DE FRENTE HETERO, DE PERFIL FLEXIBLE

soy hetero homo
La heteroflexibilidad, figura que cubre con el manto de la normalidad a quienes desean llevar una vida social hétero y una secreta sexualidad homosexual, ¿es una nueva forma del closet? ¿Es una avivada? ¿Una reacción frente al avance de las políticas identitarias? ¿O es una demostración de la libertad de que gozan los más jóvenes? Las crónicas de un asiduo chateador, de una observadora participante del mundo trava y de una militante bisexual revelan no sólo intimidades, sino matices y contradicciones.

Imagen: Sebastian Freire

Imagen: Sebastian Freire

Por CSG (Cronista Super Gay)


Aclaro: no me considero periodista ni escritor, ni analista de las relaciones socioafectivas y menos un teórico queer. Pero seguro que escribo por día mucho más que todos ellos. Soy un chateador. Mi experticia en el aire (quiero poner “yire”, pero la computadora corrige y pone “aire”, ¡quien sea Lacan que diga algo!) me ha llevado a mantener charlas con muchos hombres hétero (acá corrige otra vez y pone “tetero”…) que entiendo encajan en lo que se viene llamando hace unos años heteroflexibles (hétero curioso, bicurioso, macho ciento por ciento es más frecuente en los perfiles de chats gays). Intríngulis personal: ¿me ha resultado lo mismo, en términos de morbo, en términos sexuales, en términos sentimentales las pocas veces que hubo de eso, que un encuentro con otro gay como yo? Definitivamente no. Saquen sus conclusiones. Yo aún no las tengo.

CSG: ¿Nunca te enamoraste de un hombre?

Cazador 74: Imposible. A mí me gusta tener sexo cada tanto, tampoco todos los días. Y no me veo yendo al cine o a comer con un tipo, ¡jua! O ir al club, no da.

.

CSG: ¡Ay! Qué bonito. Voy a llamar al Inadi.

Cazador 74: Pará, boludo, no es por prejuicio, es que no da. Yo respeto al que le gusta eso. Si en la cama estamos bien. No te me enojes, papi. O sí, enojate, me encanta cuando te ponés malo.

Con el chat que sigue, expresión del súmmum de la coherencia y la contradicción que el concepto de heteroflexibilidad lleva adentro, daría por terminada la nota. Con tantas palabras hemos llenado los casilleros que de pronto se produce una saturación de sentidos, y mejor callar. No para siempre, digo, un poco. Una libertad de supermarket impone palabras que calman o venden un rato (¿se acuerdan de los metrosexuales?). Argentina (no sé si por pionera o por agrandada) fue la primera en admitir en Facebook unas 54 identidades sexuales para definirse, los y las heteroflexibles figuran entre las opciones.

.

CSG: ¿Heteroflexible, dijiste? Ya existe la palabra bisexual. ¿Conocés? ¿Por qué inventar otra?

Bebote: Naaah. Nada que ver. Bisexual no es lo mismo. Esos son todos putos tapados. Yo soy hétero, ya lo puse en el perfil, no sé si leíste, me gustan las mujeres.

.

CSG: Sí, pero te acostás con hombres, y encima con hombres putos, no sé si leíste mi perfil.

Bebote: ¿Y?

.

CSG: Y doy fe de que te gusta… te gustarán las mujeres, no lo dudo, pero los hombres también.

Bebote: Sí, pero hay una diferencia con los bi, mi mujer no lo sabe.

Si alguien se define como heteroflexible por fuera del ámbito de la situación de cacería y por fuera de un nick, por ejemplo en los medios o en un asado con familia y amigos, en general y que yo sepa, es porque se pasó de tinto o porque es Brad Pitt y ya no puede hacer mucho para detener unas fotos inequívocas que están circulando. El curioso es una especie de turista/visitante/jugador que redefine la entidad del otro chateador abiertamente puto como paisaje/loca local/suplente.

