Brasil, dictadura, colonización y expansión

Las venas de América Latina siguen sangrando

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El 31 de Marzo de 1964, un golpe de Estado encabezado por militares derechistas derroca al presidente João Goulart. El golpe se da como respuesta a medidas nacionalistas tomadas por su gobierno como los controles al aumento del precio de los alquileres, la nacionalización de las refinerías de petróleo, la expropiación de las tierras no explotadas y la limitación de la exportación de ganancias obtenidas por las empresas foráneas, medidas que daban cierta autodeterminación al país, sacudían parte de la injerencia imperialista y afectaban intereses de la oligarquía.

A raíz del golpe, revueltas populares se levantan, los movimientos sociales así como los partidos políticos de izquierda son perseguidos, se cuentan por miles los asesinatos cometidos por la dictadura; la represión es combatida por grupos guerrilleros de ideología marxista e influenciados por el triunfo de la revolución cubana. Mientras el pueblo sufre la represión brutal, la oligarquía nacional brasilera y el imperialismo acrecientan sus inversiones, expanden los latifundios y aumentan sus ganancias y fortunas. 21 años después, la presión popular y el desgaste de la dictadura, la hacen caer, se realizan elecciones directas.

Al final de los años 60 y 70 y como parte de la política económica de la dictadura, se inició una agresiva campaña de “colonización” y expansión de las inversiones en la zona norte del país, más específicamente en región amazónica, lo que produjo deforestación y potrerización de millones de hectáreas con la consecuente concentración y ampliación latifundista (sólo una familia, los Mutrán, llegó a tener más de 50 mil hectáreas), para la misma época -en el año de 1967- se descubren los yacimientos de hierro en la “serra dos Carajás” por una empresa subsidiaria de la “United States Steel Corporation”.

Debido al importante hallazgo la compañía Vale do Rio Doce, para el año de 1970 empieza a desarrollar el “Projeto Carajás”. En esta misma zona fueron también descubiertos otros yacimientos minerales de cobre, manganeso, bauxita, níquel, estaño y oro, además en la región también está la “Serra Pelada”, gigantesca explotación artesanal de oro -que fue inmortalizada por el fotógrafo Sebastián Salgado – ahora abandonada por los pequeños mineros y la riqueza del yacimiento exprimida por la Vale.

El descubrimiento de los yacimientos contribuyó en gran medida a la deforestación de la selva amazónica en esta parte de Brasil, no sólo por los daños ambientales propios de la explotación minera sino también por la ampliación de la frontera agropecuaria con fines latifundistas y la destrucción de miles de hectáreas de bosque para quemar su madera y de esta forma producir el carbón necesario para el funcionamiento de siderúrgicas en la región sur-sureste de Pará, norte del estado de Tocantins y oeste de Maranhão.

La Vale.

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En la primera fase que se desarrolló en los años 70 y 80 del proyecto Carajás se explotaban cerca de 10 millones de toneladas de hierro al año con una calidad cercana al 70% de hierro en el material extraído, para esos años la Vale do rio doce (Valle del río dulce) era una de las empresas insignias del Estado brasilero que para la primera mitad de los años 90 explotaba en promedio 80 millones de toneladas de mineral de hierro, sin embargo la súper-explotación de los minerales del rico subsuelo de esta parte de la Amazonía aún no empezaba.

Para el año de 1997, en la presidencia del neoliberal Fernando Henrique Cardozo, el gobierno brasilero privatiza la empresa, cambia su nombre de Vale do rio Doce a simplemente Vale, para ese año se produjeron 184.974.000 toneladas de mineral de hierro y acero en el Brasil de las cuales por lo menos 100 millones salieron de las minas del complejo Carajás. La privatización de la empresa aumentó exageradamente la explotación de minerales, para el año 2008 la producción de mineral de hierro y acero en el Brasil llegó a 360.000.000 de toneladas de las cuales 250.000.000 salieron del sur sureste paraense.

