Venezuela, Mercosur y el acoso mediático: el imperio de la mentira ataca de nuevo

por Aram Aharonian

 

 Sponholz

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El acoso a Venezuela reverdece, en el marco de un prolongado proceso de golpe continuo que ya tiene casi 14 años y donde destaca el papel estelar que juegan los medios de comunicación hegemónicos, con su libreto cartelizado de mentiras y manipulaciones, repetido en diferentes idiomas.

Hoy la derecha trata de imponer el imaginario que Venezuela es una dictadura y que, por ende, debe ser expulsada del Mercado Común del Sur (Mercosur).

Es consciente que no lograrán lo que se proponen, pero su estrategia es la de crear ese imaginario. El 26 de febrero, el diario venezolano El Nacional anunciaba que los parlamentarios derechistas argentinos Roberto Pradines, Mario Negri, Patricia Bullrich y Sergio Bergman todos miembros de la Comisión del Mercosur, expresaron que la detención del alcalde Antonio Ledesma, “afecta la democracia en el país”, y en consecuencia solicitarán la activación del Protocolo de Ushuaia sobre compromiso democrático

Y pedían la presencia en Venezuela de una Comisión del Observatorio de la Democracia del Parlamento del Mercosur (Parlasur), con el objeto suspender su participación en el bloque regional. A este coro se sumaron algunos parlamentarios de la derecha uruguaya.

Cabe recordar que el Protocolo de Ushuaia establece como único supuesto para su aplicación la ruptura del orden democrático en alguno de países del Mercosur, y prevé que, una vez agotada la instancia de consultas de los Estados entre sí y con el Estado afectado y en caso de que éstas resulten infructuosas, podrá acordarse la aplicación de medidas sancionatorias.
Pero tanto el período de consultas como las eventuales sanciones deben ser decididas por los presidentes, por consenso (no por vociferantes legisladores, minoritarios en los parlamentos de sus países).

Es más, no existe en Venezuela la ruptura del orden democrático y la gran mayoría de los países latinoamericanos y caribeños han expresado muestras de apoyo al gobierno de Nicolás Maduro.

Las instituciones democráticas venezolanas, es decir todos sus poderes públicos se encuentran legitimados y en pleno ejercicio de sus funciones, en especial la Asamblea Nacional.

Por otra parte, el Observatorio de la Democracia del Parlasur, desde su creación en 2008, ha limitado su actuación al seguimiento de los procesos electorales en los países del Mercosur y los estados asociados. Involucrar al observatorio en procesos que impliquen la evaluación (o supervisión) política lo convertiría en un instrumento de injerencia y abriría una senda peligrosa para la integración que se caracteriza por lograr la unidad de la diversidad.

El reglamento del observatorio establece que tendrá un Consejo de Representantes (con tres parlamentarios por país), y coordinado por el presidente del Parlasur. Actualmente, la Presidencia del Parlasur la ejerce Venezuela. Pero cualquier decisión obre eventuales sanciones depende de la voluntad consensuada de los presidentes, no de la vociferación de algunos parlamentarios con intentenciones desestablizadoras y atentatorias contra la integración.

Las razones

Toda esta ofensiva tiene su razón: la derecha nunca estuvo tan débil en nuestra región y demostración de ello es que pierde sucesivamente elecciones en países como Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Venezuela, El Salvador. Ha sido desalojada de gobiernos que creían su propiedad. Y siguen sin entender las transformaciones sociales, la recuperación del rol del estado, la activa participación en los procesos integradores, su independencia de los dictados de Washington.

Es clara la debilidad de las derechas: sus iconos están en crisis institucional y de legitimidad. Chile con las consecuencias de la privatización; México, como ejemplo de cómo un TLC disuelve el Estado; Colombia con la legitimación paramilitar; Perú que termina ofreciendo su territorio como base naval estadounidense…

Estas derechas no se resigna a que sean gobiernos populares los que rescaten a sus pueblos de los desastres producidos por las dictaduras cívico-militares y los gobiernos neoliberales.

No solo han venido de fracaso en fracaso los gobiernos neoliberales, sino que manifiestan una patética incapacidad de formular propuestas alternativas, dedicándose a sabotear los procesos de estos países, desestabilizar los gobiernos, apostar al caos e, incluso, servir –como excelsos cipayos- a los propósitos e intereses antinacionales de la banca trasnacional, de las empresas trasnacionales, la geopolítica estadounidense en la región.

Emir Sader señala que las derechas argentina y brasileña tienen enormes similitudes, porque ambas se han reorganizado alrededor de los dos más importantes gobiernos populares que han tenido esos países en el siglo XX: los de Perón y de Getulio Vargas. Por ello son derechas elitistas, oligárquicas, racistas, antinacionales. Es la derecha la que intentó tumbar a Vargas en 1954 y lo llevó al suicidio. Es la que tumbó a Perón en 1955 y llevó Argentina a iniciar el ciclo de las acciones militares gorilas en la región.

Es la derecha la que dio finalmente el golpe en Brasil en 1964 e instauró la más larga dictadura militar en la región. Es la misma derecha que intentó hacer lo mismo en 1966 en Argentina, pero vio frustrado su golpe. Tuvo que volver a la carga en 1976, para cerrar el círculo de terror de las dictaduras en el Cono Sur, añade Sader.

Hablan del peligro de caos económico, de corrupción, de respeto a los derechos humanos, aquellos que han sido cómplices y copartícipes de desapariciones, torturas, asesinatos y la mayor corrupción en las historia de los países, especialmente en los procesos de privatización de los bienes y empresas públicos. Amenazan con golpes: duros, blancos, mediáticos.

