la noche más negra de su historia sometiendo a los argentinos a la peor de las intemperies. Tormentas naturales, tormentas económicas y ahora también electorales se superponen junto con la construcción sistemática de un clima enrarecido que intenta anticipar una profecía autocumplida: el gobierno prepara un gigantesco fraude que va siendo anticipado en elecciones provinciales donde la voluntad popular es torcida en beneficio de la continuidad del régimen. Toda la oposición se une como un solo hombre para salir a denunciar el engranaje del fraude. No importa que las urnas quemadas en Tucumán por manos opositoras le dan números de una contundencia inobjetable al FPV, tampoco importa la madurez democrática alcanzada por una sociedad que desde 1983, cuando recuperó el Estado de derecho, ha sabido recorrer el largo camino electoral sin la sombra del fraude amenazando la reconstrucción de una democracia joven. Han sido, por el contrario, los poderes económicos y mediáticos, los que han dañado, una y otra vez, y en alianza con sectores políticos, la vida democrática de los argentinos. Por eso no deja de sorprender la “ingenuidad” con la que sectores progresistas se suman al denuncismo serial que subyace a la estrategia de la nueva derecha argentina y continental.

Hoy lo intentan con mayor virulencia y asociando golpes de mercado con prácticas que buscan degradar la legitimidad de lo que se anticipa como un triunfo en primera vuelta del FPV. Ante esta certeza que les quita el sueño han decidido avanzar con todas las armas disponibles, las mismas, insistimos, que se vienen utilizando en Brasil, Venezuela y Ecuador. Más allá de las diferencias que nos separan de esos sectores que critican de buena fe las políticas del kirchnerismo, no queremos dejar de advertirles lo que está en juego en el país y el peligro que supone la consolidación de un bloque comunicacional-político capaz de bombardear sin clemencia a la sociedad con los misiles del terror, la catástrofe y el fraude buscando clausurar experiencias populares siempre legitimadas por el voto ciudadano. Es grave, muy grave que la oposición juegue con el fuego de la destitución, la deslegitimación y el descuartizamiento de la voluntad popular. Corren el peligro de sumar su voto o su abstención para favorecer la victoria de un candidato conservador, enemigos de las demandas que ellos mismos han levantado antes o ahora y que fueron convertidas en realidad por la acción del kirchnerismo. Podrán evitar un suicidio político fragmentando su voto, optando por la propuesta presidencial del FPV.

Los sectores más extremos de la oposición están lanzados a la política de cancelar el conjunto de juicios que se llevan adelante para juzgar a los represores de la dictadura. Cuestionan las formas procesales, las condiciones de detención de los acusados y, por último, reclaman una “solución” que culmine con “la reconciliación” de los “dos bandos”. Con el apoyo de importantes sectores de la Iglesia Católica local, esta ofensiva que –de acuerdo con La Nación debería concluir con una ley de amnistía– en realidad quiere la “solución sudafricana”, nacida de la debilidad relativa de los sectores populares que quebraron el apartheid. Junto a ello, los candidatos de la oposición proponen que las FF.AA. asuman tareas de seguridad para profundizar la “guerra contra las drogas” que ha causado desastres en México y Colombia. Estas acciones van por operaciones submarinas mientras la ficción del fraude está embarcada en la flota de superficie de operaciones mediáticas.

3 Y así, quienes construyen los dispositivos del daño permanente, legislan sin necesidad de congresos ni entes jurídicos: primera ley, si las elecciones las convoca el gobierno, necesariamente habrá fraude, sobre todo, si las gana. Estas generalizaciones salen de un agujero negro de la teoría comunicacional dominante: no sirve ninguna explicación basada en investigaciones previas de las irregularidades electorales o en la evidente dispersión de los eventos políticos, donde en cualquier medio de prensa se informa que los culpables de quemar las urnas o de incidentes violentos, son personas diversas e incluso un buen número de ellas, por no decir la mayoría, pertenecientes al partido político que luego las denuncia como cometidas por otros.

Proponer la modificación del régimen por el cual se rige el comicio en el curso mismo de éste, constituye una propuesta aventurera y demagógica. De hecho, dos importantes cambios progresivos al proceso electoral han sido construidos por iniciativa del gobierno kirchnerista como las propias PASO y el régimen de publicidad gratuita obligatoria en los medios audiovisuales. Ellas no merecieron reconocimiento de la oposición, pese al uso intensivo que ha realizado de las mismas. Si una modernización de los comicios y del sistema partidario, necesita ser diseñada, ello solo puede ocurrir tras un debate público luego del 10 de diciembre. Criticar la legalidad de la elección por el uso de la boleta de papel, supone poner en duda todos los comicios argentinos desde Yrigoyen a Perón, desde Alfonsín a Menem y, por cierto, los tres últimos. Este exabrupto solo puede entenderse como otro instrumento de deslegitimación y desestabilización.

La pobre realidad ocurre de un modo menor y heterogéneo; en cambio la Culpa global de un gobierno que ha rechazado los temas centrales de la nueva derecha mundial, se refutan convirtiendo el mundo real en un holograma donde se autoprovocan hechos que luego son condenados por los mismos que los provocaron. Entre la ficción catastrofal y la virtualidad de denuncias polifónicas llevadas a su paroxismo, se mueven los lenguajes de una derecha continental dispuesta a derogar el tiempo de las democracias participativas que, con sus logros y sus dificultades, han intentado sustraerse al abrazo de oso de la hegemonía planetaria del neoliberalismo. Eso también está en juego en las elecciones de octubre: persistir con políticas distributivas, con ampliación de derechos y sosteniendo el proceso de recuperación del Estado como garante de una sociedad más democrática e igualitaria o dejarse seducir por la fábula de una nueva derecha que bajo máscaras de estéticas políticamente correctas, disfraza su inevitable inclinación hacia la regresión conservadora.

Difícil situación, pues así logran que ya no se discuta el resultado de una elección, sino las condiciones de cómo esa elección es producida; y si a eso se agrega la precariedad de algunas respuestas políticas desafortunadas, incluyendo la injustificable represión policial y un modo de comportamiento electoral que no está a la altura de la importancia decisiva que estas elecciones tienen, se logra así que el país se transforme en un “holograma” desprendido de proyectos sociales, pasiones políticas, propuestas que merecen otro nivel de discusión, incluso con sus errores que tienen una lógica identificable y no están causados por la caída en el agujero negro. Mientras el gobierno, con sus logros inobjetables, sus búsquedas de reparar un país asolado por las políticas neoliberales y también por deficiencias propias de un largo camino plagado de dificultades, acechanzas y desafíos carentes de recetas previas, con sus más o sus menos, construyó un horizonte crítico y movilizador de realidades en torno a la justicia y a la inclusión social, la teoría de la información dominante pasó a ser un ente mágico que crea un terror difuso y diario. Mostrando hologramas, esto es, figuras vacías de vida, donde se universalizó la pobreza, las inundaciones y la violencia no como resultado de eventos efectivos y abiertos a explicaciones sobre las realidades y las deficiencias de la relación del Estado con las obras públicas y la naturaleza, sino como hechos que caen en el pozo penumbroso de la Culpa General de la Cadena Nacional.

