Contra la austeridad: ruptura

por Nikos Loudos

Grecia | Romper con la austeridad pasa por no pagar la deuda, romper con la UE y el euro y aplicar medidas anticapitalistas

 

Eneko

Eneko

El chantaje que está en marcha contra el gobierno de Syriza en Grecia tiene que ser una lección para todos y todas, especialmente aquí en el Estado español. En muy pocos días, nos han dejado claro que la Unión Europea (UE) y la zona euro no se pueden cambiar. No puede existir una UE benévola ni una eurozona buena. Ambas son instituciones del sistema capitalista y funcionan sólo a favor de los capitalistas y contra las trabajadoras. No se pueden reformar. Su esencia es imponer chantajes contra cualquiera que quiera salir de la ortodoxia de la austeridad.

Estos argumentos son más que necesarios en el Estado español porque hay fuerzas políticas de izquierdas que siguen pensando que el camino hacia el cambio pasa por la transformación de la Unión Europea. Tanto Podemos como Izquierda Unida tienen sus programas llenos de “propuestas” hacia la Unión Europea. Propuestas sobre cómo las cosas podrían ser mejor, cómo la UE o el Banco Central Europeo (BCE) podrían hacer política de otra manera. Entre ellas, la reestructuración de la deuda, el cambio de los presupuestos a favor de los más débiles, el control político y ciudadano sobre el BCE, las políticas de inversión pública y el abandono de la austeridad.

Estas propuestas no son solamente un error, son un peligro. Reproducen la falsa ilusión de que la Unión Europea es un club democrático donde puedes exponer tu opinión y cambiar las cosas. La única solución, de verdad, es salir de estas instituciones. No simplemente salir con un “divorcio” pacífico, sino mediante el enfrentamiento y la ruptura.

El capitalismo tiene una estrategia

Veamos más en concreto el ejemplo griego para sacar conclusiones. Syriza ganó el gobierno con un programa electoral de reformas progresistas. No era un programa especialmente radical, pero incluía medidas que, según la dirección de Syriza, podrían enfrentarse a la crisis humanitaria que sufre el país. Por ejemplo, parar los desahucios de familias con una vivienda o no dejar familias pobres sin luz y agua.

Durante el período electoral, cuando se preguntaba a la dirección y a los economistas de Syriza, “¿Cómo vais a hacer todo esto, si la Troika no permite este tipo de medidas?”, la respuesta era que no había razón de preocupación, porque un gobierno democráticamente recién elegido puede ir a las instituciones europeas y renegociar las condiciones de los acuerdos que habían firmado los gobiernos anteriores. Por lo menos, decían, incluso no estando de acuerdo con nosotros, nos van a dar un poco de tiempo para respirar. Lo que se necesitaba, según Syriza, eran seis meses de descanso de esta austeridad ininterrumpida.

El resultado es que el nuevo gobierno ha ido a las instituciones, pero la renegociación ni siquiera ha empezado. Lo que ha recibido Syriza ha sido un claro “No”. Ninguna de las medidas del gobierno se puede aplicar, si no tiene la ratificación de la Troika y si no se asegura que no habrá coste sobre el presupuesto. Si no, no habrá más financiación para las “necesidades” de Grecia.

“Irracional”

El nuevo ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, tenía la impresión de que no sólo la Troika iba a darles tiempo, sino que además los gobiernos europeos se iban a convencer con la propuesta de Syriza. Su argumentación decía que la estabilidad en Grecia juega a favor de todos, o sea a favor del euro, a favor del capitalismo. ¿Por qué no respetar al nuevo gobierno, si dice que quiere salvar el capitalismo? Muchos comentaristas keynesianos ya habían aceptado este análisis como si fuera una idea impresionante.

Pero, como nos explica el economista marxista Michael Roberts:

“Hay muchos comentaristas, incluso en la izquierda keynesiana, que se quejan porque los alemanes son irracionales y estúpidos. Dar a los griegos un poco de libertad de acción para hacer inversiones públicas y reducir la carga de la deuda ayudaría a restaurar la economía griega y a sacar adelante el proyecto europeo contra el aumentado escepticismo del electorado europeo y una economía de la Eurozona que está en estancamiento y deflación. ¿Lo veis? La austeridad no funciona. Así va el argumento.”

“Pero, los alemanes no son ‘irracionales’ desde el punto de vista del capital. Los partidarios de la austeridad estiman que el capitalismo europeo no se puede recuperar, a menos que el sector capitalista recupere su rentabilidad y se reduzca la carga de la deuda. Esto significa reformas neoliberales ‘estructurales’, básicamente, diezmar el poder laboral a través de leyes antisindicales, aumento de los derechos a despedir, recorte de las prestaciones de desempleo y de las pensiones, y más privatizaciones. Junto a esto, se deben hacer recortes en los gastos públicos y en la deuda para que se permitan recortes en la fiscalidad de las grandes empresas y así aumente la rentabilidad. Reducir los costes laborales, estimular la rentabilidad —esta es la salida de esta depresión. Esta es una estrategia racional por parte del capital.”

Rajoy y de Guindos han estado en la mesa de negociaciones y han jugado el papel más sucio. Han estado al lado de las fuerzas de la peor austeridad y contra toda discusión de cambio. Lo que tiene claro la Unión Europea, y Rajoy también, es que el Estado español va a recibir una presión enorme durante los próximos meses, especialmente tras las elecciones generales, para imponer más austeridad y muchos más recortes. Y presionando a Syriza quieren dejarlo claro a Podemos que no habrá ninguna oportunidad de modificaciones.

Nuestra salida: la ruptura

La única manera de comportarse con estas “instituciones” chantajistas es la ruptura. La ruptura con el euro es un arma contra la austeridad. Porque romper con el euro significa la posibilidad de no pagar la deuda. Para imponer una gran fiscalidad a los beneficios de las grandes empresas, para nacionalizar los bancos y para parar la huida de dinero al extranjero, se necesita ruptura no sólo con el euro sino también con la UE y todos sus tratados.

En el momento que se está escribiendo este artículo, miles de millones de euros siguen saliendo de la banca griega. Syriza lo único que hace es intentar que se calmen los capitalistas para que no saquen su dinero fuera. Calmar a los capitalistas significa prometer que no habrá nacionalizaciones ni cambios en la fiscalidad.

Contrariamente, implementando medidas anticapitalistas se podría controlar todo ese dinero acumulado. Pero medidas anticapitalistas no se pueden aplicar dentro de las instituciones del capital. Tenemos que abrir más el debate sobre el euro y la UE, para no enfrentarnos a sorpresas frustrantes como las que ahora sufre el gobierno de Syriza.