Ya no necesitan tanques ni fuerzas armadas. Usan su nuevo armamento, el terror mediático cartelizado regional e internacional.

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Nós, leitores, e a Petrobras

por Carlos Castilho

medo imprensa jornalismo terror

O público brasileiro está sendo submetido a um verdadeiro massacre informativo envolvendo a corrupção na Petrobras. A intensidade do noticiário já deixou de ser uma opção questão meramente jornalística para se transformar num caso típico de campanha movida pelos principais órgãos de imprensa do país.

Os fatos passaram a ser menos importantes do que as versões e o que era inicialmente a cobertura de um escândalo de corrupção desdobrou-se numa trama de problemas que no seu conjunto procura transmitir aos consumidores de notícias a percepção de que o país caminha para o caos.

O caso das propinas na Petrobras acabou vinculado pela imprensa à crise energética quando o uso de combustíveis para amenizar os efeitos da redução da capacidade de geração hidrelétrica do país provocou uma disparada nos preços ao consumidor. O link entre Petrobras e a crise hídrica permitiu criar a sensação de instabilidade e insegurança econômica entre as pessoas que já não sabem mais quando e como começará o racionamento de energia e se a inflação vai disparar ou não.

A análise da estratégia noticiosa adotada pela imprensa aponta claramente na direção de um acúmulo, intencional ou não, de problemas. Os casos Petrobras e crise hídrica serviram de pretexto para que instituições internacionais de credibilidade duvidosa, como a agência Moody’s, rebaixassem o Brasil nos mercados financeiros internacionais, o que provocou um efeito cascata da desvalorização do real e o fantasma da fuga de investidores externos.

Esse conjunto entrelaçado de notícias sem a devida contextualização tende a aumentar a orfandade do público, e há duas alternativas possíveis: uma é o cansaço e exaustão do público em relação a repetição exaustiva no noticiário de depoimentos, documentos, acusações, explicações canhestras envolvendo tanto o caso da Petrobras como o da crise hídrica. O desdobramento seria a perda de interesse.

A outra alternativa é o fim da paciência dos leitores, que passariam a exigir medidas drásticas – o que criaria o ambiente adequado para mudanças institucionais tanto na estatal petrolífera como no próprio governo. A imprensa, obviamente, nega esta intenção mas sua estratégia na produção e veiculação de notícias envolvendo a crescente associação entre a corrupção na Petrobras e a crise hídrica torna quase inevitável uma radicalização política que pode vir tanto pelas ruas como por maquinações legislativas ou judiciais.

O que nós, leitores, ouvintes, telespectadores ou internautas estamos perdendo é a noção de onde estão os fatos reais. O caso da Operação Lava Jato tende a transmitir para a população a ideia de que a Petrobras está quebrada por conta das estimativas bilionárias da corrupção interna, mas o respeitado comentarias da Folha de S.Paulo Janio de Freitas aponta, com dados, justamente o contrário (ver “Reino do ‘nonsense’”). Janio tem um histórico de integridade profissional intocável e não arriscaria seu prestígio numa informação sem fundamento.

O mesmo acontece com a crise de falta d’água, onde a avalancha de dados a favor e contra o racionamento se avolumam com um claro predomínio das percepções pessimistas. A gente só descobre que há um outro lado na questão hídrica quando vai para as redes sociais, blogs e páginas web alternativas. Nenhum lado chega a ser 100% convincente porque a crise hídrica é tão complexa quanto as investigações do escândalo de Petrobras.

A confusão informativa cresce na proporção direta da intensificação do bombardeio noticioso que funciona como uma espécie de preparação do estado de espírito do público em relação a medidas futuras mais radicais. Referências à privatização da Petrobras e ao impeachment da presidente Dilma Rousseff já circulam nas redações e lobbies político-empresariais.

Não há dúvida de que sempre existiu corrupção na Petrobras porque o superfaturamento e as propinas são instrumentos institucionais na política brasileira há décadas e sem eles a maioria esmagadora dos políticos com mandato não teria sido eleita. Também não há dúvida de que a falta de chuvas agravou o problema energético do país. São questões recorrentes que foram transformadas pelo noticiário da imprensa em crises terminais da politica energética vigente no país.

A solução para ambas teria que surgir num ambiente tranquilo de reflexão, debate e experimentação, envolvendo uma participação crescente da sociedade brasileira que, no fundo, é a principal e maior interessada. Mas o que a imprensa e os políticos estão fazendo é criar um clima de agitação, instabilidade, insegurança e imprevisibilidade para dissimular a luta pelo poder. Nós, leitores, somos as principais vítimas desse processo, porque não sabemos o que está acontecendo. Os porta-vozes do governo estão desacreditados por sua insistência numa visão rósea da realidade nacional, enquanto a oposição e os interesses corporativos adotam o discurso pessimista.

A conjuntura atual está claramente vinculada ao início da batalha eleitoral para a sucessão de Dilma. Depois que o escândalo do mensalão cortou um dos mananciais de financiamento ilegal de campanhas eleitorais do PT e aliados, a Petrobras passou a ser a grande torneira para irrigar a o projeto da volta de Lula ao poder. A Operação Lava Jato está fechando também esta fonte de recursos para o caixa 2 eleitoral, com o claro objetivo de asfixiar financeiramente o Partido dos Trabalhadores. É uma estratégia editorial vinculada a uma estratégia eleitoral, só que a imprensa procura induzir o público a achar que o objetivo é exclusivamente moralizador. Observatório da Imprensa

FRANCIA. ¿Choque de civilizaciones o crisis europea?

