Brasil, dictadura, colonización y expansión

Las venas de América Latina siguen sangrando

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El 31 de Marzo de 1964, un golpe de Estado encabezado por militares derechistas derroca al presidente João Goulart. El golpe se da como respuesta a medidas nacionalistas tomadas por su gobierno como los controles al aumento del precio de los alquileres, la nacionalización de las refinerías de petróleo, la expropiación de las tierras no explotadas y la limitación de la exportación de ganancias obtenidas por las empresas foráneas, medidas que daban cierta autodeterminación al país, sacudían parte de la injerencia imperialista y afectaban intereses de la oligarquía.

A raíz del golpe, revueltas populares se levantan, los movimientos sociales así como los partidos políticos de izquierda son perseguidos, se cuentan por miles los asesinatos cometidos por la dictadura; la represión es combatida por grupos guerrilleros de ideología marxista e influenciados por el triunfo de la revolución cubana. Mientras el pueblo sufre la represión brutal, la oligarquía nacional brasilera y el imperialismo acrecientan sus inversiones, expanden los latifundios y aumentan sus ganancias y fortunas. 21 años después, la presión popular y el desgaste de la dictadura, la hacen caer, se realizan elecciones directas.

Al final de los años 60 y 70 y como parte de la política económica de la dictadura, se inició una agresiva campaña de “colonización” y expansión de las inversiones en la zona norte del país, más específicamente en región amazónica, lo que produjo deforestación y potrerización de millones de hectáreas con la consecuente concentración y ampliación latifundista (sólo una familia, los Mutrán, llegó a tener más de 50 mil hectáreas), para la misma época -en el año de 1967- se descubren los yacimientos de hierro en la “serra dos Carajás” por una empresa subsidiaria de la “United States Steel Corporation”.

Debido al importante hallazgo la compañía Vale do Rio Doce, para el año de 1970 empieza a desarrollar el “Projeto Carajás”. En esta misma zona fueron también descubiertos otros yacimientos minerales de cobre, manganeso, bauxita, níquel, estaño y oro, además en la región también está la “Serra Pelada”, gigantesca explotación artesanal de oro -que fue inmortalizada por el fotógrafo Sebastián Salgado – ahora abandonada por los pequeños mineros y la riqueza del yacimiento exprimida por la Vale.

El descubrimiento de los yacimientos contribuyó en gran medida a la deforestación de la selva amazónica en esta parte de Brasil, no sólo por los daños ambientales propios de la explotación minera sino también por la ampliación de la frontera agropecuaria con fines latifundistas y la destrucción de miles de hectáreas de bosque para quemar su madera y de esta forma producir el carbón necesario para el funcionamiento de siderúrgicas en la región sur-sureste de Pará, norte del estado de Tocantins y oeste de Maranhão.

La Vale.

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En la primera fase que se desarrolló en los años 70 y 80 del proyecto Carajás se explotaban cerca de 10 millones de toneladas de hierro al año con una calidad cercana al 70% de hierro en el material extraído, para esos años la Vale do rio doce (Valle del río dulce) era una de las empresas insignias del Estado brasilero que para la primera mitad de los años 90 explotaba en promedio 80 millones de toneladas de mineral de hierro, sin embargo la súper-explotación de los minerales del rico subsuelo de esta parte de la Amazonía aún no empezaba.

Para el año de 1997, en la presidencia del neoliberal Fernando Henrique Cardozo, el gobierno brasilero privatiza la empresa, cambia su nombre de Vale do rio Doce a simplemente Vale, para ese año se produjeron 184.974.000 toneladas de mineral de hierro y acero en el Brasil de las cuales por lo menos 100 millones salieron de las minas del complejo Carajás. La privatización de la empresa aumentó exageradamente la explotación de minerales, para el año 2008 la producción de mineral de hierro y acero en el Brasil llegó a 360.000.000 de toneladas de las cuales 250.000.000 salieron del sur sureste paraense.

En la actualidad la producción brasilera llega a la cifra de 400.000.000 de toneladas al año, de las cuales tres cuartas partes son producidas en el complejo del sureste Paraense dando la increíble cifra de 822.000 toneladas diarias convirtiéndola en una de las minas de hierro más grandes del mundo y con miras a expandirse. Las acciones de la empresa se encuentran en proporción de un 55% en manos de fondos de inversión estatales y un 45% en manos de bancos y otros inversionistas privados, la Vale cotiza sus acciones en las bolsas de valores de París, Nueva York, Hong Kong y São Paulo y junto a la BHP Billingtong (Dueña en Colombia de Cerromatoso en el departamento de Córdoba y accionista de El Cerrejón) y la empresa Río Tinto son las tres mayores mineras a nivel mundial.

Esta gran cantidad de hierro extraído sobrepasa de lejos la demanda interna brasilera que ronda los 35 millones de toneladas anuales y que es suplida por explotaciones en el estado de Minas Gerais por compañías como la propia Vale y Votorantim (ahora dueña de Acerías Paz del Río y Minas Paz del Río en Colombia). Por consiguiente el 90% de la explotación de mineral es para la exportación en bruto a países como Alemania, Estados Unidos, Japón y China, material que es transportado en camiones y por vías férreas por trenes con 300 vagones que hacen entre 6 y 8 viajes de ida e igual número de vuelta al día, desde la región de la explotación hasta el puerto situado en la ciudad de São Luis, capital del estado de Maranhão.

Para el 2014 la empresa Vale obtuvo ganancias netas por el orden de 657 millones de dólares y además pagó 4.200 millones de dólares en dividendos a los accionistas por su producción de 331.6 millones de toneladas de mineral de hierro y sus inversiones en más de 35 países. Sin embargo la empresa calificó el año pasado como “un año muy difícil debido a la caída acentuada hace cinco años de los precios de los commodities.”[1]

En Brasil y debido a leyes y normas de los gobiernos las empresas mineras pagan en materia de impuestos sólo entre el 1 y 3% de las ganancias obtenidas por sus operaciones, dependiendo del mineral extraído, además, reciben exenciones tributarias para actividades como la exportación.

Aparte de las actividades de explotación del mineral, la empresa es dueña de la línea férrea de 900 kilometros que conecta el complejo minero de Carajás con São Luis de Maranhão, del puerto de embarque y de los barcos para la exportación de material.

En Colombia, hasta el año 2012 la empresa Vale tuvo inversiones cercanas a los 300 millones de dólares en el departamento del Cesar, en donde explotaba una mina de carbón térmico que producía alrededor de 4,5 millones de toneladas al año, además poseía un puerto de embarque en el Atlántico y acciones que le daban propiedad de aproximadamente el 10% de Fenoco (ferrocarriles del norte de Colombia), estos activos fueron comprados por un fondo de inversionistas privados.

Los trabajadores.

En los años del funcionamiento de las mineras y el avance territorial del capitalismo en la región se han presentado diferentes transformaciones ecológicas. La región sur de Pará ha visto el nacimiento de ciudades importantes en menos de 30 años, caso emblemático el de la ciudad de Parauapebas que con 27 años cuenta ya con una población cercana a los 300.000 habitantes -quienes en su mayoría están relacionados con la minería, el transporte y los servicios- expulsando a los indígenas y ocupando porciones de selva a las márgenes del río homónimo.

Para llevar a cabo sus operaciones, la Vale Carajás emplea directamente una cifra cercana a los 12.000 trabajadores, sin embargo, por cada trabajador con vinculación directa, la empresa tiene 3 tercerizados es decir, trabajan para la Vale pero su vinculación laboral se hace a través de otras empresas, garantizando salarios más bajos, menores garantías económicas y sindicales y aún más ganancias para la empresa.

