UNA PLACA QUE HOMENAJEABA A JORGE VIDELA EN PORTO ALEGRE TERMINO EN EL FONDO DEL RIO GUAIBA


Una manifestación de rechazo al dictador
La pieza de bronce había sido colocada en la plaza Argentina en ocasión de una visita de Videla junto al presidente de facto brasileño João Baptista Figueiredo. Hace quince años fue arrancada y nunca más se supo de ella. Fue arrojada al río que pasa por esa ciudad.

Joao Baptista Figueiredo y Jorge Videla en los tiempos de sus dictaduras en Brasil y Argentina.

Joao Baptista Figueiredo y Jorge Videla en los tiempos de sus dictaduras en Brasil y Argentina.

 

Por Gustavo Veiga


La placa que homenajeaba al dictador Jorge Rafael Videla nunca se encontró. Desapareció de la plaza Argentina, en pleno centro de Porto Alegre, hace casi quince años. Lo que ahora sí se sabe es que terminó en el fondo del río Guaíba, una especie de estuario que es a esa ciudad brasileña lo que el Río de la Plata a Buenos Aires. La historia de la placa y de la plaza se remonta a 1980, cuando el entonces presidente de facto intentó participar en un acto durante su visita oficial al vecino país. Lo había recibido su colega João Baptista Figueiredo, aquel militar de las frases brutales como “Las personas son bestias de carga que se manejan con riendas”. Los dos almorzaban en el Palacio Piratini, la sede del Poder Ejecutivo estadual, hasta que enterados de una protesta estudiantil desistieron de ir al evento. El gobierno local colocó igual la placa en reconocimiento a Videla y también reprimió la marcha de estudiantes que lo repudiaba.

Durante casi veinte años, entre el 23 de agosto de 1980 y principios del 2000, el genocida tuvo su placa en la plaza Argentina. Ni la movilización de estudiantes durante la dictadura brasileña ni los pedidos posteriores de concejales de Porto Alegre ya en democracia, ni una carta de las Madres de Plaza de Mayo dirigida al ex intendente del PT Raúl Pont surtieron efecto. Hasta que un día la pieza de bronce fue arrancada del lugar donde estaba emplazada. Las investigaciones policiales posteriores no arrojaron resultados. El gobierno estadual, que se había negado a retirarla pese a los repudios recibidos, tampoco la repuso. El hecho quedó en un limbo hasta que hace pocos días, Página/12 confirmó de una fuente política en Porto Alegre que la placa fue arrojada al Guaíba. No la robaron para vender el bronce, como se pensó en un primer momento. Se trató de un acto de rechazo postrero a Videla.

El dictador había imaginado otra despedida para su viaje a Brasil de cinco días. La noticia de su visita estaba en la tapa de todos los diarios. Aquel sábado 23 de agosto de 1980, llegó a Porto Alegre proveniente de San Pablo. En la plaza Argentina, ubicada en pleno centro y llamada así desde 1921, estaba previsto el acto donde participarían Figueiredo y Videla. La excusa era la reinauguración del espacio verde y el descubrimiento de la placa. Pero los estudiantes de la Universidad Federal de Río Grande del Sur (Ufrgs) y otras similares se movilizaron hacia el lugar para impedirlo. La represión policial los dispersó, pero no pudo impedir que se frustrara la ceremonia.

Videla regresó al país, pero su nombre quedó grabado en el bronce durante casi dos décadas en ese rincón de Porto Alegre, situado junto a la Santa Casa de Misericordia, sobre la avenida João Pessoa. Diecisiete años más tarde, el 5 de agosto de 1997, el concejal Pedro Ruas le solicitó al presidente de la Cámara Municipal de la ciudad que fuera retirada la placa que homenajeaba al militar argentino y se la reemplazara por otra en reconocimiento a las Madres de Plaza de Mayo.

En su pedido decía que “después de 21 años del golpe y a más de diez años del fin del régimen militar argentino, la remoción de la placa que homenajea la visita del dictador Jorge Videla y su sustitución por un homenaje a las Madres de Plaza de Mayo es un gesto elemental de condena a los regímenes que sepultan las libertades y los derechos del pueblo y de reconocimiento a sus movimientos que militan en nombre de valores perennes que deseamos instituir: la solidaridad, justicia, fraternidad e indignación contra la opresión”.

La solicitud de Ruas, que también acompañó el Movimiento de Justicia y Derechos Humanos (MJDH) de Porto Alegre presidido por Jair Krischke, un militante que lo fundó en 1979, nunca fue concretada. A las Madres tampoco se las escuchó. Dos de ellas, Mercedes Meroño y Elsa Manzoti, le enviaron una carta al alcalde Pont el 24 de junio del ’98 donde le escribieron que “el nombre de este asesino, uno de los más responsables de la desaparición y muerte de 30.000 jóvenes en nuestro país, no merece ningún homenaje de ningún país, es más, creemos que se ofende la dignidad de un pueblo, teniendo en su ciudad una placa con su nombre”.

Desde aquella carta hasta que se tomó conocimiento de la desaparición de la pieza de bronce, pasarían casi dos años más. La placa no se removió ni siquiera ante la presencia de Meroño y Manzoti, quienes viajaron a Porto Alegre en 1998 para un acto de repudio. Estuvieron en plaza Argentina, hicieron un minuto de silencio y la cubrieron con un paño negro. Estas noticias fueron publicadas en los principales diarios de la ciudad, Zero Hora y Correo do Povo, en aquellos años. Esos medios informaron también que el alcalde Pont (PT) “alegó que el homenaje, de acuerdo con la legislación, era parte de patrimonio histórico”. En rigor, el Instituto de Patrimonio Histórico tenía que decidir sobre el asunto. La hija de un militar brasileño que lo integraba habría sido la clave para entender la resistencia a sacar la placa.

Como en 1980, aunque no contra un dictador, en junio de 2014 volvieron las protestas a la tradicional plaza Argentina. Jóvenes opositores a la realización del Mundial en Brasil se concentraron ahí, pero a poco de marchar fueron reprimidos por un gran operativo policial. Ese día jugaban Holanda y Australia en Porto Alegre. Hubo varios heridos con balas de goma, entre ellos tres periodistas.

Tuvieron que pasar treinta años para que aquella placa-homenaje a Videla, que terminó en el fondo del río, fuera reemplazada por un símbolo dignificante de la argentinidad. En agosto de 2010, el municipio de Porto Alegre reubicó en la plaza sobre un pedestal un busto del general José de San Martín que se encontraba en otro lugar. Al lado del monumento también se colocó una placa donde consta que la iniciativa fue propuesta por el consulado y la comunidad de residentes argentinos. Ya no quedan señales del dictador en la plaza de la ciudad más importante del sur de Brasil que lleva el nombre de nuestro país.

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