La masacre en la redacción de Charlie Hebdo es presentada como un capítulo más de una guerra mundial entre el bien y el mal, la democracia y la brabarie. Sin embargo, el atentado deja expuesta la crisis de identidad al interior de la sociedad francesa, así como el efecto boomerang de la política exterior de Europa contra los países del Medio Oriente.

diplomas do bem e do mal

 

por Federico Vazquez

 
Casi sin excepción los medios de todo el mundo esparcen la misma interpretación: el asesinato de doce personas en la redacción del semanario parisino Charlie Hebdo es un nuevo capítulo del choque civilizatorio entre Occidente y el Islam, entre la Democracia y la Barbarie.

Esta interpretación, aunque esquemática, permite que cada uno se acomode según su gusto ideológico: los hay quienes piden una devolución guerrera en términos de ojo por ojo, como quienes explican magnánimos que los grupos extremistas apenas representan una ínfima porción de la comunidad musulmana.

Ambas opiniones, sin embargo, comparten la misma matriz: se trataría de un conflicto donde la sociedad francesa, y por extensión la europea, fue víctima de un ataque externo, de un “otro” barbárico, incomprensible, ajeno.

¿Es correcto este enfoque? Volvamos sobre la escena del crimen. Según la información que brinda la misma policía francesa, quien comandó el ataque fue Chérif Kouachi, un joven de 32 años, nacido y criado en París. Un ciudadano francés matando a otros ciudadanos franceses. Este dato, más allá de cualquier otra interpretación, obliga a pensar a la matanza como parte de un problema al interior de la sociedad francesa. Por la sencilla razón de que quien perpetró la matanza nació, fue educado y se socializó al interior de esa sociedad.

Sigamos un poco más con la biografía del supuesto autor de la matanza: un video que circula por estas horas en la web, producido por el canal France 3 en el 2005, muestra a Chérif, que en ese entonces tenía 22 años, como un joven rapero de la periferia parisina. El contexto social de la época no es para nada aleatorio: ese mismo 2005 quedó surcado como el año de las grandes revueltas de jóvenes desclasados (ya sea por su origen social, étnico o religioso) quienes mostraban su inconformidad con el lugar que Francia reservaba para ellos. En el día más álgido de los disturbios 1.295 automóviles ardieron en el cinturón citadino de París. Probablemente, Chérif, que por entonces no tenía el extremismo islámico como brújula sino la música ni siquiera haya participado de esas protestas, aunque probablemente su entorno familiar y de amistades no estuvo ajeno a ellas. Como sea, la respuesta del Estado no fue tolerante ni democrática: en medio de la convulsión callejera el por entonces ministro de Interior, Nicolás Sarkozy, los catalogó públicamente “escoria”.

Según consignan los propios medios franceses, tres años después, en el 2008, Chérif inició sus contactos con células terroristas activas en Irak y Siria, que buscaban reclutar jóvenes del Primer Mundo para combatir en Medio Oriente.

Como reconoció el sociólogo francés Alain Tourine en una entrevista en radio Nacional Rock este jueves, más de mil jóvenes franceses pasaron a enrolar las filas yihadistas en los últimos tiempos. Una cifra de esta envergadura elimina cualquier argumento de “locos sueltos”, o casos de patología individual asesina: algo anda mal en la sociedad francesa, por la cual cientos y cientos de jóvenes nacidos y criados allí abandonan la tierra de la “libertad” y la “democracia” para adentrarse en las entrañas del monstruo pre moderno coránico. ¿Será que no todos pueden disfrutar de la misma libertad? ¿Será que no todos son iguales en la Francia actual de la austeridad económica y la xenofobia racial y religiosa?

Para mirarlo de la manera más microsociológica posible: algo no está bien entre los vecinos de París que resuelven sus diferencias religiosas y culturales mediante el uso de Kalishnikov. Porque, aunque parezca extraño, el exquisito caricaturista Stephane Charbonnier y el ex rapero convertido al fanatismo islámico Chérif Kouachi, vivían en la misma ciudad.

Claro, resulta más tranquilizador responder que se trata de una “contaminación” externa. Sin embargo, todo apunta al corazón de las sociedades europeas, por más que en estas horas sus líderes políticos insistan en arrojar el problema fuera de su cancha.

Las agencias internacionales de noticias consignan a los hermanos que comandaron el ataque a Charlie Hebdo como de nacionalidad “franco-argelino” aunque, como marcamos antes, se trata de dos ciudadanos francés, a secas, nacidos y criados en el país galo. Podría pensarse como una discriminación particular, entendible ante la conmoción de la matanza, pero no. En Francia, como en otros países europeos, tener la ciudadanía legal no implica tener la ciudadanía cultural, identitaria. En general, este último título es reservado para los franceses “puros”, aquellos que pueden ostentar largas genealogías en la tierra del vino y los quesos, excluyendo quirúrgicamente a quienes llegaron en las oleadas migratorias del siglo XX que, dicho sea de paso, están directamente vinculadas con el pasado colonialista de Francia

Que se trata de un conflicto nacional -aunque con obvias y notorias conexiones con dinámicas internacionales, entre ellas el llamado “terrorismo internacional”- lo demuestra la reacción de la propia clase política, inmediatamente después del crimen.
Marine Le Pen, líder del ultraderechista Frente Nacional, el mismo día del atentado, salió a pedir un referéndum para establecer la pena de muerte. En su país. Se podría decirse lo mismo que se dice de los fanáticos religiosos respecto del Islam: es una pequeña minoría que no representa el sentir del conjunto de los franceses. Ya no. Marine Le Pen ganó las elecciones europeas de mayo pasado, y hoy, según todas las encuestas, ganaría las elecciones generales para elegir gobierno.