4 Los dados de la vida, de la historia, del presente y del futuro están echados con su mezcla de certeza y azar. Nada está garantizado cuando una sociedad se enfrenta a una encrucijada de hondas significaciones y cuando lo hace atravesada sin piedad por una máquina mediática opositora que sólo busca generar el desánimo, la incertidumbre y el desasosiego como instrumentos para desandar el camino de la emancipación, la soberanía y la disputa por la distribución más justa de los bienes materiales y culturales que ha caracterizado esta etapa profundamente reparadora de la vida de los argentinos.

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En nuestra primera Carta Abierta le decíamos a la sociedad:

“Como en otras circunstancias de nuestra crónica contemporánea, hoy asistimos en nuestro país a una dura confrontación entre sectores económicos, políticos e ideológicos históricamente dominantes y un gobierno democrático que intenta determinadas reformas en la distribución de la renta y estrategias de intervención en la economía. La oposición a las retenciones –comprensible objeto de litigio – dio lugar a alianzas que llegaron a enarbolar la amenaza del hambre para el resto de la sociedad y agitaron cuestionamientos hacia el derecho y el poder político constitucional que tiene el gobierno de Cristina Fernández para efectivizar sus programas de acción, a cuatro meses de ser elegido por la mayoría de la sociedad. Un clima destituyente se ha instalado, que ha sido considerado con la categoría de golpismo. No, quizás, en el sentido más clásico del aliento a alguna forma más o menos violenta de interrupción del orden institucional. Pero no hay duda de que muchos de los argumentos que se oyeron en estas semanas tienen parecidos ostensibles con los que en el pasado justificaron ese tipo de intervenciones, y sobre todo un muy reconocible desprecio por la legitimidad gubernamental”.

Nunca tan actuales estas palabras. Antes, en el cinematógrafo de la vida política nacional, pasaron “La 125”, ahora, reproduciendo la lógica empresarial hollywoodense la reestrenan como “Destituyentes II”. Desde Carta Abierta, un espacio colectivo que ha sabido participar en el debate público y democrático sin renunciar a sus convicciones de origen, convocamos al pueblo argentino a apoyar a Daniel Scioli y a Carlos Zannini como el camino para la continuidad de las mejores políticas de estos años y como barrera de contención contra los intentos de restauración de una derecha que busca clausurar la totalidad de las experiencias democráticas y populares de nuestro continente, así como también confiamos en que el crecimiento de la conciencia y la movilización popular habrán de expresarse para defender las conquistas ya logradas. In Página 12

O país das mulheres

O serviço heróico durante a trágica guerra da Tríplice aliança modelo ainda atual para as novas gerações 

residentas

por Beatriz Gonzáles de Bosio
Universidade católica «Nuestra Señora de la Asunción», Paraguai


«Mesmo quando já o jovem e o ancião/ o filho e o irmão e o esposo,/ morreram para sempre… e na planície/ reinou dos sepulcros o repouso,/ ela empreendeu o regresso, com o peito/ da nostalgia pátria oprimida,/ e em vão perscrutava na sua casa destruída/ o antigo lugar do ser amado». Assim, na poesia La Mujer Paraguaiana, Ignacio A. Pane (1880-1920) celebrava a mulher paraguaia.

A guerra guazu – «Guerra grande» em guarani, ou guerra da Tríplice aliança – continua a ser para a população paraguaia o episódio mais traumático da história nacional, a fase histórica mais dramática da América Latina desde as suas origens até aos nossos dias. Por isso foi chamada também «a guerra da tríplice infâmia» (Juan Bautista Alberdi) o «genocídio americano».

Foi um evento que marcou um antes e um depois. Um antes, o Paraguai como autêntica potência nos seus eixos centrais, ou seja, poder econômico e tecnológico, respeito regional e presença soberana. Um depois, marcado ao contrário pela desolação, ruína, dependência, submissão, embora num Estado de democracia e de liberdade, mesmo se imperfeitas.

Era o ano de 1865 quando o presidente do Paraguai, o marechal Francisco López, foi envolvido num confronto militar de enormes proporções. O momento do início das hostilidades não foi o mais favorável para o país, pois o armamento moderno, encomendado na Europa, ainda não tinha chegado. E nunca mais teria chegado: agora, certamente não iria superar o bloco que estava à sua espera nos canais de acesso. Deste modo, os imponentes meios militares, ainda em construção na Europa, foram comprados pelo Brasil, que os usou contra o Paraguai durante o conflito.

Solano López não dispunha nem sequer de um corpo de oficiais bem treinados e com experiência de guerra: de fato, o Paraguai tinha deixado de participar nos conflitos armados a partir da batalha de Tacuary em Março de 1811, antes da independência da Espanha.

O tratado secreto da Tríplice aliança, assinado a 1 de Maio de 1865 pelo Brasil, Argentina e Uruguai, contra o Paraguai, deixou de ser secreto ainda antes do primeiro aniversário da sua assinatura: com efeito, foi publicado por extenso nas páginas de um jornal londrino.

A partir daquele momento a causa paraguaia circundou-se de uma mística defensiva e de um heroísmo inabalável. Os vizinhos gigantescos do Paraguai, desejosos de se apoderarem de novas regiões invadiram e mutilaram o território nacional.

A memória colectiva da guerra da Tríplice aliança dá ênfase especial na história oficial às mulheres paraguaias que doaram as suas joias para a causa da pátria. Mas as mulheres paraguaias, na realidade, fizeram muito mais: desempenharam um papel central cultivando a terra, assistindo os feridos, enterrando os mortos e acompanhando as tropas, como residentas ou destinadas. Não há dúvida de que as mulheres foram – e ainda são – o pilar da sociedade paraguaia.

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O presidente López e o que restava do seu exército foram seguidos de perto pelas residentas, mulheres que – obrigadas a abandonar a capital do país, Asunción, perante a ocupação e pilhagem dos invasores no início de 1869 – não tiveram outra escolha a não ser acompanhar de perto os sobreviventes e compartilhar com eles as privações, a fome e os sacrifícios indizíveis.

Foi este, por exemplo, o caso de Ramona Martínez, uma adolescente que, empunhando a espada, naquele fatídico 1869, salvou a vida a Solano López na localidade de Lomas Valentinas, permitindo que escapasse. E de Juliana Insfran de Martínez, Pancha Garmendia, María Meque, e de muitas outras mulheres corajosas.

