Grecia cambia ¿Europa cambia?

Más que frente a la derecha, la irupción de Siriza cuestiona el recorrido final de una socialdemocracia europea que perdió su identidad cuando asumió como propio el ajuste interno y la obediencia frente a la hegemonía alemana.

 

grecia escultura

por Federico Vázquez

 

La victoria de Syriza en Grecia podría significar el comienzo de un nuevo ciclo político en el continente. Más que frente a la derecha, esta irrupción cuestiona el recorrido final de una socialdemocracia europea que perdió su identidad cuando asumió como propio el ajuste interno y la obediencia frente a la hegemonía alemana.

Grecia es un país relativamente pequeño. Tiene menos de 11 millones de habitantes y apenas representa el 2% del PBI de la zona euro, de la cual, al menos por ahora, sigue siendo parte.

Visto desde esa perspectiva, el cambio político en Grecia, con el triunfo de Syriza (sigla que significa “Coalición de Izquierda Radical”) podría no ser más que un dato de color que apenas modifica al conjunto de Europa, donde la hegemonía la tienen fuerzas conservadoras o socialdemócratas.

Sin embargo, basta ver el pavor con que fue recibida la noticia en los principales diarios de la derecha española, país donde más se teme que se expanda el efecto contagio de Grecia, para entender que el impacto es muy superior a lo que podría desprenderse de los modestos números de la economía helénica.

El triunfo de la izquierda griega impacta de lleno en el imaginario europeo porque rompe un dique que hasta ahora parecía inmodificable. Ese dique era la creencia de que no existía posibilidad alguna de pensar por fuera del los estrechos marcos del consenso sobre las políticas de “austeridad”, eufemismo para hacer referencia a los ajustes de las políticas públicas que se volvieron la norma en Europa desde la crisis de 2008.

Pero es importante anotar lo siguiente: la identidad de Syriza como un partido de izquierda, no parece ser el punto central para entender lo que pasa, a pesar de la reiteración periodística sobre la ubicación ideológica de los ganadores. El discurso de su líder, Alexis Tsipras, comenzó a ganar adeptos en la medida en que identificó al problema de Grecia con relación a su condición de periferia continental respecto al poder hiperconcetrado que impone Alemania. La denuncia de Syriza se centró en la “troika”, el trípode conformado por el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, desde donde se dictaminan las políticas de ajuste que deben seguir los países en apuros financieros.

Así como ocurre con Podemos en España, Syriza agolpó al resto de la clase política en un rincón en el momento en que se permitió reinventar el eje del debate: rompiendo las tendencias de las últimas décadas, las cuestiones ambientales, de derechos civiles o la agenda de minorías no son las muletillas de este nuevo progresismo, sino una crítica directa a las secuelas sociales que dejó la larga recesión económica.

Es decir, se volvió a discutir de economía, de números, de cómo gestionar de los recursos públicos, de quién debe pagar los costos de la crisis. Y cuando el foco quedó puesto allí, en un marco de gran descontento social, quedó en evidencia que tanto los conservadores Nueva Democracia, como el histórico partido socialdemócrata PASOK, tenían el mismo libreto.

España y Grecia comparten la irrupción de estos movimientos políticos de ruptura, pero también tienen una historia muy parecida de sus socialdemocracias. Y es en el actual fracaso de esos proyectos políticos donde hay que encontrar las razones del nuevo mapa electoral, antes que en algún súbito despertar populista. Veamos.

Tanto Grecia como España compartieron una tardías transiciones democráticas, a mediados de la década del 70. En 1974 terminó la dictadura de los coroneles, lo que abrió paso a un gobierno conservador de Nueva Democracia. Pero pocos años después, en 1981, por primera vez en la historia, ganó las elecciones un socialista, Andreas Papandreu, líder del PASOK (Movimiento Socialista Panhelénico). El discurso de Papandreu tenía una gran sintonía con el de Felipe González, que en 1982 asumía el gobierno de España. Ambas, como izquierdas “posibilistas” en el marco de la guerra fría, tenían sin embargo un ambicioso programa de reformas, dentro de las cuales estaba, por ejemplo, el debate de si pertenecer o no a la OTAN. En el caso de Grecia, el país ya era miembro desde 1952, pero Papandreu había dicho en campaña que revisaría esa participación. España no era miembro, pero finalmente González llevó la cuestión a un referéndum, donde pidió votar el ingreso, para sorpresa de propios y extraños. En términos económicos, aquellas socialdemocracias planteaban una modernización política y social, y mantenían un programa de intervención estatal de la economía muy fuerte. El cuadro continental se completaba con Francois Mitterrand como primer presidente socialista en Francia, que había ganado proponiendo una estatización parcial de la economía.

Pero más allá de este flujo progresista en algunos países de Europa, el contexto mundial iba en otra dirección: la revolución conservadora de Margaret Tatcher y Ronald Reagan impusieron una dinámica económica distinta, dando por finalizado el ciclo de capitalismo keynesiano en el primer mundo. De a poco, las sociademocracias del sur de Europa se quedaron con el mandato de la modernización social y cultural pero, a cambio, debieron entregar las ambiciones de transformación económica. Unos años después, los vientos de reformas neoliberales llegarían a América latina

La perdurabilidad del ciclo socialdemócrata (14 años en Francia, 16 en España, 23 años en Grecia con una breve interrupción entre 1990 y 1993), aún con la defección de sus programas transgresores originales, se explica en parte por la puesta en marcha del proyecto europeo, cimentado durante los 80 y 90, y concretado simbólicamente cuando el 1 de enero de 2002 el euro reemplazó a las monedas nacionales. El sur periférico parecía alcanzar el status del desarrollo anglosajón.

La socialdemocracia del sur de Europa llegó con energías suficientes como para ser parte del inicio del proyecto de unión continental, pero ya bajo los signos inequívocos del poderío alemán y la hegemonía de los poderes financieros. Si a comienzos de los años 80 la institución puesta en debate por los gobiernos de izquierda había sido la OTAN, hacia el final del ciclo, aquellos partidos habían aceptado mansamente el control de otras instituciones, no menos invasivas: el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y las reglas estrictas del Tratado de Maastricht, redactadas acordes a las necesidades de la competitividad de la economía alemana. La crisis de los últimos años expuso de forma descarnada hasta qué punto el proyecto europeo aumentaba la desigualdad histórica entre sus miembros en vez de atenuarla.

