TODO PRESO ES POETA

Rebautizado bajo seudónimo, con prontuario en vez de catálogo y eludiendo la previsible biografía barrial y carcelaria para reemplazarlas por un abanico nada despreciable de lecturas, wk o Waikiki entrega en 79 un poemario con una voz que conversa y polemiza con las instituciones de la prisión y de la literatura.

Por Luciana De Mello


En el gesto afirmativo de rebautizar lo que ya tenía nombre, se pone en evidencia el enorme peso del valor simbólico del nombre por encima del problema de la autenticidad. Lo auténtico, en tanto legítimo, en tanto costado de las cosas que habitan en lo real, no hace sino coartar las posibilidades de la invención, las posibilidades de encontrar nuevos sentidos. Más aún si hablamos de lirismo: “Este libro de 79 poesías se llama El ladrón que escribe poesías. Lo escribió un tal wk (Waikiki), nacido en Fuerte Apache, en septiembre de 1981, el año más violento de New York, pero él nació en la Argentina un año antes de la guerra por Malvinas, de lo que no recuerda nada”. Renombrar el poemario, renombrarse a sí mismo en un prólogo –al que ahora llama prontuario– es una forma de presentarse definiéndose en el cruce de los ejes más urgentes que darán forma a sus poemas: el barrio, las lecturas y la cárcel. Incomodando desde el principio, con una firma que se anuda en la garganta por lo imposible de su sonido, wk firma –y se afirma– también con las consonantes de lo plural que lo definen: PVC –aunque no se explique en el prontuario– es la sigla de Pensadores Villeros Contemporáneos, un movimiento artístico y cultural surgido en la cárcel de Devoto y del que forman parte músicos, escritores, artistas plásticos y actores tanto detenidos como liberados. Las calles del barrio, la secundaria interrumpida, las fechorías que lo llevan primero al hospital y luego a los buzones, donde leerá su primer libro, son el punto de partida para entrar al listado recortado de las lecturas que de ahí en más determinarán su nombre, sus imágenes, su yo lírico. Porque este poeta que leyó a Poe, a Rimbaud, a Baudelaire, a Cancerbero, que estudió Derecho, Administración y Letras en el Centro Universitario de la Cárcel de Devoto, pide perdón por no hablar de poesía en el prólogo, y en vez ponerse a detallar de dónde viene, cuántas balas lo atravesaron, qué libros lo hicieron, como si eso, acaso, no fuera también poesía. Pero wk lo sabe, y por eso firma el prontuario como El ladrón que escribe poesía, revelando así su falta de inocencia frente a la literatura como el espacio por excelencia del robo original y necesario.

En su aguafuerte La inutilidad de los libros, Roberto Arlt le contesta a un supuesto lector que le pide la recomendación de libros capaces de formarle un concepto amplio y cabal de la existencia: “Lo más que puede encontrarse en un libro es la verdad del autor, no la verdad de todos los hombres. Y esa verdad es relativa… esa verdad es tan chiquita… que es necesario leer muchos libros para aprender a despreciarlos”.

Esta frase de Arlt ilumina la construcción de la voz poética de wk cuando en el primer epígrafe del libro alerta sobre el material de lecturas del que está hecho: “La vida es real/ la literatura es personal”. Así, cada poema comenzará con un epígrafe que funcionaría –en primera instancia– como cita de autoridad, pero cuya firma luego se irá desautorizando y poniendo en duda hasta el ridículo. De esta manera, la poesía de 79 tiene el pulso de la oscilación entre la (vana) gloria de la posesión de un corpus de lecturas tan vasto como caprichoso, y al mismo tiempo el desprecio hacia la categoría y figura de autor, de lector, siendo acaso posible pensar este libro como una lectura del desprecio en el sentido más literal de la palabra, des-preciando la lógica del mercado, de la propiedad: “La luz es percibida/ solo por quien la puede comprar”. Wk ha leído lo suficiente como para poder despreciar la lectura, hacérsela parte de su prontuario, distribuir la autoría como más le plazca. No se es inocente al leer, no se es inocente al vivir y en cada afirmación él escribe un manifiesto: “este narrador (que odia al escritor wk) (y que también odia al portador de dicho apodo) no es más que un ser detestable (que lucha por salirse del envase) y quiere dejar en claro sus virtudes negativas”. Este narrador, que es también yo poético, salta cuando quiere del prontuario al verso y está desesperado de palabras en busca de esa verdad “tan chiquita”: “Me he preguntado por la verdad,/ y la encontré en un sillón sentada con un sueldo…. / Me hablaba de Marx, mientras se prendía un habano./ Me hablaba de Bakunin, con traje de Armani…/ Y todos eran la verdad, todos eran la verdad…”.
En este primer libro de poemas, wk asume la construcción de la propia voz estableciendo una lúcida discusión con lo que la sociedad y el sistema carcelario han intentado hacer de ella. Esa voz silenciada o bien versada por otros que la visitan, la entrevistan y la cuentan, pone en jaque a la norma culta haciéndola estallar desde una periferia que hoy escribe en el encierro.