A paz voltou e às mulheres paraguaias coube ser as reconstrutoras da pátria, ou seja, o eixo central para o repovoamento, assumindo a responsabilidade por muito tempo da atividade produtiva destinada a obter os alimentos básicos. Tudo foi realizado de forma anônima, mas muito significativa.

Portanto, devem ser recordadas as figuras do pós-guerra como Asunción Escalada, Rosa Peña de González, Adela e Celsa Speratti: mulheres dedicadas à instrução que, superando mil obstáculos para educar várias gerações, foram paradigmas de dedicação e de coragem. Com efeito, graças a elas, as meninas e as jovens paraguaias receberam a mesma educação primária e secundária dos meninos. Uma igualdade que na época não era minimamente difundida.

Ao refletir sobre o nosso porvir histórico como nação, surpreende-nos o papel que as mulheres paraguaias desempenharam na história do país: um papel que foi portanto preponderante desde o início. Não é por acaso que o Paraguai é definido, entre as várias formas, «o país das mulheres», como consta no título da obra-prima sobre a história social paraguaia escrita pela historiadora Barbara Potthast em 1996.

Mesmo na outra guerra, a do Chaco, combatida contra a Bolívia entre 1932 e 1935, as mulheres encarregaram-se da agricultura e nunca como então houve tanta produção alimentar. No entanto, apesar destes sucessos, deste heroísmo, desta história, as mulheres paraguaias ainda hoje lutam contra a pobreza e a exclusão.

A equação demostra-nos que mulher e falta de educação dão como resultado a pobreza. Por conseguinte, qualquer iniciativa do Estado que queira ser fecunda deverá necessariamente ter como objetivo o campo educativo, a fim de superar o ciclo da pobreza e da exclusão numa sociedade assimétrica e polarizada. Um ciclo que se tornou uma ferida aberta.

Ao recordar as mulheres heróicas de ontem, façamos com que as mulheres de hoje obtenham aquele reconhecimento que lhes foi dado pelo Papa Francisco: a visita ao nossa amado Paraguai faz vibrar o nosso povo de profunda emoção, alegria e esperança. L’Osservatore Romano

“La paraguaya”, de Blanes, muestra la desolación de las mujeres en la guerra “La paraguaya”, de Blanes, mostra a desolação das mulheres na guerra

Sucia la poesía de una artista que utiliza la experiencia como material de escritura urgente.

“Me cago en los

códigos literarios”

.

”Estoy yendo a ensuciar/ el nombre de la poesía/ con mis botas// vení la poesía más linda/ es la más sucia y te necesita!” A la manera de una proclama, estos versos de Virginia Negri (Nogoyá, 1980) también describen el procedimiento implícito en el volumen doble de su obra que acaba de publicar la editorial rosarina Yo Soy Gilda. En simultáneo, Una constelación infinita y Nunca enviados abarcan dos aspectos centrales de la obra de esta performer, poeta y artista visual que vive en Rosario desde 1999. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Nacional de Rosario y autora de Te espero conectada, Fuego de noche y Desnudo total y escándalo, Negri entrecruza cierto porte efusivo de las artes visuales con la escritura, la performance y el rito.

Uno de sus estrambóticos poemas, compuestos en un registro similar al de los mensajes de texto y wasaps, lo expresa con claridad: “me cago en los/ códigos literarios”. La construcción de una lengua colectiva e inmediata –no sólo referida a la inmediatez temporal, repentina y urgente, sino también a lo inmediato espacial, lo cercano en la superficie, lo próximo– altera el monólogo de la habitual voz poética; en los poemas de Una constelación infinita, híbridos semejantes a salas de chat, intervienen amistades, novios y chongos, locas chupapijas y madres alcohólicas, el alter ego de Negri y su doble monstruoso, depresivo, incluso cierta impersonalidad que se filtra bajo el disfraz de un saber incuestionable: “La distancia y el tiempo/ matan todo. Si no es una cosa/ es la otra. Pero es eficaz”. Vergonzosas cartas de amor para nadie, pensamientos desarrollados en colectivos, set cumbiero, comments de conchuda, escandalosos estados de Facebook: maneras diferentes de denominar el montaje de textos insurrectos que Negri, con humor, rabia y melancolía, recopiló y editó entre 2007 y 2013. Mensajes recibidos, enviados y otros nunca enviados, algunos de los cuales ella grafiteó luego en Rosario, Santa Fe, Buenos Aires y Montevideo: “Igual tenemos que trascender/ la ciudad, ser transterritoriales”. ¿Pero cómo lograrlo, si ya casi no hay misterio?

Uma constelação infinita

“Yo estoy más acostumbrada/ al desamor, no logro/ entender ni apreciar las/ mecánicas del amor”, se lee en uno de los textos finales. Es probable que sea así, pero lo admirable de Negri es su capacidad para encontrar, en la mecánica fallada de una lengua hecha de números free, emoticones y abreviaturas, sustitutos del amor divertidos y descontrolados: “nanananananana/ quequequequequenanananana/ jaaa prostituciooooon// boluda está el gordo Tuca/ en Macnagarcha! baila como/ un gordo gay. qué hacés? esto/ es horrible me quiero ir de acá”. O: “Tomé como negra/ pero me divertí. Hoy sufro”. Y también: “putocaravanero// holaaaa no ami estoy/ ebrios casa vos?”. Del éxtasis al bajón, en unos pocos caracteres se impone un escenario, una narración pícara o desasosegante, se genera un “estado de enviar”. (¿A quién?)

Nunca enviados vale

“Una constelación infinita y Nunca enviados conforman un volumen doble que traduce filtración de arte desde donde emergen versos. Esta edición marca dos recorridos diferentes. Por un lado, en Una constelación infinita Negri bucea los límites de una retórica expandida, originado en el mundo íntimo de la autora y traficado a ‘poesía rupestre’, como dice Beatriz Vignoli, instalada en muros de distintas ciudades. Por el otro, en Nunca enviados se organiza una crónica visual que devela registro para el verso, explorado en la inmediatez del mensaje de texto”, comenta Lila Siegrist, una de las editoras que, junto con Georgina Ricci, Alejandra Benz, Julia Enríquez y Agustín González, trabajó para este “fiestón” que son los libros de Negri publicados por Yo Soy Gilda. In Página 12

Virginia Negri

Negri

llueven tipas
y las hormigas
están contentas

guardan pedacitos
de flores para
más adelante

llueven tipas
y es lluvia
hermosa de
flores amarillas

mi poesía es incorrecta
desprolija, mal escrita
tiene errores
ni yo misma sé
si son poemas

las tipas que caen
dejan colchones amarillos
para teñir mi primavera solitaria

mis poemas son malos
porque no los dejo ser buenos
no quiero buenos poemas
quiero que la poesía
me regale su compañía

el día que escriba el mejor poema
si alguna vez pasara
que justo yo,
amante de la mala poesía,
escribiera la poesía más increíble de todas,
si eso pasara…
vos, poesía,
¿me abandonarías por alcanzar la perfección?