Si hay algo que define a la heteroflexibilidad es su condición clandestina, luego, cierto orgullo heteroflexible, o carnet (de que no te tires a la) pileta enunciado como “no doy besos, no me enamoro”, etc. Y en tercer lugar, un cumplimiento casi marcial con las dos partes del término. Porque no son hétero, son superhétero: casados con muchos hijos, o están por casarse la semana que viene, o tienen tres novias mínimo. Sin ánimos de hacer estadística ni de ser indiscreto, la mayoría de mis contactos desmiente lo que dicen las revistas por ahí de que estos maridos conservan su rol activo… Los que me han tocado a mí, o los que me he buscado yo, en su gran mayoría, prefieren el rol pasivo, me hablan en femenino, muchas veces tienen su propio kit de feminización, que incluye lencería, como si un hartazgo de hacer el macho pudiera liberarse así, en un turno. La palabra recreo, diversión, descanso y la promesa de soy tu putita es lo que más rankea en los mensajes donde se justifica/planifica el encuentro.

¡Salvedad! ¿Salvados?

Hace pco tiempo encontré un muy lindo y muy jóven amigo muy bien dispuesto a explicarme que la palabra heteroflexible en su perfil significaba ni más ni menos que de ningún modo de le ocurriría acostarse conmigo. Salvo que alguna vez a una amiga mía se le opcurriera acostarse con el. ¡Zaz! me dije, un trío. En mi época se llamaba fiesta. Invité a mi amigo flexible a una fiesta sadomaso donde le presenté a mi mejor amiga y desde entonces él se ha vuelto nuestra mascota. Juega conmigo, se acuesta con ella, recibe órdenes sin poner límites, se entrega. ¿Resulta que el número tres es la flexibilidad? Aquí entonces habrá que preguntarse por qué anteponer el “hétero” a una palabra que parece contradecirla. Mi joven amigo me mira como si hablara en chino. Para él, y acá debe tener un peso el dato de que tiene 30 años, la heterosexualidad y la flexibilidad van y deben ir juntas. No habla de bi ni de homo, como si el sufrimiento, la existencia y la lucha de tantas generaciones de desviados hubieran servido para mejorar la calidad de vida a esta zona donde se ubica nuestro amigo querido, con quien vamos al cine, cenamos y muchas veces cogemos, esa zona de un modo de amor donde se puede pero ya no se quiere decir su nombre.

¿La homofobia que se dobla pero no se rompe?

Acordemos en lo siguiente: si lo heteroflexible es un closet, no es el mismo que conocimos todos. En una época muy lejana, que contribuyeron a dejar atrás no sólo el tiempo perdido, sino los logros de la militancia ajena y el dinero que quedó en manos de tres analistas, sólo me enamoraba (y perdidamente) de amigos, compañeros de trabajo, vecinos, chongos estrepitosamente machos, casados con hijos. El esposo de mi hermana fue durante décadas mi dolor más grande. Antes se usaba así, sufrir para apaciguar los calores del infierno y de los otros. Hoy se le llama a ese destino una putez old fashion. La vida gay, como su palabra la indica, es alegre. Hoy hay bocha de gays sueltos para elegir, de oso a andrógino, de decrépitos a imberbes. Estábamos todos bien, hasta que de pronto cayeron los hétero y coparon el chat. Todo chateador, casi todo gay o sea, coincidirá conmigo en que los perfiles de bicuriosos, los friendly, los 100 por ciento machos, van en aumento y amenazan con copar la pista. Esta aparición con fotos de miembros más que apetecibles, promesas que se cumplen y una entrega que en años mozos me habría simplificado la vida, me ha hecho retroceder algunas veces sobre el tiempo ganado. Un fantasma recorre esa parte del chat. Si encontrar machos es tan fácil, para qué romper con todos los beneficios que aún sigue dando la vida hétero… que los putos sean los otros. Un tufillo a homofobia recorre el grupo de Facebook “Grupo de paja hétero”, que propone masturbarse entre hombres heterosexuales. Hay un “entre nos” de camaradería, en algunos discursos, que pretende negar toda la historia. Somos dos hombres haciendo cosas de hombres.

Ahora, más allá de esto, ¿estoy yo en condiciones de afirmar que estos señores son putos tapados? ¿No serán héteros tapados? Históricamente la homosexualidad ha sido definida por lo que se nota, por lo que se escapa, la pluma. Y la heterosexualidad no ha sido definida, ha sido descontada por todo lo que no se ve. ¿Qué es lo que no se ve? ¿Sería la flexibilidad?

