Cunha lavó dinero en nombre de “Jesús”


LUJOS Y DELITOS DEL EVANGELICO DIPUTADO CONSAGRADO A LA MISION DE DERROCAR A DILMA

Cunha compró dos Porsche con dinero obtenido de sobornos en el escándalo del “Petrolao”

Cunha compró dos Porsche con dinero obtenido de sobornos en el escándalo del “Petrolao”

Los detalles de sus delitos, respaldados con documentos llegados de Suiza, donde escondió una fortuna, fueron divulgados tres días después de que Cunha estuvo a un tris de iniciar el proceso de “admisibilidad” del juicio político a Dilma.

Por Darío Pignotti
Página 12/  Argentina

Pasear en Porsche es algo divino. La Justicia brasileña descubrió que Eduardo Cunha, el evangélico diputado consagrado a la misión de derrocar a Dilma Rousseff por considerarla falta de ética, compró dos Porsche Cayenne, con dinero obtenido de sobornos en el escándalo del “Petrolao”. Uno de los Porsche se lo obsequió a su esposa, la periodista Claudia Cruz, muy bonita, de quien tal vez se enamoró cuando ella conducía los noticiosos de la TV Globo. El enemigo público número uno de Dilma lavó dinero sucio de petróleo a través de empresas de fachada como “Jesus.com.” y cuentas bancarias de una iglesia neopentecostal.

Los detalles de esos delitos, respaldados con documentos llegados de Suiza, donde escondió millones de dólares, fueron divulgados el viernes pasado tres días después de que Cunha estuvo a un tris de iniciar el proceso de “admisibilidad” del juicio político. Esto es, el golpe contra Dilma. Cunha, del oficialista (ma non troppo) Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) tuvo como aliado al Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) conducido por Aécio Neves, candidato presidencial en 2014 cuando Dilma lo derrotó por un pequeño margen en el ballottage.

El asalto golpista del martes 13 parecía inexorable pero fue neutralizado a último momento por el Supremo Tribunal Federal a través de una medida cautelar que desbarató, por lo pronto, la trama sediciosa acordada por Cunha y los hombres de Neves. Estas dos derrotas consecutivas del plan destituyente, el martes, a través de la cautelar del Supremo, y el viernes con las pruebas que imputan a Cunha, trajeron un respiro al gobierno.

Aunque no fue aventada la amenaza desestabilizadora, que promete continuar por meses sino años, sus principales instigadores Cunha y Neves, quedaron desmoralizados. Y en el caso de Cunha amenazado de un proceso que puede dejarlo sin fueros.

Dilma puede salir del pantano de la ingobernabilidad si sabe sacar provecho del traspié de sus adversarios y revisar los errores cometidos por su gobierno. Pero que nadie espere milagros. La presidenta no recuperará en el corto plazo la popularidad perdida, sólo la respalda el 10 por ciento, ni reactivará de inmediato una economía en recesión de casi el 3 por ciento para 2015. Está malherida pero no moribunda. Y tiene la legitimidad democrática que le reportan más de 54 millones de votos. Los sondeos, mañosos, inducen a creer que más del 60 por ciento de los brasileños apoya el impeachment, cuando lo cierto es que el activismo golpista se sustenta en las clases medias y blancas, las cuales le arrebataron la calle a la izquierda con movilizaciones que convocaron a millones de inconformes este año. No está demostrado que esa rebelión conservadora haya seducido a los sectores populares que, eso sí, rechazan el programa del neoliberal ministro Joaquim Levy que aumentó el desempleo, redujo salarios y recortó los recursos de algunos programas sociales.

Advertido de que Dilma le dio la espalda a sus electores con un programa similar al que hubieran aplicado los socialdemócratas de Neves, Luiz Inácio Lula da Silva comenzó una campaña para moderar el ajuste y promover la salida del titular de Hacienda, Levy. Con sombrero de campesino o sindicalista, según el auditorio, está recorriendo el país para recomponer el diálogo con los movimientos populares. El martes, el día que no ocurrió el golpe, Lula de gorrita con visera roja recibió a Dilma en el Congreso de la Central Unica de los Trabajadores, donde hubo consignas contra el impeachment y de rechazo al supuesto “tercer turno” electoral que quiere forzar Aécio Neves, después de perder en el segundo el año pasado.

Más allá de la mística del acto, donde también estuvo el ex presidente uruguayo José Mujica, se observa que la presidenta aún cuenta con algún margen de maniobra para dialogar con la mayor organización gremial que tiene como bandera el fin del ajuste. A partir de mañana comenzará a develarse la suerte de Levy en Hacienda y del “pemedebista” Eduardo Cunha en la presidencia de Diputados, y con ello el destino de un gobierno incierto.

Samuca

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