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O inventário de Lara de Lemos – a herança de um tempo malsinado [a ditadura militar]

Lara de Lemos deixou-nos fisicamente, em 2010. Uma Poeta de linha de frente, autora de clássicos como “Aura Amara” e “Águas da Memória”.

Um dos últimos livros publicados pela gaúcha (contemporânea de Maria Carpi e Leonor Scliar -Cabral) é o tema de nosso relevante assunto: Inventário do Medo (1997), onde a escritora rememora, e vivencia em poemas, a dura imagem da ditatura militar no nosso país.

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Dá-se o dito

por não dito

dá-se o dado

por não dado.

Dá-se o dado

por perdido

dá-se o braço

por torcido

Dá-se o vidro

por partido

dá-se o grito

sufocado

Dá-se o medo

desmedido

dá-se o corpo

dizimado.

Nani

Nani

O tal do Tempo malsinado é precedido por muitas celas de terror:

Eram corpos de trevas e lonjuras

cobertos de brasas e feridas.

Pelas noites sombrias eles choravam,

pela manhã cinzenta adormeciam.

Eram corpos doridos que sofriam,

sem repouso, sem calma, sem estima,

Descalços, nus, pele encardida,

olhos que olhavam sem retina.

Lamentos de homens soterrados

em negros cativeiros, sem

o pão e o lume necessários.

Comparsas no medo, desolados

pressentiam, em pátios silenciosos,

os próximos passas imprecisos.

——

Viajo entre túneis de sono

como um cão vadio à procura

do dono.

Viajo em barcos fantasma

onde o tempo retrocede em busca

da alma.

Viajo consultando arquivos

e a memória ilumina rostos

redivivos.

Viajo procurando portos

e me encontro no país

dos mortos.

—-

No escuro – cegueira,

no sangue – soro ácido

na hora vazia – cansaço.

Na noite desvivida – insônia

no dia amordaçado – sono,

no ardor renovado – asco.

——-

Aprisionados no estreito retângulo

vislumbramos o azul

entre grades de ferro.

Breve encanto

– estratégia de hera,

teimosia de musgo.

Carlos David Fuentes

Carlos David Fuentes

——

Lara de Lemos explora a sequência de um ato criminoso, desde o instante decisivo ao momento doloroso das reminiscências.

Assim o seu livro está distribuído:

I – INVASÃO DE DOMICÍLIO

II – TEMPO DE INQUISIÇÃO

III- CELAS

IV- REMINISCÊNCIAS

É nítido: primeiro a busca, depois o interrogatório, a prisão no extremo e o sofrimento, ao ser tolhido a liberdade do sonho.

A dúvida e o gesto

antecipam julgamentos.

Presa na garganta

a resposta é a mola

da desgraça e da luta.

Tantas as perguntas,

tantas as denúncias,

tantos os indícios de culpa.

que só resta

aceitar a sentença

e beber, sem pressa, a cicuta.

A partir da culpa

(falsa ou verdadeira)

o homem muda o destino

perde o direito ao protesto

fica sem beira nem eira

é apenas: o culpado.

—-

Cantarei versos de pedras.

Não quero palavras débeis

para falar do combate.

Só peço palavras duras,

uma linguagem que queime.

Pretendo a verdade pura:

a faca que dilacere,

o tiro que nos perfure,

o raio que nos arrase.

Prefiro o punhal ou foice

às palavras arredias.

Não darei a outra face.