Lo fundamental de la victoria de Syriza en Grecia (y un eventual triunfo de Podemos en España antes de fin de año) no es tanto la victoria sobre gobiernos conservadores, por otra parte altamente deslegitimados, sino la recuperación de una tradición progresista que había quedado vaciada de contenido cuando las socialdemocracias de los años 80 hipotecaron la experiencia inicial y se convirtieron mansas ejecutoras de los planes de ajuste y receptoras de las directrices de Europa.

 

GRECIA. EL EFECTO ZORBA

Syriza llegó al poder y ya gobierna Grecia de la mano de su joven y carismático líder Alexis Tsipras. Luego de un lustro de hiperajuste recesivo, el más grande registrado en Occidente, el pueblo griego le dijo basta al austericidio. El caso griego expresa la disputa entre dos modelos de desarrollo: el ajuste permanente versus un enfoque centrado en la inclusión social y la redistribución progresiva del ingreso. El desafío griego es doble: político, a la hegemonía de la Unión Europea con centro en Alemania, y económico, a los modelos de ajuste estructural. La situación se parecen mucho a la que enfrentó, enfrenta y seguirá enfrentando la economía argentina en particular y Latinoamérica en general.

Zorba o Grego
por Claudio Scaletta

 

Luego de un lustro de hiperajuste recesivo, el más grande registrado en Occidente, el pueblo griego le dijo basta al austericidio. Syriza, cuyas siglas significan Coalición de la Izquierda Radical, llegó al poder y ya gobierna el país de la mano de su joven y carismático líder Alexis Tsipras. Si bien el origen de la agrupación fue un desprendimiento del viejo Partido Comunista Griego, que derivó luego en variantes más moderadas de “eurocomunismo”, no se trata estrictamente de una izquierda radical como se la entiende en la política latinoamericana, sino de una forma de lo que, también aquí, se denomina “populismo”. Los rótulos, sin embargo, son una limitación a la hora de comprender un fenómeno que podría transformar el statu quo de la política económica europea y mundial.

Parece mucho, pero lo que hoy manifiesta el caso griego es la disputa entre dos modelos de de- sarrollo: el ajuste permanente que privilegia el equilibrio contractivo de las cuentas públicas, cuya contrapartida siempre fue la concentración del ingreso, y la desarticulación del Estado benefactor, versus un enfoque centrado en la inclusión social y la redistribución progresiva del ingreso, con énfasis en el estímulo a la demanda agregada como conductora del crecimiento sostenido. Sepultadas las ruinas del llamado socialismo real y avanzado el siglo XXI, la verdadera dicotomía de la economía política dejó a un lado la contradicción entre capitalismo y revolución para trasladarse a la puja intracapitalista entre ortodoxia excluyente y heterodoxia incluyente de raíz keynesiana-kaleckiana.

El desafío griego es entonces doble: político, a la hegemonía de la Unión Europea con centro en Alemania, bajo una evidente asimetría de poder, y económico, a los modelos de ajuste estructural impulsados por el ganador de época: el poder financiero representado en Europa por las decisiones de la “troika” FMI, Banco Central Europeo (BCE) y Comisión Europea (CE). El partido que se disputa en Grecia, en el estadio del laboratorio de la historia, concentra la atención tanto de quienes conducen la política mundial, como de los científicos sociales. Observar desde la platea será también una experiencia fascinante, más cuando los desafíos griegos se parecen mucho a los que enfrentó, enfrenta y seguirá enfrentando la economía argentina en particular y de Latinoamérica en general.

Pasemos, pues, al laboratorio.

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La entrada al euro

Grecia ingresó al euro en 2003. Por entonces Italia ya tenían indicadores de deuda y déficit bastante deteriorados y quedaban pocas excusas para seguir dejando fuera a Grecia. Años después, en 2009, se descubriría que los parámetros de Maastricht para ingresar en la Eurozona se habían cumplido gracias a la contabilidad creativa de Goldman Sachs.

Entre 2003 y 2009, el principal gasto de Grecia fue el militar. Durante muchos años el país fue el principal comprador de armas de Alemania, y el tercero de Francia. Se estima que estos gastos explican unos 150 mil millones de dólares de la deuda pública. A fines de 2009, asumió Yorgos Papandreu de la mano del Pasok, el Partido Socialista Panhelénico, y se transparentó que la crisis era peor de lo que se creía. Aunque el contagio no fue inmediato, en Europa comenzaban a sentirse los efectos de la crisis estadounidense de 2008 vía el estallido de la burbuja inmobiliaria en Irlanda. A fines de 2009, el panorama emergente en Grecia después de seis años dentro del euro era el de un país altamente endeudado en una moneda que no emitía. Las acreencias no eran sólo del sector público, también del privado, tanto empresas como bancos habían aprovechado la “plata dulce” que fluyó con la entrada al sistema monetario europeo. Los acreedores eran fundamentalmente bancos alemanes y franceses, que participaron también del auge de una pequeña burbuja inmobiliaria. Todavía hoy el 45 por ciento de las hipotecas tienen distintos grados de irregularidad.

AUSTERIDAD Y RESCATES

Por esta época, se iniciaron políticas de austeridad draconianes. Había razones muy reales para impulsarlas. El déficit fiscal alcanzaba un increíble 15 por ciento del Producto y el balance comercial era desastroso. Las exportaciones eran de apenas unos 20.000 millones de dólares y las importaciones de alrededor de 60.000 millones. El gap externo se financiaba con entrada de capitales.

Las fuentes de ingreso de divisas de la economía griega son el turismo y el transporte marítimo. Existe algo de agricultura y un pequeño sector industrial, en parte de alta tecnología, aunque con costos altos.