Anúncios

“En Grecia, los jóvenes en paro, se han convertido en un actor político clave”

SvitalskyBros

SvitalskyBros

 

Juan Agulló entrevista al analista político Dimitris Pantoulas

Dimitris Pantoulas (Ioannina, 1979) es un analista político griego, de formación británica, que ha contemplado los recientes cambios acaecidos en su país con un pie dentro y otro fuera de su tierra. Es la posición justa para aportar una mirada crítica y aguda que, Pantoulas, desglosa en un castellano fluido, aprendido entre Sevilla y América Latina…

Juan Agulló (JA) – Me gustaría comenzar esta conversación con una pregunta que nos ayude a enfocar el tema: ¿hasta qué punto cree usted que hay tergiversación u ocultación sobre Grecia y sobre el Gobierno de Syriza en la prensa internacional y muy especialmente, en la europea?

Dimitris Pantoulas (DP) – Los grandes medios internacionales transmiten, en general, las ideas dominantes en cada país, que muchas veces son promovidas por Gobiernos y grupos de interés y aceptadas por unas opiniones públicas que, a su vez, retroalimentan el proceso. En el caso de Grecia, por ejemplo, la prensa alemana ha sido bastante hostil contra el nuevo Gobierno: como el Gobierno alemán. La prensa financiera internacional, por su parte, ha estado defendiendo la posibilidad de que Grecia llegue a un acuerdo con sus acreedores (incluso si eso perjudica a amplios sectores sociales). En paralelo, es justo reconocer que en periódicos prestigiosos como The Guardian o The New York Times ha habido voces discordantes que han tendido a preocuparse, más por el pueblo griego, que por la ‘estabilidad del sistema’. En definitiva, tanto Syriza como la propia Grecia, se están moviendo en un ambiente mediático internacional hosco.

JA – Syriza llegó al Gobierno hace mes y pico con la bandera del fin de la austeridad. La reciente firma de una pró rroga del Rescate ¿cómo debe ser interpretada?

DP – Cuando Syriza llegó al Gobierno se dio de bruces con una realidad que no esperaba… y eso que había tenido dos años para prepararse. De todos modos, la Unión Europea (UE) nunca mostró voluntad de compromiso y en cuanto al Banco Central Europeo (BCE), como dijo Alexis Tsipras, le ha puesto “la soga al cuello” al país. La clave radica en la relación de fuerzas en el seno de la UE, que no beneficia al actual Gobierno griego porque en estos momentos es el único de izquierda en la UE (por ejemplo, cuando negoció la prórroga tuvo que enfrentarse, él solo, a los otros 18 Gobiernos de la Eurozona). Ahora, con la prórroga, se han conseguido cuatro meses adicionales para negociar aunque, en realidad, cuesta imaginar qué se negociará puesto que, si la voluntad es no salir de la Eurozona, las opciones son mínimas.

JA – ¿Y por qué, Syriza, no se plantea salir de la Eurozona? Hace no mucho la idea todavía era esa y los que defendían lo que ahora defiende Syriza eran otros que, ahora en las elecciones de enero, no llegaron ni al 1% de los votos…

DP – La gran paradoja de la Grecia actual es que la mayoría de la gente (casi el 80%, según las encuestas) no quiere que el país salga de la Eurozona pero, al mismo tiempo, el 70%, aplaude la firmeza del Gobierno frente a los acreedores. Es decir que, salvo los comunistas, un sector minoritario de Syriza y un pequeño partido (llamado ANTARSYA) los griegos no quieren austeridad pero tampoco quieren salir del Euro. El verdadero problema de fondo es que ese juego de contradicciones lo conoce el actual Gobierno pero, también, los acreedores.

JA – ¿Syriza tiene un riesgo de desgaste político si incumple algunas promesas electorales básicas ? ¿Cree usted que posible que, el Viejo Régimen – o al menos, parte del mismo – se restaure? De hecho, ahora mismo ¿cuál es la alternativa política real en Grecia: Nueva Democracia (ND) o est á en formación?

DP – Vayamos por partes. Syriza fue siempre un partido político muy democrático y plural y durante mucho tiempo esa fue su fortaleza en el marco de un sistema de partidos muy rígido y poco democrático. En el contexto actual, sin embargo, quizá ese rasgo le pueda pasar factura. Ahora mismo, por ejemplo, el ala izquierda del partido está en contra de la prórroga al Rescate: lo ha hecho público y eso ha colocado a Tsipras en una situación incómoda. Por otra parte hay quien piensa que el margen político de Syriza, al menos en el frente interno (y más concretamente en el ámbito de las políticas públicas, sobre todo, sociales) sigue siendo grande, pero también hay quien arguye que los griegos votaron a Syriza para que les sacara de la crisis y no solo para que les gestionaran mejor y con mayor sensibilidad…

Por su parte, lo de ND, también es complejo: la derecha perdió las elecciones por un 8% de diferencia pero no ha cambiado a su dirigencia, como hasta ahora solía ser costumbre en casos así, porque mucha gente piensa que el Gobierno de Syriza va a ser breve y que ND va a recuperar, rápidamente, el poder. Pero el problema, también, es que los griegos quieren salir de la crisis y que les gestionen mejor y ND no promete nada diferente a lo que le hizo perder… La alternativa a todo esto mucho me temo que puede implicar incluso a [la neonazi] Aurora Dorada (AD).

JA – ¿Realmente AD tiene posibilidades? ¿Hasta qué punto, agitar el fantasma neo-nazi en Grecia puede ser un señuelo? ¿A qué sectores sociales representa AD y por qué cree que podría tener potencial de crecimiento, no solo político sino sociológico? En definitiva ¿no cree posibles otras salidas a la crisis orgánica que usted describe?

DP – La dirigencia de AD lleva 18 meses en prisión, acusada de ser una banda criminal. Pese a ello y a toda la propaganda en su contra, AD ha logrado convertirse en la tercera fuerza política del país, aunque con un porcentaje electoral menor que en elecciones previas. La agenda de AD es anti-austeridad, nacionalista y xenófoba. Su base electoral son hombres jóvenes en paro que viven en zonas urbanas marginales. Mi impresión es que, como Syriza decepcione y la gente se sienta humillada por la UE, puede haber un voto de protesta masivo (en defensa del ‘orgullo griego’, muy malherido en los últimos tiempos) y AD es un símbolo de ese voto/protesta.

JA – Ya que hablamos de malestares y protestas ¿usted cuál cree que es, realmente, el componente político más débil de la alianza social que aupó a la izquierda no socialdemócrata al Gobierno?

DP – Sin duda, los jóvenes desempleados que están contra de los programas de austeridad.