Um dia, de repente,

arrastam-nos à força

para um lugar incerto.

Um dia, de repente,

desnudam-nos impudica/

mente.

Um dia, de repente

é o duro frio

do escuro catre.

Um dia, de repente,

somos apenas um ser vivo:

verme ou gente?

De súbito é o susto

estampado no rosto

refletido no espelho

parado na garganta.

Invasores transitam

pelo quarto

desrespeitam o sono

em furor incontido.

Colocam algemas

em pulsos inocentes.

Contra palavras – há muros

contra lamentos, murros.

Levam jovens na mira

de fuzis reluzentes.

De que serve a palavra

se a desdida brinca com a sorte

num perverso jogo

de inventar vida e morte?

De que serve a dor

ou o grito contido

se sentir, seja o que for,

é pânico e perigo?

De que serve a voz

do algoz e o precipício

se o desastrado ser

já foi proscrito?

POEMAS DE LARA DE LEMOS

MINUTA DE DIEGO MENDES SOUSA

“Nossa vida não termina diante da pedra de um sepulcro”

A pedra removida

 

vaticano ressur

«A pedra do sofrimento foi removida deixando espaço à esperança»: na evocativa imagem escolhida pelo Papa Francisco para descrever «o grande mistério da Páscoa», está a chave de leitura para viver o tríduo santo. De facto, na vigília do início das celebrações pascais, o Pontífice dedicou a audiência geral ao «ápice de todo o ano litúrgico» e, acrescentou, «também o ponto culminante da nossa vida cristã». Porque, explicou aos numerosos fiéis presentes na praça de São Pedro, «a nossa vida não acaba diante da pedra de um sepulcro»; ao contrário, «vai além com a esperança em Cristo que ressuscitou precisamente daquele sepulcro».

“Adorando a Cruz, olhando Jesus, pensemos no amor, no serviço, na nossa vida, nos mártires cristãos e também nos fará bem pensar no final da nossa vida. Ninguém de nós sabe quando isso vai acontecer, mas podemos pedir a graça de poder dizer: Pai, fiz o que pude. Está consumado”.

 

Última Ceia (C. 1150). Catedral de Chartres, França

Última Ceia (C. 1150). Catedral de Chartres, França

 

O Tríduo se abre com a celebração da Última Ceia. Jesus, na véspera de sua paixão, oferece ao Pai o seu corpo e o seu sangue sob as espécies de pão e de vinho e, doando-os em alimento para os apóstolos, ordenou-lhes perpetuar a oferta em sua memória. O Evangelho desta celebração, recordando o lava pés, exprime o mesmo significado da Eucaristia sob outra perspectiva. Jesus – como um servo – lava os pés de Simão Pedro e dos outros onze discípulos (cfr Jo 13, 4-5). Com esse gesto profético, Ele exprime o sentido da sua vida e da sua paixão, aquele do serviço a Deus e aos irmãos: “O Filho do homem, de fato, não veio para ser servido, mas para servir” (Mc 10, 45).

Isso aconteceu também no nosso Batismo, quando a graça de Deus nos lavou do pecado e fomos revestidos de Cristo (cfr Col 3, 10). Isso acontece cada vez que fazemos o memorial do Senhor na Eucaristia: fazemos comunhão com Cristo Servo para obedecer ao seu mandamento, aquele de nos amarmos como Ele nos amou (cfr Jo 13, 34; 15, 12). Se nos aproximamos da santa Comunhão sem estarmos sinceramente dispostos a lavarmos os pés uns dos outros, não reconhecemos o Corpo do Senhor. É o serviço de Jesus que doa a si mesmo, totalmente.

Depois, depois de amanhã, na liturgia da Sexta-Feira Santa, meditamos o mistério da morte de Cristo e adoramos a Cruz. Nos últimos instantes de vida, antes de entregar o espírito ao Pai, Jesus disse: “Está consumado!” (Jo 19, 30). O que significa esta palavra? Que Jesus diga: “Está consumado”? Significa que a obra da salvação está cumprida, que todas as Escrituras encontram seu cumprimento no amor de Cristo, Cordeiro imolado. Jesus, com seu Sacrifício, transformou a maior injustiça no maior amor.