Así como en los años anteriores a su privatización la empresa representaba para el estado brasilero un activo estratégico, para los trabajadores se mostraba como una oportunidad de trabajo estable, con salarios que rondaban en promedio el equivalente a 10 salarios mínimos mensuales y otros beneficios. A raíz de la privatización de la empresa las vinculaciones se han pauperizado, los salarios han bajado hasta 2.5 salarios mínimos mensuales en promedio y por la “crisis” de la empresa se han recortado beneficios como el subsidio de arriendo para vivienda, la bolsa de alimentación y el paquete de salud.

Es importante resaltar que según algunos estudios, los trabajadores de este tipo de minería monstruosa tienen probabilidades significativamente más elevadas de sufrir amputaciones, la muerte o problemas mentales asociados a la esquizofrenia.

Para enfrentar las intenciones de los patronos y darle mayor fuerza a la lucha de los trabajadores, se creó Metabase, sindicato de los trabajadores de la industria de hierro y metales básicos, que cuenta con 23 seccionales estaduales en Brasil y miles de asociados. Sin embargo y en contra de los intereses de los obreros, en 22 de las 23 seccionales del sindicato las direcciones apoyan decididamente las medidas de la empresa llegando incluso a perseguir a trabajadores que promueven reivindicaciones obreras, a esta dinámica de cooptación del movimiento sindical sólo escapa la seccional de estado de Minas Gerais.

Para el caso de Carajás, de los trabajadores vinculados directamente, 4.000 están afiliados al sindicato constituyendo de esta manera la mayor seccional del sindicato en el Brasil, también en manos de los patronos pero con un creciente Movimiento de oposición sindical que por un lado ha sido apoyada por movimientos sociales y reprimida por la empresa y sus esbirros en el sindicato.

La disputa por el sindicato en Pará ha tenido como centro de la persecución al trabajador Anízio Álves Teixeira, uno de los impulsores del Movimiento de oposición sindical y candidato a las elecciones del sindicato por la chapa (plancha) 2, Anízio fue despedido ilegalmente de la empresa, por sus labores políticas, por la distribución y participación en la edición del informativo “a classe operaria sem censura” (“la clase trabajadora sin censura”) que denuncia los movimientos de la empresa así como el mal proceder de las directivas del sindicato. Un juez ordenó la restitución de Anízio a su trabajo a lo que la empresa ha contestado dilatando la realización de las elecciones, presionando al sindicato para declarar ilegal la postulación de la chapa 2 y buscando que sus miembros sean despedidos.

El capital arremete y clava sus garras con más fuerza.

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La división internacional del trabajo como repartición capitalista del mundo impuesta violentamente o por medio de medidas que buscan explotar las “ventajas comparativas” con locomotoras o planes desarrollistas, busca los mayores rendimientos para la acumulación de capital pasando por encima de comunidades, biomas y territorios sin importar necesidades reales de pueblos y naciones.

En esta división capitalista del mundo, a las tierras del sur se nos imponen las necesidades de las transnacionales y del imperialismo como propias, así, nuestros países se convierten en productores de materias primas – commodities -.

En la amazonia brasilera aparte de la depredación causada por la Vale, los inversionistas están inyectando enormes cantidades de dinero para la instalación de monocultivos de maderables como pino, eucalipto y teca, y cereales como soja y maíz –agronegocio-, construyendo enormes represas para la generación de energía –hidronegocio- y cebando millones de cabezas de ganado para la exportación – 70 millones de cabezas de ganado tiene en la actualidad la región norte de Brasil-, negocios que necesitan de un paso anterior común: la deforestación y el desplazamiento de comunidades.

Llama la atención que estos intereses son muy parecidos a los que impulsaron la confianza inversionista del expresidente Álvaro Uribe e impulsan la locomotora minero-energética y el proyecto de las Zonas de interés de desarrollo empresarial ZIdres de Santos en Colombia, así como el proyecto de interconexión internacional IIRSA para la amazonia.

Los pueblos resisten.

La llegada de estas empresas e inversiones generan, de cualquier manera, reacciones, ya sea en muchos casos de postración a los intereses del capital por gran parte de los gobiernos o la disputa por el territorio y el manejo soberano de los bienes de la naturaleza, que hacen las comunidades para desarrollar lo que han denominado un proyecto popular para Brasil.

Es así como el Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra –MST- hace frente al latifundio con tomas de tierras, campamentos y lucha política por una reforma agraria que vaya más allá de la distribución de la tierra y garantice un buen vivir para los campesinos y una lucha frontal contra el agronegocio y la llamada revolución verde.

Contra la minería en sus afectaciones y su política se destacan el Movimiento Nacional por la soberanía popular frente a Mineração –MAM-y los sectores del sindicalismo popular, así como comunidades indígenas, campesinas y negras que viven en carne propia los problemas causados por la minería.

Existe además el Movimento dos atingidos pelas barragens –MAB- movimiento que tiene reivindicaciones contra las hidroeléctricas y sus afectaciones.

Estos movimientos son sólo una muestra de las organizaciones que resisten existentes en la región y en Brasil en general.

La lucha para detener el desangre de las riquezas naturales de nuestras naciones y pueblos traspasa esfuerzos individuales y necesita de organizaciones sociales y populares, regionales, nacionales e internacionales que encaminen sus esfuerzos para la construcción de un proyecto económico político y social que deje atrás el capitalismo y su depredación natural y humana.

En los últimos años se han dado pasos en firme para la consolidación de articulaciones internacionales de lucha como lo son la Vía Campesina a la cual el Coordinador Nacional Agrario CNA hace parte y el ALBA de los pueblos que cuenta con la participación del Congreso de los pueblos.

Las luchas locales y propias de nuestras comunidades en pos de la soberanía y autodeterminación de los pueblos son aporte y garantía para las luchas del mundo y apoyo real para hacerle frente a las transnacionales de múltiples facetas y expresiones como la Vale.
Nota

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[1] Palabras de Luciano Siani, director ejecutivo de Finanzas de Vale, en un video dirigido a los inversores. Información de AFP.
Publicado originalmente en: Trochando Sin Fronteras: http://trochandosinfronteras.info/la-vale-las-venas-de-america-latina-siguen-sangrand/

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El efecto Francisco

Por Washington Uranga

1 Pope Francis waves to the crowd from the popemobile as he makes his way to the Festival of Families along Benjamin Franklin Parkway in Philadelphia on Sept. 26, 2015. (AP Photo:Pablo Martinez Monsivais,Pool)

2  Pope Francis rides in the popemobile along Independence Mall before delivering a speech outside Independence Hall Saturday, Sept. 26, 2015, in Philadelphia. (AP Photo:Carolyn Kaster)

4 A nun from the Guadalupanas Eucaristicas del Padre Celestial smiles from behind a barricade, Saturday, Sept. 26, 2015, in downtown Philadelphia. (AP Photo:John Minchillo)

Francisco

Francisco visita Filadelfia

El papa Francisco está culminando hoy su visita a Estados Unidos participando de un acto en el marco del Encuentro Mundial de las Familias. Será un encuentro eminentemente religioso después de días muy intensos que tuvieron, tanto en Cuba como en territorio norteamericano, una fuerte marca política. El hecho de que Jorge Bergoglio haya elegido cerrar su periplo con una celebración de tono religioso, que además será la más masiva de todas, también debe leerse como parte de la estrategia del Pontífice. En Filadelfia se dará el más grande “baño de masas” (se esperan más de dos millones de personas) y se referirá a cuestiones claramente “pastorales”. Un doble límite para aquellos que critican su perfil “político” pero al mismo tiempo una nueva manifestación de respaldo popular que lo reafirma en su rol de liderazgo. Un broche de oro para un periplo exitoso que comenzó en Cuba y que culmina en Estados Unidos después de haber pasado en Nueva York por la Asamblea de las Naciones Unidas.

