¿Tiene cura Alemania? ¡Europeos, ayudémosla!


No, Alemania no puede enseñar civilidad o democracia a nadie. No es comprensiva ni con sus propios hijos, así que cómo va a ser una conductora o una buena educadora

hitler alemanha Merkel

por Suso de Toro

 

Quienes deseamos estabilidad en nuestras vidas y si no prosperidad al menos conformidad vivimos dando por seguras cosas que pueden serlo o no. Somos europeístas y deseamos una Europa en el mundo que represente las libertades personales y cierta comprensión social, todo bien, ¿pero y si ese propósito tan razonable es un imposible? ¿Y si estamos presos de nuestra fe europeísta?

Europa es un gigante cultural y económico, con el parlamento más democrático donde están representadas la mayor diversidad de posturas, una democracia que los intereses norteamericanos quieren retratar como “la vieja Europa”, sin embargo es un adolescente que no acaba de madurar. La crisis actual lo demuestra. Está atrapada entre los estados que la fundaron y un futuro posible como gran potencia, su historia y su fuerza viene de los estados pero los problemas que le causan daños internos también.

Para actuar como una potencia autónoma en el mundo, no estar supeditada a EEUU, tendría que tener un liderazgo y ese liderazgo tiene que nacer de uno o dos de los estados existentes. Es evidente que tendría que ser de Alemania, pero también es evidente que Alemania es totalmente incapaz de liderar a los europeos y se comporta como una potencia egoísta que practica el abuso de poder como una forma natural de la política. No sólo es incapaz como líder sino que actúa como un peligro interno pues solo practica políticas de humillación y expolio. ¿Tiene solución Alemania o debemos darla por imposible? No sé si alguien lo sabe, yo no.

Un recorrido por la tierra alemana o por su historia demuestra que no solo es imposible una Europa sin Alemania sino que es el centro inevitable de cualquier idea europea. Y ya no hablo de su poderío y creatividad económica, científica, tecnológica y cultural. Su propia lengua resurge entre los europeos, mal que bien todos iremos aprendiendo algo de alemán como lo hacían las generaciones ilustradas hace cien años. Sin embargo Alemania es un peligro, un gigantón con cabeza de niño caprichoso y salvaje que una vez y otra bate contra la pared y no aprende. No, no es cierta la confianza en que descansa el sueño europeo, Alemania no aprende. Y claro que lo que vivimos es que se está comportando como siempre, ella contra los países que la rodean. No pretende liderar Europa, pretende dominar su “espacio vital”, su “lebensraum”.

Es un estado europeo muy peculiar, no tuvo las experiencias propias de las potencias coloniales, como Inglaterra, España o Francia, ni tampoco la vida cívica de las sociedades burguesas. Unificado el territorio por los “junkers” de Prusia, aquella que idealizaba infantilmente Ortega, que crearon una cultura de estado burocrática y militarista, incluso periodos con democracia parlamentaria estuvieron marcados por la tutela carismática de militares nacionalistas como Hindenburg y Lundendorff, el único periodo donde se pudo desarrollar vida civil fue en la república de Weimar, una época asimismo marcada por los conflictos sociales y la crisis de 1929. La época nazi no solo educó a la población en el salvajismo inhumano también eliminó físicamente a los elementos críticos y civilizadores. Tras la guerra la reconstrucción de la economía y la sociedad fue conducida por los mismos poderes que habían provocado el desastre, con la tutela de los EE.UU. Y cuando cae el muro de Berlín y la RDA es engullida se integró una población que no había tenido tampoco experiencias democráticas. Puede que no sea casualidad que Angela Merkel sea una criatura producto de esa sociedad tan rígida e implacable.

No olvido a Goethe, a los escritores nos gusta más Hölderlin pero el cortesano de Weimar en “Poesía y verdad” demuestra que es cabalmente el primer europeo, encarna una Europa tolerante. Sin embargo la historia nos recuerda el fracaso del espíritu ilustrado en Alemania: al mismo roble debajo del que se sentaba Goethe a escribir poemas le construyeron alrededor un campo de exterminio, acabó delante de las cocinas de Buchenwald.

No, Alemania no puede enseñar civilidad o democracia a nadie. No es comprensiva ni con sus propios hijos, así que cómo va a ser una conductora o una buena educadora. “La muerte es un maestro venido de Alemania“, ese frágil verso de Paul Celan es lapidario.

Entonces, ¿qué va a ser de Europa? ¿O qué podemos hacer? Lo único que podemos hacer los pobrecitos europeos de los países que sirven a su ama es decirle lo que es, tan fuerte, admirable y también tan detestable. Lo único que podemos hacer por Alemania es criticarla, mostrarle un espejo hecho por nosotros, por los demás europeos y que se vea como la vemos. (El Diario. Es)

 

 

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