JA – ¿Y no una clase social en concreto, una zona del país o un sector de la población? ¿Así de simple, “los jóvenes desempleados que están contra la austeridad”?

DP – Cuesta, en un país con un 25% de paro como Grecia, atenerse a categorías del tipo obreros/capitalistas. Por otra parte, en Grecia, la cuestión territorial no es tan importante como en otros países… Más bien, la juventud empobrecida o con pésimas expectativas es la que se ha convertido en un actor político clave que quiere cambio y que está demostrando ser capaz de poner y quitar Gobiernos. De momento ha ayudado a Syriza. A partir de ahora, veremos…

JA – Miremos ahora hacia los aliados institucionales de Syriza ¿quiénes son los Griegos Independientes (ANEL)? Mucha gente, fuera de Grecia, se lo pregunta… ¿Son un aliado de conveniencia o un rival potencial cauterizado? Socialmente hablando ¿a qué electorado representan?

DP – ANEL es un partido anti-austeridad que nació en 2012, cuando Grecia estaba negociando su segundo y más desastroso Rescate. Básicamente es un partido conservador y nacionalista; no neoliberal, eso sí, que fue creado por ex miembros de ND decepcionados por el viraje del partido que, de ganar las elecciones de 2012 con un mensaje anti-austeridad, pasó a negociar rescates aún más desastrosos que los anteriores y a aplicar políticas de austeridad extrema.

Su alianza con Syriza se explica, en parte por la coincidencia anti-Rescate y en parte, también, por realismo de Syriza: sus votos fueron fundamentales para hacer caer, el pasado mes de enero, al Gobierno de Andonis Samaras (ND) y provocar las elecciones que ganó Tsipras (Syriza).

JA – ¿Y usted piensa que, en un escenario crítico, el electorado de ANEL podría regresar a ND o más bien emigrar hacia posiciones más cercanas a las de AD? Otra pregunta que se relaciona con otro partido, sociológicamente de derecha: ¿se parece el electorado del de To Potami al de ANEL? ¿En un escenario crítico, cabría esperar una evolución parecida de ambos actores?

DP – Es difícil predecir en política. En el caso de ANEL, después de las elecciones, se les presentó una oportunidad de oro para entrar al Gobierno. Simplemente, la aprovecharon. Más adelante, quién sabe…

Potami es otra cosa. Su electorado tiene una extracción social diferente: son clases medias urbanas más preocupadas por cambiar las estructuras institucionales griegas que por las relaciones de clase o incluso, por las negociaciones con la UE.

JA – Es decir que, si no le estoy entendiendo mal, los mecanismos tradicionales de dominación y las alianzas de poder en los que éstos se sustentan han saltado por los aires… No solo han sido los partidos tradicionales…

DP – No, claro. En la sociedad griega, como consecuencia de la crisis, está produciéndose un cambio de valores significativo. De hecho, muchas de las tendencias sociales que hasta hace poco eran hegemónicas (consumismo, hedonismo, materialismo, sueño americano, etc.) están revirtiéndose. Las clases medias están muy golpeadas. La gente empieza a ser consciente de las relaciones de dominación y a cuestionar el periodo anterior… pero todo eso convive con el deseo, todavía mayoritario, de mantenerse en la Eurozona lo cual demuestra que tampoco puede hablarse, como hacen algunos, de un periodo ‘post-neoliberal’ o mucho menos, ‘post-capitalista’… Más bien estamos en la post-austeridad y de todos modos, todavía queda mucho para saber qué quiere decir eso.

JA – Movámonos ahora, para terminar con este repaso a la sociedad griega contemporánea, hacia sus márgenes, que no parecen ser menores ¿Qué perfil tiene ese tercio del electorado que, en unos comicios tan polarizados y hasta cierto punto, tan rupturistas como las del pasado 25 de enero, decidió abstenerse?

DP – Es difícil responder a esta pregunta sobre todo porque me parece que, hasta ahora, nadie ha hecho un estudio en profundidad de la abstención. Sin embargo, hay algo que evidente: el sistema electoral griego, las leyes que lo regulan y el contexto socioeconómico no incentivaron la participación en enero pasado. De hecho la emigración, interna y externa, ha crecido muchísimo como consecuencia de la crisis. Por eso, muchos de los inscritos en el censo electoral, o bien están en el extranjero o bien, aunque están en Grecia, ahora viven en grandes ciudades (principalmente, en Atenas) y debido al escasísimo tiempo transcurrido entre la convocatoria y la elección, a la mayoría, no le dio tiempo a cambiar formalmente su lugar residencia y en cuanto a viajar a sus lugares de origen para votar, para muchos, es un lujo.

JA – Eso de que viajar al lugar de origen pueda ser un lujo en Europa, en pleno 2015, interpela… pero también es una de las consecuencias clásicas de las políticas de austeridad. En ese terreno ¿qué margen real de maniobra tiene Syriza para recuperar políticas redistributivas que, no sólo combatan la exclusión, sino que redefinan las relaciones de poder? ¿No cree usted que el riesgo de defraudar en este ámbito es enorme?

DP – Syriza ha prometido implementar políticas redistributivas que alivien la emergencia social que, actualmente, padece el país. En ese sentido, una de las medidas estrella de Tsipras consiste en proporcionar electricidad gratuita a unas 300 mil familias pobres o que coquetean con la pobreza. Además de eso hay programas alimenticios para niños, un incremento del salario mínimo y un encarecimiento del despido que va a contracorriente de lo que llevaba ocurriendo hace muchos años. A grandes rasgos hay una voluntad evidente por parte de Syriza de cambiar las relaciones de fuerza. Ahí, el gran problema es el margen de maniobra político real que quede después de la negociación del Rescate… En cuanto al riesgo de defraudar, las cosas van más bien por el lado de no caer en tentaciones dañinas como el clientelismo, la corrupción, etc.

JA – Ya que usted menciona categorías como esas ¿es posible pensar en una reconfiguración del clientelismo (o al menos, de cierto grado de clientelismo) en el contexto de la que usted define como ‘post-austeridad’?

DP – Seamos claros: a menudo, el término clientelismo, se utiliza como arma arrojadiza contra los grupos organizados que demandan mejoras en su nivel de vida. Pero clientelismo no es eso. Es, más bien, una relación social en la que los intereses privados se anteponen a lo público y en la que, el mérito, es sustituido por relaciones de vasallaje.