Difícil de descifrar

Para muchos analistas, este Papa se está convirtiendo en una figura indescifrable en términos políticos e ideológicos clásicos. ¿De derecha? ¿De izquierda? ¿Liberal? ¿Marxista? Dependiendo del lugar en que se ubique quien está haciendo el análisis, cada uno, más de uno y todos estos calificativos valen para Francisco. Es más. Si alguien se pone a analizar su historia personal y sus pronunciamientos en la Argentina sobre muchos de los mismos temas que ahora aborda (desde la diversidad sexual hasta su posicionamiento político) seguramente podrá leer contradicciones. Salvo en un punto: la defensa de los pobres que ha sido una constante siempre, antes y ahora. Los admiradores y defensores de Bergoglio sostienen que no hay ni en sus manifestaciones ni en sus prácticas ningún tipo de diferencias o contradicciones. Francisco, para ellos, es un auténtico Bergoglio. Existen otras miradas.

El periodista norteamericano Rush Limbaugh, habitual vocero de la derecha de aquel país, sostuvo sin pelos en la lengua que la exhortación apostólica Evangelii gaudium (La alegría del Evangelio), documento papal difundido en el 2013, es “puro marxismo”. El texto, mucho más “religioso” que la reciente encíclica Laudato si (Alabado sea) sobre la cuestión ambiental, incluía sin embargo una dura crítica al capitalismo salvaje. Stephen Moore, economista de The Heritage Foundation, dijo en Washington que el Papa “se ha mostrado muy escéptico con el capitalismo y el libre mercado y creo que eso es preocupante” y coincidió en que Francisco tiene “claramente tendencias marxistas”. George F. Will escribió en The Washington Post que “con el celo indiscriminado de un converso, (el Papa) abraza ideas impecablemente de moda, demostrablemente falsas y profundamente reaccionarias”. Y remató diciendo que sus propuestas “arruinarían a los pobres en cuyo nombre pretende hablar”.

La izquierda

Parte de la izquierda, sobre todo la de tradición marxista más ortodoxa, sigue recelando de Francisco. No termina de creer en la sinceridad de sus propuestas aunque los temas de agenda y también muchas de las posiciones coincidan con sus propios postulados. Existe casi una cuestión visceral de rechazo a la Iglesia Católica y a su institucionalidad. Y más allá de lo que diga, Bergoglio es el Papa del catolicismo, al que se considera retrógrado, reaccionario y aliado al poder antipopular. Para quienes así lo miran no bastan los “baños de masas” ni el respaldo popular que probablemente se leen como una expresión más de “alienación” religiosa.

Las manifestaciones de entusiasmo frente a las posiciones del Papa expresadas por el presidente Barack Obama y otros voceros norteamericanos operan a favor y en contra, según los casos. John Kerry, el secretario de Estado norteamericano, dice estar “profundamente satisfecho porque las prioridades de política exterior de Estados Unidos y los buenos oficios de la Santa Sede coinciden en muchos temas”. Y no se cansa de agradecerle a Bergoglio, como también lo hace Raúl Castro, la colaboración para el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos. Bergoglio reedita con Obama y desde otro lugar ideológico, el diálogo y las coincidencias que en los años ochenta unieron a Juan Pablo II y Ronald Reagan, entonces para luchar contra el comunismo.

Frei Betto, un sacerdote católico brasileño identificado con la teología de la liberación y un gran aliado de Cuba y de Fidel Castro, sostiene en cambio que “toda la izquierda latinoamericana que conozco está muy feliz con el papa Francisco” porque “es el primer Papa que tiene claramente una opción con los pobres y que denuncia las causas de las injusticias, no solamente los efectos”.

¿Cómo ubicarlo?

Pero volviendo a lo anterior. ¿Se puede ubicar con sensatez al papa Francisco en algún “casillero” político ideológico? Fortunato Mallimaci, reconocido y prestigioso sociólogo de la religión argentino, dijo en declaraciones a la agencia Paco Urondo, que “un periodista del New York Times me preguntó si el Papa era liberal, conservador o de izquierda. Nada de eso. Es católico, porque es la catolicidad como otra manera de enfrentar esa concepción liberal y la marxista. Acabado hoy ese marxismo la Iglesia retoma su discurso antiliberal, anticapitalista para catolizar”, agregó. Y sostuvo que “el catolicismo no piensa la política alejada de la religión”. Para Eduardo Valdes, embajador argentino ante la Santa Sede, “el Papa no es marxista, ni populista, ni peronista. Es un cristiano en el sentido más profundo y quiere llevar adelante la palabra de Cristo y la conducta de San Francisco de Asís”.

Lo real es que el papa Jorge Bergoglio se ha transformado en una figura política de relevancia internacional que participa activamente de la agenda política, introduce temas en la misma, y fija posiciones desde una perspectiva católica, cristiana, pero también humanista e interreligiosa. Para hacerlo pone el acento en la defensa del hombre y de la vida, y muy especialmente en el cuidado de los pobres, los excluidos, los desplazados de cualquier tipo. El cuidado de las personas y sus derechos, es el punto que conecta todas las preocupaciones. Y su eslogan político son las tres T: techo, tierra y trabajo.

Puede ser prematuro hablar de Francisco como líder mundial. Pero nadie puede negar ya su incidencia. Por méritos propios para leer la coyuntura internacional y, desde allí, interpretar cuál puede ser el aporte de la Iglesia y el suyo personal. Pero además por la importancia que la religión (las grandes religiones) juegan en concierto mundial en el resquicio que dejan las crisis políticas e ideológicas.

En la Iglesia

Dentro de la Iglesia Católica también hay temblores de cambio. Muchos conservadores están “decepcionados”. Probablemente porque a la luz de algunos antecedentes (de los anteriores papas y los de Bergoglio obispo) esperaban otro discurso y mayor cercanía al poder hegemónico. No conciben una Iglesia enfrentada al poder. Lo dicen pero también recelan de lo que llaman “relativismo doctrinal” aludiendo a las aperturas de Francisco ante temas que habían sido tabú para la Iglesia (aborto, diversidad sexual, matrimonio) así el Papa hasta ahora no se haya movido un milímetro de la ortodoxia doctrinal. Lo que ha cambiado es la actitud pastoral poniendo el acento en el acercamiento a las personas concretas, a sus problemas y angustias.

En el aparato de la Iglesia hay quienes se preocupan porque ven llegar aires nuevos que quizá les hagan perder poder. Algunos, incluidos muchos obispos, prefieren no darse por enterados de que algo está cambiando o que cambió ya. Otros, en cambio, señalan que “hasta el momento Bergoglio no hizo nada” argumentando que habrá verdaderos cambios cuando se modifique la forma de gobierno y la estructura de poder todavía vigente y se avance hacia una conducción colegiada. Para ello se necesitan iniciativas muy fuertes de Francisco que, si bien ha dado indicios de caminar hacia allí, todavía están lejos de concretarse. Los “progresistas”, por calificarlos de alguna manera, están satisfechos con la agenda de Francisco y sus pronunciamientos. Confían en que se está produciendo un cambio que, admiten, era inesperado para ellos en el momento en que Bergoglio inició su pontificado. Basta escuchar las lisonjas hacia Francisco de teólogos como Leonardo Boff o Gustavo Gutiérrez.

Se sabe que los contenidos no son separables de las formas. Menos en este tiempo en que la cultura de la comunicación todo lo traduce en símbolos, en gestos, en imágenes. Y Francisco apoya su discurso en una gestualidad de cercanía, de jovialidad, de sencillez y austeridad que repercute muy positivamente en las audiencias en general, católicas o no. A tal punto es así que L’Osservatore Romano, diario oficial del Vaticano, ha comenzado a publicar, por primera vez en la historia de la Iglesia, caricaturas del Papa. Como el hecho de que el Bergoglio hay elegido vivir en una residencia austera este también es un símbolo de una nueva época.