La deuda externa de entonces rondaba el 130 por ciento del PIB, y muchos analistas advertían que era impagable. En el mismo 2010 llegó, no sin demoras, el primer programa de rescate por alrededor de 110 mil millones de euros. La estrategia de la troika fue alargar la crisis para darles tiempo a los bancos alemanes y franceses a que descarguen sus papeles griegos. El camino fue prestarle al sector público a través de distintos fondos e instrumentos financiados por el sector público europeo y que con este dinero Grecia les pague a los bancos. Pero los fondos no alcanzaron y fue necesario recurrir a un nuevo rescate, esta vez por alrededor de 150 mil millones de euros adicionales.

Reestructuraciones

A pesar de los dos rescates, las obligaciones siguieron sin poder pagarse, por lo que Grecia impulsó dos renegociaciones voluntarias de su deuda con acreedores privados. La primera fue en 2011 y significó una quita del 50 por ciento. La segunda, en 2012, sobre el 50 por ciento que quedaba recortó otro 75 por ciento. Como los bancos extranjeros ya habían abandonado su exposición, los principales afectados fueron los fondos de pensión y los bancos griegos. Mientras tanto, a los acreedores públicos se les siguió pagando el ciento por ciento. Hoy los principales acreedores son el BCE y el fondo de estabilización. Aunque la quita fue más grande que la de Argentina, fue sólo con los privados. En tanto se sumaron dos préstamos por algo más 260.000 millones de euros más papeles en torno de los 30.000 millones que compró el BCE, unos 290.000 millones adicionales.

Al presente, la deuda pública ronda el 175 por ciento del PIB. Los fondos de los rescates se destinaron a pagar capital e intereses de deuda, recapitalizar bancos, y una parte menor, el 11 por ciento, a financiar gasto público. Los principales vencimientos ocurrirán este año, por unos 20 mil millones. Comienzan ya a fines de febrero. Aunque en 2014 se consiguió un superávit primario, el excedente no alcanza para pagar los próximos vencimientos. La situación es de déficit financiero.

Aunque en 2009 era imposible negar la necesidad de un ajuste, el problema fue cómo se instrumentó. La austeridad podría haber sido mucho menor si también se hubiese involucrado a la totalidad de los acreedores, es decir, si se hubiese ensayado una reestructuración con quita y no sólo una transferencia de los pasivos desde los privados a los Estados, privilegiando el rescate de los bancos alemanes y franceses.

Escarmiento

Si la troika pretendía un escarmiento para el mal alumno, los resultados globales de las políticas de austeridad iniciadas en 2009 muestran que lo consiguió. El ajuste fue del 10 por ciento del PIB en cuatro años, el mayor registrado en el mundo occidental. Previsiblemente, se provocó un parate tremendo en la economía: el Producto cayó 25 puntos. El desempleo total subió al 27 por ciento y el juvenil superó el 50. Unos 200.000 jóvenes, mayormente con alta capacitación, abandonaron el país, mientras las oligarquías fugaron capitales. En tres años el costo salarial griego cayó más del 20 por ciento. Las jubilaciones y pensiones se redujeron el 45 por ciento. Entre la población infantil la pobreza superó el 40 por ciento, mientras que uno de cada tres griegos es pobre. También reaparecieron enfermedades que habían sido erradicadas, subió la mortalidad infantil y se multiplicaron las muertes por falta de tratamientos de sida.

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A perpetuidad

Si bien los pagos de deuda, a pesar del volumen global del endeudamiento, no son tan grandes debido a los relativos bajos intereses, son suficientes para seguir en déficit a pesar del impresionante ajuste. La proyección, entonces, era seguir aumentando el superávit primario en un marco de descalabro social y recesión. Además se necesitaría un tercer rescate, lo que aceleraría las demoradas privatizaciones y se daría una nueva vuelta de tuerca sobre el mercado de trabajo, con más despidos. Vale recordar que antes del segundo rescate se estableció un ambicioso programa de privatizaciones que se suponía recaudaría 50.000 millones de euros, pero nunca se instrumentó a fondo. De hecho, apenas asumió, el nuevo gobierno frenó dos procesos muy cuestionados, el del puerto del Pireo, en Atenas, el más importante de Grecia, y el de la compañía eléctrica.

Alexis Tsipras, líder de Syriza, la fuerza política de izquierda que gobierna Grecia.

Alexis Tsipras, líder de Syriza, la fuerza política de izquierda que gobierna Grecia.

Crisis política

Antonis Samaras, el líder de Nueva Democracia, un partido de centroderecha apoyado por Angela Merkel, asumió en 2012 en medio de la crisis política que provocó la caída de Papandreu. Su ascenso se produjo en medio de una campaña de miedo a lo que podría pasar si el país salía de la Eurozona. Todavía hoy los griegos no quieren salir del euro. Dicho en términos argentinos, la situación es similar a la de fines de la convertibilidad. Pero el punto es que Grecia está en el 2001 desde 2010. Samaras advirtió pronto que necesitaría un tercer rescate, algo extremadamente impopular. Esta percepción fue la que estuvo por detrás del adelantamiento de las elecciones. El ex primer ministro sabía que perdería y que ganaría Syriza. Su apuesta seguramente era que Syriza hiciera una coalición con Pasok u otro partido pro euro como To Potami, que decía que iba a moderar a Syriza. De haberse producido alguna de estas alianzas se hubiese generado una coalición inestable que seguramente impediría una negociación dura con el BCE, es decir, hubiese conducido a un fracaso y seguramente a nuevas elecciones, con el peso de este fracaso a cuestas.

Pero algo salió mal. Nadie imaginaba que los Griegos Independientes, con los que se alió Syriza, un partido antieuropeo y antiausteridad, aunque también antiinmigrantes, vinculado con la iglesia ortodoxa y nutrido por la derecha sindical, conseguiría diputados. El panorama inesperado fue que con bajas concesiones, básicamente el Ministerio de Defensa y algunas segundas líneas, Syriza consiguió una alianza muy estable que a sus 149 diputados, a sólo dos de la mayoría absoluta, sumó otros 13. Un dato poco conocido es que antes de aliarse con Griegos Independientes, Tsipras tentó al Partido Comunista, que consiguió 15 diputados, de los que no obtuvo respuesta.