A partir de ahí, como es probable que en los próximos años, Syrirza, tome medidas a favor de los empleados públicos y privados (que se orientarán a la recuperación de un mercado interno) es muy factible que determinados sectores políticos y sociales aprovechen para identificar esas medidas con prácticas clientelares clásicas. Pero, en principio, no lo serían. Clientelismo sería que se le siguieran haciendo favores a grandes grupos de interés o dándole privilegios a particulares a costa de la mayoría: si las cosas fueran así no habría ruptura y eso, muy probablemente, el electorado no lo perdonaría.

JA – Alejémonos ahora un poco, para ir terminando, de la política interior griega ¿Cómo se percibe en su país el cruce polí tico, in édito, al que estamos asistiendo entre Grecia y España? El Primer Ministro español, Mariano Rajoy, haciendo campaña en Atenas a favor de Samaras y el opositor Pablo Iglesias, haciendo lo mismo, pero a favor de Tsipras; Madrid maniobrando en Bruselas contra Grecia; Tsipras atacando a Rajoy que se defiende con una contundencia poco habitual y muy poco diplomática… ¿Qué ocurre?

DP – Hay quien sostiene que una “Marea Rosa” (Pink Tide en inglés) podría cernirse sobre Europa como ocurrió en America Latina en los 2000. Muchos gobiernos que no son de izquierda temen esa posibilidad y temen que la victoria de Syriza pueda provocar un efecto dominó. Creo que esa es la razón de tanta agresividad por parte de Rajoy, a pesar de que lo que defiende Tsipras, en el fondo, beneficiaría a España. Personalmente, yo no le veo mucho sentido a la actitud de Rajoy porque tampoco me parece que un eventual fracaso de Syriza pudiera favorecer, automáticamente, al PP: demasiado lineal.

JA – ¿Y usted ve a Podemos en España, a Beppe Grillo en Italia o al Livre portugués como exponentes de la misma Marea Rosa que Syriza?

DP – Cada país tiene características propias e historias diferentes. Italia, por ejemplo, es difícilmente comparable con Grecia. Sin embargo, lo que iguala a casi todos es que las sociedades europeas están cansadas de tanta austeridad. Por eso es muy posible que, en los próximos años, haya partidos y coaliciones que canalicen ese malestar. Lo deseable es que lo hagan a partir de propuestas progresistas porque sí no – y el caso de Marine Le Pen, en Francia, es preocupante – Europa podría volver a vivir sus días más negros…

JA – Terminemos, ahora sí, dando un pequeño vistazo al exterior. ¿Usted cree que hay posibilidades de que, si a la Grecia de Syriza se le cierran todas las puertas en la UE, empiece a mirar hacia Moscú o hacia Pekín? Otra cosa ¿cree usted posible que, durante el mandato de Tsipras, se redefinan las relaciones de Grecia con Turquía?

DP – Empiezo por Rusia. Grecia, lleva 70 años de relaciones fluidas con Europa Occidental y aunque tradicionalmente, Rusia, siempre ha sido un aliado (fundamentalmente, por motivos religiosos) veo difícil que, Grecia, termine sustituyendo a Rusia por la UE (Rusia, de hecho, tiene ahora mismo muchos problemas: Ucrania, crisis económica, etc.).

China, por su parte, podría ser una opción estratégica pero eso podría molestar mucho a la UE así que lo veo improbable…

Para terminar, lo de Turquía: actualmente, tanto Grecia como Turquía, pasan por situaciones políticas complicadas por lo que, como se trata de un tema sensible para ambos países, no me parece que vaya a haber grandes cambios, al menos a corto plazo.

¡No al pago de la deuda!

¡No al pago de la deuda si queremos vivir como personas dignas dueñas de su futuro! El imperialismo no lo permitirá y saboteará todas las iniciativas populares. Pero los revolucionarios deben estar preparados para todo el arsenal de maniobras tergiversadoras, manipuladoras, calumniadoras y asesinas, llegado el caso. Thomas Sankara era consciente del camino emprendido, y por eso terminaba todos sus discursos con el lema del Che: “Patria o muerte

 

Grecia, escucha a Sankara

Josetxo Ezcurra

Josetxo Ezcurra

por Manuel Almisas Albéndiz

 

“Es terrible el precio pagado por África y los africanos al desarrollo de la humanidad. Un precio pagado sin recibir nada a cambio. Nuestra es la sangre que ha alimentado las raíces del capitalismo, provocando y consolidando nuestro subdesarrollo”
Thomas Sankara, presidente de Burkina Faso, 1983-1987.

Desde el principio de su gobierno, el país más pobre de África adoptó una posición contundente sobre la cuestión de la deuda externa, que estrangulaba las ya débiles y miserables economías africanas. En 1983, año de la revolución encabezada por Sankara, la deuda del antiguo Alto Volta asciende a 398 millones de dólares, o lo que es lo mismo, el 40% del PIB. Cuatro años más tarde, este valor se duplica. El líder tanzano Julius Nyerere, que en 1983 era presidente de la OUA, declaró: “El peso aplastante de las deudas africanas actualmente es intolerable. No estamos en condiciones de poder pagar. ¿De verdad tenemos que dejar que nuestra gente muera de hambre para pagar las deudas?”. La deuda quita los escasos recursos postcoloniales y contribuye a perpetuar la pobreza, cada vez más extendida. Muchos países africanos se ven obligados a gastar hasta un tercio de su PIB para devolver los préstamos, descuidando aspectos como la educación y la sanidad de sus poblaciones. En palabras de Thomas Sankara, “la deuda, en su forma actual, es una reconquista colonial organizada con pericia para que África, su crecimiento y desarrollo, obedezcan a reglas que nos son totalmente ajenas”. Y prosigue apartando las razones morales capitalistas: “La deuda no debe ser devuelta, porque si nosotros no pagamos, los dueños del capital no se van a morir, de eso estamos seguros; si, en cambio, pagamos, nosotros sí moriremos, de eso estamos completamente seguros…”.