Papa insta pobres a luta por teto, trabalho e terra: “Não se intimidem”

Na Bolívia, Francisco pede perdão pelos “crimes” na conquista da América

Mulher espera a passagem do Papa em Santa Cruz. / MARTIN ALIPAZ (EFE)

Mulher espera a passagem do Papa em Santa Cruz. / MARTIN ALIPAZ (EFE)

por Pablo Ordaz

As palavras do Papa Francisco não podiam ter sido mais categóricas: “Peço humildemente perdão, não só pelas ofensas da própria Igreja, mas também pelos crimes contra os povos originários durante a chamada conquista da América”. Durante um encontro com movimentos populares de todo o mundo em Santa Cruz de la Sierra (Bolívia), Jorge Mario Bergoglio pediu “terra, teto e trabalho” para todos: “São direitos sagrados. É preciso lutar por eles. Que o clamor dos excluídos seja ouvido na América Latina e em toda a Terra”.

Durante quase uma hora, o Papa ouviu com atenção os depoimentos dos grupos de excluídos (indígenas, catadores de papel, trabalhadores precários do mundo rural e das periferias das cidades) de todo o mundo. Bem como um inflamado discurso do presidente da Bolívia, Evo Morales, contra os colonialismos passados – “em 1492 sofremos uma invasão europeia e espanhola” – e os contemporâneos. Mas, em um fórum dedicado a clamar contra as injustiças, quem se mostrou mais beligerante foi o Papa de Roma: “Quando o capital se converte em ídolo e dirige as opções dos seres humanos, quando a avidez pelo dinheiro tutela todo o sistema socioeconômico, arruína a sociedade, condena o homem, transforma-o em escravo, destrói a fraternidade inter-humana, coloca povo contra povo e, como vemos, até põe em risco esta nossa casa comum”.

“Peço humildemente perdão, não só pelas ofensas da Igreja, mas também pelos crimes contra os povos originários durante a chamada conquista da América”

“Esse sistema já não se sustenta”, disse Bergoglio em um discurso de seis páginas que transitou por passagens já conhecidas – a globalização da indiferença, a condenação do cultura do descarte… – , mas explorou outros que chamaram à rebelião dos mais humildes: “Necessitamos de uma mudança positiva, uma mudança que nos faça bem, uma mudança redentora. Necessitamos de uma mudança real. Esse sistema já não se sustenta. E os mais humildes, os explorados, podem fazer muito. O futuro da humanidade está em suas mãos”.

Em uma passagem que pôs a emoção à flor da pele, Bergoglio quis fazer dos mais humildes os protagonistas da salvação do mundo: “O que posso fazer eu, catador, lixeiro, reciclador, frente a tantos problemas se mal ganho o suficiente para comer? O que posso fazer eu artesão, vendedor ambulante, caminhoneiro, trabalhador excluído se nem sequer tenho direitos trabalhistas? O que posso fazer eu, camponesa, indígena, pescador que mal posso resistir o avassalamento das grandes corporações? O que posso fazer eu desde minha vila, meu barraco, meu povoado, meu assentamento quando sou diariamente discriminado e marginalizado? O que pode fazer o estudante, o jovem, o militante, o missionário que percorre as favelas e periferias com o coração cheio de sonhos, mas quase nenhuma solução para meus problemas?”

Continuando, o Papa, entre aplausos, respondeu sua própria pergunta: “Muito! Podem fazer muito. Vocês, os mais humildes, os explorados, os pobres e excluídos, podem e fazem muito. Ouso dizer que o futuro da humanidade está, em grande medida, em suas mãos, em sua capacidade de organizar-se e promover alternativas criativas, na busca cotidiana dos três T (trabalho, teto, terra). Não se intimidem!”

“Ouso dizer que o futuro da humanidade está em suas mãos, em sua capacidade de organizar-se e promover alternativas criativas. Não se intimidem!”

O Papa clamou contra “a imposição de medidas de austeridade que sempre apertam o cinto dos trabalhadores e dos pobres” e contra “o colonialismo, novo e velho, que reduz os países pobres a meros fornecedores de matéria prima e mão de obra barata, engendra violência, miséria, migrações forçadas”. Foi quase no final que Francisco, que em seu discurso tinha convertido os mais pobres em “poetas sociais”, admitiu: “Alguém poderá dizer, com direito, que quando o papa fala em colonialismo se esquece de certas ações da Igreja”.

E acrescentou: “Assim como são João Paulo II peço que a Igreja se prostre ante Deus e implore perdão pelos pecados passados e presentes de seus filhos. E quero lhes dizer, quero ser muito claro, como foi são João Paulo II: peço humildemente perdão, não só pelas ofensas da própria Igreja, mas também pelos crimes contra os povos originários durante a chamada conquista da América”.

Não é a primeira vez que um papa pede perdão aos indígenas, mas a contundência é inédita. Em 13 de outubro de 1992, João Paulo II pediu em Santo Domingo que os indígenas perdoassem as injustiças cometidas contra seus antepassados e, dias depois em Roma, insistiu em seu ato de expiação por tudo o que esteve marcado pelo pecado, a injustiça e a violência durante a evangelização da América. Quinze anos depois, em 23 de maio de 2007, Bento XVI afirmou que “a lembrança de um passado glorioso” não pode ignorar “as sombras” que acompanharam a evangelização da América Latina. “Não é possível esquecer o sofrimento e as injustiças infligidos pelos colonizadores às populações indígenas, cujos direitos humanos fundamentais eram com frequência pisoteados”, disse Joseph Ratzinger.

A diferença no fundo e nas formas é evidente, embora Francisco, como antes João Paulo II e Bento XVI, também tenha acrescentado que “para sermos justos” devemos reconhecer os sacerdotes que “se opuseram à lógica da espada com a lógica da cruz”. Para finalizar um de seus discursos mais longos, mas também mais belos e combativos, Bergoglio exclamou: “Digamos juntos desde o coração: nenhuma família sem casa, nenhum camponês sem terra, nenhum trabalhador sem direitos, nenhum povo sem soberania, nenhuma pessoa sem dignidade, nenhuma criança sem infância, nenhum jovem sem possibilidades, nenhum idoso sem uma velhice venerável. Continuem com sua luta e, por favor, cuidem muito da Mãe Terra”.

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Voces Inocentes Película Completa Ditadura de El Salvador

Ningún niño de mi escuela quiere ir a pelear
No les gusta la guerra porque prefieren jugar
Los soldados buscan pues lo quieren reclutar
Pero a mi y mis amigos nunca nos van a encontrar

Este poema es de un niño, llamado Chele, quien lo escribió para una clase de escuela en la película, Voces Inocentes

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Voces inocentes es una película mexicana de 2004 dirigida por Luis Mandoki que transcurre durante la guerra civil salvadoreña en 1980, estrenada el 16 de septiembre de 2004 y se basa en la infancia del escritor salvadoreño Óscar Torres. La película aborda el uso de los niños por parte del Ejército y también muestra la injusticia en contra de personas inocentes que se ven obligadas a combatir en la guerra.

La película nos relata la historia de Chava, un niño que vive en circunstancias difíciles a causa de una guerra desatada en El Salvador. Chava vive con la preocupación de ser reclutado, ya que a los niños mayores de 12 años los reclutan para prepararlos para la guerra. Su padre dejó a su familia para ir a los Estados Unidos, por lo que Chava a temprana edad quedó como el hombre responsable de la casa.

Cabe decir que esta obra es basada en la infancia del escritor salvadoreño Óscar Torres. Un Punto muy importante, que recibió muy buenas críticas es basado en el mensaje final, donde es se percibe la señal de “siempre hay una salida distinta”.

PREMIOS

Tres Premios Ariel en 2005 a los Mejores Efectos Especiales, Maquillaje y Actriz Secundaria.
Un Premio Corazón de Cristal, así como el Premio a la Elección del Público Dramático de funciones en el Heartland Film Festival 2005-2006.
Aguja Espacial de Oro, premio en el Festival Internacional de Cine de Seattle (2005).
Premio Stanley Kramer del Gremio de Productores de América.