En la actualidad la producción brasilera llega a la cifra de 400.000.000 de toneladas al año, de las cuales tres cuartas partes son producidas en el complejo del sureste Paraense dando la increíble cifra de 822.000 toneladas diarias convirtiéndola en una de las minas de hierro más grandes del mundo y con miras a expandirse. Las acciones de la empresa se encuentran en proporción de un 55% en manos de fondos de inversión estatales y un 45% en manos de bancos y otros inversionistas privados, la Vale cotiza sus acciones en las bolsas de valores de París, Nueva York, Hong Kong y São Paulo y junto a la BHP Billingtong (Dueña en Colombia de Cerromatoso en el departamento de Córdoba y accionista de El Cerrejón) y la empresa Río Tinto son las tres mayores mineras a nivel mundial.

Esta gran cantidad de hierro extraído sobrepasa de lejos la demanda interna brasilera que ronda los 35 millones de toneladas anuales y que es suplida por explotaciones en el estado de Minas Gerais por compañías como la propia Vale y Votorantim (ahora dueña de Acerías Paz del Río y Minas Paz del Río en Colombia). Por consiguiente el 90% de la explotación de mineral es para la exportación en bruto a países como Alemania, Estados Unidos, Japón y China, material que es transportado en camiones y por vías férreas por trenes con 300 vagones que hacen entre 6 y 8 viajes de ida e igual número de vuelta al día, desde la región de la explotación hasta el puerto situado en la ciudad de São Luis, capital del estado de Maranhão.

Para el 2014 la empresa Vale obtuvo ganancias netas por el orden de 657 millones de dólares y además pagó 4.200 millones de dólares en dividendos a los accionistas por su producción de 331.6 millones de toneladas de mineral de hierro y sus inversiones en más de 35 países. Sin embargo la empresa calificó el año pasado como “un año muy difícil debido a la caída acentuada hace cinco años de los precios de los commodities.”[1]

En Brasil y debido a leyes y normas de los gobiernos las empresas mineras pagan en materia de impuestos sólo entre el 1 y 3% de las ganancias obtenidas por sus operaciones, dependiendo del mineral extraído, además, reciben exenciones tributarias para actividades como la exportación.

Aparte de las actividades de explotación del mineral, la empresa es dueña de la línea férrea de 900 kilometros que conecta el complejo minero de Carajás con São Luis de Maranhão, del puerto de embarque y de los barcos para la exportación de material.

En Colombia, hasta el año 2012 la empresa Vale tuvo inversiones cercanas a los 300 millones de dólares en el departamento del Cesar, en donde explotaba una mina de carbón térmico que producía alrededor de 4,5 millones de toneladas al año, además poseía un puerto de embarque en el Atlántico y acciones que le daban propiedad de aproximadamente el 10% de Fenoco (ferrocarriles del norte de Colombia), estos activos fueron comprados por un fondo de inversionistas privados.

Los trabajadores.

En los años del funcionamiento de las mineras y el avance territorial del capitalismo en la región se han presentado diferentes transformaciones ecológicas. La región sur de Pará ha visto el nacimiento de ciudades importantes en menos de 30 años, caso emblemático el de la ciudad de Parauapebas que con 27 años cuenta ya con una población cercana a los 300.000 habitantes -quienes en su mayoría están relacionados con la minería, el transporte y los servicios- expulsando a los indígenas y ocupando porciones de selva a las márgenes del río homónimo.

Para llevar a cabo sus operaciones, la Vale Carajás emplea directamente una cifra cercana a los 12.000 trabajadores, sin embargo, por cada trabajador con vinculación directa, la empresa tiene 3 tercerizados es decir, trabajan para la Vale pero su vinculación laboral se hace a través de otras empresas, garantizando salarios más bajos, menores garantías económicas y sindicales y aún más ganancias para la empresa.

Así como en los años anteriores a su privatización la empresa representaba para el estado brasilero un activo estratégico, para los trabajadores se mostraba como una oportunidad de trabajo estable, con salarios que rondaban en promedio el equivalente a 10 salarios mínimos mensuales y otros beneficios. A raíz de la privatización de la empresa las vinculaciones se han pauperizado, los salarios han bajado hasta 2.5 salarios mínimos mensuales en promedio y por la “crisis” de la empresa se han recortado beneficios como el subsidio de arriendo para vivienda, la bolsa de alimentación y el paquete de salud.

Es importante resaltar que según algunos estudios, los trabajadores de este tipo de minería monstruosa tienen probabilidades significativamente más elevadas de sufrir amputaciones, la muerte o problemas mentales asociados a la esquizofrenia.