Para los países empobrecidos por el expolio capitalista de siglos, es imposible salir de la espiral sin fin de la deuda, cada vez mayor por intereses leoninos y condiciones inaceptables. África sencillamente no puede cumplir las exigencias de los países ricos de Occidente, y Sankara va más allá cuando declara que “son ellos los que tienen con nosotros una deuda que nunca podrán pagar, la deuda de la sangre que hemos vertido”. El nuevo estado popular de Burkina Faso “no se siente responsable de la deuda que tiene, porque ya la hemos pagado con la colonización. Han exterminado a nuestras familias, han explotado nuestro suelo y nuestro subsuelo, y no nos han dejado nada”. Ese mismo razonamiento es el que expuso el gobierno del país de los soviets en octubre de 1917 cuando declaró que no se sentían responsables de la deuda contraída por la despótica Rusia zarista. Ese impago de la deuda fue vital para emprender con ilusión y esfuerzo colectivo un desarrollo independiente y soberano de la primera revolución obrera y campesina de la historia.

país pobre pirata globalização

¿De qué deuda pueden hablar las potencias capitalistas cuando entre 1451 y 1870 cerca de diez millones de africanos y africanas, en su mayoría de constitución sana y en plena juventud, fueron llevados lejos de su tierra, privando a sus comunidades de origen de la mejor energía vital y fuerza de trabajo? Y de ellos, se calcula que un millón perdió la vida en las travesías atlánticas en los barcos negreros. El cinismo es mayúsculo: encima hablan de que es “justo” y “moral” pagar la deuda contraída con el Banco Mundial o el FMI. Sankara propone al resto de presidentes africanos crear el Frente Unido de Addis Abeba, con el objetivo de negarse conjuntamente a pagar la deuda, y para terminar de convencer a algunos líderes poco dispuestos a violar acuerdos y convenciones, les explica: “Estamos seguros que nos mantenemos dentro del respeto de la moral y de la palabra; porque nosotros no podemos tener la misma moral que los otros. ¡No existe la misma moral entre ricos y pobres! El Evangelio y el Corán no pueden servir del mismo modo a quien explota al pueblo y a quien es explotado… Tenemos que reconocer que los mayores ladrones son los más ricos. Un pobre, cuando roba, comete un pequeño delito, para sobrevivir, por necesidad; en cambio, los ricos roban los impuestos, las aduanas y explotan a los pobres”.

A la vuelta de Addis Abeba declara: “Hemos apoyado con firmeza la idea de que no hay que pagar la deuda externa, porque eso sería injusto. ¿De dónde viene esa deuda? De las necesidades que los otros países nos han impuesto. Nos han empujado a la fuerza a deudas cada vez mayores… ¿Hemos pedido nosotros beber coca-cola? No. Y ahora nos dicen que tenemos que pagar”. Este ejemplo algo infantil de imposición del FMI y del Banco Mundial nos lleva a una realidad cada vez más abrumadora para África. A cambio de los préstamos usureros estas entidades del capitalismo internacional formulan recetas que van dirigidas a disminuir la soberanía de las estados a través de un incremento de las exportaciones con paulatina desaparición de la economía local, a la que se niega todo tipo de ayudas y subvenciones. En el caso de los estados africanos, eminentemente agrícolas, se les fuerza a implantar cultivos ajenos a su medio que aceleran el proceso de desertificación de los terrenos, y por supuesto, ¿les suena algo de esto?, un desarrollismo basado en la construcción de carreteras, autovías y puertos para el comercio mundial y para llegar a un apetecible mercado de cientos de millones de consumidores potenciales; privatizaciones, y recortes de políticas sociales consideradas como un obstáculo para su desarrollo económico.

Es la misma cantinela desde hace décadas. El capitalismo y el imperialismo “ayudan al desarrollo”, pero es una ayuda envenenada e interesada. Las comunidades y países pobres se empobrecen cada vez más, cambian sus estilos de vida, sus costumbres y tradiciones, contaminan sus aguas, aires y tierras, y encima deben ser agradecidos pagando las deudas. Y aún más: los necesarios y tan culpables colaboradores locales del “capitalismo patrio” se dedican a evadir capitales depositando grandes sumas en bancos extranjeros, sustrayéndolos al progreso de los estados africanos. Es la otra boca de la tenaza que ahoga la soberanía de los pueblos. Sankara era más consciente que muchos políticos de izquierda actuales que solo hablan y hablan de la “Troika” e ignoran (cuando no los justifican) a los capitalistas propios. “¡No podemos acompañar el paso asesino de quien chupa la sangre de nuestros pueblos!”.

En su discurso ante el pleno de las Naciones Unidas denunció: “La vergüenza debe terminar. Un nuevo orden económico internacional puede ser alcanzado solo si somos capaces de hacer pedazos el presente orden que nos ignora. Este nuevo orden debe respetar todos los derechos de los pueblos, como el derecho a la independencia, la autodeterminación y el desarrollo. Solo se llegarán a conquistar estos derechos con y a través de la lucha de los pueblos. Nunca será el resultado de la generosidad de alguna gran potencia”.

Cuando estamos ante una situación de emergencia social y económica muy grave, como ha denunciado Alexis Tsipras en Grecia, y se está llegando a hablar en el estado español en muchas zonas y capas sociales, mencionar siquiera la posibilidad del pago de la deuda es una traición al pueblo. Lo primero, lo prioritario, debe ser centrar todos los esfuerzos por invocar el derecho a la vida, los derechos humanos, políticos y civiles, el derecho a la salud y al desarrollo colectivo.

Si el endeudamiento (con cifras astronómicas que superan ya el billón de euros y el 100% del PIB) ha sido la herramienta de financiación de nuestros capitalistas para seguir lucrándose indecentemente (en 2014 los beneficios de los cinco grandes bancos españoles aumentaron en un 27,1%, sumando más de 9.700 millones de euros), explotando, oprimiendo y reprimiendo, el “No pago de la deuda” es la herramienta que como primera medida debe convertirse en el pilar de un verdadero poder popular y soberano. Esta consigna no es “económica” y no deben opinar los expertos en economía para dictaminar la parte “legítima” o ilegítima de la deuda. Es una consigna política y revolucionaria; la única verdaderamente transformadora. Toda la deuda que ha generado y genera el sistema capitalista es ilegítima para el pueblo trabajador, porque encima ellos se han beneficiado con la misma y nosotros tenemos que pagarla.

Recordemos de forma simplista que la deuda de un estado como el nuestro se genera de dos maneras: bien porque se ha necesitado para hacer frente a grandes inversiones, o bien porque los gastos para el funcionamiento del estado (sanidad, educación, desempleo, jubilación, nóminas de funcionarios, etc.) son superiores a los ingresos. Ahora bien, esas grandes inversiones casi nunca tienen que ver con los intereses del pueblo trabajador, y sí con el favorecer con contratos muy ventajosos a grandes empresas de la construcción, del transporte o la energía (léase AVE, aeropuertos, autopistas, etc.) o a subvencionar o reflotar a empresas privadas. Sin contar con los gastos superfluos y descomunales que suponen la industria armamentista y el estado policial, las subvenciones a la iglesia católica, las ayudas públicas a las privatizaciones de la gestión de servicios, y el gigantesco fraude fiscal consentido de las grandes fortunas. ¡A todo esto le llaman algunos deuda “legítima”!