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Entrevista con Oscar Torres

Por Hugo Sánchez

SAN SALVADOR – A Oscar Torres lo conocimos como Chava, en la película Voces Inocentes, un niño oriundo de Cuscatancingo, en San Salvador; un niño que sufrió los vejámenes de la guerra civil (1980-1992), un niño que se convirtió en el hombre de la casa por el abandono de su padre, un niño que salió del país para no ser enrolado en el Ejército Salvadoreño.

Contar su historia, que en parte es la historia de El Salvador, le valido el reconocimiento internacional por la película Voces Inocentes, ahora es un reconocido guionista, pero para llegar a eso ha tenido que sobrevivir a una guerra, abandonar su país, ser parte de la diáspora y eludir los brazos de las incipiente pandillas (MS-13 y 18) en los Estados Unidos.

A Oscar la guerra lo siguió hasta el país norteamericano, pero dice que las heridas han sanado y ahora regresa a El Salvador después de siete años y nos cuenta un poco de su vida y obra.

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¿Cómo encuentras a El Salvador desde la última vez que viniste?

La esencia viene siendo la misma, la gente muy humilde y calurosa, eso no ha cambiado desde el día en que me fui. Lo que ha cambiado son las estructuras, hay nuevas estructuras, pero aunque hayan nuevas estructuras, aunque hayan pintado los edificios, se mantiene lo que es El Salvador para mí, en mi niñez.

¿Cómo te cambio la vida hacer el guion de Voces Inocentes?

Primero me sanó, el haber hecho esta película fue una sanación, fue una jornada muy personal y quizás muy egoísta de mi parte, el darme esos tres años desde la escritura del guion, la realización, mandarla a festivales, etc. Todo ese proceso me ayudo a esa sanación personal. De ahí la película empezó a agarrar vida propia y me tocó a mí seguirla. Deje de ser actor y me nació el llamado, mi propósito en este mundo es hacer cine desde atrás de las cámaras, para contar mis historias, que creo son necesarias.

También me dio un acceso que antes me era inalcanzable en Hollywood, me ha abierto las puertas en muchos sentidos. La más especial de las recompensas que he tenido es poder regresar a Cuscatancingo y compartirla con la gente; y de aquí me voy a Los Ángeles a disfrutar las fiestas, este es mi regalo de navidad.

¿El Salvador también necesita de ese proceso de sanación?, dado que aún hay muchas heridas abiertas.

Sí, porque la guerra no acaba cuando acaba la guerra, la guerra la llevamos por el resto de nuestras vidas, eso es inevitable. Ninguno de los que estuvimos en medio de ese conflicto va a liberarse jamás; la diferencia es lo que haces con eso, cómo reaccionas a la vida, independientemente de lo que hayas vivido.

Siento que en El Salvador, como en muchas partes del mundo, donde han existido daños, donde han existido heridas, hay un proceso; es como cuando te cortas, tiene que haber un proceso y un tiempo para que esa herida sane; pero no se va a sanar a menos que esa herida esté expuesta al aire, al oxígeno, como yo tuve la oportunidad de poder hacerlo, saque lo que traía adentro, no solamente para mí mismo, sino para el mundo entero. Porque me estaba dañando mucho, era un hombre que no quería ser, era un hombre muy violento y muy dañino.

No vivía feliz y vivía echándole la culpa a todo el mundo por lo que a mí me sucedía, esa es una vida de víctima, sin poder absoluto sobre ti mismo. Creo que El Salvador, y mucha gente dentro del país, también necesita esa oportunidad. La clave es intentarlo.

¿Cómo un niño que sale de El Salvador por la guerra, llega hasta Hollywood?

Es más fácil para el anglosajón, porque es la industria que ellos comenzaron y de la que son dueños, para un latino es más difícil, pero no imposible. Lo que yo he descubierto es que cuando trataba de hacer y ser como los demás, no me funcionaba, porque ya había muchos haciéndolo, yo no puedo sonar gringo y contar las historias gringas, porque no soy gringo. Yo encontré mi voz, que es original, mis historias están llenas de momentos sentimentales, de familia, de momentos cursis se puede decir. Me gusta el romance, la música y mezclar las dos cosas. Me gustan las historias biculturales, de Estados Unidos con Latinoamérica; me gusta filmar en Latinoamérica.

Llegando a Estados vivía en una vecindad con muchos problemas, en donde las panillas comenzaron, las dos más grandes, la MS-13 y la 18. Yo tenía que lidiar con eso, ¿me meto o me quedo fuera?.

Algo que me entretenía mucho en los tiempos libres y para no irme a meter en problemas era el cine. Me iba los sábados a ver tres películas por cinco dólares y me estaba ahí todo el día, y el cine se convirtió en una especie de guía para mí.

Me enseño cosas claves, algo tan sencillo como rasurarse correctamente lo aprendí de una película española; vivir con valor y luchar por lo que quieres lo aprendí de “Corazón Valiente” de Mel Gibson; esa clase de cositas me fueron moldeando y enseñando, ante la ausencia de un padre ejemplar.

Cuando salí de la universidad quería enseñar y me fui a dar clases a una escuela, estuve 6 meses y me quedó muy chiquito el salón, me desesperaba, necesitaba algo más grande que eso. Entonces otro profesor que había sido actor, me dijo que podía trabajar en el cine. Para mí era un concepto elíen, no sabía que era tangible.

Le hice caso, me fui a buscar una trabajo de lo que sea, aplique a un trabajo de repartidor en una agencia de comerciales, empecé a repartir paquetes, esa agencia representaba a Brad Pitt, Jennifer Aniston, George Clooney; me tocaba a mi dejarles los paquetes de sus fotos, de sus cassettes a sus casas; y me fui metiendo, aprendí producción, aprendí casting, en algún momento estuve en una producción donde habían grandes actores, que lo hice gratis porque no tenían presupuesto, pero yo quería aprender y trabaje como asistente de producción.

Vi a Sean Penn, Kevin Spacey y Meg Ryan actuando. Me nació un amor por la actuación y fui a la escuela a tomar clases, y empecé a trabajar como actor.

¿Durante cuánto tiempo más crees que la principal temática de El Salvador será la guerra?

Hasta que necesite serlo, los judíos siguen haciendo películas del Holocausto. Mientras haya necesidad de expresar, creo que recordarnos lo que sucedió, realmente evita que se repita, eso es ley, tienes una conciencia despierta; al ver las atrocidades cometidas te dices “esto no volverá a suceder”; pero si las olvidas y las pones a dormir creo que sí puede volver a suceder. Creo que eso es necesario para mantener esta paz, el tiempo no lo puedo decir, pero a la vez que se hace eso se puede hablar de otras cosas. [In 13 de Diciembre de 2012]

Voces Inocentes Película Completa:

Terceirização e o rapto do território do trabalho

por Luciana Itikawa (*)

JB Jorge Braga

JB Jorge Braga

Para os movimentos sociais, é impossível dissociar a luta por acesso à terra da luta pelos direitos no trabalho, no campo e na cidade.

Não é novidade que o nó do nosso desenvolvimento é a desigualdade no acesso à terra e aos direitos no trabalho. Nossa história, em períodos autoritários ou democráticos, já comprovou que o crescimento com concentração da renda e da terra é como voo de galinha: tem o glamour resplandecente das alturas, mas esbarra na inexorável lei da gravidade. O deslumbramento com a maior taxa recente do PIB, a quase 8%, foi o nosso mais alto limite, puxado para baixo com a ausência das necessárias reformas política, tributária, agrária e urbana.

Passados 515 anos do “descobrimento” do Brasil e 127 anos da abolição da escravatura, TERRA e TRABALHO continuam sendo o “escape” do nosso desenvolvimento. Formas contemporâneas de escravidão e a concentração de terras rurais e urbanas persistem, apesar das afirmações da ministra Kátia Abreu sobre inexistência de latifúndio; e do ministro Armando Monteiro sobre a modernização das relações de trabalho com a Lei da Terceirização.