***
una foto
tuya y mía
en la virgen
una foto de vos y yo
en la virgen
una foto de nosotros dos
bailando una noche de invierno
en la virgen
en la virgencita
que está en el barrio militar
el barrio de mi infancia
la virgencita a la que iba a rezar
cuando era chica
tipo 9 o 10 años

de la noche en que
nos sacaron esa foto
me acuerdo muy poco
y de lo siguiente
no me acuerdo
pero seguro pasó:
debo haberle pedido a ella
que te mantenga cerquita
que te mantenga a mi lado
debo haberle dicho:
virgencita, ojalá que sea amor
ojalá dure, ojala sea
y para mí que un poco me escuchó porque
esta manera que tenemos de coger
para mí que si no es, es re parecido al amor

XXX
un desarmadero
litoral contemporáneo
hice ese puente túnel subfluvial
mi vida con los putos
yo un puto más
mi vida con las putas

un sentimiento
de revolución inminente
nueva educación
revolución
vamos a dar una vuelta
que está re fresquito
mucha cosa que ya escuchaste
o ya viste
te juro que no lo digo por vos

In Poetas Argentinos 

La administración académica de la sexualidad

DIALOGO CON RAFAEL BLANCO, AUTOR DE UNIVERSIDAD INTIMA Y SEXUALIDADES PUBLICAS

 

sexualidade

 

Blanco, investigador de la UBA, observa que en la universidad pública persisten regulaciones que marginan la diversidad sexual. Analiza estereotipos y la incidencia de los saberes que se enseñan en diferentes facultades. Los baños, las fiestas y las agrupaciones.

“Un terreno es el de la ley, donde habría cierta igualdad, y otro terreno es el de la norma, donde hay desigualdades que prevalecen y se fortalecen”, señala el investigador del Instituto Gino Germani (UBA) Rafael Blanco, para explicar por qué en un ámbito como la universidad pública persisten las regulaciones que llaman a discreción a las identidades sexuales diversas y determinan qué es lo que puede ser exhibido y lo que debe ser ocultado o recluido a espacios de sociabilidad marginales. A partir de un trabajo de campo en las facultades de Psicología y de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, Blanco dio forma al libro Universidad íntima y sexualidades públicas. La gestión de la identidad en la experiencia estudiantil (Miño y Dávila), donde observa el desembarco de los mundos íntimos de los estudiantes en la vida universitaria. Si bien rescata ciertos “núcleos dinámicos” que impulsan la transformación al interior de la institución, considera que la universidad pública se encuentra rezagada respecto de algunos debates activos en la sociedad y que el modo en que son apropiadas las agendas de género por parte de las agrupaciones estudiantiles –donde “género” es homologado a “mujer”, por ejemplo– redundan muchas veces en “un gesto conservador”.

–En su libro se propuso indagar la relación problemática entre aquello aparentemente del orden de la intimidad (la sexualidad, el género) y una institución pública (la universidad). ¿Cuál fue la riqueza que encontró en este cruce?

–En los últimos 10 años cambiaron muchas leyes en torno a la sexualidad en Argentina, desde la unión civil a la identidad de género, y empezó a haber mucho trabajo sobre qué pasaba en la escuela y muy poco relacionado con qué sucedía en la vida cotidiana de la universidad. Así que la primera riqueza que encontré fue una vacancia, es decir, algo que no estaba explorado, como si en la universidad no pasara nada, como si no hubiera formas de regulación del género y la sexualidad y, justamente, lo que yo encontré en la investigación es que también se producen formas de regulación de lo correcto, lo incorrecto, lo esperado, lo posible.

–¿La universidad replica las regulaciones que excluyen, ocultan o llaman a discreción identidades y conductas en la esfera pública?

–Creo que no las replica, sino que las encarna desde otra lógica. Es decir, media el lugar del conocimiento legítimo, que es fuertemente regulador. Pongo un ejemplo: en la Facultad de Psicología, una facultad con un 80 por ciento de mujeres, encuentro un graffiti en el baño que dice “¿Dónde están las lesbianas en esta facultad?” Entonces ahí empecé a explorar qué pasaba con la invisibilidad de las lesbianas en esa facultad. Uno ahí se topa con el discurso normativo de cómo es apropiado el psicoanálisis en la vida cotidiana. Muchas veces, aquello que se aleja de la norma en esa facultad desde la mediación del conocimiento es leído de un modo peyorativo, patológico. Creo que la regulación del género y la sexualidad en la universidad dependen más de las culturas institucionales de cada facultad que de la universidad como un todo.

–¿Tiene consecuencias manifestar en la universidad una identidad que se desmarque de la heterosexualidad hegemónica?

–Sí, pero no es lo mismo ser varón gay, que ser mujer lesbiana, que ser persona trans. Las formas de visibilidad, los grados de aceptación y la forma de legitimidad para encarnar expresiones de género e identidades sexuales no heteronormativas son muy distintas.

–En su libro propone que existe una relación entre el conocimiento impartido en cada facultad y las regulaciones sexogenéricas que alcanzan a los estudiantes. ¿Cómo es esto?

–Pongo un ejemplo: en las entrevistas que hice, todo el mundo refería que el 80 por ciento de los estudiantes de Psicología eran mujeres, que el 20 por ciento eran varones y que, de ese 20 por ciento, al menos el 10 eran homosexuales. Un poco la idea era “todos los varones de Psicología son gays”. Cuando uno entrevista a varones de Psico no todos son gays o no todos se asumen de ese modo, y si lo hacen no necesariamente lo hacen dentro de la facultad, o lo hacen de maneras muy restringidas. La pregunta es un poco: ¿cómo es eso que es tan hablado, pero al mismo tiempo tan poco vivido en el espacio de la institución? Y ahí sí hay una relación con el saber. Hay mucha discusión entre la teoría queer y el psicoanálisis sobre cuál ha sido el impacto que ha tenido en la vida cotidiana las visiones normativas de, por ejemplo, la homosexualidad como perversión, que si bien han sido superadas teóricamente, en la práctica siguen apareciendo en la forma de sentido común. Por otro lado, en Exactas aparece muchas veces la apelación al orden de la naturaleza para explicar lo normal y lo patológico, aunque tampoco es tan habitual. Yo esperaba encontrar en Exactas una facultad hipernormativa o represiva y en Psicología una institución totalmente tolerante, y me encontré lo inverso.

–¿Por qué?