 

FRANCIA. ¿Choque de civilizaciones o crisis europea?

La masacre en la redacción de Charlie Hebdo es presentada como un capítulo más de una guerra mundial entre el bien y el mal, la democracia y la brabarie. Sin embargo, el atentado deja expuesta la crisis de identidad al interior de la sociedad francesa, así como el efecto boomerang de la política exterior de Europa contra los países del Medio Oriente.

diplomas do bem e do mal

 

por Federico Vazquez

 
Casi sin excepción los medios de todo el mundo esparcen la misma interpretación: el asesinato de doce personas en la redacción del semanario parisino Charlie Hebdo es un nuevo capítulo del choque civilizatorio entre Occidente y el Islam, entre la Democracia y la Barbarie.

Esta interpretación, aunque esquemática, permite que cada uno se acomode según su gusto ideológico: los hay quienes piden una devolución guerrera en términos de ojo por ojo, como quienes explican magnánimos que los grupos extremistas apenas representan una ínfima porción de la comunidad musulmana.

Ambas opiniones, sin embargo, comparten la misma matriz: se trataría de un conflicto donde la sociedad francesa, y por extensión la europea, fue víctima de un ataque externo, de un “otro” barbárico, incomprensible, ajeno.

¿Es correcto este enfoque? Volvamos sobre la escena del crimen. Según la información que brinda la misma policía francesa, quien comandó el ataque fue Chérif Kouachi, un joven de 32 años, nacido y criado en París. Un ciudadano francés matando a otros ciudadanos franceses. Este dato, más allá de cualquier otra interpretación, obliga a pensar a la matanza como parte de un problema al interior de la sociedad francesa. Por la sencilla razón de que quien perpetró la matanza nació, fue educado y se socializó al interior de esa sociedad.

Sigamos un poco más con la biografía del supuesto autor de la matanza: un video que circula por estas horas en la web, producido por el canal France 3 en el 2005, muestra a Chérif, que en ese entonces tenía 22 años, como un joven rapero de la periferia parisina. El contexto social de la época no es para nada aleatorio: ese mismo 2005 quedó surcado como el año de las grandes revueltas de jóvenes desclasados (ya sea por su origen social, étnico o religioso) quienes mostraban su inconformidad con el lugar que Francia reservaba para ellos. En el día más álgido de los disturbios 1.295 automóviles ardieron en el cinturón citadino de París. Probablemente, Chérif, que por entonces no tenía el extremismo islámico como brújula sino la música ni siquiera haya participado de esas protestas, aunque probablemente su entorno familiar y de amistades no estuvo ajeno a ellas. Como sea, la respuesta del Estado no fue tolerante ni democrática: en medio de la convulsión callejera el por entonces ministro de Interior, Nicolás Sarkozy, los catalogó públicamente “escoria”.

Según consignan los propios medios franceses, tres años después, en el 2008, Chérif inició sus contactos con células terroristas activas en Irak y Siria, que buscaban reclutar jóvenes del Primer Mundo para combatir en Medio Oriente.

Como reconoció el sociólogo francés Alain Tourine en una entrevista en radio Nacional Rock este jueves, más de mil jóvenes franceses pasaron a enrolar las filas yihadistas en los últimos tiempos. Una cifra de esta envergadura elimina cualquier argumento de “locos sueltos”, o casos de patología individual asesina: algo anda mal en la sociedad francesa, por la cual cientos y cientos de jóvenes nacidos y criados allí abandonan la tierra de la “libertad” y la “democracia” para adentrarse en las entrañas del monstruo pre moderno coránico. ¿Será que no todos pueden disfrutar de la misma libertad? ¿Será que no todos son iguales en la Francia actual de la austeridad económica y la xenofobia racial y religiosa?

Para mirarlo de la manera más microsociológica posible: algo no está bien entre los vecinos de París que resuelven sus diferencias religiosas y culturales mediante el uso de Kalishnikov. Porque, aunque parezca extraño, el exquisito caricaturista Stephane Charbonnier y el ex rapero convertido al fanatismo islámico Chérif Kouachi, vivían en la misma ciudad.

Claro, resulta más tranquilizador responder que se trata de una “contaminación” externa. Sin embargo, todo apunta al corazón de las sociedades europeas, por más que en estas horas sus líderes políticos insistan en arrojar el problema fuera de su cancha.

Las agencias internacionales de noticias consignan a los hermanos que comandaron el ataque a Charlie Hebdo como de nacionalidad “franco-argelino” aunque, como marcamos antes, se trata de dos ciudadanos francés, a secas, nacidos y criados en el país galo. Podría pensarse como una discriminación particular, entendible ante la conmoción de la matanza, pero no. En Francia, como en otros países europeos, tener la ciudadanía legal no implica tener la ciudadanía cultural, identitaria. En general, este último título es reservado para los franceses “puros”, aquellos que pueden ostentar largas genealogías en la tierra del vino y los quesos, excluyendo quirúrgicamente a quienes llegaron en las oleadas migratorias del siglo XX que, dicho sea de paso, están directamente vinculadas con el pasado colonialista de Francia

Que se trata de un conflicto nacional -aunque con obvias y notorias conexiones con dinámicas internacionales, entre ellas el llamado “terrorismo internacional”- lo demuestra la reacción de la propia clase política, inmediatamente después del crimen.
Marine Le Pen, líder del ultraderechista Frente Nacional, el mismo día del atentado, salió a pedir un referéndum para establecer la pena de muerte. En su país. Se podría decirse lo mismo que se dice de los fanáticos religiosos respecto del Islam: es una pequeña minoría que no representa el sentir del conjunto de los franceses. Ya no. Marine Le Pen ganó las elecciones europeas de mayo pasado, y hoy, según todas las encuestas, ganaría las elecciones generales para elegir gobierno.