A terceirização não é a única face precária do trabalho

Elena

Elena

É fato que essa Lei diminuirá e até extinguirá a quantidade de trabalhadores vinculados diretamente às empresas, terceirizados para diminuição dos custos do trabalho. É verdade também que a terceirização acarreta pior remuneração, aumento na rotatividade e super-exploração (precarização na jornada de trabalho, calote ou captura de direitos, adoecimento, maior número de acidentes de trabalho etc.).

Além disso, outros efeitos colaterais têm sido extensamente comprovados: a terceirização abre espaço para relações promíscuas entre instituições públicas e empresas privadas que disputarão os contratos de prestação de serviços, agravando, consequentemente, a corrupção. A piora na quantidade e na qualidade da sindicalização também enfraquece o poder dos trabalhadores na reivindicação de direitos.

A terceirização, entretanto, não é apenas o avesso da formalidade: envolve diversas geometrias de relações de trabalho para além da subordinação trabalhista direta. A heterogeneidade é a característica principal dos mercados de trabalho não só do Brasil, como dos países da América Latina, com a marcante presença do chamado trabalho independente (conta-própria, pequenos empregadores e profissionais universitários autônomos). Nesse grupo há uma grande diversidade de perfis ocupacionais.

São inúmeras as estratégias para a redução dos custos do trabalho, produzindo ilegalidades e mascarando relações de subordinação por meio do empreendedorismo individual, subcontratação ilegal e terceirização. Apesar do intenso crescimento da formalização do mercado de trabalho, paralelamente cresceu também o chamado emprego subcontratado e o emprego ilegal (assalariado sem registro). Segundo o Dieese, a subcontratação apresentou um crescimento de 138%; e, em relação aos autônomos que trabalham para uma empresa, o crescimento foi de 61,1% nos últimos dez anos.

Com a terceirização, não vão faltar argumentos defendendo o empreendedorismo com a aparência virtuosa de “independência” dos trabalhadores e manifestação de modernidade. O binômio empreendedorismo-terceirização como tábua de salvação esconderia a participação seletiva no desenvolvimento através da articulação da precarização das condições de trabalho com antigas formas de subordinação e submissão. Podem escrever: daqui pra frente não vão faltar projetos de “geração de renda” e suas variantes: micro-empreendedorismo, capacitação para o negócio autônomo, microcrédito etc.

Empreendedores da chamada “economia criativa” costumam dizer que empreender não é pra qualquer um. Não é mesmo! A desigual capacidade de estabelecer os termos de troca tem como exemplos, no caso do trabalho terceirizado da confecção, a imposição dos valores das peças a serem costuradas, dos prazos de entrega e das condições de pagamento. O trabalho da ONG Repórter Brasil tem mostrado o extremo do lado da terceirização, através das formas contemporâneas de escravidão no campo e na cidade. Segundo o Ministério do Trabalho e Emprego, entre 2010 e 2014, cerca de 90% dos trabalhadores resgatados nos dez maiores flagrantes de trabalho escravo contemporâneo eram terceirizados.

Nomeado como “reestruturação produtiva”, o enxugamento do custo do trabalho na cadeia de produção convive, por exemplo, com a ausência dos instrumentos de negociação coletiva e com o racionamento da cidadania. Nesse sentido, com a manutenção sistemática da assimetria de poder econômico e decisório entre trabalhadores e empresas, mesmo com a institucionalidade da autonomia laboral e da terceirização, ainda serão perpetuadas as contradições entre uma face “modernizante” e o “atraso” das relações de trabalho.

A terceirização é também a exclusão do acesso à terra

Por que, então, a Lei da Terceirização, além da captura dos direitos dos trabalhadores é também a captura do território do trabalho?

A formação peculiar do mercado de trabalho no Brasil não está dissociada da estrutura fundiária, que mantém, sistematicamente, considerável parcela da população no Brasil à margem do acesso à terra e a emprego formais. A nossa história demonstra que o acesso precário à terra e à moradia fez parte do expediente de rebaixamento dos custos da mão de obra na periferia do capitalismo.

O modelo núcleo-periferia, caracterizado pela distância geográfica e social entre as classes, ainda organiza os espaços metropolitanos e rurais, mesmo com o surgimento de novas configurações espaciais, como o agronegócio e os condomínios fechados da classe alta na periferia, a presença das favelas no centro expandido, bem como uma certa desconcentração das unidades produtivas no país. O precário informal, assalariado ou terceirizado, em favela ou em lona preta na periferia, compôs e continuará compondo as paisagens urbanas e rurais brasileiras.

Outro aspecto importante da manutenção da exclusão do acesso à terra são os constantes despejos e desapropriações dos espaços públicos e privados, sejam eles diretos ou indiretos, de autoria do Estado ou do mercado. As expulsões diretas têm nome e sobrenome: começam no século 19, passando pelos períodos varguista, militar e chegando ao atual período democrático. Mais recentemente, passamos a ver as expulsões indiretas, resultado da explosão do preço dos aluguéis e terrenos.

Nesse sentido, o processo brasileiro de urbanização acelerada e desigual, ao invés de eliminar a herança do atraso, reproduziu-o e deu-lhe conformações de ilegalidade estrutural e baixíssima qualidade urbanística. A opção pela combinação loteamento clandestino-ônibus-periferia em áreas de risco e proteção ambiental atravessou incólume todo o século 20 e continua, seguramente, no século 21. Tal padrão atinge toda a gama de trabalhadores precários, diretos e terceirizados, aqueles cujos rendimentos não permitem o acesso à terra legal e bem localizada.
Além disso, a terceirização contribui para a externalização das atividades para além do chão da fábrica e da empresa, levando-as para estabelecimentos dos próprios terceirizados, o que inclui até mesmo o domicílio. Nesse sentido, a tal reestruturação produtiva é também reestruturação urbana, na medida em que produz efeitos sobre a intensidade e a geometria dos deslocamentos metropolitanos. Segundo o estudo da Unicamp “A mobilidade pendular na macrometrópole paulista”, quase um estado de Sergipe inteiro se movimenta todos os dias de um lado pro outro.

Este estudo mostra que, apesar do crescimento da população da região metropolitana de São Paulo ter estacionado, seus movimentos pendulares quase duplicaram (de 1,1 milhão em 2000 para 1,9 milhão em 2010). A intensificação dos deslocamentos com a reestruturação produtiva, entretanto, não romperia com a lógica da segregação sócio-espacial e da expansão urbana predatória em direção às periferias.

Se trabalhador sem direitos, morando em favela em área de risco ou proteção ambiental, passando quatro horas por dia no coletivo lotado, significa modernização, estamos falando a partir da perspectiva de qual século? In Correio da Cidadania

(*) Luciana Itikawa, arquiteta e urbanista, é pós-doutoranda do Instituto de Estudos Brasileiros da USP.