–Porque las culturas institucionales son muy distintas. Exactas queda al lado del río (en Ciudad Universitaria), alejada de la Ciudad, con una carga horaria infernal, y Psicología está ubicada en el medio del Once, con cursadas de tres horas, dos horas. La gente de Exactas se siente parte de la institución, se apropia del espacio y eso lleva a politizar la propia experiencia de género o sexual. Y Psicología es una facultad donde cuesta mucho tener espacios de encuentro, de sociabilidad, encontrarse con los docentes, y esa debilidad institucional también lleva a formas de apropiación mucho más débiles. Entonces, la gente no termina vinculándose fuertemente con la institución y deja aquello que puede ser objeto de algún tipo de conflicto fuera de la experiencia universitaria.

–Atento a la dimensión espacial de las regulaciones sexogenéricas en la universidad prestó atención particularmente a lo que ocurre en los baños y las fiestas. ¿Qué pudo observar?

–En las entrevistas empezaban a aparecer muchos relatos acerca de los baños y una alumna de Psicología me comentó que allí había un montón de invitaciones y propuestas entre mujeres. Eso me dio lugar a preguntarme si eso se traducía luego en formas visibles; si había relaciones entre mujeres en el espacio de la facultad, si se veían del mismo modo en que todo el mundo relata noviazgos heterosexuales. Me comentaban que no, que la visibilidad lésbica sigue siendo un tema al día de hoy, entonces eso me llevó a indagar cómo en los baños podían darse formas de sexualidad que estaban vedadas a la mirada pública. Y en los baños de varones sucede otra cosa; no está vedada la visibilidad gay y los baños funcionan como lugares de accesibilidad, para tener un encuentro sexual o para arreglar una cita. Entonces, en los baños encuentro formas de sociabilidad que están vedadas en el espacio público. No es que no sucede en las facultades, sino que ocurre en espacios restringidos a las miradas.

–¿Y en las fiestas?

–En las fiestas de Psicología vi grandes rituales de construcción de heterosexualidad. En los guiones que orientan, se va a una fiesta universitaria a divertirse, se va a conocer gente, se va a levantar, pero siempre eso mediado por el encuentro heterosexual, que tiene sus propias formas de vestirse, de hablar; también se construye. En las fiestas de Exactas encontré algo distinto, pero por lo mismo. Son fiestas más chicas, de personas de la facultad, donde hay otra idea de comunidad. Entonces eso habilita la posibilidad de lazos que necesariamente están regulados por la normativa heterosexual.

–¿Se puede concluir que las distintas identidades sexuales encuentran diferentes espacios de sociabilidad?

–Sí, pero desiguales. Un poco el libro termina con la idea de identidad pública, que se usa para dar cuenta de cómo algo que era del orden de la intimidad hoy está abierto a la mirada de todos. A mí me interesa esta idea para pensar que hay identidades que pueden ser públicas: la pareja heterosexual –y no toda pareja heterosexual; también la diferencia de edades sigue siendo fuertemente regulada, la relación entre estudiantes y profesores o profesoras–, y hay intimidades privadas: están privadas de la mirada y son corridas a otros espacios. Uno suele pensar la universidad como lugar democrático, pero un terreno es el de la ley, donde habría cierta igualdad, y otro terreno es el de la norma, donde hay desigualdades que prevalecen y que además se fortalecen.

–Usted señala que en cada facultad se puede identificar un arquetipo muy claro del “estudiante típico” señalado por los mismos estudiantes. ¿Qué efectos tiene?

–En todas las entrevistas que hice en Psicología, al describir la vida cotidiana describían a la típica estudiante: “minita”, frágil emocionalmente. Ahora, nadie encarnaba esa minita, nadie decía “yo soy esa minita”. ¿Qué quiere decir “minita” ahí? Está señalando a un tipo de mujer, es un ideal regulatorio. Es decir, es el lugar a no encarnar. Lo mismo con el “varón puto”. Todo el tiempo diciendo que los de Psicología son gays y muy difícilmente alguien dijera “yo soy ese varón gay”. Observé mucha circulación de estereotipo, que de algún modo a lo que viene es a sancionar la manifestación en el espacio público de algunas feminidades y algunas masculinidades, va marcando identidades degradadas de la norma.

–¿Qué lugar ocupan hoy en la universidad pública las políticas de género?

–Las agrupaciones estudiantiles comenzaron a tomar muchos temas que empezaban a estar en la agenda en estos años, como la diversidad sexual o las cuestiones de género. Ahora, género en la retórica de las agrupaciones quiere decir mujer, entonces si bien hay una apropiación de una agenda de derechos en torno al género, esa apropiación es muy selectiva y termina redundando en un gesto conservador, donde se fortalece la idea de género como mujer, cuando en realidad hay debates que hacen estallar al binomio varón/mujer. O aparece una agenda en torno al aborto que nunca termina de interpelar a las propias estudiantes que abortan. Hay cierta escisión entre el discurso universitario de las agrupaciones y la vida universitaria. A veces parece más una agenda externa que una problematización de la propia vida universitaria. A nivel institucional, si bien en los últimos años aparece una preocupación por tomar estos temas desde la universidad, en términos generales uno puede decir que hay cierta inercia, falta un debate en torno a estas cuestiones.

Entrevista: Delfina Torres Cabreros.

 

Alfredo Ayala, quien logró fugarse del mayor campo de concentración de la dictadura,

Por Alejandra Dandantapagn
“¡¡¿Qué hacés Mantecol?!!” Alfredo Ayala, el hombre que se escapó dos veces de la ESMA, se dio vuelta. Acababa de llegar al predio de la Escuela de Mecánica de la Armada, desde donde había escapado hacía poco más de veinte años. Néstor Kirchner avanzaba entre una comitiva. Año 2004. Un helicóptero lo había dejado en la plaza de armas. A diez metros de aquel llamado, Ayala tomó coraje y preguntó: “Señor presidente, ¿cómo sabe que yo era Mantecol?” Todo le venía pareciendo bastante raro. La invitación. La ocupación del predio. El micro. Y ahora esto. “¡Y cómo no voy a saberlo, Mantecol! –dijo Kirchner–: ¡Mirá al resto! Se vinieron de traje, se pusieron las mejores pilchas, y el único villero sos vos.”

Alfredo Ayala atraviesa una calle de Retiro camino al Mitre. Lleva puesto lo mismo que en ese momento, jean azul gastado y una camisa. Estuvo detenido-desaparecido en el centro clandestino del 7 de septiembre de 1977 al 23 del diciembre de 1979, se escapó y volvió a ser secuestrado el 15 de enero de 1980 con tres semanas de castigo, engrillado a pan y agua y después volvió a escapar. Integró la perrada, ese nombre maldito con el que el Grupo de Tareas 3.3.2 bautizó al equipo de sobrevivientes y de soldados obligados a trabajar en la reparación y cambios del Casino de Oficiales y en emprendimientos satélites del GT, más tarde, desde las mini pymes hasta la preparación de la isla El Silencio como CCD.