Para enfrentar las intenciones de los patronos y darle mayor fuerza a la lucha de los trabajadores, se creó Metabase, sindicato de los trabajadores de la industria de hierro y metales básicos, que cuenta con 23 seccionales estaduales en Brasil y miles de asociados. Sin embargo y en contra de los intereses de los obreros, en 22 de las 23 seccionales del sindicato las direcciones apoyan decididamente las medidas de la empresa llegando incluso a perseguir a trabajadores que promueven reivindicaciones obreras, a esta dinámica de cooptación del movimiento sindical sólo escapa la seccional de estado de Minas Gerais.

Para el caso de Carajás, de los trabajadores vinculados directamente, 4.000 están afiliados al sindicato constituyendo de esta manera la mayor seccional del sindicato en el Brasil, también en manos de los patronos pero con un creciente Movimiento de oposición sindical que por un lado ha sido apoyada por movimientos sociales y reprimida por la empresa y sus esbirros en el sindicato.

La disputa por el sindicato en Pará ha tenido como centro de la persecución al trabajador Anízio Álves Teixeira, uno de los impulsores del Movimiento de oposición sindical y candidato a las elecciones del sindicato por la chapa (plancha) 2, Anízio fue despedido ilegalmente de la empresa, por sus labores políticas, por la distribución y participación en la edición del informativo “a classe operaria sem censura” (“la clase trabajadora sin censura”) que denuncia los movimientos de la empresa así como el mal proceder de las directivas del sindicato. Un juez ordenó la restitución de Anízio a su trabajo a lo que la empresa ha contestado dilatando la realización de las elecciones, presionando al sindicato para declarar ilegal la postulación de la chapa 2 y buscando que sus miembros sean despedidos.

El capital arremete y clava sus garras con más fuerza.

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La división internacional del trabajo como repartición capitalista del mundo impuesta violentamente o por medio de medidas que buscan explotar las “ventajas comparativas” con locomotoras o planes desarrollistas, busca los mayores rendimientos para la acumulación de capital pasando por encima de comunidades, biomas y territorios sin importar necesidades reales de pueblos y naciones.

En esta división capitalista del mundo, a las tierras del sur se nos imponen las necesidades de las transnacionales y del imperialismo como propias, así, nuestros países se convierten en productores de materias primas – commodities -.

En la amazonia brasilera aparte de la depredación causada por la Vale, los inversionistas están inyectando enormes cantidades de dinero para la instalación de monocultivos de maderables como pino, eucalipto y teca, y cereales como soja y maíz –agronegocio-, construyendo enormes represas para la generación de energía –hidronegocio- y cebando millones de cabezas de ganado para la exportación – 70 millones de cabezas de ganado tiene en la actualidad la región norte de Brasil-, negocios que necesitan de un paso anterior común: la deforestación y el desplazamiento de comunidades.

Llama la atención que estos intereses son muy parecidos a los que impulsaron la confianza inversionista del expresidente Álvaro Uribe e impulsan la locomotora minero-energética y el proyecto de las Zonas de interés de desarrollo empresarial ZIdres de Santos en Colombia, así como el proyecto de interconexión internacional IIRSA para la amazonia.

Los pueblos resisten.

La llegada de estas empresas e inversiones generan, de cualquier manera, reacciones, ya sea en muchos casos de postración a los intereses del capital por gran parte de los gobiernos o la disputa por el territorio y el manejo soberano de los bienes de la naturaleza, que hacen las comunidades para desarrollar lo que han denominado un proyecto popular para Brasil.

Es así como el Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra –MST- hace frente al latifundio con tomas de tierras, campamentos y lucha política por una reforma agraria que vaya más allá de la distribución de la tierra y garantice un buen vivir para los campesinos y una lucha frontal contra el agronegocio y la llamada revolución verde.

Contra la minería en sus afectaciones y su política se destacan el Movimiento Nacional por la soberanía popular frente a Mineração –MAM-y los sectores del sindicalismo popular, así como comunidades indígenas, campesinas y negras que viven en carne propia los problemas causados por la minería.

Existe además el Movimento dos atingidos pelas barragens –MAB- movimiento que tiene reivindicaciones contra las hidroeléctricas y sus afectaciones.