A la caza del heteroflexible

Pero antes de señalar al impostor, o pedir que el hombre que tiene sexo con hombres se defina, prestaría atención a toda la batería de control que ha desatado el descubrimiento. Es como si la historia volviera a repetirse, ahora los perseguidos son las identidades, que, dando el camino contrario que señala Foucault, se han vuelto comportamientos sexuales situacionales. ¿Es una reacción contra la presencia abrumadora de la política identitaria que regresa a la homosexualidad de donde salió el siglo pasado, o es otra expresión de homofobia que va directo contra una de las identidades más perturbadoras de la sigla, la bisexualidad? Hoy en numerosas páginas online aparecen psicólogos, médicos y sociólogos apuntando con todo a detectar a esta nueva figura, y echándole sobre él, todos y exactamente los clisés que antes iban para nosotrxs.

A su vez, vale la asociación, este concepto o al menos un término afín surgió también de la pluma médica, los hombres que tienen sexo con hombres (HSH), es una categoría que acoge a los maridos que podrían contagiar a sus señoras luego de acostarse con otros maridos o con algún gay . Este tecnicismo con fines propedéuticos surgió en 1990 como parte de una campaña de concientización contra el sida. Tal vez el heteroflexible termine siendo la ultima resistencia de la diferencia en casa. Miren, por lo pronto, pobre, lo que le toca:

“Las siguientes son unas señales que ,si bien no son definitivas para asegurar que su pareja es heteroflexible, pueden marcar la pauta del beneficio de la duda:

  1. Cuando el círculo de amigos de los hombres es, en su mayoría, de su mismo sexo y menores a él.

    2. Hombres que participan en reuniones frecuentes con amigos, en los que no existe presencia femenina y hay licor.

    3 . Darse cuenta de que las prendas de vestir y cosméticos femeninos no permanecen intactos en el lugar en que ella los dejó.

    4. Cuando ellos prefieren el sexo anal más que el vaginal.

    5. En el caso de las mujeres, cuando ellas disfrutan y piden más el sexo oral que la penetración

    6. Cuando tienen una pareja del sexo opuesto pero no son nada expresivos, y se escudan en que detestan las cursilerías. Por nada del mundo la tomarían a ella de la mano por la calle” (Así son los heteroflexibles, en vanguardia.com)

Anúncios

Trazo fino

Hace tiempo que el fundamentalismo (sobre todo el islámico) se encuentra en la mira de la izquierda y de la derecha. Todos nos unimos en su contra, con trazo grueso. Pero vale la pregunta: ¿qué individuos, qué particularidades son aplastados bajo ese rótulo? ¿Cuántas reflexiones, mea culpas y aberraciones se simplifican bajo el grito de “¡Soy Charlie!”?

hipocrisia

por Flavio Rapisardi


¿Je suis ou je ne suis pas Charlie? Desde el asesinato de doce personas por presuntas ofensas al Islam en la revista liberal de izquierda Charlie Hebdo, la sensibilidad media argentina —tan rápida al escozor ante el dolor de los demás (Susan Sontag dixit) mientras sean rubios, europeos, es decir, como dicta el imaginario tilingo que cree describirnos— reaccionó casi convocando a una nueva marcha para cantar La Marsellesa en la Recoleta. Facebook y Twitter fueron un campo minado: opiniones, debates y alguna puteada. Dejando de lado las teorías conspirativas, que de tan ficcionales ya no podemos dejar de sospechar sobre lo real que allí adviene (recordemos cómo la serie Rubicon, que relataba la participación de la NSA y agencias tercerizadas en supuestos atentados islámicos no fue soportada por espectador*s yanquis y fue levantada luego de 13 capítulos), repasemos opiniones, recorramos su historia, reubiquemos los sentidos que produce ese humor. Charlie Hebdo tiene una historia de crítica a todos los fundamentalismos religiosos: cristiano (en sus variantes), judío (en sus variantes), islámico (en sus variantes). También una clara posición pro vida, es decir pro aborto, ya que oponerse a la interrupción voluntaria del embarazo es condenar a muerte a millones de mujeres. En sus tapas y en sus páginas nadie duda de que circulaba un río de ironía “crítica” al decir de Richard Rorty bajo la forma del humor, ese ¿género? que cuesta tanto tratar de convertir en objeto de reflexión cuando grupos vulnerados son objeto de sus retóricas narrativas y visuales.