Ayala era responsable del movimiento villero de zona norte y varias veces había eludido por los pasillos de las villas al grupo de tareas que enviaban a capturarlo. Cayó en septiembre de 1977 y, como parte de la perrada, fue usado para trabajo esclavo en diferentes actividades. La última era en el taller de un tío del represor Jorge Radice. Lo dejaban a las seis de la mañana y lo pasaban a buscar a las seis de la tarde para llevarlo de vuelta a la ESMA. Una tarde se fue caminando y regresó a la villa. Lo volvieron a capturar tres semanas después. Fue castigado y encerrado. Después le dijeron que le darían una segunda oportunidad y lo llevaron a la isla El Silencio, en el Tigre, donde los marinos tenían un emprendimiento de madera. Lo dejaron en el obraje sin custodia, era a principios de 1980. Los dejaron solos varias semanas. Paró una lancha y le pidió al lanchero que lo llevara y así volvió a escapar.

Su historia previa a la ESMA es menos conocida. Vivió en la villa Uruguay de San Isidro desde los nueve años y fue parte del movimiento villero peronista acoplado más tarde a un sector de Montoneros que respondía al padre Mugica “como factor aglutinador nacional”. Era un tiempo de mucha organización. Las villas proyectaban con lápiz y papel en mano la construcción de viviendas con bañeras como las de los ricos o las de la urbanización. Mantecol Ayala tuvo cada vez más responsabilidades. Llegó a coordinar las 12 villas de San Isidro, y más tarde 38 villas de Capital y provincia de Buenos Aires. Los pasillos de la Uruguay y el Sauce lo escondieron cuando corrió dos veces antes de ser secuestrado y las dos veces que escapó de la ESMA. Un espacio de pasadizos solidarios al que el Grupo de Tareas no se le animó a entrar nunca sin una avanzada previa del Ejército o las fuerzas de seguridad.

La historia de Mantecol es parte de la historia del movimiento villero, uno de los sectores sobre los que echa luz este tercer juicio oral por los crímenes de la ESMA. Mercedes Soiza Reilly es la fiscal del juicio. “Lo que ha permitido este megajuicio es visibilizar los colectivos políticos más humildes, que realizaron el verdadero trabajo territorial en los barrios carenciados. Ellos no sólo fueron silenciados por la cruda represión que fue dirigida desde las Fuerzas Armadas contra ellos, sino además porque a muchas familias no les fue posible acceder a la Justicia para denunciar los crímenes. Muchos de ellos están declarando por primera vez en este juicio, y esto es muy importante, porque el acceso a la Justicia sólo es posible debido a las políticas estatales que garantizan el acompañamiento, facilitando que esta vez también sean escuchadas las personas más vulnerables.”

“En 1976 estábamos hablando de urbanizarlas –dice Mantecol–. Teníamos planes grosos. Mugica decía que los pobres no querían ser pobres, por lo tanto había que devolverles la dignidad. Y otra cosa es que no se quería mejorar las villas. El decía: quiero que dejen de ser Villeros. Me acuerdo de que en un momento de la reunión con él en la villa 31 se desplegó un plano. ‘¿Me entendés?’, dijo: ‘Yo quiero estas casas para los compañeros’. Otro compañero mostró el plano. Y él dijo: ‘Si los ricos tienen un baño con bañadera, por qué no van a tener un baño con bañera los compañeros’. Entonces, en las villas ya no se discutía más sobre el pasillo que había que limpiar o a quién votar. Se discutían cosas grosas.”

La historia

“Mi viejo era comisario en Corrientes, muy fanático de Evita –arranca–. En 1956, adhirió al levantamiento del general Valle y a partir de eso lo degradaron y lo echaron. Como todo comisario, tenía montada otra empresita. Todo legal. Una empresita de transporte con dos camioncitos para transportar naranjas a la provincia, también traía y llevaba muebles y los vendía. De eso hizo un medio de vida. Tenía siete hijos. Yo era el menor. Mi mamá murió cuando apenas nací. Así que en medio de todo ese despiole, mi viejo solo, con una mano atrás y otra adelante, cuando las autoridades le sacaron el grado también persiguieron a la empresa, hasta que la perdió. Quedó en la nada. Pobre.”

En 1959, Alfredo tenía siete años. Se mudaron a Buenos Aires. “Durante un tiempito mi viejo anduvo de acá para allá, dándose la cabeza contra la pared, diciendo que iba a estar mal durante un tiempo, pero se iba a rehacer. Empezó en Claypole, después lo ayudó una amiga que vivía en San Fernando y le dio una piecita en la villa Uruguay. En esa villa empezó a trabajar. Ahí estuvo hasta que se compró su propia casa, también en la villa.”

Mantecol tenía nueve años cuando llegaron a la villa Uruguay. Ahora vive a tres cuadras. “Toda mi juventud la pasé ahí y era totalmente diferente, con otros tipos. Los jóvenes eran más solidarios. No existía la droga. Nosotros queremos recuperar la mística villera. Los chorros eran muy emblemáticos. Eran chorros de verdad porque iban a robar bancos. No tocaban a nadie. Había mucho respeto por los chicos. A los catorce años se me ocurrió hacer una travesía por la estación Victoria, que estaba a ocho cuadras. Un día, a las 10 de la noche, me vio un vecino y me llevó de la oreja. Mi viejo me levantó en peso en ese mismo momento, ¡imaginate! En las esquinas se juntaban los pibes, pero el más grande de la banda te mandaba a tu casa cuando llegaba la noche. Ahí armamos los primeros grupos solidarios porque había mucha pobreza.”

Los más jóvenes juntaban la basura y la llevaban a tres cuadras. Pero uno de los primeros datos de organización sucedió después del primer gran incendio en la villa, en el año 1964 o 1965. Los vecinos se juntaron. Fueron a ver al intendente. La villa estaba en el límite entre San Fernando y San Isidro, pero pertenecía a San Isidro. Había un intendente radical. Les dijo que se organizaran con delegados por pasillo porque “no iba a hablar con todo el mundo”. Entonces, dice Mantecol, “los vecinos se juntaron por pasillos. Había cuatro pasillos por manzana, eran siete manzanas así que había 28 pasillos. Nombraron delegados. Mi viejo que era muy peronista, y me quería mucho, fue a la reunión del pasillo. Yo ya tenía 18 años y me propuso como delegado. Yo trabajaba desde los doce años en un puesto de diarios. Inmediatamente los vecinos me aceptaron, habíamos dado muestras de ser solidarios. Nos juntamos con la comisión de delegados e hicimos una marcha al municipio”.