En un estado como el español, donde se ha utilizado dinero público para rescatar bancos privados de gestión mafiosa y usurera, también se ha contraído una deuda prioritaria según la reforma del artículo 135 de la Constitución (de más de 200.000 millones de euros) que, claro, hasta algunos recalcitrantes defensores del sistema capitalista la consideran “ilegítima” y piden su impago o renegociación.

El único camino para lograr la dignidad, la libertad y la verdadera soberanía no pasa por la Troika, el Banco Central Europeo, el “eurogrupo” o las sedes de los gobiernos capitalistas europeos. Pasa por el repudio de la Deuda externa y por comenzar a planificar la economía basándose en la inmensa capacidad creadora y transformadora del pueblo trabajador cuando se siente parte activa de los procesos sociales. “Esta tierra de dignidad pertenece a los hombres libres”, se podía leer al llegar en aquellos años 80 al Aeropuerto internacional de Ouagadougou, capital de Burkina Faso. Grecia, escucha a Sankara: “El mundo está dividido en dos campos antagónicos: los explotadores y los explotados. Uno de los obstáculos para el desarrollo es la deuda externa” impuesta por los explotadores del mundo.

¡No al pago de la deuda si queremos vivir como personas dignas dueñas de su futuro! El imperialismo no lo permitirá y saboteará todas las iniciativas populares. Pero los revolucionarios deben estar preparados para todo el arsenal de maniobras tergiversadoras, manipuladoras, calumniadoras y asesinas, llegado el caso. Thomas Sankara era consciente del camino emprendido, y por eso terminaba todos sus discursos con el lema del Che: “Patria o muerte, ¡Venceremos!”.

África guerra colonialismo guerra Tayo Fatunia

Grecia cambia ¿Europa cambia?

Más que frente a la derecha, la irupción de Siriza cuestiona el recorrido final de una socialdemocracia europea que perdió su identidad cuando asumió como propio el ajuste interno y la obediencia frente a la hegemonía alemana.

 

grecia escultura

por Federico Vázquez

 

La victoria de Syriza en Grecia podría significar el comienzo de un nuevo ciclo político en el continente. Más que frente a la derecha, esta irrupción cuestiona el recorrido final de una socialdemocracia europea que perdió su identidad cuando asumió como propio el ajuste interno y la obediencia frente a la hegemonía alemana.

Grecia es un país relativamente pequeño. Tiene menos de 11 millones de habitantes y apenas representa el 2% del PBI de la zona euro, de la cual, al menos por ahora, sigue siendo parte.

Visto desde esa perspectiva, el cambio político en Grecia, con el triunfo de Syriza (sigla que significa “Coalición de Izquierda Radical”) podría no ser más que un dato de color que apenas modifica al conjunto de Europa, donde la hegemonía la tienen fuerzas conservadoras o socialdemócratas.

Sin embargo, basta ver el pavor con que fue recibida la noticia en los principales diarios de la derecha española, país donde más se teme que se expanda el efecto contagio de Grecia, para entender que el impacto es muy superior a lo que podría desprenderse de los modestos números de la economía helénica.

El triunfo de la izquierda griega impacta de lleno en el imaginario europeo porque rompe un dique que hasta ahora parecía inmodificable. Ese dique era la creencia de que no existía posibilidad alguna de pensar por fuera del los estrechos marcos del consenso sobre las políticas de “austeridad”, eufemismo para hacer referencia a los ajustes de las políticas públicas que se volvieron la norma en Europa desde la crisis de 2008.

Pero es importante anotar lo siguiente: la identidad de Syriza como un partido de izquierda, no parece ser el punto central para entender lo que pasa, a pesar de la reiteración periodística sobre la ubicación ideológica de los ganadores. El discurso de su líder, Alexis Tsipras, comenzó a ganar adeptos en la medida en que identificó al problema de Grecia con relación a su condición de periferia continental respecto al poder hiperconcetrado que impone Alemania. La denuncia de Syriza se centró en la “troika”, el trípode conformado por el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, desde donde se dictaminan las políticas de ajuste que deben seguir los países en apuros financieros.

Así como ocurre con Podemos en España, Syriza agolpó al resto de la clase política en un rincón en el momento en que se permitió reinventar el eje del debate: rompiendo las tendencias de las últimas décadas, las cuestiones ambientales, de derechos civiles o la agenda de minorías no son las muletillas de este nuevo progresismo, sino una crítica directa a las secuelas sociales que dejó la larga recesión económica.

Es decir, se volvió a discutir de economía, de números, de cómo gestionar de los recursos públicos, de quién debe pagar los costos de la crisis. Y cuando el foco quedó puesto allí, en un marco de gran descontento social, quedó en evidencia que tanto los conservadores Nueva Democracia, como el histórico partido socialdemócrata PASOK, tenían el mismo libreto.

España y Grecia comparten la irrupción de estos movimientos políticos de ruptura, pero también tienen una historia muy parecida de sus socialdemocracias. Y es en el actual fracaso de esos proyectos políticos donde hay que encontrar las razones del nuevo mapa electoral, antes que en algún súbito despertar populista. Veamos.

Tanto Grecia como España compartieron una tardías transiciones democráticas, a mediados de la década del 70. En 1974 terminó la dictadura de los coroneles, lo que abrió paso a un gobierno conservador de Nueva Democracia. Pero pocos años después, en 1981, por primera vez en la historia, ganó las elecciones un socialista, Andreas Papandreu, líder del PASOK (Movimiento Socialista Panhelénico). El discurso de Papandreu tenía una gran sintonía con el de Felipe González, que en 1982 asumía el gobierno de España. Ambas, como izquierdas “posibilistas” en el marco de la guerra fría, tenían sin embargo un ambicioso programa de reformas, dentro de las cuales estaba, por ejemplo, el debate de si pertenecer o no a la OTAN. En el caso de Grecia, el país ya era miembro desde 1952, pero Papandreu había dicho en campaña que revisaría esa participación. España no era miembro, pero finalmente González llevó la cuestión a un referéndum, donde pidió votar el ingreso, para sorpresa de propios y extraños. En términos económicos, aquellas socialdemocracias planteaban una modernización política y social, y mantenían un programa de intervención estatal de la economía muy fuerte. El cuadro continental se completaba con Francois Mitterrand como primer presidente socialista en Francia, que había ganado proponiendo una estatización parcial de la economía.