El chiste malo

Cuando googleé los ejemplares de Charlie Hebdo me vinieron a la memoria Satiricón y Humor, dos revistas que supieron colar palazos a la dictadura, pero que también reproducían un machismo y una discriminación hacia el colectivo lgbt que daba para preguntar: che muchach*s, ustedes de tan crític*s, ¿no sabían nada de Stonewall, el FLH, Perlongher, la persecución franquista a las maricas catalanas o las brutales palizas a gays y trans en las comisarías? La excusa del “contexto”, el “momento histórico” y similares ya me hartan: cuando distintos grupos son marcados, discriminados y hasta exterminados (a Daniel Feierstein le debemos estas reflexiones), no usemos a la “Historia” como blanco al que le endilgamos responsabilidad. En nuestras terapias sabemos que eso se llama neurosis y en la cultura, irresponsabilidad, cuando no fascismo.

Mientras mis dedos posteaban o tuiteaban por el tema, me acordé de un libro: La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo, de Victor Klemperer. Lo cito textual, ya que en primera persona cuenta una situación que a él, como intelectual judío en la Alemania nazi, le tocó vivir: “Nos anotamos en una excursión sorpresa. Dos autobuses llenos, unas ochenta personas, el público más pequeño burgués imaginable… En Lübau, parada para tomar un café, con actuaciones cabaretísticas… El presentador empieza con un poema patético al líder y salvador de Alemania… La gente se mantiene en silencio, apática, y el aplauso de una sola persona al final… Luego, el hombre cuenta una historia… Una señora judía pide que le ondulen el pelo. ‘Lo siento, señora, pero no puedo.’ ‘¿Cómo que no puede?’ ‘¡Imposible! El Führer aseguró solemnemente en el boicot a los judíos, y eso sigue siendo válido a pesar de las leyendas negras que circulan por ahí, que en Alemania no se le debe tocar el pelo a ningún judío…’ Risas y aplausos durante minutos. ¿No puedo sacar una conclusión? ¿No son el chiste y su acogida importantes para cualquier análisis sociológico o político?” Fin de la cita.

Izquierda y derecha unidas

En este marco de posts y tuits, los liberalismos de izquierda y el ateísmo militante que festeja solsticios el 24 de diciembre sin saber que está reviviendo un rito mitraico, es decir, la religión de las sanguinarias y machistas legiones romanas, sostienen que está bien la crítica a todas las religiones y todos los fundamentalismos. Separemos, condición inicial de todo análisis. Nadie duda de la crítica a los fundamentalismos, ni que Charlie Hebdo les dio palos al catolicismo y al judaísmo ortodoxo, pero lo hizo en el marco de un país católico y en una geopolítica en la que Israel, ahora “Estado judío”, masacra pueblos sin ningún tipo de respeto a los derechos humanos. ¿Justifico aquí la ablación de clítoris y la burka? Bajo ningún concepto. Sólo me parece que hay que estar atent*s sobre qué se convierte en objeto de humor y qué no. ¿Hacemos humor con la bota o con el/la aplastad*? Las críticas de Charlie Hebdo contra el fundamentalismo islámico son necesarias; la pregunta es: ¿de qué modo esas críticas no refuerzan la conformación del Islam como la nueva barbarie contra la que se mide el Occidente “moderno”? ¿Se pueden leer las tapas de Charlie Hebdo donde critican todos los fundamentalismos en el mismo registro en el contexto (sí, contexto) actual?