Estos movimientos son sólo una muestra de las organizaciones que resisten existentes en la región y en Brasil en general.

La lucha para detener el desangre de las riquezas naturales de nuestras naciones y pueblos traspasa esfuerzos individuales y necesita de organizaciones sociales y populares, regionales, nacionales e internacionales que encaminen sus esfuerzos para la construcción de un proyecto económico político y social que deje atrás el capitalismo y su depredación natural y humana.

En los últimos años se han dado pasos en firme para la consolidación de articulaciones internacionales de lucha como lo son la Vía Campesina a la cual el Coordinador Nacional Agrario CNA hace parte y el ALBA de los pueblos que cuenta con la participación del Congreso de los pueblos.

Las luchas locales y propias de nuestras comunidades en pos de la soberanía y autodeterminación de los pueblos son aporte y garantía para las luchas del mundo y apoyo real para hacerle frente a las transnacionales de múltiples facetas y expresiones como la Vale.
Nota

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[1] Palabras de Luciano Siani, director ejecutivo de Finanzas de Vale, en un video dirigido a los inversores. Información de AFP.
Publicado originalmente en: Trochando Sin Fronteras: http://trochandosinfronteras.info/la-vale-las-venas-de-america-latina-siguen-sangrand/

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Aos canalhas que querem destruir a Petrobrás

 

O jornalista Mauro Santayanna, um dos mais experientes do País, publicou um importante artigo sobre a campanha de desmoralização da Petrobras

* “É preciso tomar cuidado com a desconstrução artificial, rasteira, e odiosa, da Petrobras e com a especulação com suas potenciais perdas no âmbito da corrupção, especulação esta que não é apenas econômica, mas também política”

* “A Petrobras não é apenas uma empresa. Ela é uma Nação. Um conceito. Uma bandeira. E por isso, seu valor é tão grande, incomensurável, insubstituível. Esta é a crença que impulsiona os que a defendem. E, sem dúvida alguma, também, a abjeta motivação que está por trás dos canalhas que pretendem destruí-la”

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Aos canalhas que querem destruir a Petrobrás

por Mauro Santayanna

 

O adiamento do balanço da Petrobras do terceiro trimestre do ano passado foi um equívoco estratégico da direção da companhia, cada vez mais vulnerável à pressão que vem recebendo de todos os lados, que deveria, desde o início do processo, ter afirmado que só faria a baixa contábil dos eventuais prejuízos com a corrupção, depois que eles tivessem, um a um, sua apuração concluída, com o avanço das investigações.

A divulgação do balanço há poucos dias, sem números que não deveriam ter sido prometidos, levou a nova queda no preço das ações.

E, naturalmente, a novas reações iradas e estapafúrdias, com mais especulação sobre qual seria o valor — subjetivo, sujeito a flutuação, como o de toda empresa de capital aberto presente em bolsa — da Petrobras, e o aumento dos ataques por parte dos que pretendem aproveitar o que está ocorrendo para destruir a empresa — incluindo hienas de outros países, vide as últimas idiotices do Financial Times – que adorariam estraçalhar e dividir, entre baba e dentes, os eventuais despojos de uma das maiores empresas petrolíferas do mundo.

O que importa mais na Petrobras?

O valor das ações, espremido também por uma campanha que vai muito além da intenção de sanear a empresa e combater eventuais casos de corrupção e que inclui de apelos, nas redes sociais, para que consumidores deixem de abastecer seus carros nos postos BR; à aberta torcida para que “ela quebre, para acabar com o governo”; ou para que seja privatizada, de preferência, com a entrega de seu controle para estrangeiros, para que se possa — como afirmou um internauta — “pagar um real por litro de gasolina, como nos EUA”?

Para quem investe em bolsa, o valor da Petrobras se mede em dólares, ou em reais, pela cotação do momento, e muitos especuladores estão fazendo fortunas, dentro e fora do Brasil, da noite para o dia, com a flutuação dos títulos derivada, também, da campanha antinacional em curso, refletida no clima de “terrorismo” e no desejo de “jogar gasolina na fogueira”, que tomou conta dos espaços mais conservadores — para não dizer golpistas, fascistas, até mesmo por conivência — da internet.