El brutal asesinato a los periodistas de la revista satírica debería invitar a una sociedad democrática y con diversidad de opiniones a preguntarse cómo llegó hasta este punto. En vez de acentuar la “otredad” simplona descargando las culpas sobre una vaporosa “barbarie”, ensayar un curso acelerado de introspección sobre la propia “civilización”. Claro, no es sencillo: Francia tiene una larga tradición en realizar una operación político ideológica por la cual convierte en un conflicto “externo”, lo que en verdad está ardiendo sin solución dentro suyo. Cuidado: no se trata de decir que los franceses son igual de bárbaros que los musulmanes. Se trata de entender que existe un problema social, político, económico y, en último término, religioso al interior de las sociedades europeas, y no fuera de ellas, en algún “oscuro rincón del mundo”. El problema está en Europa.

Ese problema puede resumirse en el histórico problema “nacional”, por el cual sociedades como la francesa construyen una identidad excluyente, refractaria a incorporar de manera plena a nuevos contingentes poblacionales, manteniendo así una separación y segregación cultural y social impropia de un país que se ve a sí mismo como plural y democrático. La existencia de esa deriva nacional excluyente puede fácilmente corroborarse en el comportamiento electoral reciente de franceses, ingleses o alemanes, que en un contexto de crisis económica como el actual terminan volcándose por opción de extrema derecha, como el caso del Frente Nacional, o el UKIP en el caso de Gran Bretaña. E

Finalmente, también hay una “conexión” externa, si se comprueban los lazos con grupos terroristas de Medio Oriente de los jóvenes franceses que realizaron la masacre. Pero esa conexión con el terrorismo internacional no queda tampoco ajena a decisiones políticas tomadas por los gobiernos del Primer Mundo. Desde la primavera árabe de 2011, hubo una destrucción sistemática de los estados en el norte de África y la península arábiga. Libia, Irak y Siria son territorios caotizados, donde ISIS siembra el terror y realiza propaganda viral en Internet para que nuevos contingentes de jóvenes europeos se sumen a sus filas. En el caso de Libia, la participación francesa en el derrocamiento de Kadafi fue directa e inocultable. El gobierno de Kadafi no fue remplazado por una democracia ejemplar, sino por la destrucción del país, a partir del cual creció la influencia del islamismo extremista que, de modos brutales, impone un orden donde los europeos dejaron caos.

Lo que pasó en las oficinas de Charlie Hebdo no fue un ataque “externo”, sino un hecho brutal, asesino y extremista que, lamentablemente, también refleja a parte de la sociedad europea. Una sociedad donde, desde ya, también existen valores y fuerzas democráticas y libertarias. Ojalá, por el bien de Europa y del mundo, ganen los segundos.

 

La ocultación política y mediática de las causas del atentado contra “Charlie Hebdo”, sus consecuencias y retos

 

por Said Bouamama
Investig’Action

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Traducido del francés por Beatriz Morales Bastos.

El atentado contra el semanario satírico Charlie Hebdo marcará nuestra historia contemporánea. Falta por saber en qué sentido y con qué consecuencias. En el contexto actual de la «guerra contra el terrorismo» (guerra exterior) y de racismo e islamofobia de Estado, los autores de este acto ha acelerado, conscientemente o no [1], un proceso de estigmatización y aislamiento del componente musulmán, real o supuesto, de las clases populares.

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«Aún es fecundo el vientre del que surge la bestia inmunda», Bertolt Brecht, Arturo Ui

Las consecuencias políticas del atentado ya son desastrosas para las clases populares y van a ser peores si no se propone ninguna alternativa política a la famosa «Unión Nacional».

En efecto, la manera de reaccionar de los medios de comunicación franceses y de la abrumadora mayoría de la clase política es criminal. Son estas reacciones las que son peligrosas para el futuro y las que llevan en sí mismas muchos «daños colaterales» y futuros 7 y 9 de enero cada vez más mortíferos. Comprender y analizar para actuar es la única postura que hoy permite evitar las instrumentalizaciones y desviaciones de una emoción, una cólera y una revuelta legítima.

La ocultación total de las causas

El hecho de no tener en cuenta las causalidades profundas e inmediatas, el aislar las consecuencias del contexto que las hace emerger y el no inscribir un acontecimiento tan violento en la genealogía de los factores que lo han hecho posible condena a la tetania en el mejor de los casos y en el peor a una lógica de guerra civil. Nadie en los medios de comunicación aborda hoy las causas reales o potenciales. ¿Por qué es posible que semejante atentado se produzca hoy en París?

Como pone de relieve Sophie Wahnich, existe «un uso fascista de las emociones políticas de la masa» cuyo único antídoto es el «anudamiento posible entre las emociones y la razón» [2]. Lo que estamos viviendo actualmente es este confinamiento de los discursos mediáticos y políticos dominantes a una sola emoción ocultando totalmente el análisis real y concreto. Todo intento de análisis real de la situación tal como es o todo análisis que trate de proponer otra explicación que la proporcionada por los medios de comunicación y la clase política se convierte en una apología del atentado.