El brutal asesinato a los periodistas de la revista satírica debería invitar a una sociedad democrática y con diversidad de opiniones a preguntarse cómo llegó hasta este punto. En vez de acentuar la “otredad” simplona descargando las culpas sobre una vaporosa “barbarie”, ensayar un curso acelerado de introspección sobre la propia “civilización”. Claro, no es sencillo: Francia tiene una larga tradición en realizar una operación político ideológica por la cual convierte en un conflicto “externo”, lo que en verdad está ardiendo sin solución dentro suyo. Cuidado: no se trata de decir que los franceses son igual de bárbaros que los musulmanes. Se trata de entender que existe un problema social, político, económico y, en último término, religioso al interior de las sociedades europeas, y no fuera de ellas, en algún “oscuro rincón del mundo”. El problema está en Europa.

Ese problema puede resumirse en el histórico problema “nacional”, por el cual sociedades como la francesa construyen una identidad excluyente, refractaria a incorporar de manera plena a nuevos contingentes poblacionales, manteniendo así una separación y segregación cultural y social impropia de un país que se ve a sí mismo como plural y democrático. La existencia de esa deriva nacional excluyente puede fácilmente corroborarse en el comportamiento electoral reciente de franceses, ingleses o alemanes, que en un contexto de crisis económica como el actual terminan volcándose por opción de extrema derecha, como el caso del Frente Nacional, o el UKIP en el caso de Gran Bretaña. E

Finalmente, también hay una “conexión” externa, si se comprueban los lazos con grupos terroristas de Medio Oriente de los jóvenes franceses que realizaron la masacre. Pero esa conexión con el terrorismo internacional no queda tampoco ajena a decisiones políticas tomadas por los gobiernos del Primer Mundo. Desde la primavera árabe de 2011, hubo una destrucción sistemática de los estados en el norte de África y la península arábiga. Libia, Irak y Siria son territorios caotizados, donde ISIS siembra el terror y realiza propaganda viral en Internet para que nuevos contingentes de jóvenes europeos se sumen a sus filas. En el caso de Libia, la participación francesa en el derrocamiento de Kadafi fue directa e inocultable. El gobierno de Kadafi no fue remplazado por una democracia ejemplar, sino por la destrucción del país, a partir del cual creció la influencia del islamismo extremista que, de modos brutales, impone un orden donde los europeos dejaron caos.

Lo que pasó en las oficinas de Charlie Hebdo no fue un ataque “externo”, sino un hecho brutal, asesino y extremista que, lamentablemente, también refleja a parte de la sociedad europea. Una sociedad donde, desde ya, también existen valores y fuerzas democráticas y libertarias. Ojalá, por el bien de Europa y del mundo, ganen los segundos.

 

“La pobreza extrema también es una forma de violencia”

ENTREVISTA CECILIA VACA JONES

 

Giacomo Cardelli

Giacomo Cardelli

 

Una vez que Ecuador asumió la Presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) el reto es cómo avanzar hacia la meta planteada por los mandatarios de los 33 países miembros: erradicar la pobreza extrema en 5 años.

La ministra coordinadora de Desarrollo Social, Cecilia Vaca, considera que es un momento histórico para demostrar cómo Latinoamérica y el Caribe abordan este tema crucial para el mundo. Mejorar los niveles de inversión en educación y en ciencia y tecnología serán el sostén de esa propuesta.

¿Cómo evalúa los compromisos alcanzados en la Celac, una vez que Ecuador asumió la Presidencia pro témpore y se ha fijado la meta de eliminar la pobreza extrema en los próximos 5 años?

Que asumamos la Presidencia de Celac nos coloca frente a un reto importante. Latinoamérica está en una etapa madura con capacidad de decirle al mundo cómo pensamos, cómo nos organizamos, cuáles son los intereses comunes que defendemos en la región y frente a eso cuál es la posibilidad de cumplir este reto.

El año pasado también asistí a la reunión de Celac en Cuba – fue simbólico tener a La Habana como sede – donde se declaró a Latinoamérica como territorio de paz, lo que nos convocó a pensar en una instancia distinta porque defendía un principio supremo frente a lo que la región busca consolidar. Y cuando nos planteamos el objetivo de erradicar la pobreza extrema va ligado a ese proceso de paz, el Presidente (Rafael Correa) lo ha dicho, no puedes hablar de paz sin justicia social. Y, en efecto, no podemos hablar de paz mientras 68 millones de latinoamericanos y caribeños estén en una situación de extrema pobreza porque eso también es un tipo de violencia.

¿Es un reto posible o todavía una meta idealista?

Es totalmente posible. Estoy convencida de que la pobreza en una región rica como la nuestra es un tema de voluntad política.

¿Por dónde empezar a trabajar ese reto?

Eso implica que los 33 estados miembros de Celac prioricemos una agenda social que asegure la inversión en ámbitos como salud, educación y que generemos fuentes de empleo digno. Aquello pasa por que los Estados seamos conscientes de que para erradicar la pobreza hay que priorizar esa inversión. Ecuador planteó erradicar la extrema pobreza, disminuir el 1,5% la tasa de pobreza en los próximos años para declararnos como zona libre de pobreza extrema, lo que es increíble porque si lo logramos estamos procurando que haya mayor equidad en la región; otro tema es inversión en educación, ciencia y tecnología, lo que va en la línea de lo que en Ecuador nos hemos planteado; así como la meta de tener 12 universidades latinoamericanas entre las mejores del mundo, es decir, apostar a la investigación.

¿Qué tan fácil será llegar a esos objetivos considerando que el debate alrededor de la pobreza está bastante politizado? El último informe de la Cepal coloca a Perú, Colombia y Paraguay entre los países que más redujeron la pobreza en el último año…

La Cepal también hace un análisis multidimensional de la pobreza porque medirla únicamente por ingresos ofrece una perspectiva muy limitada. Como Ministerio Coordinador de Desarrollo Social tenemos un índice donde consideramos más de 37 variables a fin de tener una perspectiva integral de la pobreza. Lo que puede pasar es que la pobreza por ingresos en Paraguay o Perú sea menor, pero eso no necesariamente implica que tengan mejores tasas en educación, analfabetismo o acceso a servicios básicos.

En ese contexto, ¿cómo consensuar la política latinoamericana para combatir la pobreza?