Yo estuve en Ginebra con motivo de la revisión de la Conferencia de Durban, donde se revisaba la aplicación de la resolución que varios países, entre ellos el nuestro, habían suscripto en Sudáfrica. Allí, en el paquete edificio de las Naciones Unidas, vi cómo el bloque europeo, que hace rato quiere hacer naufragar esta conferencia (EE.UU. e Israel ya se fueron en su inauguración por no soportar la presencia palestina) porque su profundización implicaría, por ejemplo, avanzar con la reparación a Africa por las secuelas del sistema esclavista, se retiró del recinto cuando el delirante ex presidente iraní Mahmud Ahmadinejad iba a hacer uso de la palabra y Holanda, cabeza de la vanguardia de retiro, decía que no quería convalidar a un presidente “homofóbico”. ¡No en mi nombre, estimado continente! Sólo la presencia del bloque de América latina y el Caribe, Africa y Asia aseguraron que no cayeran las negociaciones de una conferencia enclenque, pero que es algo mejor que nada. Y al negacionista Mahmud le respondió el embajador argentino en su propia cara; no sólo atacó su antisemitismo y negacionismo de la Shoá sino que también nombró todas las formas de discriminación que la conferencia estaba dejando afuera: diversidad sexo-genérica, personas privadas de libertad, entre otras. ¡Eso es democracia, Europa!

La población lgbt y las mujeres no la pasan nada bien en algunos países islámicos. Tampoco en otras naciones de diversas religiones: el pentecostalismo africano quema putos vivos, y las africanistas que no permiten que mujeres o gays hagan su camino de Ifá, es decir, su consagración religiosa superior, compiten por el siniestro podio.

homofobia

 

Sólo basta recorrer los países donde todavía la pena de muerte pende sobre nosotr*s. Y como el imperialismo es hábil, creó un concepto que much*s suelen confundir con “derechos humanos”: me refiero a “human security”, concepto que abarca la vulneración de derechos de las mujeres, lgbt, “minorías” y otros grupos como pretextos para una invasión. Claro, pretexto: porque las razones son siempre la industria armamentista, el petróleo y otros recursos naturales.

matar fanatismo religião terrorismo

 

Esto es algo que Judith Butler, una intelectual que tuvo el coraje como intelectual judía, lesbiana y neoyorquina de entrar al BDS, es decir, a la iniciativa internacional de boicot a Israel, la que con su pluma implacable nos alerta que “los debates sobre la política sexual se asocian invariablemente a la política de las nuevas comunidades migrantes, puesto que se basan en las ideas fundacionales de cultura que precondicionan la asignación de derechos básicos”. Por esto no fue casual que en el año 2006 la candidata “socialista” Ségolène Royal y el derechista Nicolas Sarkozy cerraran filas políticas y dijeran que los disturbios de 2005, donde se quemaron coches por parte de jóvenes desempleados, fueran producto de un deterioro en la relaciones familiares entre los migrantes: todo un canto al más conservador de los familiarismos que Benedicto XVI consagró en sus exhortaciones apostólicas.

Butler no defiende el Islam así como critica al Estado judío. Pero muy inteligentemente nos advierte sobre los posibles usos de nuestros reclamos en una narrativa de una pretendida guerra de “civilizaciones”: ahora resulta que una institución misógina y machista como las fuerzas de seguridad tercerizadas de Guantánamo “resocializan” musulmanes varones, obligándolos a toqueteos mutuos y fellatios. O arrancan el velo a mujeres musulmanas en Abu Ghraib para hacer circular instantáneas que pretenden “comunicar” liberación. Los musulmanes están siendo configurados como el abyecto externo contra el cual el “moderno” Occidente justifica su superioridad mientras invade por recursos y reactiva su industria armamentista y de la construcción, y paralelamente convierte a las comunidades migrantes islámicas en el blanco del odio, ya que se las pretende mostrar como la “emasculación del Estado”. ¿Por qué ell*s deben gozar de derechos como la salud con nuestros impuestos? No sólo en la Argentina se debaten dos modelos. El capitalismo —que siempre está en crisis, pero nunca terminal como señala cierta izquierda— está en una nueva etapa de “culturización” en la que a mujeres y a l*s lgbti se nos pretende convertir en signos de una nueva evangelización modernizadora. Butler, alertando sobre las conquistas de nuestros colectivos como un paraíso encarnado para siempre, nos alerta a pensar “ahora” para que nuestra libertad no sea parte de una cultura que sancione formas de abyección y de odio de un Occidente tan monstruoso para tant*s. Por eso, ahora, no en mi nombre. Je ne suis pas Charlie.