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Mirada al vientre fecundo de la bestia inmunda
Miremos, pues, hacia las causas y, en primer lugar, a las que de ahora en adelante competen a la larga duración y a la dimensión internacional. Francia es una de las potencias que está más en guerra en el planeta. Desde Iraq a Siria pasando por Libia y Afganistán debido al petróleo, de Mali a la República Centroafricana pasando por Congo debido a los minerales estratégicos los soldados franceses contribuyen a sembrar la muerte y el desastre en los cuatro rincones del planeta. El final de los equilibrios mundiales surgidos de la Segunda Guerra Mundial con la desaparición de la URSS unido a la globalización capitalista centrada en el descenso de los costes para maximizar los beneficios y a la nueva competencia de los países emergentes convierten al control de las materias primas en la causa principal de las injerencias, las intervenciones y las guerras contemporáneas. El sociólogo Thierry Brugvin resume de la siguiente manera el lugar que ocupan las guerras en el mundo contemporáneo:

«La conclusión de la Guerra Fría precipitó el final de una regulación de los conflictos a nivel mundial. Entre 1990 y 2001 se disparó la cantidad de conflictos entre Estados: 57 conflictos importantes en 45 territorios diferentes. […] Oficialmente siempre se legitima por medio de móviles virtuosos el emprender la guerra contra una nación adversa: defensa de la libertad, democracia, justicia… En los hechos, las guerras permiten controlar económicamente a un país, pero también facilitar que los empresarios privados de una nación puedan acaparar las materias primas (petróleo, uranio, minerales, etc.) o los recursos humanos de un país.» [3]

Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 el discurso de legitimación de las guerras se construye esencialmente sobre el «peligro islamista» que contribuye a que se desarrolle una islamofobia a gran escala en el seno de las principales potencias occidentales, islamofobia que los propios informes oficiales se ven obligados a constatar. [4] Estas guerras producen al mismo tiempo un fuerte «odio a Occidente» en los pueblos que son víctimas de estas agresiones militares. [5] Las guerras que lleva a cabo Occidente son una de las principales matrices de la bestia inmunda.

Próximo Oriente y Medio Oriente son un reto geoestratégico fundamental en la voluntad de control de las riquezas de petróleo y gas. Las estrategias de las potencias occidentales en general y de las francesas en particular se despliegan en dos ejes: el fortalecimiento de Israel como base y pilar del control de la región, y el apoyo a las petromonarquías reaccionarias del Golfo.

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De este modo, el apoyo incondicional al Estado de Israel es una constante de la política francesa que no conoce alternancia, desde Sarkozy a Hollande. El Estado sionista puede asesinar a gran escala con total impunidad. Sean cuales sean la magnitud y los medios de las masacres, el gerente local de los intereses occidentales nunca está verdadera y duraderamente inquieto. Así, François Hollande declaró durante su viaje oficial a Israel en Israel en 2013: «Seré siempre un amigo de Israel». [6]

Y también en este caso el discurso mediático y político de legitimación de este apoyo se construye sobre la base de una representación del grupo Hamás palestino pero también de la resistencia palestina en su conjunto (a través de recurrentes imprecisiones verbales), de la población palestina en su conjunto y de sus apoyos políticos internacionales, como portadores de un peligro «islamista». La lógica del «doble rasero» se impone una vez más a partir de un enfoque islamófobo adoptado por las esferas más altas del Estado y que retoman la gran mayoría de los medios de comunicación y de actores políticos. Este es el segundo perfil del vientre de la bestia inmunda.

Estos factores internacionales se conjugan con factores internos de la sociedad francesa. Antes hemos puesto de relieve la islamofobia de Estado, propulsada por la Ley sobre el pañuelo en 2004 y mantenida después regularmente (discurso sobre las revueltas de los barrios populares en 2005, Ley sobre el niqab, «debate» sobre la identidad nacional, Circular Chatel y exclusión de las puertas de salida de las escuelas de aquellas madres que lleven velo, acoso a las estudiantes de instituto que lleven faldas largas, prohibición de las manifestaciones en apoyo al pueblo palestino, etc.).

Hay que poner de relieve ahora que ninguna respuesta de las fuerzas políticas que se declaran de las clases populares ha hecho frente a este clima de islamofobia. Y lo que es más grave, en varias ocasiones se ha producido un amplio consenso con el pretexto de defender la «laicidad» o de no relacionarse con «quienes defienden a Hamás». Desde la extrema derecha a una parte importante de la extrema izquierda se han presentado los mismos argumentos, se han construido las mismas separaciones, se han producido las mismas consecuencias

El resultado de ello no es otro que el arraigo aún más profundo de las islamalgamas*, la profundización de una división en el seno de las clases populares, el debilitamiento aún mayor de los ya debilitados diques antirracistas y una violencia concreta o simbólica ejercida contra las y los musulmanes. Como propone Raphaël Liogier, este resultado se puede describir como la difusión por parte de un sector importante de la sociedad del «mito de la islamización» que desemboca en la tendencia a constituir una «obsesión colectiva». [7]

La tendencia a la producción de una «obsesión colectiva» aumentó todavía más con el reciente tratamiento mediático de los casos Zemmour y Houellebecq. Tras haberle ofrecido múltiples tribunas, Eric Zemmour fue despedido de I-télé por haber propuesto la «deportación de los musulmanes franceses». Esto le permite dárselas de víctima en el contexto de esta obsesión colectiva que hemos mencionado. Por lo que se refiere al escritor [Michel Houellebecq] lo defienden muchos periodistas con el pretexto de que no se puede confundir ficción y realidad. No obstante, en ambos casos queda una profundización del sentimiento de «la obsesión colectiva» por una parte y el sentimiento de ser una vez más insultado permanentemente por otra. Este es el tercer perfil del vientre de la bestia inmunda.

Este factor interno de una islamofobia banalizada tiene unos efectos decuplicados en el actual contexto del debilitamiento económico, social y político general de las clases populares. La pauperización y la precarización generalizada se han vuelto insoportables en los barrios populares. De ahí se desprenden unas relaciones sociales marcadas por una violencia cada vez mayor contra uno mismo y contra las personas cercanas. A ello se une el descenso de clase social de una parte importante de las clases medias, así como el temor a ese descenso en aquellas personas para las que las cosas todavía van bien, pero que no son «de buena familia». Cuando estas últimas personas se sienten en peligro disponen entonces de un blanco consensual que ya está completamente calificado de legítimo tanto mediática como políticamente: el musulmán o la musulmana.