Años después en la ESMA se acordó de ese momento. Estaba en la huevera, una de los cuartos montados en el sótano con distintas funciones. Recibió una cantidad enorme de fotos. Fotos que los marinos se llevaban de la casas durante los operativos. Fotos de familia.

–¿Para qué se llevaban esas fotos?

–Robaban todo y con eso armaban las historias del secuestrado y, de paso –dice–, si veían un sospechoso de barba candado y pelo largo, preguntaban en el interrogatorio. El tema es que en la reunión que hicimos con el intendente estaban el intendente, un secretario y tres vecinos. Nadie más. Yo nunca vi un fotógrafo ahí, nada. Pero tres fotos de esa reunión estaban en la ESMA.

Pasillo 28

Para entonces eran unos 30 delegados con una reunión por semana. Una noche, el 26 de julio de 1972, se apagaron todas las luces del barrio. “Nos asustamos, y de golpe, veo un incendio como a tres cuadras:

–¡Se está quemando la villa otra vez! dijimos, y en eso escuchamos bombos. Era un homenaje a Eva Perón. Nos acercamos. En la oscuridad los tipos repartían volantes. Firmaban como de la Juventud Peronista de las FAP. Uno era el Flaco Alberto. Estaba su esposa, Cristina. El Flaco vino y me dio unos volantes.

–¿Para qué son? –le dije.

–¡Repartí! –me dijo–. Son de la JP.

–¿Y nosotros por qué no tenemos la Juventud Peronista en el barrio? –dije.

–Ustedes tienen que tener un lugar donde juntarse –aclaró–, donde los jóvenes se junten. No se pueden juntar así porque sí. Hay que organizarse, si no no van a salir más de la pobreza.

Me acuerdo de esa palabra, clarita.

–¿Y cómo hacemos?

–Y… –dijo el Flaco–. No sé, vos fijate.

Me quedé con eso. ¡Cómo se les ocurre a ellos hacer cosas en nuestro barrio, y a nosotros no se nos ocurre! Al otro día, a las 12 del mediodía, me avisan que anda un compañero preguntando por mí. Era el Flaco. Nos encontramos en el pasillo.

–Anoche me preguntaste por qué acá no está la Juventud Peronista. Yo vengo a ver si te puedo dar una mano –dijo–. Podemos ver si hay algún espacio.

–¡Bueno, dale! ¿Qué hacemos?

–Primero, nos tenemos que juntar.

Juntamos quince o veinte compañeros. Todos de la Uruguay. Intentamos que estuvieran representados de todos los pasillos. Estaba Chachito, Elio García, mi amigo del alma, hasta ahora, y medio que se convirtió en mi mano derecha. Nos criamos juntos y mientras eso avanzaba él se fue volcando a la religión evangelista. Chachito todavía está en el barrio. Estaba Selva, Selva Reinoso. Un hermano de Selva. También Nely Figueroa. Los chilenos que hasta ahora están conmigo. Son como mis hermanos: Mario Olivares, Rafael Ferrer y Ayunta Fidelia, la esposa de Mario. Ayunta es el apellido.”

El caño maestro

Con los delegados ya organizados hicieron tendidos de cables. Montaron una guardería para los hijos de las mujeres que salían a trabajar. Organizaron bailes en la única calle abierta de la villa para juntar dinero cuando decidieron comprar una de las casas en venta para poner la unidad básica. Necesitaban bastante plata, así que un grupo que andaba en la zona residencial repartió una nota: “Todo lo que a ustedes les sobra, a nosotros nos sirve”. Con lo que recibieron, hicieron ferias de tres cuadras de largo. “Con toda esa guita compramos la casa para la unidad básica”, dice Mantecol. Cristina, la esposa del Flaco Alberto, era secretaria general de Sanidad, los puso en contacto con los laboratorios como para conseguir algunos remedios. De la JUP, llegaban estudiantes de medicina, de odontología. En el barrio, controlaban los remedios y hacían el control médico sanitario a la gente. Ellos facilitaban los contactos con los hospitales y centros de salud. Así, la villa logró tener un médico a la semana. Los médicos revisaban a los chicos pero también controlaban partidas y vencimientos de remedios. Y les hacían anotar quién los recibía.

“Te voy a contar esta parte –dice y le pone tono de novela de suspenso–: nosotros teníamos cuatro caños de agua, es decir, cuatro canillas en un extremo del barrio para toda una villa de siete manzanas. Hicimos un censo: nos dio que había 607 familias. Teníamos todo controladito, como verás. La cuestión es que vimos que el tema del agua era el tema central, era muy escasa: cuatro canillas para 600 familias era muy poco. Había colas en las canillas para llevar 20 litros de agua para todo el día. ¿Qué hacemos?, dijimos. Otro relevamiento. Vimos qué vecino podía ayudar: encontramos de todo, albañiles, plomeros y hasta un arquitecto.”

En la mesa de un bar dibuja las siete manzanas sobre un cuaderno. El área está limitada por cuatro lados. De un lado, la avenida Uruguay, límite con San Fernando. Del otro, un descampado que hoy es Udaondo. En un extremo estaba la avenida Rolón, y en el otro, Formosa. Las manzanas por el medio están cruzadas por líneas de serpentinas. Algunas más rectas. Otras puro rulo. Las canillas estaban sobre el lado de Uruguay.

“Tenemos que lograr que Obras Sanitarias nos traiga el agua. Hicimos una nota. La firmamos todos. Dos hojas llenas de firmas. Fuimos a Obras Sanitarias de San Isidro. Todo muy bien hecho. Los plomeros pensaron por dónde iban a ir los caños maestros. Queríamos entrarlos por lo que ahora es Udaondo. Dejamos todo. Pasaron dos meses. Nada. Preguntamos. Fuimos. Hicimos una marcha. Y parece que eso les molestó porque dijeron que no, ¡esto no lo vamos a hacer, no hay caños, no hay nada para ustedes!”

–No nos dan el agua –dijimos–, entonces la tenemos que tomar; pero para tomarla, hay que tomarla bien. No puede ser pan para hoy y hambre para mañana. Podíamos ir del otro lado, cortar un caño y poner una manguera, pero no, porque éramos reorganizados, re decididos, nadie se echaba a atrás. Teníamos bien claro lo que queríamos. Eramos muy respetados por los mayores. Todos teníamos en claro qué necesitábamos. Y sin la ayuda de los vecinos no lo podíamos hacer.