Ao longo dos séculos há homens e mulheres que, com o testemunho da sua existência, refletem o raio deste amor perfeito, pleno, não contaminado. Gosto de recordar um heroico testemunho dos nossos dias, Don Andrea Santoro, sacerdote da diocese de Roma e missionário na Turquia. Algum dia antes de ser assassinado em Tresbisonda, escreveu: “Estou aqui para morar no meio desse povo e permitir a Jesus fazê-lo emprestando-lhe a minha carne… Uma pessoa se torna capaz de salvação somente oferecendo a própria carne. O mal do mundo seja suportado e a dor seja partilhada, absorvendo-a na própria carne até o fim, como fez Jesus” (A. Polselli, Don Andrea Santoro, as heranças, Cidade Nova, Roma 2008, p. 31). Este exemplo de um homem dos nossos tempos e tantos outros nos apoiam em oferecer a nossa vida como dom de amor aos irmãos, à imitação de Jesus. E também hoje há tantos homens e mulheres, verdadeiros mártires que oferecem suas vidas com Jesus para confessar a fé, somente por esse motivo. É um serviço, serviço do testemunho cristão até o sangue, serviço que Cristo noz fez: redimiu-nos até o fim. E este é o significado daquela palavra “Está consumado”. Que belo será se todos nós, ao fim da nossa vida, com os nossos erros, os nossos pecados, também com as nossas boas obras, com o nosso amor ao próximo, possamos dizer ao Pai como Jesus: “Está consumado”; não com a perfeição com a qual Ele disse, mas dizer: “Senhor, fiz tudo o que pude fazer. Está consumado”. Adorando a Cruz, olhando Jesus, pensemos no amor, no serviço, na nossa vida, nos mártires cristãos e também nos fará bem pensar no final da nossa vida. Ninguém de nós sabe quando isso vai acontecer, mas podemos pedir a graça de poder dizer: “Pai, fiz o que pude. Está consumado”.

O Sábado Santo é o dia em que a Igreja contempla o “repouso” de Cristo no túmulo depois do vitorioso combate da cruz. No Sábado Santo, a Igreja, uma vez mais, se identifica com Maria: toda a sua fé é recolhida nela, a primeira e perfeita discípula, a primeira e perfeita crente. Na obscuridade que envolve o criado, Ela permanece sozinha a manter acessa a chama da fé, esperando contra toda esperança (cfr Rm 4, 18) na Ressurreição de Jesus.

E na grande Vigília Pascal, em que ressoa novamente o Aleluia, celebramos Cristo Ressuscitado centro e fim do cosmo e da história; vigiamos cheios de esperança à espera do seu retorno, quando a Páscoa terá a sua plena manifestação.

Às vezes a escuridão da noite parece penetrar na alma; às vezes pensamos: “agora não há mais nada a fazer” e o coração não encontra mais a força de amar… Mas justamente naquela escuridão Cristo acende o fogo do amor de Deus: um brilho quebra a escuridão e anuncia um novo início, algo começa no escuro mais profundo. Nós sabemos que a noite é “mais noite”, é mais escura pouco antes que comece o dia. Mas justamente naquela escuridão é Cristo que vence e acende o fogo do amor. A pedra da dor é abatida, deixando espaço à esperança. Eis o grande mistério da Páscoa! Nesta noite santa, a Igreja nos entrega a luz do Ressuscitado, para que em nós não haja o remorso de quem diz “por agora…”, mas a esperança de quem se abre a um presente cheio de futuro: Cristo venceu a morte, e nós com Ele. A nossa vida não termina diante da pedra de um sepulcro, a nossa vida vai além com a esperança em Cristo que ressuscitou justamente daquele sepulcro. Como cristãos, somos chamados a ser sentinelas da manhã, que sabem discernir os sinais do Ressuscitado, como fizeram as mulheres e os discípulos reunidos no sepulcro na aurora do primeiro dia da semana.

Queridos irmãos e irmãs, nestes dias do Tríduo Santo não nos limitemos a celebrar a paixão do Senhor, mas entremos no mistério, façamos nossos os seus sentimentos, as suas atitudes, como nos convida a fazer o apóstolo Paulo: “Tenhais em vós mesmos os sentimentos de Cristo Jesus” (Fil 2, 5). Assim, a nossa será uma “feliz Páscoa”.