El debilitamiento afecta aún más al componente surgido de la inmigración de las clases populares, que se enfrenta a las discriminaciones racistas sistémicas (ángulo absolutamente muerto de los discursos de las organizaciones políticas que se declaran de las clases populares), las cuales producen unas trayectorias de marginación (en la formación, en la búsqueda de vivienda, en la relación con la policía y con los controles según el color de la piel**, etc.). [8]

La profundización de la división entre dos componente de las clases populares en una lógica de «dividir a quienes deberían estar unidos (los diferentes componentes de las clases populares) y de unir a quienes deberían estar divididos (las clases sociales con intereses divergentes)» es el cuarto perfil del vientre de la bestia inmunda.

terrorista

¿Qué pare este vientre?
Esta matriz es claramente propicia para la emergencia de trayectorias nihilistas que se traducen en la matanza de Charlie Hebdo. Estas trayectorias, que son extremadamente minoritarias, son una producción de nuestro sistema social, así como de las desigualdades y discriminaciones generalizadas que lo caracterizan.

Pero lo que las reacciones al atentado han revelado es igual de importante y cuantitativamente está mucho más extendido que la opción nihilista (¿por ahora?). Sin poder ser exhaustivos, recordemos algunos elementos de estos últimos días. Por lo que se refiere a los discursos, tuvimos a Marine Le Pen exigiendo un debate nacional contra el «fundamentalismo islámico», al bloque identitario que declaraba la necesidad de «poner en tela de juicio la inmigración masiva y la islamización» para luchar contra el «yihadismo», al periodistas Yvan Rioufol de Le Figaro que conminaba a Rokhaya Diallo de desolidarizarse en RTL, a Jeannette Bougrab que acusaba a «quienes han calificado a Charlie Hebdo de islamófobo» de ser los culpables del atentado, sin contar todas las declaraciones que hablaban de «guerra declarada». A estas palabras se unen los pasos al acto de estos últimos días: una miembro de Femen se filma quemando y pisoteando El Corán, se producen unos disparos contra la mezquita de Albi, aparecen unas pintadas racistas en las mezquitas de Bayona y Poitiers, se lanzan granadas contra otra en Mans, se producen disparos contra una sala de oración en Port la Nouvelle, se quema otra sala de oración en Aix les Bains, se cuelgan una cabeza y vísceras de jabalí ante una sala de oración en Corte, Córcega, un kebab es objeto de una explosión en Villefranche sur Saône, un automovilista es el blanco de unos disparos en el Vaucluse, se molesta a un estudiante de secundaria de origen magrebí de 17 años durante un minuto de silencio en Bourgoin-Jallieu en Isère, etc. Estas palabras y actos muestran la magnitud de los daños que ya han causado las últimas décadas de banalización islamófoba. También forman parte de la bestia inmunda.

La bestia inmunda se encuentra también en la sangrante ausencia de indignación frente a las innumerables víctimas de las guerras imperialistas de estas últimas décadas. Al reaccionar a propósito del 11 de septiembre la filósofa Judith Butler se pregunta sobre la indignación desigual. Pone de relieve que la justificada indignación por las víctimas del 11 de septiembre se acompaña de una indiferencia por las víctimas de las guerras emprendidas por Estados Unidos: «¿Cómo es que no nos dan los nombres de los muertos de esta guerra, incluidos aquellos a los que ha matado Estados Unidos, aquellas personas de las que nunca tendremos una imagen, un nombre, una historia, nunca tendremos el menor fragmento de testimonio sobre sus vidas, algo que poder ver, tocar, saber?». [9]

Esta indignación desigual está en la base de un proceso de producción de una división muy real en el seno de las clases populares. Y es esta división la que es portadora de todos los peligros, sobre todo en un periodo de construcción de «la unión nacional», como el actual.

La unión nacional que sueñan con construir es «todas y todos juntos contra aquellos que no son de los nuestros, contra aquellas y aquellos que no enseñen su patita blanca***».

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Una formidable instrumentalización política
Pero el escándalo que vivimos hoy no se detiene ahí. Con un cinismo consumado se despliegan todo el día instrumentalizaciones de la situación y del pánico que esta suscita.

* Refuerzo de la seguridad y ataques contra las libertades democráticas

Algunos, como Dupont Aignan, reclaman «más flexibilidad a las fuerzas del orden» aunque el pasado otoño ya se votó una nueva «ley antiterrorista». Y haciéndose eco, Thierry Mariani alude a la Patriot Act estadounidense (cuya consecuencia fue un grave ataque contra las libertades individuales con el pretexto de la lucha contra el terrorismo): «Estados Unidos supo reaccionar tras el 11 de septiembre. Se ha denunciado la Patriot Act, pero desde entonces no ha habido atentados, aparte del de Boston». [10]

Instrumentalizar el miedo y la emoción para reforzar unas leyes y medidas liberticidas es la primera manipulación que se pone hoy a prueba para medir las posibilidades en materia de regresión democrática. Determinadas reivindicaciones legítimas y urgentes se vuelven ya inaudibles debido al enorme aumento de las medidas de seguridad que tratan de aprovecharse de la situación: por ejemplo, será mucho más difícil llevar a cabo la lucha contra los controles según el color de la piel y continuarán las humillaciones cotidianas que estos producen en medio de la indiferencia general.