A 50 años del Golpe de Estado. La lucha de clases en Brasil

árvore Ong meio ambiente Amazônia

por Adrián Sotelo Valencia

Comentario y reseña del libro de: Severo Salles, Lucha de clases en Brasil (1960-2010), Peña Lillo-Ediciones Continente, Buenos Aires, 2013.
Entre muchos otros, destacan dos motivos esenciales para internarse en la lectura y goce de este interesante y sugestivo libro del profesor universitario, Severo de Salles de Alburquerque, intitulado: Lucha de clases en Brasil (1960-2010), publicado por Peña Lillo-Ediciones Continente, Buenos Aires, 2013.
El primero de ellos, y como trasfondo histórico, por el hecho de que en el último día de marzo de este año 2015 se cumplen 50 años de haberse perpetrado el Golpe de Estado en Brasil contra el gobierno constitucional de João Goulart por militares brasileños con el apoyo irrestricto del gobierno norteamericano la noche del 31 de marzo de 1964 que habrá de durar por 21 años, formalmente, hasta 1985 año del surgimiento del primer gobierno civil surgido mediante elecciones indirectas. El golpe originó el ciclo histórico-político de las dictaduras militares en América Latina, así como la consolidación del Estado de Contrainsurgencia Militar que, en este libro que comentamos, su autor denomina: Estado de Desaparecimiento (consúltese el capítulo cinco de este libro, pp. 67-74), y que el autor describe sucintamente como “… El elemento de la conservación-profundización del poder de clase practicado través del Estado y por la vía paraestatal, constituye un aspecto relevante de la política de dominación, así como también es parte integrante de la constelación ideológica, de la cultura política, a partir del año de 1974 en Brasil: aspecto y parte integrante que permanecen hasta la actualidad…que lo digan los frecuentes asesinatos y desaparecimiento de luchadores sociales en Brasil; lo mismo, en el marco de América Latina, la desaparición de miles de militantes proletarios y democráticos, o ciudadanos en general (migrantes indocumentados, en particular) y las fosas comunes encontradas todos los años” (p. 57)…Y agregamos nosotros: ¡La historia se repite, inmisericorde, como ahora en México, donde, según algunas estimaciones recientes, en los dos últimos años, en promedio, se han registrado 13 desapariciones forzadas de personas por día sin saber de su paradero! (véase: Homero Campa “Con peña Nieto, 13 desapariciones al día” Revista Proceso no. 1997, 07 de febrero de 2015).

El segundo motivo para abordar a profundizar este libro, es contemporáneo y se enmarca en el reciente Informe realizado por la Comisión Nacional de la Verdad que documentó las brutalidades perpetradas en aquella época por la dictadura militar en Brasil, por cierto, el único país del Cono Sur que —de jure— aún no juzga los crímenes perpetrados por la dictadura.

Se trata de un voluminoso reporte de 4 mil 300 páginas –el primero con carácter oficial– que retoma el tema de la justicia y de la violación sistemática de los derechos humanos y de los crímenes de lesa humanidad en una sociedad agredida por la corrupción y la impunidad.

Creada en mayo de 2012 con el fin de investigar, esclarecer, indicar las circunstancias y la autoría de las graves violaciones de los derechos humanos practicadas por la dictadura militar entre 1964 y 1985, así como hacer efectivo “…el derecho a la memoria y la verdad histórica y promover la reconciliación nacional”, la CNV recogió 1121 testimonios, realizó 80 audiencias y sesiones públicas en el país, centenas de diligencias de investigación, entre ellas decenas de pericias. E l 10 de diciembre de 2014 la Comisión Nacional de la Verdad (CNV) publicó el primer informe nacional en torno a las violaciones a los derechos humanos entre otros objetivos para revisar la Ley de Amnistía, en vigor desde 1979 y ratificada por la justicia brasileña en 2010 y se realizó con base en una investigación de 31 meses que recopiló los testimonios de mil 121 personas en todo el territorio de Brasil.

Más de 4 mil 300 páginas exhiben las técnicas de intimidación, tortura y eliminación utilizadas por el Estado para combatir a la oposición –comunista o de izquierda, en su inmensa mayoría– durante la dictadura. Un conteo de víctimas arroja el siguiente resultado: el balance todavía incompleto es de 434 muertos o desaparecidos en los 21 años de militarismo, por 30 mil en Argentina y 3 mil 100 en Chile. Obviamente que ante la publicación del informe de la CNV, los militares lo desacreditaron y negaron las acusaciones. El Tribunal Superior Militar –órgano utilizado durante la dictadura para avalar jurídicamente los excesos, según la CNV– declaró el 16 de diciembre en un comunicado que el informe es “inverídico, injusto y equivocado”, y aseguró que lo sucedido en los 21 años de régimen militar fue “exactamente lo contrario” a lo que detalla el texto (para los detalles véase: SCA-TUCA, Informe Final de la Comisión Nacional de la Verdad de Brasil, 18 de diciembre de 2014)

Este libro de Severo de Salles resulta imprescindible para comprender el transfondo histórico, social, político, cultural y de violación sistemática de los derechos humanos y de las desapariciones forzadas de personas a la luz del ciclo de las luchas populares y de clases en Brasil, desde el periodo de la dictadura, hasta prácticamente la primera década de este siglo XXI.

Armado con un profundo y sólido arsenal teórico-metodológico e intelectual crítico, arraigado en la mejor tradición del marxismo científico, su autor, reflexiona sobre las profundidades de las causas que condujeron a la implantación de la dictadura militar durante 21 años, hasta prácticamente la fase de democratización ocurrida con las primeras elecciones “libres” que, mediante “elección indirecta” condujeron a la elección y formación del primer gobierno civil post-dictadura que eligió a Tancredo Neves como Presidente de la República federativa del Brasil y como vicepresidente a José Sarney (1985-1990) que, al morir el primero, éste ocupó su lugar.

Se trata de un libro construido con una presentación, 4 Secciones y 11 capítulos destinados a tratar sistemáticamente el tema del libro: las luchas de clases en Brasil a partir de sus protagonistas centrales: el pueblo y el mundo del trabajo.

En la Primera Sección: “Antecedentes de la formación social brasileña”, el capítulo 1 se ocupa del análisis de la formación de las clases sociales del país. El segundo capítulo analiza el gobierno de João Goulart (1961-1964) con énfasis en el populismo y la alianza con los trabajadores.

La Segunda Sección: “Dictadura, modernización conservadora y crueldad social (1984-1985), comprende del capítulo 3 al capítulo 7. El primero repara en lo que denomina: las transformaciones de la modernización conservadora y los ataques de la clase dominante y del régimen contra el pueblo y los trabajadores. En el siguiente, analiza el auge de las luchas populares entre los años de 68 y 69. Enseguida radiografía lo que el autor denomina el Estado del Desaparecimiento correlacionándolo con el móvil propagandista dado por los ideólogos conservadores del “milagro económico brasileño” —comúnmente mencionado simplemente como “milagro brasileño”— ocurrido en el país durante el período de 1968-1973 en que se verificó un crecimiento acelerado promedio anual de la economía del orden de 11%, y le confirió un fuerte impulso al patrón de reproducción capitalista dependiente hasta prácticamente la entrada del neoliberalismo con los posteriores gobiernos de Collor de Melo (1990-1992), Itamar Franco (1992-1995) y Fernando Henrique Cardoso (1995-2002).

En el capítulo 5 de esta misma Sección, se trabaja el tema justamente del Estado contrainsurgente o del Desaparecimiento.

De manera lúcida, en el capítulo 6 el autor caracteriza lo que denomina la institucionalización de la excepción, o del Estado de excepción, en función de las luchas por la democracia y el surgimiento del nuevo sindicalismo en el país básicamente entre 1974 y 1979.

Por último, en el capítulo 7 de esta misma Sección, analiza las causas del declive de la dictadura, el aumento de la lucha de clases y de la inquietud social y explica cómo es que la “burguesía seudoliberal” se va perfilando y adueñando de poder hasta asumir legalmente la dirección de la llamada “oposición” durante el período de 1979 a 1985. Daba, inicio, así, el desgaste de la dictadura, y al respecto nos comenta el autor lo siguiente:

“El fracaso del régimen de dictadura militar se explica en el hecho de que fue incapaz de satisfacer las necesidades de la clase trabajadora, de ‘sus empleados’, de los campesinos desempleados y/o pobres y sobreexplotados, de todos aquellos a quienes les indignaba el régimen autoritario y su brutalidad; incluso, había dejado de convenir a sectores de la burguesía, dando lugar a una pérdida de legitimidad masiva” (p. 97).

Enhebrando está fenomenología política y social al calor de las luchas de clases en Brasil, el autor la articula, de manera perfecta, con el surgimiento de esa “oposición burguesa”, seudoliberal, que fue la que se colgó los “laureles democráticos del triunfo del pueblo” para asumir la dirección del gobierno en las primeras elecciones electorales del período post-dictadura.