La Cepal ha hecho un gran análisis utilizando 18 indicadores que se pueden comparar a nivel regional. A veces, ponerse metas concretas en ciertos indicadores es un reto en sí mismo porque la forma en que se pueden medir, por ejemplo, los ingresos es más complejo por la cantidad de variables que comprende un índice. Por eso, la apuesta que hacemos desde la Presidencia de la Celac es luchar en contra de la pobreza extrema pensando en la lógica de la pobreza por ingresos, pero con la implicación que ello tiene desde distintos ámbitos: apostar por la educación, lograr que en la región se universalice en 10 años la educación básica, algo que en Ecuador casi hemos logrado, mientras que otros países de la región tienen brechas importantes.

Solo en el ámbito educativo se evidencian distintos modelos de gestión. La Constitución del Ecuador garantiza la gratuidad y aquello se aplica hasta el tercer nivel mientras que en otros países de la región la oferta es mayoritariamente privada. ¿Cómo consensuar posiciones al respecto?

La Celac es un espacio de concertación política más que de definición de política pública local. Hay un respeto soberano hacia la forma en que cada país alcanza su meta. Por eso, un espacio como Celac permite concertar ciertos objetivos y no hay ningún país que esté en contra de universalizar la educación general básica, lo que quizá antes no era posible, mientras que hoy existe un tema identitario de la región que le apuesta a generar una sociedad del conocimiento donde el aporte latinoamericano sea sustancial y para eso tenemos que invertir en educación. Hay un consenso al respecto, entonces cada país buscará la forma de lograrlo.

Quizá con una mirada más política, ¿cuánto pesa que muchos de los países de la región tengan una visión progresista, de izquierda?

Eso define que vivimos otro momento en Latinoamérica. Por eso hablaba de que Celac se constituye en un momento histórico en que esa línea progresista marca una agenda política distinta, donde cuestionamos otras instancias como la Organización de Estados Americanos y también estamos en capacidad de generar nuestro propio pensamiento. Eso convierte a la Celac en una instancia de concertación y diálogo político.

¿Cuál será la cualidad que Ecuador dará a ese proceso este año?

Mantener una identidad propia como Latinoamérica y el Caribe y que ese pensamiento se refleje en un paraguas institucional, en el que podamos resolver incluso mecanismos de cooperación distintos. El presidente Correa destacaba con el Presidente (Luis) Solís que Celac haya abierto el diálogo con China, eso marca un concepto de cooperación internacional distinto y el próximo año será la cumbre con los presidentes africanos.

 

Noam Chomsky: Estamos à beira da total autodestruição?

por Noam Chomsky

Iván Lira

Iván Lira

Tanto do ponto de vista ambiental como do ponto de vista do risco de uma guerra nuclear a perspectiva de uma catástrofe global existe e agudiza-se. Mas o imperialismo é indiferente a tais riscos, e parece incapaz de arrepiar caminho.

O que trará o futuro? Uma postura razoável seria tentar olhar para a espécie humana de fora. Então imagine que você é um extraterrestre observador que está tentando desvendar o que acontece aqui ou, imagine que és um historiador daqui a 100 anos – assumindo que existam historiadores em 100 anos, o que não é óbvio – e você está olhando para o que acontece. Você veria algo impressionante.

Pela primeira vez na história da espécie humana, desenvolvemos claramente a capacidade de nos destruirmos. Isso é verdade desde 1945. Agora está finalmente sendo reconhecido que existem mais processos de longo-prazo como a destruição ambiental liderando na mesma direção, talvez não à destruição total, mas ao menos à destruição da capacidade de uma existência decente.

E existem outros perigos como pandemias, as quais estão relacionadas à globalização e interação. Então, existem processos em curso e instituições em vigor, como sistemas de armas nucleares, os quais podem levar à explosão ou talvez, extermínio, da existência organizada.

Como destruir o planeta sem tentar muito

A pergunta é: O que as pessoas estão fazendo a respeito? Nada disso é segredo. Está tudo perfeitamente aberto. De fato, você tem que fazer um esforço para não enxergar.

Houve uma gama de reações. Têm aqueles que estão tentando ao máximo fazer algo em relação a essas ameaças, e outros que estão agindo para aumentá-las. Se olhar para quem são, esses historiador futurista ou extraterrestre observador veriam algo estranho. As sociedades menos desenvolvidas, incluindo povos indígenas, ou seus remanescentes, sociedades tribais e as primeiras nações do Canadá, que estão tentando mitigar ou superar essas ameaças. Não estão falando sobre guerra nuclear, mas sim desastre ambiental, e estão realmente tentando fazer algo a esse respeito.

De facto, ao redor do mundo – Austrália, Índia, América do Sul – existem batalhas acontecendo, às vezes guerras. Na Índia, é uma guerra enorme sobre a destruição ambiental direta, com sociedades tribais tentando resistir às operações de extração de recursos que são extremamente prejudiciais localmente, mas também em suas consequências gerais. Em sociedades onde as populações indígenas têm influência, muitos tomam uma posição forte. O mais forte dos países em relação ao aquecimento global é a Bolívia, cuja maioria é indígena e requisitos constitucionais protegem os “direitos da natureza”.

O Equador, o qual também tem uma população indígena ampla, é o único exportador de petróleo que conheço onde o governo está procurando auxílio para ajudar a manter o petróleo no solo, ao invés de produzi-lo e exportá-lo – e no solo é onde deveria estar.

O presidente Venezuelano Hugo Chávez, que morreu recentemente e foi objecto de gozação, insulto e ódio ao redor do mundo ocidental, atendeu a uma sessão da Assembleia Geral da ONU a poucos anos atrás onde ele suscitou todo tipo de ridículo ao chamar George W. Bush de demônio. Ele também concedeu um discurso que foi interessante. Claro, Venezuela é uma grande produtora de petróleo. O petróleo é praticamente todo seu PIB. Naquele discurso, ele alertou dos perigos do sobreuso dos combustíveis fóssil e sugeriu aos países produtores e consumidores que se juntassem para tentar manejar formas de diminuir o uso desses combustíveis. Isso foi bem impressionante da parte de um produtor de petróleo. Você sabe, ele era parte índio, com passado indígena. Esse aspecto de suas ações na ONU nunca foi reportado, diferentemente das coisas engraçadas que fez.