* La unidad nacional

La construcción activa y determinada de la unidad nacional es la segunda instrumentalización importante en curso. Permite poner en sordina el conjunto de las reivindicaciones que traban el proceso de desregulación generalizada. Por muy burdo que sea, es eficaz en un clima de miedo generalizado, que el conjunto de los medios de comunicación producen cotidianamente. En algunas ciudades la unidad nacional se ha extendido ya al Frente Nacional que ha participado en las concentraciones de apoyo a Charlie Hebdo. [La ex ministra francesa de Justicia Rachida] Dati y [el ex primer ministro francés François] Fillon se indignan ya de «la exclusión» de Marine Le Pen de la unidad nacional. Esta «unidad nacional» también es lo que más daño político ha provocado puesto que destruye las raras referencias positivas que pudieran existir antes en términos de posibles alianzas e identidades políticas.

* La conminación a justificarse

Otra instrumentalización es la permanente conminación que se hace a los musulmanes reales o supuestos a justificarse por unos actos que ellos no han cometido y/o a desmarcarse de los autores del atentado.

Este hecho de ser permanentemente acusado es humillante. A nadie se le ocurrió exigir a los cristianos reales o supuestos una condena cuando el noruego Anders Behring Breivik asesinó a 77 personas en julio de 2011 reivindicándose como islamófobo y nacionalista blanco.

Tras esta conminación se encuentra la lógica que plantea que el islam es por esencia incompatible con la República. De esta lógica se desprende la idea de poner a los musulmanes, reales o supuestos, bajo vigilancia no solo policial, sino también de los medios de comunicación, de los profesores, de los vecinos, etc.

* ¿Ser Charlie? ¿Quién puede ser Charlie? ¿Quién quiere ser Charlie?

 

Por último, la consigna «todos somos Charlie» es la ultima instrumentalización desplegada estos días. Si el atentado contra Charlie Hebdo es condenable, sin embargo está fuera de cuestión olvidar el papel que ha desempeñado este semanario en la construcción del actual clima de islamofobia.

También está fuera de cuestión olvidar las odas a Bush que acogían sus páginas cuando este impulsaba esta famosa «guerra contra el terrorismo» en Afganistán y después en Iraq. Estas tomas de postura escritas o dibujadas no son detalles o simples diversiones sin consecuencias: son el origen de múltiples agresiones a mujeres veladas y de muchos actos contra lugares de culto musulmanes. Sobre todo, este semanario ha contribuido enormemente a dividir a las clases populares en un momento en que más que nunca necesitaban unidad y solidaridad. No somos más Charlie ayer que hoy.

Los tiempos que se avecinan van a ser difíciles y costosos. Para detener la escalada tenemos que acabar con la violencia de los dominantes: tenemos que luchar para parar las guerras imperialistas en curso y derogar las leyes racistas. Para detener la escalada tenemos que desarrollar todos los marcos y acontecimientos de solidaridad destinados a impedir la invasión de palabras o de actos racistas y, sobre todo, islamófobos. Para detener la escalada tenemos que construir todos los espacios posibles de solidaridad económica y social en nuestros barrios populares, con total autonomía respecto a quienes predican la unión nacional como perspectiva.

Necesitamos más que nunca organizarnos, cerrar filas, rechazar la lógica que «divide a quienes deberían estar unidos y une a quienes deberían estar divididos». Más que nunca tenemos que designar al enemigo para construirnos juntos: el enemigo es todo aquel que nos divide.

Notas:
[1] Por una parte es demasiado pronto para decirlo y por otra el resultado es el mismo.

[2] Sophie Wahnich, La révolution française, un événement de la raison sensible 1787-1799, Hachette, París, 2012, p. 19.

[3] Thierry Brugvin, Le pouvoir illégal des élites, Max Milo, París, 2014.

[4] Djacoba Liva Tehindrazanarivelo, Le racisme à l’égard des migrants en Europe, éditions du Conseil de l’Europe, Estrasburgo, 2009, p. 171.

[5] Jean Ziegler, La haine de l’Occident, Albin Michel, París, 2008.

[6] Le Monde, “Hollande «ami d’Israël» reste ferme face à l’Iran”, 17-11-2013.

* N. de la t.: “Islamalgame” es un neologismo creado para expresar todas las amalgamas, siempre con connotaciones negativas, que se hacen a propósito del islam (islam y terrorismo, islam y delincuencia, etc.).

[7] Raphaël Liogier, Le mythe de l’islamisation, essai sur une obsession collective, Le Seuil, París, 2012.

** N. de la t.: “contrôles au faciès” en el original. Se refiere a los controles policiales que se hacen en Francia sobre todo a las personas que no son de piel blanca y que los sufren con mucha más frecuencia que aquellas que tienen la piel blanca

[8] Véase sobre este aspecto mi último artículo en mi blog, “Les dégâts invisibilisés des discriminations inégalité sociales et des discriminations racistes et sexistes”, https://bouamamas.wordpress.com/

*** N. de la t.: Hay un juego de palabras intraducible con la expresión “montrer patte blanche”, cuyo origen está en una fábula de La Fontaine de la cabrita que pedía al lobo que enseñara su patita blanca para poder entrar y que actualmente significa “enseñar un signo de reconocimiento convenido, decir la contraseña necesaria para entrar en algún lugar”. Su traducción literal sería “enseñar la pata blanca”.

[9] Judith Butler, citada en Mathias Delori, “Ces morts que nous n’allons pas pleurer”, http://blogs.mediapart.fr/blog/math…, consultado el 9 de enero de 2015 las 18:00 h.