Pero más allá de este flujo progresista en algunos países de Europa, el contexto mundial iba en otra dirección: la revolución conservadora de Margaret Tatcher y Ronald Reagan impusieron una dinámica económica distinta, dando por finalizado el ciclo de capitalismo keynesiano en el primer mundo. De a poco, las sociademocracias del sur de Europa se quedaron con el mandato de la modernización social y cultural pero, a cambio, debieron entregar las ambiciones de transformación económica. Unos años después, los vientos de reformas neoliberales llegarían a América latina

La perdurabilidad del ciclo socialdemócrata (14 años en Francia, 16 en España, 23 años en Grecia con una breve interrupción entre 1990 y 1993), aún con la defección de sus programas transgresores originales, se explica en parte por la puesta en marcha del proyecto europeo, cimentado durante los 80 y 90, y concretado simbólicamente cuando el 1 de enero de 2002 el euro reemplazó a las monedas nacionales. El sur periférico parecía alcanzar el status del desarrollo anglosajón.

La socialdemocracia del sur de Europa llegó con energías suficientes como para ser parte del inicio del proyecto de unión continental, pero ya bajo los signos inequívocos del poderío alemán y la hegemonía de los poderes financieros. Si a comienzos de los años 80 la institución puesta en debate por los gobiernos de izquierda había sido la OTAN, hacia el final del ciclo, aquellos partidos habían aceptado mansamente el control de otras instituciones, no menos invasivas: el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y las reglas estrictas del Tratado de Maastricht, redactadas acordes a las necesidades de la competitividad de la economía alemana. La crisis de los últimos años expuso de forma descarnada hasta qué punto el proyecto europeo aumentaba la desigualdad histórica entre sus miembros en vez de atenuarla.

Lo fundamental de la victoria de Syriza en Grecia (y un eventual triunfo de Podemos en España antes de fin de año) no es tanto la victoria sobre gobiernos conservadores, por otra parte altamente deslegitimados, sino la recuperación de una tradición progresista que había quedado vaciada de contenido cuando las socialdemocracias de los años 80 hipotecaron la experiencia inicial y se convirtieron mansas ejecutoras de los planes de ajuste y receptoras de las directrices de Europa.

 

GRECIA. EL EFECTO ZORBA

Syriza llegó al poder y ya gobierna Grecia de la mano de su joven y carismático líder Alexis Tsipras. Luego de un lustro de hiperajuste recesivo, el más grande registrado en Occidente, el pueblo griego le dijo basta al austericidio. El caso griego expresa la disputa entre dos modelos de desarrollo: el ajuste permanente versus un enfoque centrado en la inclusión social y la redistribución progresiva del ingreso. El desafío griego es doble: político, a la hegemonía de la Unión Europea con centro en Alemania, y económico, a los modelos de ajuste estructural. La situación se parecen mucho a la que enfrentó, enfrenta y seguirá enfrentando la economía argentina en particular y Latinoamérica en general.

Zorba o Grego
por Claudio Scaletta

 

Luego de un lustro de hiperajuste recesivo, el más grande registrado en Occidente, el pueblo griego le dijo basta al austericidio. Syriza, cuyas siglas significan Coalición de la Izquierda Radical, llegó al poder y ya gobierna el país de la mano de su joven y carismático líder Alexis Tsipras. Si bien el origen de la agrupación fue un desprendimiento del viejo Partido Comunista Griego, que derivó luego en variantes más moderadas de “eurocomunismo”, no se trata estrictamente de una izquierda radical como se la entiende en la política latinoamericana, sino de una forma de lo que, también aquí, se denomina “populismo”. Los rótulos, sin embargo, son una limitación a la hora de comprender un fenómeno que podría transformar el statu quo de la política económica europea y mundial.

Parece mucho, pero lo que hoy manifiesta el caso griego es la disputa entre dos modelos de de- sarrollo: el ajuste permanente que privilegia el equilibrio contractivo de las cuentas públicas, cuya contrapartida siempre fue la concentración del ingreso, y la desarticulación del Estado benefactor, versus un enfoque centrado en la inclusión social y la redistribución progresiva del ingreso, con énfasis en el estímulo a la demanda agregada como conductora del crecimiento sostenido. Sepultadas las ruinas del llamado socialismo real y avanzado el siglo XXI, la verdadera dicotomía de la economía política dejó a un lado la contradicción entre capitalismo y revolución para trasladarse a la puja intracapitalista entre ortodoxia excluyente y heterodoxia incluyente de raíz keynesiana-kaleckiana.

El desafío griego es entonces doble: político, a la hegemonía de la Unión Europea con centro en Alemania, bajo una evidente asimetría de poder, y económico, a los modelos de ajuste estructural impulsados por el ganador de época: el poder financiero representado en Europa por las decisiones de la “troika” FMI, Banco Central Europeo (BCE) y Comisión Europea (CE). El partido que se disputa en Grecia, en el estadio del laboratorio de la historia, concentra la atención tanto de quienes conducen la política mundial, como de los científicos sociales. Observar desde la platea será también una experiencia fascinante, más cuando los desafíos griegos se parecen mucho a los que enfrentó, enfrenta y seguirá enfrentando la economía argentina en particular y de Latinoamérica en general.

Pasemos, pues, al laboratorio.

zorba 2

La entrada al euro

Grecia ingresó al euro en 2003. Por entonces Italia ya tenían indicadores de deuda y déficit bastante deteriorados y quedaban pocas excusas para seguir dejando fuera a Grecia. Años después, en 2009, se descubriría que los parámetros de Maastricht para ingresar en la Eurozona se habían cumplido gracias a la contabilidad creativa de Goldman Sachs.

Entre 2003 y 2009, el principal gasto de Grecia fue el militar. Durante muchos años el país fue el principal comprador de armas de Alemania, y el tercero de Francia. Se estima que estos gastos explican unos 150 mil millones de dólares de la deuda pública. A fines de 2009, asumió Yorgos Papandreu de la mano del Pasok, el Partido Socialista Panhelénico, y se transparentó que la crisis era peor de lo que se creía. Aunque el contagio no fue inmediato, en Europa comenzaban a sentirse los efectos de la crisis estadounidense de 2008 vía el estallido de la burbuja inmobiliaria en Irlanda. A fines de 2009, el panorama emergente en Grecia después de seis años dentro del euro era el de un país altamente endeudado en una moneda que no emitía. Las acreencias no eran sólo del sector público, también del privado, tanto empresas como bancos habían aprovechado la “plata dulce” que fluyó con la entrada al sistema monetario europeo. Los acreedores eran fundamentalmente bancos alemanes y franceses, que participaron también del auge de una pequeña burbuja inmobiliaria. Todavía hoy el 45 por ciento de las hipotecas tienen distintos grados de irregularidad.

AUSTERIDAD Y RESCATES

Por esta época, se iniciaron políticas de austeridad draconianes. Había razones muy reales para impulsarlas. El déficit fiscal alcanzaba un increíble 15 por ciento del Producto y el balance comercial era desastroso. Las exportaciones eran de apenas unos 20.000 millones de dólares y las importaciones de alrededor de 60.000 millones. El gap externo se financiaba con entrada de capitales.