Para os patriotas, e ainda os há, graças a Deus, o que importa mais, na Petrobras, é seu valor intrínseco, simbólico, permanente, e intangível, e o seu papel estratégico para o desenvolvimento e o fortalecimento do Brasil.

Quanto vale a luta, a coragem, a determinação, daqueles que, em nossa geração, foram para as ruas e para a prisão, e apanharam de cassetete e bombas de gás, para exigir a criação de uma empresa nacional voltada para a exploração de uma das maiores riquezas econômicas e estratégicas da época, em um momento em que todos diziam que não havia petróleo no Brasil, e que, se houvesse, não teríamos, atrasados e subdesenvolvidos que “somos”, condições técnicas de explorá-lo?

Quanto vale a formação, ao longo de décadas, de uma equipe de 86.000 funcionários, trabalhadores, técnicos e engenheiros, em um dos segmentos mais complexos da atuação humana?

Quanto vale a luta, o trabalho, a coragem, a determinação daqueles, que, não tendo achado petróleo em grande quantidade em terra, foram buscá-lo no mar, batendo sucessivos recordes de poços mais profundos do planeta; criaram soluções, “know-how”, conhecimento; transformaram a Petrobras na primeira referência no campo da exploração de petróleo a centenas, milhares de metros de profundidade; a dezenas, centenas de quilômetros da costa; e na mais premiada empresa da história da OTC – Offshore Technology Conferences, o “Oscar” tecnológico da exploração de petróleo em alto mar, que se realiza a cada dois anos, na cidade de Houston, no Texas, nos Estados Unidos?

Quanto vale a luta, a coragem, a determinação, daqueles que, ao longo da história da maior empresa brasileira — condição que ultrapassa em muito, seu eventual valor de “mercado” — enfrentaram todas as ameaças à sua desnacionalização, incluindo a ignominiosa tentativa de alterar seu nome, retirando-lhe a condição de brasileira, mudando-o para “Petrobrax”, durante a tragédia privatista e “entreguista” dos anos 1990?

Quanto vale uma companhia presente em 17 países, que provou o seu valor, na descoberta e exploração de óleo e gás, dos campos do Oriente Médio ao Mar Cáspio, da costa africana às águas norte-americanas do Golfo do México?

Quanto vale uma empresa que reuniu à sua volta, no Brasil, uma das maiores estruturas do mundo em Pesquisa e Desenvolvimento, no Rio de Janeiro, trazendo para cá os principais laboratórios, fora de seus países de origem, de algumas das mais avançadas empresas do planeta?

Por que enquanto virou moda — nas redes sociais e fora da internet — mostrar desprezo, ódio e descrédito pela Petrobras, as mais importantes empresas mundiais de tecnologia seguem acreditando nela, e querem desenvolver e desbravar, junto com a maior empresa brasileira, as novas fronteiras da tecnologia de exploração de óleo e gás em águas profundas?

Por que em novembro de 2014, há apenas pouco mais de três meses, portanto, a General Electric inaugurou, no Rio de Janeiro, com um investimento de 1 bilhão de reais, o seu Centro Global de Inovação, junto a outras empresas que já trouxeram seus principais laboratórios para perto da Petrobras, como a BG, a Schlumberger, a Halliburton, a FMC, aSiemens, a Baker Hughes, a Tenaris Confab, a EMC2 a V&M e a Statoil?

Quanto vale o fato de a Petrobras ser a maior empresa da América Latina, e a de maior lucro em 2013 — mais de 10 bilhões de dólares — enquanto a PEMEX mexicana, por exemplo, teve um prejuízo de mais de 12 bilhões de dólares no mesmo período?

Quanto vale o fato de a Petrobras ter ultrapassado, no terceiro trimestre de 2014, a EXXON norte-americana como a maior produtora de petróleo do mundo, entre as maiores companhias petrolíferas mundiais de capital aberto?

É preciso tomar cuidado com a desconstrução artificial, rasteira, e odiosa, da Petrobras e com a especulação com suas potenciais perdas no âmbito da corrupção, especulação esta que não é apenas econômica, mas também política.

A PETROBRAS teve um faturamento de 305 bilhões de reais em 2013, investe mais de 100 bilhões de reais por ano, opera uma frota de 326 navios, tem 35.000 quilômetros de dutos, mais de 17 bilhões de barris em reservas, 15 refinarias e 134 plataformas de produção de gás e de petróleo.