[10] Le Parisien, 8-01-2015

Animador del Collectivo Manouchian, Said Bouamama es un sociólogo, militante asociativo y político. Su especialidad es la inmigración, las discriminaciones y el racismo como procesos de dominación. Said Bouamama fue uno de los participantes de la Marcha por la Igualdad de diciembre de 1983 en la que convergieron hacia París miles de personas que luchaban por acabar con el racismo y las discriminaciones masivas del estado francés hacia una parte de sus ciudadanos, en especial aquellos de origen magrebí, en un contexto generalizado de crímenes racistas y banalización de la extrema derecha. Acaba de publicar Figures de la Révolution Africaine (de Kenyata à Sankara), Editions La Découverte, 2014. También es el autor de Les classes et quartiers populaires. Paupérisation, ethnicisation et discrimination, Éditions du Cygne, 2009; La France: Autopsie d’un mythe national, Larousse, 2008 y L’affaire du foulard islamique: production d’un racisme respectable, Le Geai bleu, 2004, entre muchas otras obras.

“Do que temos medo é do depois”

por RACHEL DONADIO

Farid Ben Morsli

Farid Ben Morsli

Perto das 9h10 da noite de segunda-feira, os sobreviventes do Charlie Hebd romperam em gargalhadas e aplausos, logo seguidos dos gritos “Allahu akbar!” — uma alegre ironia. O grupo aplaudia Rénald Luzier, cartoonista conhecido por “Luz”, que à enésima tentativa conseguiu produzir a capa perfeita para o tão antecipado novo número deste iconoclástico semanário. Mostra o profeta Maomé segurando um cartaz a dizer “Je suis Charlie” (eu sou Charlie) e tem a frase “Tudo está perdoado”.

“Habemus capa” disse, sorrindo, Gérard Biard, o chefe de redacção do jornal, ao sair da redacção improvisada e usando a frase que anuncia um novo Papa. Explicou como tentaram chegar à imagem certa: “Perguntámos a nós próprios: ‘O que queremos dizer? O que devemos dizer? E de que forma?’ Sobre o tema, infelizmente, não tínhamos dúvidas.”

Desde sexta-feira, apenas dois dias depois de homens armados terem massacrado 12 pessoas no jornal, que 25 membros da equipa se reuniram nas instalações do jornal de esquerda Libération, debaixo de pesada protecção policial, para preparar o novo número. Ainda estavam em choque e desconcertados por, de repente, serem os heróis da liberdade de expressão perante os mesmos sistemas político e religioso que há muito satirizavam.

Ao mesmo tempo que os jornalistas lidavam com a tristeza, havia notas de humor mordaz. Os cartoonistas desenhavam, enquanto descreviam como foi difícil continuar depois do horror na sua redacção; outros expressavam a sua raiva em relação aos assassinos. A grande pergunta que pairava no ar: como conseguiriam ter piada num momento destes?

“Nós não sabemos fazer outra coisa a não ser rir”, disse Biard, que estava de férias no dia do ataque.

Por todo o mundo, o massacre motivou um debate sobre falhas de segurança, radicalismo islâmico e aquele ter sido um ponto de viragem. Milhões de pessoas abraçaram o slogan “Eu sou Charlie”. Mas aqui, numa sala de conferências no topo do edifício, com uma vista deslumbrante para a Torre Eiffel, só estavam um grupo de cartoonistas e de jornalistas: chorando, petiscando, rindo, violando a lei que proíbe fumar em espaços fechados e tentando aguentar-se o tempo suficiente para produzir um novo número.

A primeira reunião editorial, na sexta-feira, não começou com tiradas ou provocações editoriais, mas com a lembrança dos colegas assassinados, com o ponto de situação sobre os feridos e com a visita surpresa do primeiro-ministro, Manuel Valls, e de Fleur Pellerin, ministra da Cultura e das Comunicações — visitas raras na redacção de um jornal de quem só podem esperar troça e não um pedido de entrevista.

“Decidimos fazer uma edição normal, não um número de homenagem”, disse Biard na sexta-feira, dia em que decorreu uma reunião de três horas. Para a sala foram levados tabuleiros com salmão fumado, sanduíches e sobremesas com creme. Uma fiada de polícias à paisana guardou a porta. Cinco computadores cedidos pelo Le Monde foram montados numa mesa redonda de vidro. Desde os ataques, os donativos não páram de chegar, e foi criado um fundo — jaidecharlie.fr (Eu ajudo Charlie).

À medida que a redacção voltava à vida, na sexta-feira à tarde, Biard reflectia. “Eles mataram pessoas que desenhavam cartoons. Só isso. Era só o que estas pessoas faziam. Se têm medo disso…, que deus é o deles?”, perguntou enfaticamente.

Montar a logística para fazer sair o jornal não foi fácil. Foi preciso arranjar autorizações do tribunal para retirar material que estava na antiga sede, agora fechada, porque é uma cena de um crime. Com a ajuda do Libération, o Charlie Hebdo imprimiu três milhões de cópias; a sua tiragem habitual é de 600 mil exemplares. Previa-se também que o jornal fosse traduzido em várias línguas.

Uma ideia estava clara: manter a memória dos mortos viva publicando trabalhos antigos deles. E nesta edição haverá desenhos dos cinco cartoonistas mortos: Stéphane Charbonnier (Charb, o director), Jean Cabut (Cabu), Bernard Verlhac (Tignous), Georges Wolinski e Philippe Honoré. Também decidiram homenagear as outras vítimas, publicando trabalhos de Bernard Maris, um economista, e de Elsa Cayat, psiquiatra, que escreviam colunas, e talvez publicar uma coluna inédita de Mustapha Ourrad, que era o revisor de texto.

“Neste número eles não mataram ninguém”, explicou Biard. Os membros da equipa “aparecem como sempre apareceram”. Questionado sobre o que mais teria este número, Patrick Pelloux, médico que também escreve no Charlie Hebdo, respondeu, com uma gargalhada: “Oh, não sei. Não se passou grande coisa esta semana.”