La toma

Armaron tres grupos. Uno, para el pozo y los túneles. La idea era cruzar la avenida Uruguay. Hacer túneles de diez metros de largo y un metro y medio de profundidad para llegar del otro lado, donde estaban los caños maestros. “Ahí fue cuando me acordé de mi amigo el Bichi –dice–, estuvo después secuestrado conmigo. El padre trabajaba en Obras Sanitarias. Era radical y fanático del intendente. Pero en la villas como era todo solidario no importaba ser radical o no, sino que la gente tenía que tener el agua.”

El Bichi es Leonardo Martínez, otro de los integrantes de la perrada de la ESMA. Vivía en el Sauce, una villa que estaba en diagonal a la Uruguay, del lado de San Isidro, cruzando el descampado. Obras Sanitarias tenía los aparatos para los túneles. El padre los sacó por “izquierda”. Consiguieron palas. Los trabajadores de Aguas les enseñaron algo de la técnica. “Un cursito rápido”, dice Mantecol. Otro grupo era de apoyo y asistencia. El trabajo se hacía de noche, de día no se podía porque eso era como robar agua. Si llegaba la policía, podían ir todos presos. Así que el grupo avisaba cuándo pasaba la ronda. Paraban. Y luego seguían. El tercer grupo era de asistencia. En general, mujeres, encargadas de la compañía, sostener el trabajo con comida y mate.

“Habremos trabajado unos 20 días”, dice Mantecol. “A los 20 días, habíamos cruzado toda la avenida con 14 caños de una pulgada.”

Asamblea

Hacía falta una pequeña red de caños de tres cuartos de pulgada para pasar por los pasillos caños de media pulgada. Ese caño acercaba el agua a las casas. “Solidariamente entre todos los vecinos podemos poner el agua en los pasillos –se dijeron–. Para eso tenemos que juntar plata, comprar los caños y después cada vecino tiene que hacer su conexión a la casa. Solidariamente podemos ayudar.” Así que hubo dos etapas, gloriosas, dice, en la que para juntar plata hicieron hasta campeonatos de barrilete.

Para entonces, una parte de los más activos estaba encuadrada en el movimiento de villas. Mantecol era uno de los dirigentes. También estaba el Bichi. La adscripción a Montoneros se hacía a partir de una decisión personal. Mantecol dice que podían estar en el movimiento villero pero no ser de Montoneros.

La política

–¿Cuándo se organiza el movimiento villero?

–Movimiento villero siempre hubo, movidas villeras siempre hubo. Se va organizando la cosa con la Jotapé. En mi distrito, había doce villas. Era San Isidro. Cuando van cayendo voy asumiendo todo lo que eran villas. Villas que nunca había pisado pero tenía que ir porque con las caídas los trabajos habían quedado por la mitad. Y el que era responsable del barrio, a su vez tenía reuniones del barrio. En las reuniones del barrio participaban todos los delegados vecinos. Se decidían distintas cosas. Las reivindicaciones también se discutía de política. La discusión política no era a quién vas a votar. Se discutía por qué eramos pobres. ¿Qué camino tomar para salir? ¿Qué teníamos que hacer? ¿Qué significaba Evita para nosotros? Y discutíamos políticamente experiencias de otros barrios que se iban organizando.

–¿Cómo era la relación con Mugica?

–Cuando Montoneros decide que tiene que haber tipos de superficie, empiezan a blanquer a algunas personas. Se empieza a querer participar en política. Se crea el Partido Peronista Auténtico. Se hablaba de que la organización respondía en lo villero al padre Mugica, que era el factor aglutinador nacional. Había reuniones una vez por mes o mes y medio, de una comisión con representantes por distrito. En la zona norte, hubo una gran reunión del movimiento villero que estaba preparando el congreso villero en Córdoba. La reunión se hizo en la Villa 31 y ahí se arma la comisión del distrito, que fue mi primer gran hecho. Estaba orgulloso de que me hubieran elegido. Entré a la reunión a las seis de la tarde y salí a las tres de la mañana lleno de preguntas, de mensajes. Se había discutido de todo. Y había respeto por la gente de las villas. También me sentía orgulloso de salir a las tres de la mañana. Era como un reconocimiento de que yo ya era un villero.

–¿Mugica estaba ahí?

–Sí. Ahí empecé a trabajar en todas las villas. En un momento llegué a ser responsable de 38 villas. En 1976, hice una reunión del movimiento villero en la Villa Carlos Gardel, que me acuerdo porque apareció un compañero, Carlos, del ERP 22, que me propone una articulación con un sector mientras se venía todo abajo.

El secuestro

–¿Cómo te secuestraron?

–A medida que iban cayendo compañeros, se iban ocupando lugares. Todo el ’77 fue así. Caían de otros lados, pero yo trataba de mantenerme en la parte villera. Seguí visitando las villas. También trataba de eludirlos a muchos porque sabía que en cualquier momento caía. Las reuniones eran cada vez más esporádicas e inseguras. Yo caí en septiembre, pero para julio o agosto participé de una reunión. Fue la primera vez que me estaban buscando. Ya estaba medio rajado. Vivía en una pensión en San Fernando. Estaba de novio con una compañera de la Uruguay. No era una relación formal. Ella pensaba que sí pero yo no le decía nada. Cada tanto la visitaba. Estaba separada, tenía una nena de dos años. Yo había organizado una reunión con gente de la Uruguay y el Sauce. Les iba decir cómo estaba la situación. Mi papá vivía en la entrada. Siempre pasaba por ahí porque era un punto de referencia. Llego y a una cuadra veo la chanchita de ENTel, una chanchita con un tipo con una escalera subido a un palo de luz. Voy llegando. Veníamos haciendo prácticas de contraseguimiento. Estoy a una cuadra y me paro y digo: teléfono no hay. Teléfono público, no. El que se usaba estaba en la estación. ¿Qué cable pasa por la villa de ENTel en un palo de luz? Estos son los servicios, me dije. Pero los tipos ya me habían visto. Me metí al pasillo de acá.

Dice y señala uno de los caminos del dibujo que lo llevó entre serpentinas de la Uruguay al descampado, y de ahí al Sauce. “Corro y me meto en un pasillo. Era con salida, no todos tenían salida. Salgo y los tipos a los tiros se meten por acá. Tardan. Cuando llegan yo ya crucé el campo y llego a la Sauce. El auto paró acá. Si cuando me fueron a buscar por segunda vez hubiese estado ahí, no me agarraban: estaba salvado. Nunca entraba el GT a la villa a no ser que hubiera una razzia. Los equipos de tareas nunca pudieron entrar a la villa. Tenían mucho miedo a la villa. Ellos entraban si primero entraba el Ejército, la policía y entonces sí, te cercaban a porrazos.”

Mantecol cayó cerca de ahí. Se escondió en un terrenito que estaba comprando con su hermano, entre pastizales y humedad. Un panadero le prestó una prefabricada. Se fue con su novia. Una semana después los cazaron. A ella la liberaron.