É óbvio que uma empresa de energia com essa dimensão e complexidade, que, além dessas áreas, atua também com termoeletricidade, biodiesel, fertilizantes e etanol, só poderia lançar em balanço eventuais prejuízos com o desvio de recursos por corrupção, à medida que esses desvios ou prejuízos fossem “quantificados” sem sombra de dúvida, para depois ser — como diz o “mercado” — “precificados”, um por um, e não por atacado, com números aleatórios, multiplicados até quase o infinito, como tem ocorrido até agora.

As cifras estratosféricas (de 10 a dezenas de bilhões de reais), que contrastam com o dinheiro efetivamente descoberto e desviado para o exterior até agora, e enchem a boca de “analistas”, ao falar dos prejuízos, sem citar fatos ou documentos que as justifiquem, lembram o caso do “Mensalão”.

Naquela época, adversários dos envolvidos cansaram-se de repetir, na imprensa e fora dela, ao longo de meses a fio, tratar-se a denúncia de Roberto Jefferson, depois de ter um apaniguado filmado roubando nos Correios, de o “maior escândalo da história da República”, bordão esse que voltou a ser utilizado maciçamente, agora, no caso da Petrobras.

Em dezembro de 2014, um estudo feito pelo instituto Avante Brasil, que, com certeza não defende a “situação”, levantou os 31 maiores escândalos de corrupção dos últimos 20 anos.

Nesse estudo, o “mensalão” — o nacional, não o “mineiro” — acabou ficando em décimo-oitavo lugar no ranking, tendo envolvido menos da metade dos recursos do “trensalão” tucano de São Paulo e uma parcela duzentas menor que a cifra relacionada ao escândalo do Banestado, ocorrido durante o mandato de Fernando Henrique Cardoso, que, em primeiríssimo lugar, envolveu, segundo o levantamento, em valores atualizados, aproximadamente 60 bilhões de reais.

E ninguém, absolutamente ninguém, que dizia ser o mensalão o maior dos escândalos da história do Brasil, tomou a iniciativa de tocar, sequer, no tema — apesar do “doleiro” do caso Petrobras, Alberto Youssef, ser o mesmo do caso Banestado — até agora.

Os problemas derivados da queda da cotação do preço internacional do petróleo não são de responsabilidade da Petrobras e afetam igualmente suas principais concorrentes.

Eles advém da decisão tomada pela Arábia Saudita de tentar quebrar a indústria de extração de óleo de xisto nos Estados Unidos, aumentando a oferta saudita e diminuindo a cotação do produto no mercado global.

Como o petróleo extraído pela Petrobras destina-se à produção de combustíveis para o próprio mercado brasileiro, que deve aumentar com a entrada em produção de novas refinarias, como a Abreu e Lima; ou para a “troca” por petróleo de outra graduação, com outros países, a empresa deverá ser menos prejudicada por esse processo.

A produção de petróleo da companhia está aumentando, e também as descobertas, que já somam várias depois da eclosão do escândalo.

E, mesmo que houvesse prejuízo — e não há — na extração de petróleo do pré-sal, que já passa de 500.000 barris por dia, ainda assim valeria a pena para o país, pelo efeito multiplicador das atividades da empresa, que garante, com a política de conteúdo nacional mínimo, milhares de empregos qualificados na construção naval, na indústria de equipamentos, na siderurgia, na metalurgia, na tecnologia.

A Petrobras foi, é e será, com todos os seus problemas, um instrumento de fundamental importância estratégica para o desenvolvimento nacional, e especialmente para os estados onde tem maior atuação, como é o caso do Rio de Janeiro.

Em vez de acabar com ela, como muitos gostariam, o que o Brasil precisaria é ter duas, três, quatro, cinco Petrobras.

É necessário punir os ladrões que a assaltaram?

Ninguém duvida disso.

Mas é preciso lembrar, também, uma verdade cristalina.

A Petrobras não é apenas uma empresa.

Ela é uma Nação.

Um conceito.

Uma bandeira.

E por isso, seu valor é tão grande, incomensurável, insubstituível.

Esta é a crença que impulsiona os que a defendem.

E, sem dúvida alguma, também, a abjeta motivação que está por trás dos canalhas que pretendem destruí-la.