La Tercera Sección, “Despliegue del neoliberalismo (1985-2002), cubre tres capítulos: 8, 9, y 10. El primero trata sobre la “Nueva República” que surge justamente en las elecciones presidenciales indirectas. En el siguiente capítulo, trabaja el gobierno frustrado del neoliberal oligarca Fernando Collor de Mello con un sugestivo subtítulo que reza: “la falsificación de la ira — porque, argumenta Severo, este hombre “era falso en todo”—. Y, nosotros agregaríamos, que lo poblaba la arrogancia de un mandatario que finalmente fue destituido por corrupción sin terminar su mandato constitucional. El capítulo 10 se centra en el gobierno neoliberal, privatizador y profundamente conservador del presidente-sociólogo o, más bien, sociólogo-presidente: Fernando Henrique Cardoso quien puso al Brasil a la Moda de la Casa para el gran capital internacional y las voraces empresas trasnacionales que hasta hoy en día gobiernan el patrón de reproducción del capitalismo dependiente y subimperialista brasileño.

Al respecto es interesante y lúcida la caracterización del gobierno de este último personaje por parte del autor de este libro que comentamos. Señala que los ejes en que descansó el régimen cardocista vagaron por los rieles de la desregulación económica y la privataria salvajes, resultando esta última de una contracción lingüística de las palabras: “privatización” y “piratería”, cuestión que brinda una imagen holográfica de este período político social y económico de la historia contemporánea del Brasil.

Por último, el capítulo 11 de la última Sección: “El gobierno de Lula y el PT: el neoliberalismo matizado”, aborda los orígenes, desarrollo y entrada en el orden capitalista burgués brasileño de un gobierno y de un partido que se autoproclamaron de “izquierda”, pero gobernando e impulsando políticas económicas en favor de las clases dominantes y del capital extranjero internacional que, por cierto argumenta el autor, desafortunadamente continuaron y continúan durante el gobierno posterior encabezado por la presidenta Dilma Rousseff durante su primer mandato a partir de 2011.

Severo Salles, cita las palabras pronunciadas por un eminente economista brasileño, Francisco de Oliveira que hace un balance sobre los “avances” y “retrocesos” históricos del gobierno del Partido de los Trabajadores en Brasil:

“…lo que se ganó — [con el gobierno del PT: SAS] — es fácil de calcular, se puede medir, se puede verificar. Lo que perdimos es más oculto, es más misterioso, lo que perdimos generalmente no es relevante para la opinión pública. Lo que perdimos fue la política; esto es, la capacidad de decidir. (…) En el país esa fue pérdida; no existe más. Salvo en cosas de menor importancia; y las grandes directrices la ciudadanía prácticamente no interviene”.

Este diagnóstico, que recoge el autor de este libro, queda actualizado con la actual situación de crisis económica, social y política de un Brasil inmerso en profundos dilemas, contradicciones y problemas de corrupción visible, escandalosa, que está ocurriendo en la industria petrolera, y en la empresa púbica Petrobras, en materia de corrupción de altos funcionarios públicos del gobierno federal y que está siendo utilizado por la derecha y la ultraderecha del país en una suerte de desestabilización política del gobierno en turno, por cierto, muy similar a la que está ocurriendo, y se intenta hacer con el concurso y el apoyo de Washington y del Pentágono en la República Bolivariana de Venezuela bajo el comando del presidente Nicolás Maduro.

Felizmente, el libro cierra con un Anexo con 2 apartados: a) una Nota final, quizás de recapitulación de los fundamentos y desarrollos, así como de los contenidos de este libro y, por último, b) se incluye una contribución al análisis del quizás más importante movimiento campesino-popular y urbano articulado en el Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST) que interactúa sistemáticamente en el nervio de los movimientos populares y de las luchas de clases en todo el territorio nacional de ese país.

Todo autor tiene la libertad plena de escribir lo que le plazca, y en la forma que lo desee con tal de expresar sus ideas, sus emociones, sus sentimientos y sus vicisitudes personales y de trabajo. Por eso nos parece que este libro refleja una totalidad sistémica de la vida intelectual del autor, ya lo ha hecho en anteriores elaboraciones de artículos y libros publicados y difundidos; sin embargo, nos ha parecido que este libro es un valioso material de análisis riguroso que nos permite entender el mundo y la particularidad-especificidad de la inserción dependiente del Brasil en la contradictoria escena contemporánea del modo capitalista planetario de producción, explotación y miseria que hoy se encuentra inmerso en una profunda y sistemática crisis histórico-estructural.

Por ello, para cerrar este comentario simplemente en voz alta, y aclarando la mi total identidad con las tesis y planteamientos nucleares elaborados y expuestos en este libro, vale la pena preguntarse si no hubiera sido bueno, por lo menos, incluir tres temas medulares necesaria y dialécticamente interconectados con la realidad total del Brasil y, por bifurcación, con América Latina: a) el problema indígena y, por derivación, el asunto de la destrucción y la crisis ambiental de la enorme Selva Tropical de América del Sur (Amazonia); b) el tema-problemática del negro y del racismo con sus múltiples interconexiones con un sistema cuasi-esclavista todavía vigente y operativo en el país y, por último, c) el grave problema de la revitalización del llamado “agro-negocio” que hoy asume nuevos bríos con el nombramiento de la nueva ministra de Agricultura, Katia Abreau, a quien se le reconoce como defensora a ultranza de los intereses de la oligarquía de los agronegocios, y por estar en contra del medio ambiente y de los derechos del mundo del trabajo y de las comunidades indígenas originarias del país, a tal grado de que es conocida popularmente con el apodo de: “Señorita Deforestación”, habiendo sido nombrada y ratificada en el cargo por la presidenta Dilma Rousseff en su segundo mandato (2011-2018).

Por último no podemos dejar de destacar la utilización y tratamiento por el autor de lo mejor de una bibliografía-hemerografía de frontera con cargo en los autores clásicos y contemporáneos como Marx, Rosa Luxemburgo, Lenin, Gramsci, Lukács, Mandel, Ianni, Florestan Fernandes, Celso Furtado, Oliveira, Marini y Antunes, entre otros pensadores y científicos sociales, cuya contribución al pensamiento social es indudable.

Evidentemente que no todo se puede abordar en una sola exhibición y en un solo libro que, naturalmente, pedagógicamente, incluso, por cuestiones de método, posee sus propios límites, tanto de contenido como los que se derivan de las técnicas editoriales (lo observó, alguna vez, el mismo Umberto Eco)…

Pero valga la pena mencionar estas problemáticas —y agendarlas por supuesto— no sólo por su indudable valor agregado —su plus intelectual—; también para las ciencias sociales académicas y para el pensamiento teórico y crítico latinoamericano; temático y estratégico; sino, además, porque permean —y sobredeterminan— la realidad económica, social, política, cultural y espiritual de la nación brasileña en un entorno de grandes convulsiones históricas que estamos experimentado en una escala planetaria y que, tarde o temprano las clases sociales oprimidas y explotadas, los trabajadores, los pueblos originarios y las comunidades, así como los movimientos sociales y populares, tendremos que afrontar irremediablemente si no queremos perecer como humanidad: como hoy sucede, trágicamente, de manera paradigmática en el México convulso, trasnacional y neoliberal a raíz de los crímenes de lesa humanidad perpetrados, en Iguala, Guerrero, en Ayotzinapa, y que han convulsionado al país y al mundo entero marcando-construyendo colectivamente, a sangre y fuego, desde el campo y la ciudad, con una conciencia social de clase cada vez más intensa, activa y vigorosa un verdadero parteaguas en la historia contemporánea de nuestro país.

Así se tendrá que imaginar, diseñar, impulsar y construir —y lo está haciendo el pueblo de manera vertiginosa y creativa— nuevos derroteros estratégicos y escenarios históricos alternativos de una lucha político-social prolongada, de larga duración, del mundo del trabajo como un todo orgánico y ontológico contra el Estado y el capital social global que amenazan su misma existencia.

Adrián Sotelo Valencia. Sociólogo, profesor-investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos de la FCPyS-UNAM.