Traficants d´ànimes

por Gustau Nerín

La esclavitud continuó siendo la base de las economías de plantación de las islas del Océano Índico y el Caribe —en lo que respecta a España, Cuba y Puerto Rico—, Brasil y el sur de los Estados Unidos hasta el último tercio del siglo XIX.

El contrabando transoceánico de esclavos del XIX es un magnífico ejemplo de la estrecha relación entre economía legal y criminal tan característica del capitalismo (aunque no sólo de él). Los productos de plantación cosechados y recolectados por africanos ilegalmente mantenidos en situación de esclavitud en América eran objeto de comercio legal en los mercados europeos y americanos y las cuantiosas ganancias resultantes del tráfico ilegal de esclavos se transformaban en inversiones legales mediante el naciente sistema financiero mundial, como hacen en la actualidad los traficantes de drogas o armas.

El ensayo de Nerín viene a recordarnos que el final de la esclavitud en América no equivalió al final del trabajo forzoso ni siquiera allí (no digamos ya en lugares como el Congo de Leopoldo II. Muchos esclavos emancipados fueron obligados a permanecer en las plantaciones americanas en penosísimas condiciones, muy similares a las de su anterior esclavitud, en calidad de trabajadores ‘contratados’. Los ex esclavos no tenían derecho a rescindir sus contratos, que podían ser de por vida.