Então, em um extremo têm-se os indígenas, sociedades tribais tentando amenizar a corrida ao desastre. No outro extremo, as sociedades mais ricas, poderosas na história da humanidade, como os EUA e o Canadá, que estão correndo em velocidade máxima para destruir o meio ambiente o mais rápido possível. Diferentemente do Equador e das sociedades indígenas ao redor do mundo, eles querem extrair cada gota de hidrocarbonetos do solo com toda velocidade possível.

Ambos partidos políticos, o presidente Obama, os media, e a imprensa internacional parecem estar olhando adiante com grande entusiasmo para o que eles chamam de “um século de independência energética” para os EUA. Independência energética é quase um conceito sem significado, mas botamos isso de lado. O que eles querem dizer é: teremos um século no qual maximizaremos o uso de combustíveis fósseis e contribuiremos para a destruição do planeta.

E esse é basicamente o caso em todo lugar. Admitidamente, quando se trata de desenvolvimento de energia alternativa, a Europa está fazendo alguma coisa. Enquanto isso, os EUA, o mais rico e poderoso país de toda a história do mundo, é a única nação dentre talvez 100 relevantes que não possui uma política nacional para a restrição do uso de combustíveis fósseis, e que nem ao menos mira na energia renovável. Não é por que a população não quer. Os americanos estão bem próximos da norma internacional com sua preocupação com o aquecimento global. Suas estruturas institucionais é que bloqueiam a mudança. Os interesses comerciais não aceitam e são poderosos em determinar políticas, então temos um grande vão entre opinião e política em muitas questões, incluindo esta. Então, é isso que o historiador do futuro veria. Ele também pode ler os jornais científicos de hoje. Cada um que você abre tem uma predição mais horrível que a outra.

“O momento mais perigoso da história”

A outra questão é a guerra nuclear. É sabido por um bom tempo, que se tivesse que haver uma primeira tacada por uma superpotência, mesmo sem retaliação, provavelmente destruiria a civilização somente por causa das consequências de um inverno-nuclear que se seguiria. Você pode ler sobre isso no Boletim de Cientistas Atômicos. É bem compreendido. Então o perigo sempre foi muito pior do que achávamos que fosse.

Acabamos de passar pelo 50º aniversário da Crise dos Mísseis Cubanos, a qual foi chamada de “o momento mais perigoso na história” pelo historiador Arthur Schlesinger, o conselheiro do presidente John F. Kennedy. E foi. Foi uma chamada bem próxima do fim, e não foi a única vez tampouco. De algumas formas, no entanto, o pior aspecto desses eventos é que a lições não foram aprendidas.

O que aconteceu na crise dos mísseis em Outubro de 1962 foi petrificado para parecer que actos de coragem e reflexão eram abundantes. A verdade é que todo o episódio foi quase insano. Houve um ponto, enquanto a crise chegava em seu pico, que o Premier Soviético Nikita Khrushchev escreveu para Kennedy oferecendo resolver a questão com um anúncio público de retirada dos mísseis russos de Cuba e dos mísseis americanos da Turquia. Na realidade, Kennedy nem sabia que os EUA possuíam mísseis na Turquia na época. Estavam sendo retirados de todo modo, porque estavam sendo substituídos por submarinos nucleares mais letais, e que eram invulneráveis.

Então essa era a proposta. Kennedy e seus conselheiros consideraram-na – e a rejeitaram. Na época, o próprio Kennedy estimava a possibilidade de uma guerra nuclear em um terço da metade. Então Kennedy estava disposto a aceitar um risco muito alto de destruição em massa a fim de estabelecer o princípio de que nós – e somente nós – temos o direito de deter mísseis ofensivos além de nossas fronteiras, na realidade em qualquer lugar que quisermos, sem importar o risco aos outros – e a nós mesmos, se tudo sair do controle. Temos esse direito, mas ninguém mais o detém.

No entanto, Kennedy aceitou um acordo secreto para a retirada dos mísseis que os EUA já estavam retirando, somente se nunca fosse à publico. Khrushchev, em outras palavras, teve que retirar abertamente os mísseis russos enquanto os EUA secretamente retiraram seus obsoletos; isto é, Khrushchev teve que ser humilhado e Kennedy manteve sua pose de macho. Ele é altamente elogiado por isso: coragem e popularidade sob ameaça, e por aí vai. O horror de suas decisões não é nem mencionado – tente achar nos arquivos.

E para somar um pouco mais, poucos meses antes da crise estourar os EUA haviam mandado mísseis com ogivas nucleares para Okinawa. Eram apontados à China durante um período de grande tensão regional.

Bom, quem liga? Temos o direito de fazer o que quisermos em qualquer lugar do mundo. Essa foi uma lição daquela época, mas havia outras por vir.

Dez anos depois disso, em 1973, o secretário de estado Henry Kissinger chamou um alerta vermelho nuclear. Era seu modo de avisar à Rússia para não interferir na constante guerra Israelo-árabe e, em particular, não interferir depois de terem informado aos israelenses que poderiam violar o cessar-fogo que os EUA e a Rússia haviam concordado. Felizmente, nada aconteceu.

Dez anos depois, o presidente em vigor era Ronald Reagan. Assim que entrou na Casa Branca, ele e seus conselheiros fizeram com que a Força Aérea começasse a entrar no espaço aéreo russo para tentar levantar informações sobre os sistemas de alerta russos, Operação Able Archer. Essencialmente, eram ataques falsos. Os Russos estavam incertos, alguns oficiais de alta patente acreditavam que seria o primeiro passo para um ataque real. Felizmente, eles não reagiram, mesmo sendo uma chamada estreita. E continua assim.

O que pensar das crises nucleares Iraniana e Norte-Coreana

No momento, a questão nuclear está regularmente nas capas nos casos do Irã e da Coreia do Norte. Existem jeitos de lidar com esse crise contínua. Talvez não funcionasse, mas ao menos tentaria. No entanto, não estão nem sendo consideradas, nem reportadas.