Las fuentes de ingreso de divisas de la economía griega son el turismo y el transporte marítimo. Existe algo de agricultura y un pequeño sector industrial, en parte de alta tecnología, aunque con costos altos.

La deuda externa de entonces rondaba el 130 por ciento del PIB, y muchos analistas advertían que era impagable. En el mismo 2010 llegó, no sin demoras, el primer programa de rescate por alrededor de 110 mil millones de euros. La estrategia de la troika fue alargar la crisis para darles tiempo a los bancos alemanes y franceses a que descarguen sus papeles griegos. El camino fue prestarle al sector público a través de distintos fondos e instrumentos financiados por el sector público europeo y que con este dinero Grecia les pague a los bancos. Pero los fondos no alcanzaron y fue necesario recurrir a un nuevo rescate, esta vez por alrededor de 150 mil millones de euros adicionales.

Reestructuraciones

A pesar de los dos rescates, las obligaciones siguieron sin poder pagarse, por lo que Grecia impulsó dos renegociaciones voluntarias de su deuda con acreedores privados. La primera fue en 2011 y significó una quita del 50 por ciento. La segunda, en 2012, sobre el 50 por ciento que quedaba recortó otro 75 por ciento. Como los bancos extranjeros ya habían abandonado su exposición, los principales afectados fueron los fondos de pensión y los bancos griegos. Mientras tanto, a los acreedores públicos se les siguió pagando el ciento por ciento. Hoy los principales acreedores son el BCE y el fondo de estabilización. Aunque la quita fue más grande que la de Argentina, fue sólo con los privados. En tanto se sumaron dos préstamos por algo más 260.000 millones de euros más papeles en torno de los 30.000 millones que compró el BCE, unos 290.000 millones adicionales.

Al presente, la deuda pública ronda el 175 por ciento del PIB. Los fondos de los rescates se destinaron a pagar capital e intereses de deuda, recapitalizar bancos, y una parte menor, el 11 por ciento, a financiar gasto público. Los principales vencimientos ocurrirán este año, por unos 20 mil millones. Comienzan ya a fines de febrero. Aunque en 2014 se consiguió un superávit primario, el excedente no alcanza para pagar los próximos vencimientos. La situación es de déficit financiero.

Aunque en 2009 era imposible negar la necesidad de un ajuste, el problema fue cómo se instrumentó. La austeridad podría haber sido mucho menor si también se hubiese involucrado a la totalidad de los acreedores, es decir, si se hubiese ensayado una reestructuración con quita y no sólo una transferencia de los pasivos desde los privados a los Estados, privilegiando el rescate de los bancos alemanes y franceses.

Escarmiento

Si la troika pretendía un escarmiento para el mal alumno, los resultados globales de las políticas de austeridad iniciadas en 2009 muestran que lo consiguió. El ajuste fue del 10 por ciento del PIB en cuatro años, el mayor registrado en el mundo occidental. Previsiblemente, se provocó un parate tremendo en la economía: el Producto cayó 25 puntos. El desempleo total subió al 27 por ciento y el juvenil superó el 50. Unos 200.000 jóvenes, mayormente con alta capacitación, abandonaron el país, mientras las oligarquías fugaron capitales. En tres años el costo salarial griego cayó más del 20 por ciento. Las jubilaciones y pensiones se redujeron el 45 por ciento. Entre la población infantil la pobreza superó el 40 por ciento, mientras que uno de cada tres griegos es pobre. También reaparecieron enfermedades que habían sido erradicadas, subió la mortalidad infantil y se multiplicaron las muertes por falta de tratamientos de sida.

zorba 3

A perpetuidad

Si bien los pagos de deuda, a pesar del volumen global del endeudamiento, no son tan grandes debido a los relativos bajos intereses, son suficientes para seguir en déficit a pesar del impresionante ajuste. La proyección, entonces, era seguir aumentando el superávit primario en un marco de descalabro social y recesión. Además se necesitaría un tercer rescate, lo que aceleraría las demoradas privatizaciones y se daría una nueva vuelta de tuerca sobre el mercado de trabajo, con más despidos. Vale recordar que antes del segundo rescate se estableció un ambicioso programa de privatizaciones que se suponía recaudaría 50.000 millones de euros, pero nunca se instrumentó a fondo. De hecho, apenas asumió, el nuevo gobierno frenó dos procesos muy cuestionados, el del puerto del Pireo, en Atenas, el más importante de Grecia, y el de la compañía eléctrica.

Alexis Tsipras, líder de Syriza, la fuerza política de izquierda que gobierna Grecia.

Alexis Tsipras, líder de Syriza, la fuerza política de izquierda que gobierna Grecia.

Crisis política

Antonis Samaras, el líder de Nueva Democracia, un partido de centroderecha apoyado por Angela Merkel, asumió en 2012 en medio de la crisis política que provocó la caída de Papandreu. Su ascenso se produjo en medio de una campaña de miedo a lo que podría pasar si el país salía de la Eurozona. Todavía hoy los griegos no quieren salir del euro. Dicho en términos argentinos, la situación es similar a la de fines de la convertibilidad. Pero el punto es que Grecia está en el 2001 desde 2010. Samaras advirtió pronto que necesitaría un tercer rescate, algo extremadamente impopular. Esta percepción fue la que estuvo por detrás del adelantamiento de las elecciones. El ex primer ministro sabía que perdería y que ganaría Syriza. Su apuesta seguramente era que Syriza hiciera una coalición con Pasok u otro partido pro euro como To Potami, que decía que iba a moderar a Syriza. De haberse producido alguna de estas alianzas se hubiese generado una coalición inestable que seguramente impediría una negociación dura con el BCE, es decir, hubiese conducido a un fracaso y seguramente a nuevas elecciones, con el peso de este fracaso a cuestas.

Pero algo salió mal. Nadie imaginaba que los Griegos Independientes, con los que se alió Syriza, un partido antieuropeo y antiausteridad, aunque también antiinmigrantes, vinculado con la iglesia ortodoxa y nutrido por la derecha sindical, conseguiría diputados. El panorama inesperado fue que con bajas concesiones, básicamente el Ministerio de Defensa y algunas segundas líneas, Syriza consiguió una alianza muy estable que a sus 149 diputados, a sólo dos de la mayoría absoluta, sumó otros 13. Un dato poco conocido es que antes de aliarse con Griegos Independientes, Tsipras tentó al Partido Comunista, que consiguió 15 diputados, de los que no obtuvo respuesta.