Tome o caso do Irã, que é considerado no ocidente – não no mundo árabe, não na Ásia – a maior ameaça à paz mundial. É uma obsessão ocidental, e é interessante investigar as razões disso, mas deixarei isso de lado. Há um jeito de lidar com a suposta maior ameaça à paz mundial?

Na realidade existem várias. Uma forma, bastante sensível, foi proposta alguns meses atrás em uma reunião dos países não-alinhados em Teerã. De fato, estavam apenas reiterando uma proposta que esteve circulando por décadas, pressionada particularmente pelo Egito, e que foi aprovada pela Assembleia Geral da ONU.

A proposta é mover em direção ao estabelecimento de uma zona sem armas nucleares na região. Essa não seria a resposta para tudo, mas seria um grande passo à frente. E havia modos de proceder. Sob o patrocínio da ONU, houve uma conferência internacional na Finlândia em Dezembro passado para tentar implementar planos nesta trajectória. O que aconteceu? Você não lerá sobre isso nos jornais pois não foi divulgado – somente em jornais especialistas.

No início de Novembro, o Irão concordou em comparecer à reunião. Alguns dias depois Obama cancelou a reunião, dizendo que a hora não estava correcta. O Parlamento Europeu divulgou uma declaração pedindo que continuasse, assim como os estados árabes. Nada resultou. Então moveremos em direcção a sanções mais rígidas contra a população Iraniana – não prejudica o regime – e talvez guerra. Quem sabe o que irá acontecer?

No nordeste da Ásia, é a mesma coisa. A Coreia do Norte pode ser o país mais louco do mundo. É certamente um bom competidor para o título. Mas faz sentido tentar adivinhar o que se passa pela cabeça alheia quando estão agindo feito loucos. Por que se comportariam assim? Nos imagine na situação deles. Imagine o que significou na Guerra da Coreia anos dos 1950’s o seu país ser totalmente nivelado, tudo destruído por uma enorme superpotência, a qual estava regozijando sobre o que estava fazendo. Imagine a marca que deixaria para trás.

Tenha em mente que a liderança Norte-Coreana possivelmente leu os jornais públicos militares desta superpotência na época explicando que, uma vez que todo o resto da Coreia do Norte foi destruído, a força aérea foi enviada para a Coreia do Norte para destruir suas represas, enormes represas que controlavam o fornecimento de água – um crime de guerra, pelo qual pessoas foram enforcadas em Nuremberg. E esses jornais oficiais falavam excitadamente sobre como foi maravilhoso ver a água se esvaindo, e os asiáticos correndo e tentando sobreviver. Os jornais exaltavam com algo que para os asiáticos fora horrores para além da imaginação. Significou a destruição de sua colheita de arroz, o que resultou em fome e morte. Quão maravilhoso! Não está na nossa memória, mas está na deles.

Voltemos ao presente. Há uma história recente interessante. Em 1993, Israel e Coreia do Norte se moviam em direcção a um acordo no qual a Coreia do Norte pararia de enviar quaisquer mísseis ou tecnologia militar para o Oriente Médio e Israel reconheceria seu país. O presidente Clinton interveio e bloqueou. Pouco depois disso, em retaliação, a Coreia do Norte promoveu um teste de mísseis pequeno. Os EUA e a Coreia do Norte chegaram então a um acordo em 1994 que interrompeu seu trabalho nuclear e foi mais ou menos honrado pelos dois lados. Quando George W. Bush tomou posse, a Coreia do Norte tinha talvez uma arma nuclear e verificadamente não produzia mais.

Bush imediatamente lançou seu militarismo agressivo, ameaçando a Coreia do Norte – “machado do mal” e tudo isso – então a Coreia do Norte voltou a trabalhar com seu programa nuclear. Na época que Bush deixou a Casa Branca, tinham de 8 a 10 armas nucleares e um sistema de mísseis, outra grande conquista neoconservadora. No meio, outras coisas aconteceram. Em 2005, os EUA e a Coreia do Norte realmente chegaram a um acordo no qual a Coreia do Norte teria que terminar com todo seu desenvolvimento nuclear e de mísseis. Em troca, o ocidente, mas principalmente os EUA, forneceria um reactor de água natural para suas necessidades medicinais e pararia com declarações agressivas. Eles então formariam um pacto de não-agressão e caminhariam em direcção ao conforto.

Era muito promissor, mas quase imediatamente Bush menosprezou. Retirou a oferta do reactor de água natural e iniciou programas para compelir bancos a pararem de manejar qualquer transacção Norte Coreana, até mesmo as legais. Os Norte Coreanos reagiram revivendo seu programa de armas nuclear. E esse é o modo que se segue.

É bem sabido. Pode-se ler na cultura americana principal. O que dizem é: é um regime bem louco, mas também segue uma política do olho por olho, dente por dente. Você faz um gesto hostil e responderemos com um gesto louco nosso. Você faz um gesto confortável e responderemos da mesma forma.

Ultimamente, por exemplo, existem exercícios militares Sul Coreanos-Americanos na península Coreana a qual, do ponto de vista do Norte, tem que parecer ameaçador. Pensaríamos que estão nos ameaçando se estivessem indo ao Canadá e mirando em nós. No curso disso, os mais avançados bombardeiros na história, Stealth B-2 e B-52, estão travando ataques de bombardeio nuclear simulados nas fronteiras da Coreia do Norte.

Isso, com certeza, reacende a chama do passado. Eles lembram daquele passado, então estão reagindo de uma forma agressiva e extrema. Bom, o que chega no ocidente derivado disso tudo é o quão loucos e horríveis os líderes Norte-Coreanos são. Sim, eles são. Mas essa não é toda a história, e esse é o jeito que o mundo está indo.

Não é que não haja alternativas. As alternativas somente não estão sendo levadas em conta. Isso é perigoso. Então, se me perguntar como o mundo estará no futuro, saiba que não é uma boa imagem. A menos que as pessoas façam algo a respeito. Sempre podemos.

Tradução Isabela Palhares Pátria Latina

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